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Francisco Javier Seelos
nació el 11 de enero de 1819 en Füssen (Baviera, Alemania), de
Mang y Frances Schwarzenbach, quienes tuvieron otros 11 hijos.
Este mismo día fue
bautizado en la iglesia parroquial de San Mang, donde su padre,
después de haber sido comerciante en textiles, comenzó a
trabajar como sacristán desde 1830. Terminados los estudios de
enseñanza primaria en 1831, manifestando su aspiración por el
sacerdocio y animado por el párroco, hizo el bachillerato en el
Instituto de San Esteban en Augsburgo.
Una vez recibido el diploma
en 1839, continuó los estudios en Mónaco de Baviera e hizo dos
años de filosofía en la universidad. Al final del curso comenzó
a estudiar teología para prepararse a entrar en el seminario, en
el que fue admitido el 19 de septiembre de 1842.
Por este tiempo, por medio de sus contactos con los misioneros
de la Congregación del Santísimo Redentor, conoció el carisma
del Instituto fundado para la evangelización de los más
abandonados y su actividad apostólica, particularmente la que
desarrollaban en los Estados Unidos con los inmigrantes.
Estimulado por un intenso
celo apostólico e impresionado profundamente por las cartas de
los Redentoristas publicadas en el periódico católico Sion, en
las que se describía la falta de auxilio espiritual entre los
miles de inmigrantes de lengua alemana, Seelos decidió entrar en
la Congregación para trabajar como misionero en Estados Unidos.
Fue aceptado el 22 de
noviembre de 1842; al año siguiente, el 17 de marzo, salió del
puerto de Le Havre, Francia, para arribar a Nueva York el 20 de
abril de 1843.
Completado el noviciado y concluidos los estudios de teología,
fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1844 en la iglesia
redentorista de Santiago en Baltimore (Maryland). 2 Un mes
después de la ordenación fue trasladado a la parroquia de Santa
Filomena en Pittsburgh (Pensilvania), donde colaboró durante
nueve años, primero como vicepárroco de san Juan Neumann,
superior de la comunidad, y luego como superior durante los
últimos tres años.
Durante este tiempo también
se desempeño como maestro de los novicios redentoristas.
Además de la actividad como vicepárroco, Seelos se dedicó con
Neumann a la predicación misionera. Aludiendo a la relación que
se estableció entre los dos, Francisco Javier afirmaba: "Me
introdujo en la vida activa" y "me orientó como guía espiritual
y confesor".
Su disponibilidad y su afabilidad natural para acoger y captar
las necesidades de los feligreses lo hicieron conocer
inmediatamente como experto confesor y guía espiritual, tanto
que le llegaban personas aun de los lugares vecinos.
En Pittsburgh y en Baltimore, Seelos hizo que la confesión fuera
para los penitentes no un martirio, sino una experiencia fecunda
de encuentro con Cristo paciente y misericordioso.
Su confesionario estaba abierto para todos: "Escucho las
confesiones en alemán, inglés y francés, de blancos y negros".
Los feligreses lo
describían como el misionero de la sonrisa permanente en los
labios y de corazón generoso, en particular con los necesitados
y marginados. De ahí que no sea casualidad el que, precisamente
en Pittsburgh, el pueblo haya comenzado a atribuirle gracias
recibidas por su intercesión después de la muerte. Fiel al
carisma redentorista, se expresaba con un estilo de vida y un
lenguaje sencillos.
Los temas de su
predicación, ricos en contenidos bíblicos, eran escuchados y
comprendidos aun por las personas más ignorantes.
Una característica
permanente de su apostolado era la catequesis a los niños;
actividad que consideraba prioritaria y fundamental para el
crecimiento cristiano de la comunidad parroquial. En 1854, fue
trasladado de Pittsburgh a Baltimore, después a Cumberland
(1857) y a Annapolis (1862), dedicado siempre al ministerio
parroquial. En Cumberland y en Annapolis desempeñó el cargo de
formador como prefecto de los estudiantes redentoristas.
También en este oficio
brillaron las excelentes cualidades de pastor amable y alegre,
siempre cuidadoso de la formación doctrinal de los seminaristas.
Se preocupaba, sobre todo, de infundir en los futuros misioneros
redentoristas entusiasmo, espíritu de sacrificio y celo
apostólico por el bien espiritual y temporal de la gente. En
1860, el obispo Michael O'Connor de Pittsburgh, al dejar la
diócesis recomendó al P. Seelos como el sacerdote más calificado
para sucederle.
Francisco Javier escribió al Papa Pío IX expresándole su
incapacidad para asumir tal responsabilidad y le pidió que "lo
librara de esta calamidad". Quedó muy contento cuando otro
sacerdote fue nombrado obispo de Pittsburgh. Después de estallar
la guerra civil, se promulgaron en 1863 nuevas leyes que
obligaban a todos los hombres a estar disponibles para el
servicio militar.
Seelos, en calidad de
superior del seminario redentorista, se dirigió a Washington
para entrevistarse con el presidente Abraham Lincoln a pedirle
que exonerara del servicio militar a los estudiantes de la
Congregación.
El mismo Seelos dijo que
Lincoln no sólo se mostró sumamente acogedor, sino que prometió
hacer todo lo posible. De hecho, los estudiantes fueron exentos
de ir al frente. Removido del cargo de prefecto de estudiantes
porque, según algún celoso cohermano, era demasiado
condescendiente y poco severo con los jóvenes, se dedicó desde
1863 a 1866 a la actividad misionera itinerante, predicando en
inglés y en alemán en los Estados de Connecticut, Illinois,
Michigan, Missouri, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio, Penilvania,
Rhode Island y Wisconsin. Después de un breve tiempo de
actividad parroquial en Detroit, Michigan, fue destinado en 1866
a la comunidad de Nueva Orleans en Louisiana. También aquí, como
párroco de la iglesia de Santa María de la Asunción, se le vio
siempre como pastor alegre y disponible, dedicado de modo
especial a los más pobres y abandonados. Como en otros lugares,
se creía que sus oraciones de intercesión eran siempre
escuchadas por Dios.
Pero en los planes de Dios
su ministerio en Nueva Orléans tenía que ser breve.
En septiembre, agotado por las visitas a los enfermos de fiebre
amarilla, contrajo también esta enfermedad.
Después de sobrellevarla
paciente y alegremente durante varias semanas, pasó a la
eternidad el 4 de octubre de 1867, a la edad de 48 años y nueve
meses. Durante su funeral, el pueblo que llenaba la iglesia,
reconociendo la santidad del Padre Seelos, deseaba tocar el
ataúd con cualquier objeto para conservar su recuerdo.
Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María de la Asunción.
Seelos fue beatificato por el Papa Juan Pablo II el 9 de abril
del 2000. Su fiesta se ha puesto el 5 de octubre.
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