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En Camino: Tiempo Ordinario Homilía para el Domingo |
Ciclo C |
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IV Domingo |
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La supremacía del verdadero Amor
El cántico del amor lo ubicamos dentro de la disertación sobre la situación de la Iglesia de Cortino, su problemática interna y los carismas dentro de ella. En el capítulo 11, Pablo hace un fuerte llamado de atención por las eucaristías mal celebradas, no tanto porque no cumplieran las normas litúrgicas, que en aquella época no existían, sino porque se quedaban en ritos vacíos que no transformaban la vida personal y comunitaria de los participantes: “Mientras unos pasan hambre, otros se emborrachan” (1Cor 11,21). Luego invita a celebrar dignamente la eucaristía, compartiendo en igualdad y fraternidad. En el capítulo 12 (texto que reflexionamos hace 15 días) está la discusión acerca de la diversidad de carismas: profecía, predicación, servicio, etc. Pablo invita a poner todos los carismas al servicio de la comunidad, para formar el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y vivir en armonía. En cuanto al capítulo 13, vemos claramente que fue elaborado por un Pablo maduro y lleno de Dios, quien, después de haber vivido mucho, descubrió lo fundamental en la vida: el amor. Los antiguos identifica tres tipos de amor: Eros, Filía y Ágape. Aquí se habla no tanto del eros, que es un amor más pasional y de atracción, ni del filía que es el amor de familia, sino del amor ágape que es más fraternal, donativo y universal. Primero menciona unos carismas que no son nada si falta el amor. Profecía, predicación, servicio, conocimiento, etc., adquieren sentido en la medida en que se hacen con amor y lo pierden si carecen de éste. Vale la pena que hoy analicemos si hacemos las cosas con amor. Si nuestro trabajo, nuestro servicio y nuestras relaciones interpersonales en general, están hechas con amor o hacemos las cosas por costumbre o porque nos toca. Luego enumera quince características del amor cristiano, siete planteadas de forma positiva y ocho de forma negativa. Podríamos analizar cada característica y compararla con nuestra manera de amar. Porque cuando hablamos de la supremacía del amor, casi todos estamos de acuerdo en lo fundamental que es el amor para realizar plenamente nuestra vida y ser felices. Pero a la hora de amar, muchas veces confundimos amor con aquello que realmente no lo es. Hoy la palabra amor está tan desprestigiada como la palabra democracia. Con la excusa del amor se engaña, se manipula, se malcrían hijos, se arruinan vidas. Cada característica mencionada por Pablo, podemos convertirla en pregunta. Por ejemplo: El amor no es envidioso. ¿Hemos sentido envidia hacia las personas que decimos amar? El amor no hace alardes ni se envanece. ¿Decimos amar a alguien más por su carro y sus bolsillos que por su humanidad? ¿Nos hemos creído superiores a las personas que amamos o hemos tratado de llamar su atención con alguna extravagancia farandulera? El amor no actúa con bajeza. ¿Hemos actuado con bajeza, con mentiras, con engaños, con malos deseos, con las personas que decimos amar? Podemos hacer lo mismo con las demás características: no busca su propio interés, no se irrita, no es rencoroso, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo soporta, todo lo sufre; cree sin límites, espera sin límites. Por si acaso, quiero aclarar que cuando Pablo habla del amor que todo lo soporta y todo lo sufre, no tiene en absoluto nada que ver con soportar a un ogro que maltrata y hace sufrir a la persona que dice amar. “Por qué te quiero te aporrio”, repiten algunos despistados. ¡No señor! Porque que te quiero te respeto, te apoyo, te acompaño, te trato bien. Eso de maltratar a las personas que decimos amar es un grave desorden psiquiátrico que necesita urgentemente un tratamiento. Cuando se habla de soportar y sufrir, se refiere a las pruebas que tiene la vida, a las dificultades por las que pueden pasar las personas. Si realmente hay amor tenemos que estar en los momentos alegres y también en los difíciles. Cuando hay dinero hay muchos amigos. ¡Pero falsos amigos! La verdadera amistad soporta la prueba. Finalmente, se reafirma la eternidad del amor. ¡Todo pasará! Empezando por las cosas superfluas: el lujo, la ostentación, los honores. Pasarán aún los carismas valiosos: la profecía, la sabiduría, el conocimiento. Hasta la fe y la esperanza, cuando estemos frente a Dios, no serán necesarias. Quedará únicamente el amor.
El verdadero profeta y el demagogo milagrero
Ante la inestabilidad política de los emperadores romanos más corruptos, sus asesores aconsejaron la política del “pan y circo” (comida y diversión), para tener contenta a la plebe. Con algo de pan y mucho circo, mucha distracción y espectáculo, cuanto más alienante y degradante mejor; el pueblo se mantenía tranquilo y los “nobles” podían seguir con su lujo insultante, mientras los esclavos, quienes no tenían derechos, llevaban la peor parte. Como servidores, como gladiadores, como guerreros o sencillamente, como carne para las fieras, con el fin de divertir a los ciudadanos romanos. Esa política logró calmar en parte los ánimos del pueblo romano, pero después se convirtió en un arma en contra de ellos mismos, pues el pueblo lo único que quería era pan y circo. El imperio se debilitó y se hizo presa fácil de los pueblos vecinos, que en repetidas ocasiones lo invadieron. “Nuestros vicios son la mejor arma de los bárbaros”, dijo después un ilustre asesor. Un pueblo analfabeto o mediocremente formado, no se interesa más que por el pan y el circo. Le da pereza analizar las propuestas serias y comprometerse con procesos integrales, y es amante de líderes mediáticos, populistas y demagogos. Cualquier parecido con nuestra realidad latinoamericana, no es pura coincidencia. A nuestros pueblos también les gusta la política del “pan y circo”. Claro que a nosotros en vez de pan nos dan pata… ¡Pero eso sí!, ¡circo, mucho circo! Campeonatos de fútbol o de otro “deporte” durante todo el año. Fiestas y reinados de lo que usted quiera. Los noticieros de televisión ahora están llenos de colas y bolas (farándula y deportes). No pueden faltar unas presentadoras tan lindas como huecas a quienes se les llena la boca de babas cuando dicen que son “periodistas de la farándula.” Para completar, algunas iglesias han caído en la tentación del espectáculo milagrero y del cura o pastor farandulero.[1] ¡Mejor dicho! ¡Que viva el circo, la mediocridad y el engaño! Hoy continuamos con el texto evangélico de hace ocho días, en el cual Jesús presenta su proyecto de vida a sus paisanos en la sinagoga de Nazareth. Cuando terminó la lectura programática del profeta Isaías y dijo que esa lectura se cumplía (en él), todos aprobaban y se admiraban de las palabras que salían de sus labios. Sus paisanos esperaban algún signo milagroso, que demostrara gran poder para darle su apoyo. Pero se encontraron con un hombre que no gustaba del espectáculo milagrero. Con un profeta cuyo proyecto pedía compromiso, trabajo y esfuerzo por parte de todos. Ellos querían un milagro, Jesús les pidió trabajar con él. Ellos querían las cosas rápidas, su propuesta necesitaba la paciencia del labrador que hace su trabajo y espera que el tiempo haga crecer y producir la semilla. Lástima que ese tipo de propuestas no sean, por lo general, bien recibidas. Los verdaderos profetas son muchas veces despreciados. Porque el verdadero profeta no se deja acaparar ni presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo en el espectáculo o en intereses individuales, aunque sean los de su propia familia o pueblo. ¡Y Jesús no cedió! Se mantuvo siempre fiel a sus convicciones; prefirió el desprecio de la gente, a engañarla con algún “signo milagroso”. Fue entonces cuando lo vieron con otros ojos y pasó a ser el pobre vecino, el hijo de José, que todos conocían y no era mayor cosa, pues era como ellos. Una mezcla de baja autoestima, envidia, ignorancia y pesimismo colectivos, trajo como resultado un veneno mortal que por poco mata a Jesús antes de cumplir su misión en este mundo. Muchas veces los evangelios lo presentan en confrontación con las autoridades. En este texto el enfrentamiento fue con el pueblo, con la gente que lo vio crecer. Con los pobres que no comprendieron su propuesta y menospreciaron sus propios brazos para trabajar y cambiar el rumbo de la historia. Tuvieron miedo al cambio y prefirieron lo malo conocido que bueno por conocer. Cuando un orador alaba un país o un territorio por sus múltiples virtudes, por su gente y por los paisajes ensoñadores en donde viven; por su gloriosa historia, sus héroes y sus valientes luchadores, se gana los aplausos del respetable público y posiblemente su apoyo. Pero cuando un orador se atreve a hacer una crítica a su auditorio, cuando hace memoria de sus errores en el pasado y del poco aprecio por los profetas, entonces con mucha frecuencia el orador es rechiflado. A todos nos gusta que nos alaben y nos molesta que nos critiquen. Pero es necesario recibir con humildad tanto las alabanzas por nuestros aciertos, como las críticas por nuestros desaciertos. Es necesario reconocer el trabajo de la gente, valorarlo y estimularlo, y hacer una crítica seria y constructiva, cuando sea necesario, aunque no nos miren bien. Nadie es profeta en su tierra, les dijo Jesús, y les recordó las historias de Elías y Eliseo, profetas despreciados en su tierra que ejercieron su ministerio con los extranjeros. El pueblo no aguantó la crítica. Prefirieron arremeter contra aquel que amorosamente la hacía buscando el bienestar de todos, que cambiar sus mediocres e inestables conductas. La cosa se fue al extremo. Unos minutos antes mostraban su admiración y aprobación por lo que decía, ávidos de milagros y signos prodigiosos que solucionaran sus problemas, por arte de magia. Luego, llenos de rabia y de frustración, quisieron matarlo. Al final de su vida, los mismos que gritaron, “viva el rey de los judíos”, unos días después gritaron: “¡crucifícale, crucifícale!”. Pero esta vez, Jesús se abrió camino y se alejó, para anunciar su evangelio en otra parte, pues el profeta es libre y no se debe a la presión de la gente sino a la Palabra de Dios y a su fuerza liberadora. Mirémonos a nosotros mismos como pueblo. ¿Nos molesta la crítica? ¿Qué líderes nos gustan? ¿Qué esperamos de Jesús? ¿Será que con nuestra manera de ser hemos hecho alejar a Jesús? o, ¿realmente lo acogemos con gozo en nuestro corazón y estamos dispuestos a trabajar con él? Oración Padre Dios, origen y meta de nuestra vida, fuente de alegría, de amor y de salvación. Te damos gracias por todos los dones que cada día recibimos de ti a manos llenas. Así como ayer llamaste a Jeremías y lo enviaste a profetizar en el tiempo del Rey Josías, hoy nos sentimos llamados y enviados por ti a trabajar en nuestro mundo concreto, en el hoy de nuestra historia. Ayúdanos a tomar conciencia de nuestro propio contexto vital, para describir cuál es nuestra la misión como seguidores de tu Hijo Jesús. Gracias padre bueno por este maravilloso llamado y por las fuerzas que nos das para cumplir bien la misión que nos das. Ayúdanos sobre todo a amar como tú nos amas, a hacerlo todo con amor sincero, a crear en nuestras familias y comunidades un ambiente comunión, de fraternidad, de amistad y de solidaridad. Ayúdanos a superar el egoísmo, odio, la avaricia, los miedos y todo aquello que nos impide amar. Haz de nosotros personas comprometidas con tu causa, valientes anunciadores de la Buena Nueva de la Salvación, profetas que denuncian y anuncian conducidos por la fuerza de tu Espíritu. Padre bueno, que también en nosotros se realicen tus maravillas. Ayúdanos a experimentar que hoy también se cumple en nosotros esta escritura. Que también nosotros nos comprometemos, como Jesús, en continuar tu obra salvadora. Padre amoroso, en el continuo trasegar de nuestra vida, con la firme compañía de Jesús y la fuerza del Espíritu Santo, nos disponemos a seguir fielmente la ruta trazada de la salvación, porque contigo nos encaminamos irreversiblemente a la plenitud de nuestra vida en el amor. Amén.[1] No critico la incursión de las iglesias cristianas en los mas media, sino la mediocridad de algunos líderes religiosos y, sobre todo, la forma como utilizan la fe y la inocencia de la gente, para su propio beneficio y el de los dueños de estos medios masivos.
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Fecha de la Última actualización: 28/01/2010 11:09:37 a.m. | |
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