Pedro
arrepentido,
Pedro el preferido del Señor,
Pedro el
entusiasta por Cristo Jesús, pídele al Señor un amor hacia el
Salvador,
tan fuerte y tan generoso
como el amor que por Cristo
Jesús ardió en tu gran corazón.
Un día
estando San Juan Bautista con algunos discípulos, vio a Jesús y
señalándolo dijo: "He aquí el Cordero de Dios"
Oyéndolo,
dos discípulos se fueron tras Él. Y Jesús volviéndose, les dijo "¿Qué
buscan?" Ellos le dijeron: "Maestro, ¿dónde vives?" Y el contestó: "Vengan
y lo verán". Se fueron con Jesús y se quedaron con Él todo aquel
día.
Uno de
los dos discípulos era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Él, al primero
que halló, después de haber estado con Jesús, fue a Simón, su hermano, a
quien le dijo que habían encontrado al Mesías. Simón escuchó con mucha
atención a su hermano y quiso verle también, por lo que los dos se fueron
en busca de Jesús.
Cuando
llegaron donde El estaba, Jesús fijó en Simón su mirada y le dijo: "Tú
eres Simón, el hijo de Juan. Tú serás llamado Cefas, que quiere decir
Pedro o piedra…".
Un
día, preguntó Jesús a sus discípulos: "¿Quién dicen las gentes que es el
Hijo del Hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el
Bautista; otros, que Elías; otros que Jeremías o uno de los
profetas".Jesús añadió: "Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?" Tomando la
palabra, Simón dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Este es el
primer dogma definido por el Papa, asistido del Espíritu Santo), por eso,
Jesús le respondió: "Bienaventurado eres, Simón porque esta verdad no te
la ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los
cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra, Yo edificaré
mi Iglesia y el poder del infierno no prevalecerá contra ella. A ti te
daré las llaves del Reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la
tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la
tierra será también desatado en los cielos".
Atar
significa el poder que tiene el Papa para imponer leyes o deberes que
obligan en conciencia, como el de oír misa los domingos, etc. Y desatar es
la misma autoridad y poder que le dio Jesucristo para poder anular algunas
obligaciones que él puede derogar.
El Papa
es el vicario de Jesucristo y puede imponer leyes en su nombre, como son
los cinco mandamientos de la Santa Iglesia. Y los demás obispos tienen la
misma autoridad de los Apóstoles, porque son sus sucesores.
A los
apóstoles, les dijo Jesús: "Quien a vosotros os recibe, a mí me recibe… El
que a vosotros os escucha, a mí me escucha; y el que os desprecie, a mí me
desprecia… Se le perdonarán los pecados a aquellos a quienes vosotros se
los perdonéis, y no se le perdonarán a aquellos a quienes vosotros no se
los perdonéis".
Cuando
Jesucristo eligió a San Pedro para que fuera Papa, sabía que cometería un
grave pecado; y sin embargo no eligió a otro apóstol, sino a él.
Por eso le dijo: "¡Simón, Simón! Mira que Satanás va
tras de vosotros para zarandearos como al trigo; mas yo he rogado por ti a
fin de que no perezcas; y tú, cuando te arrepientas, confirma en la fe a
tus hermanos"."Señor, respondió Pedro, yo estoy dispuesto a ir contigo a
la cárcel o a la misma muerte" Pero Jesús le aseguró: ¡Oh, Pedro! Esta
misma noche, antes de que el gallo cante, ya me habrás negado tres
veces".
Pero
Pedro, a pesar de sus protestas, se olvidó, y ante la voz de una mujer que
le acusaba, juró que no conocía a Jesús. Lo negó tres veces, y a la
tercera cantó el gallo. Entonces recordó las palabras del Maestro, y
dándose cuenta de su pecado, lloró amargamente y Jesús, después de
resucitar, lo perdonó.
En el día
de Pentecostés, estando los discípulos reunidos, aparecieron unas lenguas
de fuego que se repartieron sobre ellos y se sintieron llenos del Espíritu
Santo.
Entonces
Pedro, como jefe de la asamblea, salió al balcón y empezó a predicar. Al
oírlo, se reunieron junto a él, gran cantidad de judíos, de todas las
regiones y lenguas.
Las
gentes que le oían, se preguntaban: "¿Quién es éste? ¿No es el galileo?
Aquí estamos personas de muchas regiones, que hablamos lenguas diferentes
y entre nosotros no nos entendemos. ¿Pues cómo es que a éste todos le
entendemos?" Y tal fue la admiración de la gente, que en aquel día se
hicieron cristianos más de tres mil personas.
Subían un día Pedro y Juan al Templo, cuando se encontraron con
un hombre paralítico. Pasando junto a él, Pedro le dijo: "Míranos, plata u
oro no tengo; pero te doy lo que tengo. En nombre de Jesús Nazareno,
levántate y ponte a andar".
El
enfermo, repentinamente curado, dio un salto y se puso en pie a alabar a
Dios. Muchos le conocían y se maravillaron del milagro. Pedro les dijo:
"¡Hijos de Israel! ¿Por qué os maravilláis de esto y por qué nos estáis
mirando? No hemos sido nosotros, sino el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien
vosotros crucificasteis". Las palabras de Pedro a la vista del milagro,
convirtieron a más de cinco mil hombres.
Estando
Pedro y Juan enseñando en el Templo, llegaron algunas autoridades y los
metieron presos Al día siguiente comparecieron ante el pontífice, el cual
les preguntó: "¿Con qué potestad o en nombre de quién habéis hecho esa
curación del paralítico?".
Pedro le
contestó diciendo: "En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a quien
vosotros crucificasteis y Dios ha resucitado. En virtud de Él, está sano
ese hombre".
Entonces
ordenaron a los guardias que los sacasen, y ellos se pusieron a deliberar
entre sí diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres?. Ha sido un milagro
tan claro y evidente que no es posible negarlo. Lo único que podemos hacer
es obligarles a no vuelvan a tomar en la boca ese nombre, ni hablen más de
El a persona viviente".
Entonces,
llamándolos de nuevo, les amenazaron que por ningún caso hablasen ni
enseñasen en nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan les respondieron "Juzgad
vosotros qué es más justo en la presencia de Dios: si el obedeceros a
vosotros o el obedecer a Dios".
Los
Apóstoles seguían haciendo muchos milagros en el pueblo. Todos los que
estaban enfermos se ponían por donde Pedro pasaba y con sólo tocarles
quedaban curados. Así llegaban a Jerusalén muchas gentes de todas las
ciudades, trayendo enfermos que eran curados.
Alarmados
por esto, los príncipes de los sacerdotes prendieron a Pedro y a Juan y
los metieron en la cárcel. Mas el ángel del Señor, abriendo por la noche
las puertas, los puso en libertad y los mandó volver al Templo a
predicar.
Reunidos
en concilio los sacerdotes, mandaron ir por los presos para ser
interrogados. Pero regresaron los soldados diciendo: "La cárcel la hemos
hallado bien cerrada, y los centinelas en todas las puertas; pero los
presos han desaparecido". En ese momento, llegó uno diciendo: "Aquellos
hombres, están ahora enseñando en el Templo".
Inmediatamente fue allá el comandante y los trajeron. El sumo
sacerdote les dijo: "¿No os teníamos formalmente prohibido que volvieses a
enseñar en nombre de Ese?" Pedro contestó: "Cierto; pero es preciso
obedecer a Dios antes que a los hombres".
Herodes
mandó encarcelar a Pedro, y para dormir lo hacía atado con
cadenas a
varios soldados. El rey tenía pensado condenarlo a muerte después de la
Pascua; pero mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia entera hacía
oración por él.
Y sucedió
que, la noche anterior al día en que Herodes pensaba matarle, mientras
dormían, el ángel del Señor despertó a Pedro, y al instante se le cayeron
las cadenas con las que estaba atado a los soldados. Añadió el
ángel: "Toma tu capa y sígueme".
Salió
Pedro tras el ángel y cruzaron delante de todos los guardias, hasta que
llegaron a la puerta de hierro, la cual se abrió por sí misma. Salieron y
caminaron hasta el fin de la calle, y allí el ángel desapareció. Entonces
fue cuando Pedro se dio cuenta de la realidad y dijo: "El Señor ha mandado
a su ángel para librarme de Herodes".
Entonces
Pedro se encaminó a una casa donde sabía que se reunían los cristianos,
llamó a la puerta, le abrieron, y al verle quedaron asombrados. Les contó
cómo había sucedido todo y se retiró.
Después
de confirmar en la fe a los hermanos de Jerusalén, San Pedro partió para
Roma, que entonces era tenida por la capital del mundo. Fue el obispo de
Roma por espacio de unos 25 años, hasta que murió víctima del emperador
Nerón.
Nos dice
la tradición que al arreciar la persecución, y sabiendo los
cristianos el interés que tenía Nerón de encontrar al
jefe de los cristianos, consiguieron convencer a Pedro de que se marchase
durante algún tiempo a un lugar menos peligroso. Cuando Pedro se disponía
a salir de la ciudad, tuvo una visión en donde se encontró con su Señor y
Maestro Jesús, que venía hacia Roma cargando a las espaldas con una cruz.
Pedro al verlo, humilde y confuso, solamente acertó a decirle: "¿Adónde
vas, Señor?" Y el Salvador le respondió: "Voy a Roma para ser crucificado
otra vez". La visión desapareció, pero Pedro comprendió la lección:
Aquella cruz que traía el maestro era su propia cruz, que debería aceptar
valientemente.

Pedro decidió regresar a Roma y aceptar el tormento de la
cruz. La guardia romana no tardó en apresarle, y el emperador Nerón le
condenó a morir en cruz. A Pedro le pareció tanto honor que,
considerándose indigno de morir como el Maestro, suplicó le concedieran el
favor de morir cabeza abajo, gracia que le fue concedida. Pedro murió en
el Vaticano, el día 29 de junio del año 64.
Cortesía de: http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Pedro.htm
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San
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Nacimiento de
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