|
El pueblo de Israel tuvo en sus orígenes a huérfanos, viudas,
esclavos, mercenarios, inmigrantes, etc. Tiempo después, con la
confederación de tribus como organización social y liderado por los
jueces, logró una buena estabilidad. Una vez acomodados se olvidaron
de que una vez fueron pobres, cerraron su corazón a los necesitados
y muchas veces se convirtieron en opresores, aprovechándose de los
inmigrantes pobres, viudas o huérfanos, que huían de las guerras, de
la opresión o la miseria, y llegaban a Israel. La legislación
propuesta por el Éxodo (Ex
22, 20-26 –
Primera lectura), conducida por la mano de Dios, se puso a favor de
esos débiles, sin importar la raza, religión o procedencia. Dios
siempre favorece al débil cuando atentan contra su vida.
Si le damos una mirada a nuestro mundo, vamos a descubrir esa misma
realidad. Cantidad de pobres que cuentan únicamente con sus manos
para trabajar; sin tierra, sin dinero, sin conocimientos, sin
influencias, mano de obra barata. Países con una deuda externa
impagable, superando incluso su PIB. Alguien podría preguntar ¿Dónde
esta Dios? O mejor podríamos preguntarnos ¿donde están y que hacen
los que dicen creer en Dios? ¿Todavía pensando en la lipo-succión,
la lipo-escultura, la válvula intragástrica u otras técnicas para
bajar unos kilos por el desorden alimenticio?
¿Todavía pensando en el sexo de los ángeles y en cuántos de estos
caben en la cabeza de un alfiler?
Claro que son importantes las normas litúrgicas, entrar
decorosamente al templo y conservar aquello que aún tiene validez en
nuestra Iglesia y en nuestro mundo, pero los cristianos no podemos
olvidar nuestra labor de ser sal de la tierra, luz del mundo,
levadura que transforma la masa. ¿Se puede ser cristiano y a la vez
usurero, tramposo y explotador? Como decían nuestros viejos: ¿se
puede prender una vela a la virgen y otra al diablo? El evangelio
nos puede ayudar a responder.
El doctor de la Ley que se acercó a Jesús para preguntarle no lo
hizo con el fin de entablar un dialogo sincero, ni con deseos de
ampliar el conocimiento, lo hizo para ponerlo a prueba y tener de
qué acusarlo. Con las limitaciones de toda legislación, la Ley de
Israel, surgida a partir del Espíritu del Señor y del sentimiento
colectivo de un pueblo y se deseo de vivir en plena libertad, había
caído en manos de juristas que la utilizaban para su propio
beneficio. La Ley exigía que el día Sábado era para el descanso y la
oración. Dicha Ley era fruto del reclamo de los trabajadores que
exigían un día de esparcimiento y oración. Pero, por su terquedad y
fundamentalismo leguleyo, los juristas habían convertido el Sábado
en día tétrico en el que no se podía caminar, cocinar o auxiliar a
alguien necesitado.
Jesús puso por encima de cualquier precepto, el amor universal
(ágape), que está por encima del amor familiar (filia) y del amor
de pareja (Eros). Ágape es el amor de Dios hacia toda la humanidad.
Un amor movido por tres fuerzas básicas en el ser humano: corazón,
alma y mente. El corazón (kardía), en sentido bíblico significa lo
más profundo del ser humano, desde donde nacen los sentimientos, su
sentido vital, los móviles de su accionar. El Alma (psixjé)
es el núcleo central, la esencia humana, la vida misma, la energía
vital, el ser humano capaz de sensaciones y afectos. La mente
(dianóia) es la razón, la inteligencia, las capacidades y
posibilidades de desarrollo.
Queda claro que Jesús no pidió cositas, lo pidió todo. Amar con todo
el corazón, alma y mente, es decir todo el ser humano dirigido en
relación de Amor (ágape). Primero a Dios, porque Dios es la fuente
del amor. Si mi relación con Dios es de amor y no de miedo, es de
misericordia y perdón, y no solo de normas, entonces podré vivir el
amor, y comprenderé que nací para amar. Me amaré a mi mismo y ese
amor gratuito, lo compartiré con mi prójimo.
Es una lógica perfecta que también funciona con lo negativo. Si un
niño recibe agresiones de personas que como no se aman no pueden
amar y dan de lo que tienen, si el medio le proporciona desprecios,
violencia, etc., asumirá su vida con violencia, agresividad y
desprecio. No se amará y pensará que ha nacido para la violencia a
sí mismo y hacia los demás. Aunque en el fondo lo que busca es ser
amado, hasta que no experimente el amor estará incapacitado para
amar. Recibo agresión –me agredo – soy agresivo. Recibo amor – me
amo – doy amor.
El amor humano es imperfecto, está en camino, en vía de desarrollo,
en vía de plenitud; nunca podemos decir que de nosotros solo brotan
sentimientos de amor. Así como por más agresión y violencia que una
persona haya recibido y haya dado, no podemos decir de ella que ya
todo está perdido. Todos tenemos una oportunidad, la gran
oportunidad: volver cada día al autor de la vida, a aquel que es
puro Amor, a aquel que nos ama profundamente, dejarnos amar por Él y
amarle con TODO. Nadie con más autoridad que aquel que dió su vida
por los amigos, para invitarnos a amar.
Como dice la Primera Carta de Juan (4,20-21), quien dice amar a Dios
y no ama a su hermano es un mentiroso. Así mismo, amar a los demás
sin amarnos a nosotros mismos es imposible, pues quien no se ama no
puede amar. Es posible que camufle su patología, su desprecio por sí
mismo con una supuesta filantropía absolutamente desinteresada, con
una donación total y con algunos aparentemente sinceros signos de
entrega y auto desprecio; pero tarde o temprano descubrirá su
falacia o tal vez muera engañado y engañando a los más incautos.
El amor lo recibo de Dios, lo asumo, lo experimento y lo comunico a
los demás. Somos seres sociables, necesitamos amar y ser amados, no
podemos amarnos egoístamente. Precisamente de ahí vienen muchos
problemas. Porque cuando nos “amamos” egoístamente no logramos otra
cosa sino hacernos daño y auto agredir nuestra humanidad.
Es absolutamente falso decir que amamos a Dios y no amamos al
prójimo. Si nuestro culto y demás celebraciones de fe están
desligadas de un compromiso concreto en especial con el huérfano y
la viuda, o sea con el débil, son una falsedad vergonzosa.
Preguntémonos si somos parte de los explotadores y usureros, si por
culpa nuestra o con nuestra indiferencia, haya personas que se
acuesten sin su capa. ¿Nos hemos preguntado dónde va a dormir, donde
va a estudiar o a curarse el desplazado, el marginado por las
estructuras injustas de nuestro mundo?
“Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y
con toda tu mente… y al prójimo como a ti mismo. En estos dos
mandamientos se basan toda la Ley y los profetas”.
Sin esto no tiene sentido nuestra fe, ni tiene sentido vivir. Con
esto tenemos la plenitud de la vida; alrededor de ello podemos
organizar nuestras fiestas litúrgicas, eclesiales, familiares, etc.
Oración
Padre y Madre Dios, fuente infinita de vida, de alegría y de
plenitud. Te damos gracias porque te has valido de muchos medios
para transmitirnos tu amor misericordioso: Familia, amigos,
comunidad, iglesia, el testimonio de muchas personas que nos han
trasmitido tu Palabra y tu acción salvadora. Podemos sentirte el
aire fresco, en la naturaleza, en las personas, en el día a día de
nuestra historia de salvación.
Abrimos nuestra mente, nuestra alma, nuestro corazón para que nos
llenes de tu amor. Que tu amor limpie, purifique, sane y transforme
todo nuestro ser, nos haga sentir hijos bien amados y nos capacite
para amar generosamente a nuestro prójimo. Líbranos del egoísmo, de
la codicia, de la explotación, de la mezquindad hacia los demás,
especialmente hacia los más pobres y necesitados. Ayúdanos a
multiplicar, de palabra y de obra, la magnificencia de tu amor, para
hacer que nuestra vida sea cada vez más libre, más sabrosa, más
feliz, más digna de ser vivida. Amén.
|