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En Camino Homilía para el Domingo |
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Tiempo de Adviento |
III Domingo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Contrario a la enseñanza del evangelio, se promovió muchas veces un cristiano borrego que no decía ni pío ante las indicaciones de la autoridad. De manera que la obediencia se hizo la regla de oro: “no piense, crea”, “el que obedece nunca se equivoca”, “obedecer al superior es obedecer a Dios”, “en la voluntad del superior, se manifiesta la voluntad de Dios”… y como antaño mucha gente era iletrada, sólo los que sabían, los privilegiados, por supuesto los clérigos de mayor rango, al lado de abogados, médicos y unos cuantos intelectuales, tenían la palabra. “Yo no sé, a mi no pregunten porque soy un ignorante, doctores tiene la santa madre Iglesia”, solía decir la gente “común y silvestre”.
La sociedad moderna, con el imperio de la diosa razón, despreció no sólo al creyente borrego, sino que se fue lanza en ristre contra todo lo que oliera a religión. Por eso hoy existen sociedades enteras (los Países Bajos, por ejemplo), así como personas en todo el mundo, que consideran el cristianismo y en general toda experiencia religiosa, como algo que corresponde a una etapa primitiva del ser humano, superado por los pueblo más avanzados y vivido sólo por gente premoderna, que arrastra todavía el oscurantismo medieval. Ante estos movimientos pendulares de nuestra historia, vale la pena retomar las palabras de san Pablo a los Tesalonicenses (2da lect. - 1Tes 5,16-24). La comunidad de Tesalónica, a la cual escribió Pablo esta carta, pasaba por un momento crítico. Se daban problemas entre los miembros de la comunidad, peleas, falta de fe y apego a las costumbres heredadas de anteriores prácticas religiosas. Recordemos que en Tesalónica se practicaba el culto a algunas deidades del mundo antiguo como los dioses Cabiros, que eran considerados como los inventores del fuego y del hierro, y a los cuales les dedicaban las gestas deportivas o los juegos[1]. Así mismo, era muy difundido el culto al emperador, a quien se tenía como un dios. Algunos querían vivir el cristianismo como una costumbre más dentro de las demás expresiones religiosas, mientras que otros eran más consecuentes y estrictos, y entonces se daban los roces, las desilusiones y las diferencias con las autoridades. Pablo felicita a la comunidad por el esfuerzo y reconoce sus logros, pero la invita continuar creciendo porque pueden ser mejores. La exhorta a vivir en alegría, a orar constantemente y a rechazar todo aquello no le hace bien. Los problemas se dan, pero hay que enfrentarlos sin desanimarse. En cuanto a la confusión, las diferencias internas, la forma como se vivía la experiencia religiosa el apóstol invita a ser muy críticos, pero no a rechazar a primera todo lo que venga: “No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno”.
Necesitamos cristianos pensantes que vivan y se entreguen con “alma, vida y corazón” al Proyecto de Jesús. Porque a lo largo de estos casi dos mil años de historia los cristianos hayamos cometido errores, no significa que esto no valga la pena; el hecho de que algunos cristianos no demos buen testimonio, no significa que esto no sirva. También como institución y como personas, los cristianos hemos dado buenos frutos, y de ello tenemos muchos testimonios. En medio de los logros y de las falencias, en medio del maremagnum de corrientes religiosas, políticas, ideológicas, etc., nos corresponde sopesarlo todo, pensar con detenimiento, ponerlo todo a prueba y quedarnos con lo bueno. Surgió un hombre Bien decía Simón Bolívar que la vocación es hija de la necesidad; los seres humanos somos, además, hijos de nuestro tiempo y nuestro espacio. La situación vivida por el pueblo de Israel en tiempo de Jesús era desesperante, y surgían muchos hombres que prometían salidas a la crisis: algunos guerreros, visionarios, locos, extremistas de derecha o de izquierda… En aquel tiempo surgió también un hombre y su movimiento: Juan Bautista, el profeta del desierto. Pero Juan Bautista no fue el resultado improvisado de una situación crítica. Fue un hombre de vida y pensamientos profundos, que escogió la línea profética para realizar su ministerio y trabajar comprometido con el pueblo. En el desierto de su vida con toda su simbología (aridez y encuentro con Dios), escuchó la voz de Dios, recibió el don de profecía, formó su escuela con algunos discípulos e hizo del Jordán su “centro” de operaciones. Allí acudían muchas personas para ser bautizadas (rito penitencial para el perdón de los pecados).
Dentro de los buscadores de respuestas llegó un muchacho de Nazareth, llamado Jesús. Allí compartió sus enseñanzas, caminó con él y aprendió lo que tenía que aprender. Juan fue testigo de su proceso; contempló con admiración y sin envidia cómo su discípulo lo superaba. Él fue un profeta que buscaba el Reino, no un sofista prepotente ni un dirigente, como algunos de los nuestros, enfermizamente aferrados al poder y con delirios mesiánicos, para los cuáles todos sus predecesores fueron malos y los que vienen difícilmente podrían hacer bien las cosas como ellos. Pero Juan no tuvo esos bajos instintos sino que los invitó a todos a la conversión, y como nos dice el evangelio de hoy, confesó sin reservas que no era el Mesías, que detrás de él vendría otro. No era la luz, pero dio testimonio de ella. Finalmente comprendió que era preciso disminuir para que Jesús creciera. ¡Qué gran testimonio! Eso lo hacen los grandes hombres.
Cuando mataron a Juan, Jesús empezó su ministerio con ese talante profético de su maestro, tomando distancia de algunas posturas discordantes y haciendo su propio camino. Asumió para sí mismo las palabras del profeta Isaías (1ra lect.): “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones heridos y a proclamar el año de gracia del Señor…” (Lc 4,16). Nuestra fe sólo tendrá un sentido pleno cuando sea buena noticia, especialmente para los pobres, cuando los cristianos sigamos los pasos del inspirador de este camino, tal como él lo hizo.
Nota: Algunos discípulos de Juan acompañaron a Jesús en su Proyecto, otros siguieron dogmáticamente todas las palabras de Juan y no aceptaron la propuesta de Jesús. Al principio no hubo problemas, pero después de la experiencia pascual, entre seguidores de Jesús y algunos seguidores de Juan que no habían querido dar el paso hacia Jesús, hubo problemas.
El evangelio de hoy es una elaboración teológica realizada por el Cuarto Evangelista que busca ayudar a discrepancias entre las comunidades cristianas y las comunidades bautistas, y unir a los dos grupos. El evangelista de una forma muy inteligente, (y por supuesto desde nuestra fe, inspirado por el Espíritu) logró integrar a Juan Bautista dentro del plan de salvación. Juan bautista es presentado como el precursor. De esta manera los grupos bautistas y las comunidades cristianas lograron unificarse. Dejaron las discrepancias y lucharon por un mismo proyecto. Buen testimonio para nuestras Iglesias cristianas y nuestro mundo polarizados. [1] Recordemos que en este contexto cultural y religioso nacieron los juegos olímpicos. El Olimpo era lugar por excelencia donde, según la creencia, habitaban los dioses del panteón griego.
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Fecha de la Última actualización: 12/12/2008 07:18:11 p.m. | |
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