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Que sea cosa buena y útil invocar a los Santos para que nos sirvan de intercesores y nos alcancen por los méritos de Jesucristo lo que por los nuestros no podemos obtener, es doctrina que no podenos negar, pues así lo declaró la Santa Iglesia en el Concilio de Trento. Lo negaba el impío Calvino, pero ese desatino e impiedad, porque, en efecto, nadie osará negar que es bueno y útil acudir a las almas santas que en el mundo viven para que vengan en nuestra ayuda con sus plegarias. Así lo hacía el apóstol San Pablo, el cual escribiendo a los de Tesalónica, les decía: Hermanos, roguen por nosotros. Pero, ¿qué digo? Hasta el mismo Dios mandaba a los amigos del Santo Job que se encomendasen a sus oraciones para que por sus méritos Él les pudiese favorecer. Pues si es lícito encomendarse a las oraciones de los vivos ¿no lo será invocar a los Santos que están en el cielo y más cerca de Dios? San Alfonso María de Ligorio en el libro "El gran medio de la oración" |
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"Queremos dar la vida por la Abundante Redención" |
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Fecha de la última actualización: 22/01/2006 01:28:58 p.m. |
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