Sin
lugar a dudas, esta frase popular se ha hecho realidad en la
vida de los nuevos integrantes de la Pastoral Juvenil
Vocacional Redentorista de la zona de la República Dominicana.
La vida de cada uno transcurría en la alegría de la misión
desde los lugares asignados. Para Toñito, Héctor, Tony y
Ramón, la posibilidad de cambio se perfilaba, posiblemente,
para mayo del próximo año 2008. Pero el Señor tenía en sus
planes tomarlos para formar este nuevo Equipo de Misión para
la región del Cibao, Republica Dominicana.
La misión deja en el corazón del misionero huellas
imborrables. Guayama estará por siempre en el corazón de
nuestro hermano Tony. La Pastoral Juvenil y Vocacional
Redentorista en Puerto Rico conquistó su corazón y los jóvenes
de los equipos de misión, de discernimiento vocacional; los
grupos juveniles y el equipo de retiros crecieron bajo la luz
de su mirada. Después de una experiencia tan positiva para él
como misionero, el Señor lo llamó para este proyecto. Tony
dijo sí, como María, a la llamada del Señor, para este nuevo
proyecto juvenil. Su vida y vocación continúan floreciendo en
este nuevo terreno de misión en la República Dominicana, en
las fecundas tierras del Cibao, en las aguas de Cotui.
El P. Héctor Estaba ya acostumbrado a la vida agitada de la
capital y al ambiente de la Casa San Juan Neumann. Sus días
transcurrían en sus quehaceres como formador de los
postulantes y de las necesidades de la comunidad. El cholo de
Juan Neumann es ahora el cholo administrador del futuro Centro
Juvenil. Tan pronto como pudo hizo el cambio de comunidad, y a
toda máquina, continua el proceso de reflexión para la
ubicación del Centro Juvenil.
Toñito, el hombre fuerte de la formación, se dejó seducir,
también, por la invitación del Señor para que siga siendo el
misionero de los jóvenes, no ya desde una casa de formación,
sino desde la itinerancia de la misión. Con el corazón en las
manos pero con valentía, aceptó coordinar este equipo. Ahora
son dos equipos de misiones juveniles en la zona de la
República Dominicana: EMIJURE, con sede en la capital, ya con
5 años de ser creado, y JUMIRECI, Juventud Misionera
Redentorista Cibaeña, con sede en Cotui. Este nuevo equipo
acaba de nacer, pero con buen pié. Todavía muchos jóvenes de
la capital y sus alrededores no se acostumbran a la idea de
tener en el Cibao al misionero calvo, alegre y dinámico que
encontraban en la Casa San Juan Neumann o en cualquier otro
lugar de misión. A esos, desde Cotui les decimos que “la
envidia no mata, pero mortifica”.
El pueblo de El Factor se estaba acostumbrando ya al misionero
flaco del Motorón, como llamaban a Ramón Cabrera, o más bien,
al hombre de las canillas largas y de corazón alegre. Llamado
también a dar la Vida por la abundante redención desde
este nuevo proyecto Ramón recogió su maleta, y también su
funda, y completó la nueva comunidad, la más joven de la
provincia. Cuando comenzaba a echar la red en EL Factor el
Señor le Dice: ve más adentro, (hacia las aguas de
Cotui), y hecha la red. Sin tenerlo todo claro, pero
con alegría, se dejó conducir por la llamada y el 21 de agosto
pasado le amaneció en la nueva comunidad redentorista de Cotui.
Cuando apenas empezaba a entregar el corazón en una realidad
misionera el Señor llama al misionero para ir muchas veces
allí por donde jamás sospechó.
Estar ya en tierras de Cotuí ha sido una gran bendición de
Dios. Hemos sido recibidos con alegría, tanto por nuestros
hermanos diocesanos, en la persona del P. Félix Nova, párroco
de la parroquia la Inmaculada Concepción, como por toda la
comunidad cotuisana. Llegamos a una casa con todo lo
necesario, gracias a la señora Marcia Amparo y al Sr. Félix
Vásquez. La casa está ubica en el barrio la Esperanza, calle 6
casa Núm. 26.
En la vida del misionero no hay coincidencias, todo es parte
del plan maravilloso que el Señor tiene para la misión.
Vivimos en la barrio La Esperanza; esto es ya un signo
muy elocuente para nosotros como redentoristas de la provincia
de San Juan. Este es un tiempo de esperanza para nosotros.
Iniciamos este nuevo proyecto preñados de esperanzas. La
esperanza ha sido el faro que ha iluminado la reflexión
provincial para dar este paso, tan significativo y arriesgado,
en este momento de nuestra historia. Estamos haciendo, como se
dice en mi campo: haciendo de tripas, corazones,
para cruzar las fronteras del sur del país y tirar la semilla
en la fecundas tierras del norte. La esperanza es la que nos
abre e inspira de remar en estas aguas en que el mismo
Redentor nos ha invitado a echar la red. Por ella
experimentamos la seguridad de alcanzar los bienes
prometidos pro el Señor, confiados en su bondad y apoyados en
Cristo, que ha vencido la muerte y ha inaugurado por su
resurrección la nueva vida hacia la que caminamos, auque sea
en medio de dificultades.
La esperanza ha sido la que ha motivado la generosidad de
nuestros hermanos para asumir lo que hacían los integrantes de
este nuevo equipo para que puedan responder, también con
generosidad, al Espíritu que sigue guiando el caminar de la
provincia y en respuesta al Plan de Pastoral Provincial.
La casa es pequeña, pero acoge a todos cuantos deseen
visitarnos. Es alquilada, reflejo de que nuestra única
seguridad es la palabra del Señor que nos dice: No teman.
Confíen en Dios: confíen, también en mi. (Jn. 14, 1). La
casa es el nuevo hogar de JUMIRECI y todos los que se sientan
inspirados por el Carisma de San Alfonso de anunciar el
evangelio a los pobres y más abandonados; y toda la
provincia está invitada a venir y ver los primeros pasos de
este proyecto que ha iniciado pequeño, pero seguros de que
pronto será la casa de muchos jóvenes que entregarán, también
la vida, por la abundante redención.
Dios, en su amor, nos ha creado y nos ha juntado para ser
testigos de su hijo en medio de uno de los sectores más
vulnerables de nuestra sociedad, los jóvenes.