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Jenaro Sarnelli, hijo del
Barón de Ciorani, nació en Nápoles el 12 de septiembre de 1702.
A los 14 años, tras la beatificación de Francisco Regis, decidió
hacerse jesuíta. Disuadido por su padre debido a que era
demasiado joven, comenzó los estudios de derecho y obtuvo el
doctorado en ambos derechos en 1722. Se distinguió entre los
abogados. Se
afilió a la Congregación de Caballeros de las Profesiones de
juristas y de médicos, dirigida por los Píos Operarios en San
Nicolás de Toledo. En el reglamento de esta asociación existía
la obligación de visitar a los enfermos del hospital de los
Incurables.
Aquí fue donde escuchó la llamada de Dios que lo quería acerdote.
En septiembre de 1728
ingresó en el seminario incardinándose en la diócesis del
cardenal Pignatelli como clérigo de la parroquia de San´Anna al
Pallazzo. El 4 de junio de 1729, a fin de poder estudiar en un
ambiente más tranquilo, se trasladó al Colegio de la Santa
Familia, más conocido por el nombre de Colegio de los Chinos, y
el 5 de junio comenzó el noviciado en la congregación de las
Misiones Apostólicas. El 28 de mayo de 1731 terminó el noviciado
y el 8 de julio del año siguiente se ordenó sacerdote.
Durante todos estos años,
además de visitar a los enfermos, se comprometió con la ayuda a
los niños obligados a trabajar en edad tan temprana enseñándoles
el catecismo. Visitaba también a los ancianos de la residencia
de retiro de San Jenaro, así como a los condenados a
galeras y a los enfermos del hospital del puerto. En estos años
entabló estrecha amistad con Alfonso de Liguori y con su
apostolado. Se consagraron juntos a la enseñanza del
catecismo a los adultos organizando las “capillas del
atardecer”.
Tras su ordenación, el
cardenal Pignatelli lo nombró Director de enseñanza religiosa en
la parroquia de los Santos Francisco y Mateo en el barrio
español. Conoció, de esta forma, la corrupción tan extendida
entre la juventud y decidió emplear todas sus energías en
combatirla. En este tiempo (1733), defendió tenazmente a San
Alfonso ante las críticas injustas que le venían debido a la
reciente fundación de la Congregación del Santísimo Redentor en
Escala el 9 de noviembre de 1732. En junio de ese mismo año se
retiró a Scala para ayudar al amigo durante las misiones de
Ravello.
Tras su ingreso en la
Congregación, en abril de 1736, se consagró íntegramente a las
misiones parroquiales y a escribir en favor de las “jóvenes en
peligro”. Escribió también sobre temas de vida espiritual. Se
dedicó de tal forma al trabajo, que llegó al punto de morir. Con
el consentimiento de San Alfonso, volvió a Nápoles para algún
breve tratamiento médico comenzando de nuevo su apostolado en
pro de la salvación de las prostitutas.
Tomó parte en el trabajo
propio del apostolado de los redentoristas por medio de las
Apostólicas Misiones, propagando las meditaciones en común entre
los laicos y publicando “El mundo santificado”. Con otro escrito
suyo emprendió una campaña
contra la blasfemia. En 1741 preparó y participó con San
Alfonso en la gran misión predicada en los pueblos del ento rno
de Nápoles como preparación para la visita pastoral del Cardenal Spenilli. A pesar de su frágil salud, continuó en el ministerio
de la predicación hasta su muerte en abril de 1744 cuando, muy
enfermo, volvió a Nápoles.
Murió aquí el 30 de junio.
Sus restos mortales se conservan en Ciorani, en la primera
iglesia redentorista.
Jenaro María Sarnelli dejó
30 obras escritas sobre temas como la meditación, la teología
mística, la dirección espiritual, la ley, la pedagogía además de
otros temas morales y pastorales. Debido a su actividad social
en favor de la mujer, se le considera como uno de los autores
que trataron este tema de forma más completa en la Europa de la
primera parte del siglo XVIII. Fue beatificado por el
Papa Juan
Pablo II, en San Pedro, el 12 de mayo de 1996.
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