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En Camino: Homilía para el Domingo |
Ciclo C |
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I Domingo |
3 de diciembre de 2006 | ||||||||||||||||
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Empezamos un nuevo año litúrgico con el tiempo de adviento. Adviento es advenimiento. Es un tiempo de atención y espera de algo bueno que está por llegar. Durante estas cuatro semanas la liturgia nos ayudará a prepararnos para vivir intensamente la celebración de la natividad del Señor.
La primera lectura pertenece al ministerio profético de Jeremías durante un periodo muy difícil como lo fue la conquista de Jerusalén por parte de las tropas de Nabucodonosor II, rey de Babilonia en el 586 a.C. Su vida profética la había empezado hacia el año 627 a.C. Durante los primeros años de su vida profética gozó de la protección de sus amigos de la cohorte real, a quienes apoyó y legitimó. Pero nunca su vida y su ministerio fueron tan auténticos como cuando fue capaz de revelarse ante los poderosos porque sus acciones no producían bienestar para el pueblo. Fue entonces cuando le vinieron las desgracias, y el hálito reverencial del que gozaba se esfumó como espuma que lleva el mar. Lo arrestaron, le prohibieron hablar en público y lo lanzaron a una cisterna que hizo las veces de calabozo. Durante el tiempo de la guerra lo consideraron traidor y enemigo del pueblo.
Después de la destrucción de Jerusalén, vino la famosa cautividad o el exilio babilónico hasta el año 538, cuan Ciro, rey de Persia los dejó marchar. Fue una época de desolación para quienes deportaron a Babilonia, para quienes huyeron a Egipto, así como para quines les permitieron quedarse en Palestina. El pueblo libre e independiente había desaparecido y estaba partido en tres. Ante esa realidad, Jeremías levantó su voz para ayudar al pueblo a tomar conciencia de su situación y para decirle que Dios no lo había abandonado.
Para Jeremías, Dios iba a mostrar el amor por su pueblo, haciéndolo volver a su tierra e impulsando la reconstrucción de los campos y de las ciudades. Mandando un rey justo, no como los que produjeron la crisis que los llevó a la cautividad, sino como el rey David, a quien todos recordaban con un reinado próspero. Para legitimarse como tal, el rey debería implantar la justicia y el derecho en el país.
En el evangelio nos encontramos otra vez con un texto escrito en literatura apocalíptica, muy similar al que estudiamos hace dos domingos, en la versión de Marcos. Este fragmento del evangelio de Lucas no anuncia catástrofes o destrucción del mundo. Es una toma de conciencia, a la luz de la fe en Jesús resucitado, de la grave situación por la que pasaban. El contexto es el mismo que vimos con el pequeño Apocalipsis de Marcos, aunque el texto de Lucas es posterior ya que se escribió después, durante los años 70 y 80 d.C. Hablamos de la guerra judía, acontecida durante los años 66 al 70 d.C., cuando las tropas comandadas por Tito Flavio Vespasiano, legado del emperador romano, destruyeron el país como represalia al levantamiento celote[1].
Fueron tiempos difíciles ya que los romanos destruyeron todo. La situación la representa el evangelio cuando habla de la angustia y la desesperación que produce el estruendo y el oleaje del mar. El mar para ellos era el lugar donde habitaba el Leviatán, mítico monstruo marino capaz de destruir todo. Desde el mar llegaron las invasiones griegas, fenicias, romanas, etc., que los había dominado. Por eso el mar era signo de opresión, peligro y muerte. El sol, la luna y las estrellas, simbolizan a los poderosos que se erigían como hijos de los astros para infundir respeto.
Eso generó una crisis muy tremenda en el pueblo: destrucción, hambre, miedo, ansiedad, desolación y muerte. Realmente la gente quedó sin alientos por el terror y la expectativa que amenazaba la tierra y por los poderosos quienes, al ser atacados, sintieron tambalear su poder y reaccionaron con más violencia y destrucción.
Ante una situación crítica, ayer como hoy, mucha gente se desespera, cae en el sinsentido de su existencia y es fácil presa de los vicios y de los agobios de la vida. Surgen también líderes mediáticos que prometen cielo y tierra, pero en el fondo son explotadores y oportunistas, vendedores de ilusiones e ídolos que embotan la mente y agudizan más la crisis.
El evangelio no oculta la situación crítica, pues no es un opio que adormece, sino un grito a la conciencia para que descubra a fondo la dura realidad; pero no cae en el pesimismo de ver en la tragedia un viaje sin retorno. Evangelio significa Buena Noticia y una buena noticia no puede ser trágica. Aquí la buena noticia es que en medio de la tragedia por la que pasaban, Dios se hacía presente para salvar a su pueblo. La Figura del Hijo del hombre, es aplicada a Jesús, vencedor de la muerte. La acción de Jesús resucitado al interior de las personas y de las comunidades, era motor que impulsaba los cambios necesarios, la razón para vivir en esperanza y la certeza de una liberación duradera. “Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con poder y gloria inmensa. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levántense con la frente erguida, porque se acerca su liberación.”
Necesitamos estar vigilantes para descubrir las crisis que atacan nuestras familias, nuestras iglesias y nuestra sociedad en general. Vigilantes y cuidadosos con los engañadores que aprovechan para pescar en río revuelto. Vigilantes y en actitud de esperanza activa porque Dios se hace presente para salvarnos. Necesitamos, como nos decía la carta a los tesalonicenses que leíamos en la segunda lectura: amor unos con otros y firmeza de espíritu para ser santos e irreprensibles. “Mi alma espera en Señor, espera en su palabra”, repetíamos en el salmo de respuesta. [1] La guerra fuerte duró hasta el 70. Pero los celotes conservaban su refugio en unas cuevas, llamadas la fortaleza de Mashada. Desde allí hacían pequeños asedios hasta que en el 73 d.C. fue desmantelada la fortaleza. Los romanos taparon todas las salidas de la fortaleza y los hicieron pasas hambre hasta que entraron con el fin de tomarlos presos o persuadirlos que se rindieran, pero los celotes prefirieron el suicidio antes que rendirse. Hoy los celotes son considerados héroes nacionales por los judíos y cada año se conmemora su deceso con honores.
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Fecha de la Última actualización: 27/11/2006 08:35:29 a.m. | |
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