|
|
Cada 9 de
noviembre, los redentoristas celebramos un nuevo cumpleaños. Nacimos
en 1732, es decir, hace 272 años. Aunque la Congregación ya lleva
peso a la espalda, no nos sentimos viejos. Nos consideramos un
valor, una riqueza para la Iglesia y para la sociedad, no en estado
puro porque las impurezas se nos pegan a todos, pero sí con ganas de
conversión y de hacer las cosas bien.
Nacimos, como la generalidad de las
congregaciones, de una ”protesta” (desacuerdo). Nuestro grupo
fundador, como otros fundadores, fueron ”profetas” que denunciaron y
anunciaron... San Alfonso de Ligorio y sus |
|
primeros
compañeros protestaron con energía y alternativa en su Iglesia de
Nápoles. El clero estaba demasiado centrado en la ciudad, demasiado
subordinado a intereses económicos y a servidumbres. Había una
amplia necesidad de misión por los campos y las montañas. Por eso
nacimos con una marca y un destino misioneros (carisma): había que
evangelizar a los olvidados por la Iglesia y por la sociedad. Desde
el principio adoptamos como titular a Cristo Salvador. Él es nuestro
cimiento, nuestro espejo, nuestra referencia principal. EI
redentorista ha de seguir el ejemplo y los pasos de Cristo Redentor
en la predicación de la divina Palabra a los pobres, como Él dijo de
sí mismo: ”El Espíritu me envió a anunciar la Buena Nueva a los
pobres” (Const. 1). Tenemos, además, otra constitución que describe
de manena preciosa y resumida nuestro perfil y vocación: ”Los
redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de
ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la
oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de San
Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su
misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de
su palabra. Con plena disponibilidad para todo lo arduo, como fruto
de la abnegación de sí mismos, viven preocupados por llevar a todos
la Redención copiosa de Cristo” (Const. 20).
Tenemos
sentido y futuro
No estamos pasados de moda. Entendemos que
nuestro carisma está engarzado en lo más nuclear de la
Iglesia. Nos caracteriza una identidad,
una espiritualidad y una misión que enlazan con lo más genuino de la
Historia de la Salvación. Nuestra vocación se inserta en lo más
sustantivo de la aportación cristiana. Conecta directamente con lo
más querido por Dios: evangelizar y redimir. Por consiguiente,
tenemos razón de ser, actualidad y futuro. Hace unos años, el Papa
Juan Pablo II nos dirigió dos Cartas apostólicas valorando la
aportación de San Alfonso a la teología, a la espiritualidad y a la
vida de la Iglesia y motivando nuestra identidad vocacional. Nos
decía: Como San Alfonso, deben ser muy amigos del pueblo, de los
humildes, de la gente sencilla y necesitada. Como a San Alfonso, les
han de caracterizar rasgos de sencillez, concreción, claridad,
optimismo, afabilidad que llega a la ternura. Como San Alfonso,
deben procurar con ahínco la perfección, la santidad, la salvación
de todos. Como San Alfonso, deben tener un gran sentido de Iglesia y
desplegar con celo la evangelización. Como él, deben salir al
encuentro de los necesitados de Evangelio. Como a San Alfonso, les
ha de distinguir la espiritualidad cristocéntrica y la pastoral de
la misericordia. Y todo ello lo deben cultivar a una con los
seglares. Amigos , celebramos con ustedes la satisfacción de cumplir
un año más, que siempre es un don. Pero celebramos, también, poder
compartir con ustedes nuestro carisma y nuestra espiritualidad. El
Reino de Dios nos apremia a todos y todavía nos queda tarea. Como
Congregación, estamos llamados a ser un símbolo. Cada día son más
los laicos, interesados por nuestro carisma, espiritualidad y
misión, que desean unirse a nuestra aventura. Evangelizar es la
razón de ser de la Iglesia. Evangelizar con ustedes, los seglares,
es, cada vez más, un signo evidente de los tiempos, una consecuencia
lógica de la eclesiología del Concilio Vaticano II. Ninguna
Congregación es dueña exclusiva de su carisma. El Espíritu nos
está pidiendo compartir nuestro ”aire” en complementariedad y
corresponsabilidad eclesial. Por eso, celebramos con
todos un cumpleaños más. |