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En Camino Homilía para el Domingo |
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Tiempo Ordinario Solemnidad del Corpus Christi |
7 de junio de 2007 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Para quienes de manera cerrada, creen[1] que el camino de Jesús debe dedicarse exclusivamente a lo espiritual y evitar compromisos humanos, la fiesta de hoy no dejará de ser un instrumento más para profundizar en su mediocridad humana y su misticismo alienante.
Pero podríamos ver esta fiesta con mente abierta, celebrarla con el Espíritu de aquel que murió y resucitó para darnos nueva vida, y descubrir la fuerza poderosa que se esconde detrás de una celebración con un profundo contenido social y humano.
En el evangelio de hoy encontramos un clásico problema del ser humano: el hambre. Aquí chocan dos posturas distintas ante esta problemática: la evasiva y la comprometida.
La primera postura fue la de los Doce: “Despide a la multitud para que vayan a los pueblos y los campos de los alrededores a pasar la noche y a buscar alimentos, porque aquí estamos en un lugar despoblado.” (v. 12b). Esta postura la tienen quienes limitan su vivencia de fe a una oración intimista y egoísta. Quienes reciben la comunión como un acto piadoso individualista, se postran para adorar a Cristo presente en la Eucaristía dentro de una lujosa y costosa custodia, pero les importa “un comino” el hambre de la humanidad. Si acaso rezan para que los 850 millones de seres humanos que en el mundo padecen desnutrición, encuentren benefactores y para que los niños que a cada minuto mueren de hambre, hayan sido bautizados y así no se queden solos en el limbo, lejos de Dios y de su salvación.
Es un signo muy preocupante que en nuestros países latinoamericanos, con más del 95% de “cristianos”, crezca cada vez más la brecha entre ricos y pobres que haya tanta gente empobrecida y tanto dinero en manos de unos pocos, tantos dientes apretados y tanta rabia contenida, a causa de la corrupción, la injusticia y demás “pecados sociales”. ¿Dónde están los cristianos? ¿Acaso rezando? “Mi Jesús Sacramentado, mi dulce amor y consuelo: quién te amara tanto que de amor muriera… ¡Señor contigo sí! ¡Contigo sí! Hasta la muerte si quieres contigo; pero por favor despide la gente. Señor quiero estar contigo a solas, en la intimidad de mi corazón y en lo más profundo de mi ser. Señor quiero sentir el suave soplo de tu espíritu, por favor despide a la hambrienta y pestilente muchedumbre, que interrumpe nuestra intimidad espiritual…”
A esa postura evasiva de los Doce y de tantos pseudo-cristianos de hoy, Jesús propone: “DENLES USTEDES MISMOS DE COMER” (v.13ª). Se trata de enfrentar la realidad y buscar la solución a las dificultades con la gracia del Espíritu de Jesús resucitado. En el caso del Evangelio de hoy, se trataba de dar solución a la falta de pan, teniendo en cuenta que el pan en el evangelio hace referencia al consumo básico para que el ser humano viva dignamente: alimento, salud, vestido, vivienda, etc.
¿Pero cómo vamos a dar solución a tremenda problemática? “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que fuéramos a comprar comida para todo este gentío.” (v. 13b)
No se trata de asistir con limosnas a quienes no tienen qué comer. No se trata de darles el mercado para los pobres o la ropa de segunda que estorba en el ropero, para tranquilizar las conciencias. ¡La moneda hace al mendigo! La asistencia social se debe hacer sólo en algunos casos extremos. Cuando se presenten enfermedades que limiten a la persona para trabajar, cuando se dan desastres naturales, y otras calamidades semejantes.
No se trata de comprar para dar. No se trata de asistir. Se trata sobre todo de generar las estructuras necesarias que posibiliten la producción y distribución justa de los recursos. Por eso les dijo Jesús: “hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta” (v. 14b). En el mundo antiguo sólo los hombres libres podían comer sentados; los esclavos debían comer de pie porque estaban siempre dispuestos a las órdenes de su amo. Sentarse por grupos significa trabajar de manera libre y organizada, para hacer realidad el Milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. El cristiano es aquel que hace la obra de Jesús. ¿Los cristianos de hoy repetimos esta obra “milagrosa”?
En la segunda lectura, Pablo le hace un fuerte llamado de atención a la comunidad de Corinto por las eucaristías mal celebradas. No porque tuvieran errores doctrinales o litúrgicos. El problema era este: “Mientras uno pasa hambre el otro se emborracha” (1Cor 11,21b). De esa manera se come indignamente la cena del Señor. Y ante esto Pablo fue muy tajante: “el que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación, por no reconocer el cuerpo” (1Cor 11,29). ¿Quién es el cuerpo de Cristo? “Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de él” (1Cor 11,27).
¿Cómo celebramos los cristianos de hoy nuestras eucaristías? ¿Formamos realmente el cuerpo de Cristo? No basta con afirmar que la Iglesia vive de la Eucaristía (J.P. II). Como dijo Marcelo Barros, el núcleo del misterio de la Iglesia es la solidaridad, ágape, expresado en la eucaristía. Por tanto la Iglesia si quiere seguir a Jesús debe vivir del amor solidario, testimonio del Reino de Dios, expresado como signo en la eucaristía, que nos impulsa a su vez, a que cada día vivamos la fiesta del pan compartido, como lo hizo Cristo. [1] Por ignorancia o por una sutil confabulación con los generadores de hambre y de otras injusticias.
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Fecha de la Última actualización: 04/06/2007 08:07:08 a.m. | |
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