|
En Camino Homilía para el Domingo |
Ciclo C |
| ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Semana Santa Jueves Santo |
5 de abril de 2007 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
La cena de Jesús hunde sus raíces en la celebración de la pascua judía y en las cenas que compartió durante su vida.
La pascua judía era la fiesta de la libertad que recordaba la salida de Egipto y todo el recorrido para conquistar la “tierra prometida”. Era una cena cargada de signos para manifestar la presencia de Dios y alimentar las esperanzas del pueblo. Empezaba la comida con un lavado de las manos, posteriormente se pasaba una primera copa mientras se decía: “Bendito seas Señor, Dios nuestro, Rey de los siglos, que nos das el fruto de la vid” [1]. Compartían también hierbas amargas, frutas, pan y cordero, para recordar el paso de la esclavitud a la libertad.
Seguidamente la mujer de la casa encendía la lámpara, se bendecían los cirios y se hacía un segundo lavado de manos. Se pasaba a la berakah (bendición), pronunciada por el presidente de la asamblea sobre la última copa de la comida, compartida luego por todos. Con esto evocaban la venida del Mesías y se consagraban a Dios. El presidente, por lo general el padre de familia, invitaba a asociarse a la acción de gracias ante la copa de vino mezclada con agua, mientras cantaban. Era un momento especial para experimentar al Emmanuel (Dios con nosotros).
Durante su vida Jesús participó muchas veces en comidas con diferentes personajes. Tomó haciendo en las fiestas humanas como invitante o como invitado (Lc 7,36; 11,37; 14,1; 9,12; Mc 2,15; 7,1; Mt 9,10; 11,18; Jn 21,9; Lc 15,23; Mt 22,4). Con Jesús el Reino de Dios no era un futuro, sino un presente bajo el signo de la mesa compartida, pues la comunión de mesa, equivalía a la comunión de vida con los hermanos y con Dios.
No podemos comprender la naturaleza de la Cena del Señor si no tomamos en serio las comidas de Jesús con su comunidad de discípulos y discípulas, amigos y amigas, a lo largo de su vida pública. En las comidas Jesús se reveló a sí mismo y dejó ver el rostro de Dios en Él. “Ahí está la revelación directa de Jesús en su más simple verdad...”[2]. “Las comidas que Jesús comparte con los discípulos durante toda su vida, anuncian y anticipan el banquete del fin de los tiempos, el festín nupcial celeste, ya prometido por los profetas. Al mismo tiempo, significan que las personas que se consideraban perdidas se ven acogidas en la comunidad de salvación… Las comidas de Jesús eran entonces señales de la salvación definitiva que él inauguraba, señales de la nueva comunión con Dios y de una nueva fraternidad entre los seres humanos”[3]. Con él las personas se sintieron queridas, aceptadas y amadas. Jesús les mostró el Amor del Padre: “en estas comidas cotidianas, anunció una nueva fraternidad entre los seres humanos y significó el Reino abriendo la participación en su mesa a todos: pobres, pecadores y gente marginalizada”[4].
“En la comida se conoce al caballero”, dice el adagio popular. Las comidas de Jesús nos muestran cómo fue su vida: sencillo, sin tanto protocolo, irreverente con los orgullosos, amable con todos. Comió con el fariseo y el publicano, con mujeres y con niños, con “santos” y pecadores, con ricos y pobres, con todos. Convirtió la comida en un lenguaje salvífico, en el que todos tenían cabida; lo único que no tenía cabida era la exclusión.
Anunció el Reino a partir de la comida, no tanto como un simple rito sino como una vida entera en comunicación con Dios y con el prójimo. Esto, lógicamente, no le gustó a los que transformaban la comida cotidiana así como la relación con Dios, en un privilegio de unos cuantos y excluían a los pobres o a los pecadores: “¿Cómo es que su maestro come y bebe con publicanos y pecadores?” (Mc 2,16b). “Miren cómo se familiariza con los pecadores, y come con ellos” (Lc 15,2b). “Si este hombre fuera un profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería la mujer y lo que vale” (Lc 7,39b). Obviamente, las comidas de Jesús fueron un elemento para mostrar su opción por la justicia, por la vida y por la verdad del ser humano. Ésto no se lo perdonaron quienes estaban conformes con el sistema.
La última cena[5], se dio posiblemente, "la última tarde de su vida, que la pasó en Jerusalén, con el grupo de sus discípulos. Y, desde luego, no se excluye que estuvieran también presentes las discípulas, que habían subido con él a Jerusalén"[6]. Se llevó a cabo en un ambiente de zozobra; no era el momento para danzas, bromas y alegría espontánea, como había ocurrido en otras oportunidades. "Pensar que Jesús, pocas horas antes de su muerte, no había sospechado ni previsto la desgracia que se le venía encima, significaba negar a Jesús un sentimiento realista. No sólo el conflicto acompañó casi incesantemente a Jesús durante toda su actividad pública, sino que además Jesús mismo - como pudimos ya comprobar - bajo la impresión de ese conflicto, hizo notar a sus discípulos que permanecer a su lado y seguirle era peligroso. Jesús había hablado del seguimiento llevando la cruz y de la posibilidad de perder la vida (Mt 10,37); sería, pues, imposible afirmar que el peligro que él veía venir sobre sus discípulos, no lo viera venir también sobre él"[7].
En esta cena Jesús no estaba preocupado por su “presencia real” en ese pedazo de pan y en el poco de vino. Lo que hizo fue compartir fraternalmente la cena pascual en medio del ambiente tenso por la persecución. Los diferentes relatos de la cena del Señor, manifiestan no tanto las mismísimas palabras de Jesús, sino su manera de vivir y su entrega total por el ser humano.
“Ésto es mi cuerpo, entregado por ustedes, hagan ésto, en memoria mía”. “Ésto”, quiere decir que a partir de ese momento la comunicación de Cristo sería a través de esa cena pero sobre todo, que de ahí en adelante la comunidad sería el cuerpo del Señor.
El cuerpo es la parte material de quien se relaciona con el otro y carne – sangre es la persona viviente, finita y mortal que se entrega, se comunica y se dona como alimento. Cuando Jesús dijo “Mi cuerpo que se entrega”, hablaba de su entrega real a sus amigos en el día a día. “Hagan esto en memoria mía” es un gesto que acompaña el “dar”. Es decir que, tal como vivió Jesús, deberían vivir sus discípulos.
“Beban”. Beber la copa es signo de la unidad fraterna que debía expresarse en forma permanente. “Ésta es mi sangre”. “En los sacrificios, el elemento sangre se reservaba para Dios y por eso Cristo quiere hacer significar que su sangre es la que sella la alianza, así como fue la sangre, la que selló la primera alianza en el Éxodo 24,8ª”[8]. “Derramada por todos” significa que la entrega de Jesús no fue para un grupo de privilegiados sino para toda la humanidad. “Para el perdón de los pecados” significa que su sangre es la que hace realidad la reconciliación en la nueva alianza con Dios.
Jesús invitó a comer su carne y a beber su sangre. Los evangelios sinópticos (Mt, Mc y Lc) hablan de comer el pan y el Cuarto Evangelio (Jn 6,52s) le añade el término carne para insistir en la humanidad de Jesús. Comer su carne es aceptar la historia concreta del Verbo que se hizo carne, asumiendo totalmente la humanidad y comprometiéndose por su causa histórica. Beber su sangre es valorar y aceptar la sangre derramada por Jesús, como criterio de trabajo por la salvación humana. Es decir que el medio de lucha por una nueva humanidad no es el poder, la fuerza, el dominio, sino el servicio, el amor y la no violencia; una autoridad dada por una vida que transparenta la verdad y el amor de Dios.
No debió ser fácil asimilar aquellas palabras de Jesús, pues comer su cuerpo y beber su sangre no es sólo un acto piadoso de unión angelical, como lo representan muchas pinturas, canciones o flexiones que pueden tocar el sentimiento pero están lejos del Jesús que vivió y se entregó por una humanidad nueva. Comer el cuerpo de Jesús significa asimilarle a él, aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida. Él mismo da la fuerza para ello, al hacerse pan (alimento).
La sangre que se derrama significa la muerte violenta y la persona en cuanto sufre tal género de muerte. “Beber de la copa” significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse como él, a no desistir de la actividad salvadora por temor, nisiquiera a la muerte. “Comer el pan” y “beber la copa” son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el final, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. ¿De verdad queremos entrar en comunión con Jesús, comer su cuerpo y beber su sangre? ¿Estamos dispuestos a asumir los riesgos que esto implica? [1] Mischnah llamada Berakoth VI. [2] GUILLET Jacques, Jésus dans la foi des premiers disciples, Desclée de Brouwer, 1995. En BARROS Marcelo, Eucaristía: Comunión y no acto de exclusión, Preguntas de un monje al Papa. RELAT No 334, 6. [3] CONFÉRENCE ÉPISCOPALE ALLEMANDE, La Foi de l’Église, Cathéchisme pour les Adultes, Paris, Ed. du Cerf, 1987, p. 34.
[4] BARROS
Marcelo, Eucaristía: Comunión y no acto de exclusión, Preguntas de
un monje al Papa. R [5] Mc 14,12-16 / Lc 22,15s; El cuarto evangelio ya hace una interpretación de la muerte Jn 13,1; 18,24; 19,14; ubica la muerte de Jesús a la misma hora en que sacrifican el cordero pascual (Jn 1,29; 19,33-36). [6] GNILKA, Joachim, Jesús de Nazareth. Barcelona, 1.993. 342. [7] IBID. 345. [8] LUGO GARCIA Héctor Eduardo. Sacramento de la Eucaristía (curso de teología) Bogotá D.C Febrero - Junio de 2003, p 16.
| ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe. |
|
|
|
¿Preguntas ¡Dudas! ¡cmentarios! Sugerencias, quejas ¿desea felicitarnos? Sólo haga tíqit aquí: |
Te gusta es págiana, entonces: |
|
CopyRight © Misioneros Redentoristas 2007 |
Fecha de la Última actualización: 01/04/2007 02:23:47 p.m. | |
|
Estadística de la página |
| |