La primera lectura surgió cuando el pueblo vivía exiliado
forzosamente en Babilonia entre los años 587 y 538 a.C. El
desarraigo de su tierra y la fuerza arrolladora que ejercía la
cultura dominante, complementados con la explotación a la que
era sometido, amenazaban el idioma, la cultura y la religión o
sea la identidad del pueblo como tal.
Como es sabido, el hombre primitivo contemplaba admirado los
astros y la madre naturaleza que, con sus bondades, le
proporcionaba alegría o, con sus desastres, lo llenaba de temor.
Con esta inspiración elaboró mitos cosmogónicos y ético
religiosos, y fue estableciendo cánones de conducta que más
tarde los estados confesionales les darían carácter de ley
político religiosa.
La experiencia religiosa de toda la zona mesopotámica (donde
estaban exiliados los judíos, en Babilonia, actual Irak), se
basaba en el miedo a los desastres naturales. Los ríos Tigris y
Éufrates les proporcionaban grandes bondades para el regadío de
sus cultivos, para sus ganados y para el consumo humano; pero,
aunque no era una zona muy lluviosa, en ocasiones se daban
crecidas y desbordamientos de los ríos que destruían e infundían
terror. La bondad y peligrosidad de la naturaleza eran vistas
como acciones de los dioses que se podían modificar si la
conducta humana se acoplaba o no a su voluntad. ¿Quién
determinaba cuál debía ser la conducta humana para agradar a los
dioses? He ahí el dilema.
Aquí entramos directamente en el tema del diluvio. El diluvio,
o cataclismo universal, es mencionado en muchas tradiciones
mitológicas y religiosas (india, griega, china, judía,
babilónica, etc.). Según estas tradiciones, en otras épocas el
mundo había sido destruido por obra de Dios o de los dioses,
para purificarlo.
La religión oficial del imperio Babilonio con el rey
Nabucodonosor II a la cabeza, amenazaba a sus súbditos con un
nuevo diluvio universal si no obedecían sus designios, incluidos
los sacrificios humanos en honor a los dioses, llevados a cabo
en la torre de Babel, lugar donde pretendían estar más cerca del
cielo (Gen 11,1-9). Por su parte, los maestros judíos en la
cautividad lucharon contra esa aculturación
y, con los mismos medios (mitos, leyendas, etc.), contradijeron
la versión oficial para defender su identidad y sus derechos
como pueblo.
Según el relato del Génesis (Capítulos 6 al 10 – Primera
lectura) Dios, por la maldad del hombre y para purificar la
humanidad, envió el diluvio durante cuarenta días y todo ser
vivo que existía sobre la tierra murió, exceptuando los que
estaban en el arca de Noé. La novedad del relato bíblico
consistía en la promesa de Dios de no volver emplear este
mecanismo para purificar: “les prometo que las aguas del
diluvio no volverán a exterminar la vida; no habrá otro diluvio
que arrase la tierra”.
Con este contra-cuento se pretendía superar el miedo al diluvio
y, por tanto, el miedo a los designios del rey que manipulaba
las conciencias y amenazaba las masas con sus engaños y
mentiras.
Superada la religión de miedo, hay cabida para un nuevo pacto de
Dios con la vida. Superada la religión del miedo, hay cabida
para construir pueblo a partir de convicciones profundas, con
proyectos concretos que nos animen y nos hagan arriesgar la vida
por ideales realizables. Las nubes y su amenaza de lluvia, la
magia y el color del arco iris que generaban miedo, fueron
convertidos en signos del compromiso de Dios: “Pongo mi arco
en las nubes, como señal de mi compromiso con la tierra. Cuando
traiga nubes sobre la tierra, aparecerá el arco iris, y me
acordaré del compromiso que tengo con ustedes y con todos los
seres vivientes, las aguas no causarán otro diluvio que acabe la
vida”.
Y toda esta historia ¿para qué? Para ayudarnos a comprender que
hoy estamos invitados a cuestionar los mitos imponentes que
embotan nuestra mente; a releer y reinterpretar estos textos
sagrados, y a abandonar la religión del miedo. Necesitamos
purificar nuestra vida, pero no por miedo al castigo, sino como
parte de un proyecto personal y comunitario. Necesitamos
purificar el amor, de todo miedo, de toda dependencia
esclavizante y de todos los intereses mezquinos, para que, desde
la libertad y con la gracia de Dios, podamos construirlo a
plenitud. Necesitamos purificar nuestras costumbres sociales y
políticas; dejar el clientelismo, combatir la corrupción y sobre
todo la indiferencia y el miedo a quedarnos sin el mísero apoyo
de los políticos infectos que manejan la historia a su antojo.
Nos queda la tarea de mirar con criticidad las ideologías que
dominan nuestro mundo y descubrir caminos para que, desde la fe
y en la diversidad, trabajemos por una casa común donde haya
vida abundante.
ENMIÉNDENSE Y CREAN EN EL EVANGELIO
En algunas partes del mundo (Venecia, Colonia, Río de Janeiro,
Barranquilla, etc.) se vivieron unos días intensos de carnaval.
Tiempo para resucitar lo bueno de las deidades “paganas”, que en
nuestra Patria Grande (Latinoamérica y el Caribe) heredamos de
amerindios y africanos. Tiempo para las diferentes
manifestaciones culturales, el esparcimiento, la alegría y la
bulla, la danza y el baile. Ambiente para liberarnos de “los
malos espíritus” y una oportunidad para satisfacer nuestra
necesidad humana de reír.
Algunos lo rechazan tajantemente, otros lo disfrutan sanamente,
y otros lo toman como una válvula de escape; una oportunidad
para sentirse libres y manifestar lo que se es, así sea
ocultándose bajo el anonimato de la máscara y el disfraz,
oposición entre lo que se es y la apariencia. Tiempo para
olvidar la bochornosa vida cotidiana, y medio para evadir
responsabilidades. El carnaval quien lo vive es quien lo goza.
Quien lo ignora desconoce la magia, el colorido y la riqueza
humana de nuestro mundo mestizo que lucha contra la esclavitud y
busca la libertad… Quien lo critica mordazmente deja ver su
amargura, y quien lo vive irresponsablemente, sufre sus
peligrosas consecuencias. Cada uno puede hacer su balance.
Para los cristianos viene ahora un nuevo tiempo: la Cuaresma.
Como todo en esta vida, sobre la Cuaresma también hay diferentes
posturas: algunos la rechazan, otros se burlan, a otros le es
indiferente y algunos la viven de manera fanática. Aunque puede
ser desviada, no es precisamente el tiempo para la flagelación,
para llorar sobre la leche derramada, ni para sentirse iguales a
los gusanos más asquerosos sobre la tierra, lleno de pecados,
miseria y dolor.
Así como podemos disfrutar sanamente del carnaval o de cualquier
otro medio lúdico, podemos también aprovechar al máximo esta
Cuaresma. No serán cuarenta días de tenebroso diluvio, serán
cuarenta días de desierto, como lo sugiere el evangelio. Es
decir, días para tomar conciencia de nuestra débil naturaleza
humana sometida al hambre, la sed y a la constante tentación de
volver a la esclavitud, como la vivieron los israelitas en los
cuarenta años de desierto, camino a la tierra prometida.
Cuaresma es una oportunidad para la reflexión, es decir, para
hacer una flexión hacia dentro, para dirigir una mirada hacia
nosotros mismos. Para descubrir nuestra desnudez en lo profundo
de nuestras conciencias, núcleo central del ser humano. Para
vernos tal como somos, sin máscaras, sin disfraces y sin risas
falsas. Para descubrir las alimañas y los ángeles en nuestras
vidas. Para encontrarnos con Dios, evaluarnos, conocernos y
reconocernos, y escuchar al Señor que nos tiene una Buena
Noticia: “el Reino entre nosotros”; y una invitación:
“enmendarnos y creer”.
Durante este retiro cada uno puede preguntarse: ¿Estoy caminando
con Jesús hacia la construcción del Reino? ¿El Reino de Dios
hace parte de mi opción fundamental? O, ¿es una palabra más en
la múltiple gama de palabras con un significado misterioso, un
cuento por el que un loco llamado Jesús dio su vida, pero aún no
he entendido por qué?
Enmendarse es reconocer la fragilidad humana, las caídas
humanas, el pecado que hay dentro de nosotros, con el fin de
cambiar. ¿Cambio de qué? Cambio de mentalidad, cambio de
valores, cambio de paradigmas, cambio de vida. ¿Necesito
enmendarme? ¿De qué necesito enmendarme?
¿Creo en la Buena Noticia del Reino? Es decir, ¿aún por encima
de tanta agresión y sufrimiento, de injusticias que causan
miseria y muerte, creo que es posible un mundo justo, fraterno e
igualitario? Aunque por mi naturaleza limitada caigo muchas
veces en egoísmos, envidias y rencores, en fin, en pecado; ¿creo
que Dios, por su infinita misericordia, me perdona y conduce mi
vida hacia la plenitud? Aunque a veces pareciera que el mal
rigiera los caminos de nuestro mundo ¿le creo a Jesús, camino
con él y trabajo ayudado de su gracia para que en este mundo
reinen la verdad, la alegría y el amor misericordioso, es decir,
para que reine Dios?
La Cuaresma no es escape del mundo para rezar porque “el que
peca y reza empata”; no es tristeza, llanto y luto. Es
reflexión, interiorización, evaluación y encuentro con nosotros
mismos y con Dios. Vive la Cuaresma y ella te ayudará a vivir
mejor.
Oración
Bendito seas Padre y Madre Dios, por tu ternura y por tu
misericordia infinitas, porque eres bueno y recto; porque nos
inundas de vida y nos iluminas con tu Palabra para caminar con
rectitud. Gracias por este tiempo maravilloso que recorreremos
con intensidad para ser testigos de la salvación, para vivir en
la libertad, como auténticos hijos tuyos.
Reconocemos que en nosotros existen muchos elementos de los
cuales es necesario purificarnos… Reconocemos que cada día nos
invaden tentaciones que amenazan nuestra estabilidad, nuestra
paz, nuestra realización como seres humanos y que tienen la
capacidad de frustrar nuestra vida… Reconocemos las alimañas,
las fieras salvajes que habitan dentro de nosotros y que a veces
dominan nuestras relaciones humanas…
Todo esto lo ponemos en tus manos con la esperanza de salir
vencedores, porque más fuerte que nuestra fragilidad humana, más
fuertes que las alimañas y las fieras, más fuerte que nuestro
pecado es tu voluntad para salvarnos, tu amor y tu gracia, y la
fuerza de tu Espíritu que inunda nuestros corazones. Por eso
estamos en tus manos, con la mente y el corazón abiertos para
que reconstruyas nuestra vida y reactives todo lo bueno que has
puesto en nuestros corazones. Te pedimos que, como tu hijo
Jesús, nos mantengamos firmes en la tentación y fieles a tu
proyecto de salvación. Amén.