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En Camino Homilía para el Domingo |
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Tiempo Ordinario XXIV Domingo |
14 de septiembre de 2008 | ||||||||||||
Perdonar
Por naturaleza, ante un mal recibido reaccionamos. Y con mucha frecuenta lo hacemos buscando la venganza y el desquite. Con ésto manifestamos el instinto animal que heredamos; instinto de conservación en principio bueno porque nos impulsa a defendernos, pero cuando éste nos lleva a agredir a quien según nuestra percepción, nos está agrediendo, nos convierte en lobos para los demás seres humanos. Así el agredido se convierte en agresor, el violado en violador, el violentado en violento… y por eso vemos cómo en muchas regiones cada día crece más ese espiral de violencia y junto con él su mortífera amenaza.
La primera Alianza proponía la práctica del desquite, como medio de castigo y escarmiento. Al respecto dice el libro del Génesis: “Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta veces siete” (Gen 4,24). Y el libro del Deuteronomio pide categóricamente desterrar el mal de Israel con castigos severos. Cuando alguien ha cometido un error grave: “…No te compadecerás de él sino que lo harás pagar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Dt, 19,21). Esta práctica fue un método antiguo para escarmentar y evitar algunos excesos, pero no fue la solución completa. El juicio de la historia nos enseña que con la violencia y la venganza como solución, resulta peor el remedio que la enfermedad, pues sólo vemos más muerte, más injusticia, más dolor, más sangre y más desesperación. Son éstas por lo tanto, unas prácticas ancestrales y esclavizantes que deben ser superadas.
Ya Ben Sirá (1ra lect.) II Siglos a.C., con el lenguaje de la época, advirtió sobre los peligros que para la salud humana traían el furor y la cólera, la venganza y el desquite, y la incoherencia que representaba guardar rencor y hacer oración: “¿cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?” (Eclo 28,3). El rencor se devolverá al rencoroso, la venganza al vengativo, el perdón al que perdona, como dijo Pablo: “El que siembra generosamente, generosamente recogerá”. Jesús avanzó al proponer el perdón por encima de la misma tradición y de la ley mosaica, estableciendo otro tipo de justicia. Si por muchos años los seres humanos hemos buscado la venganza y hemos visto sus estragos, ahora necesitamos romper la historia, cambiarle el rumbo y encontrar otra solución: el perdón.
Todos necesitamos reconocer nuestra naturaleza frágil, tendiente a la venganza, al odio y al desquite amargo, más cuando en algún momento hemos actuado con violencia. Necesitamos experimentar el amor sanador de Dios que restaura nuestra naturaleza desintegrada por las fuerzas oscuras, y conv | |||||||||||||