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Isaías a diferencia de muchos profetas, no fue de
familia pobre; nació y creció en una familia “noble”, hizo parte de la
cohorte y del palacio real, donde tuvo la oportunidad de participar en
reuniones y banquetes oficiales. ¿Qué le pasó a Isaías? Comprendió, como
dijo A. Camus: “ que en este mundo hay plagas y víctimas y que hay
que negarse tanto como le sea a uno posible, estar del lado de las
plagas… que uno no puede ponerse del lado de los que hacen la historia
sino al servicio de los que la padecen” (La Peste). Eso fue lo que
hizo, y por eso se convirtió en un problema para los “servidores
públicos”, porque les recriminó la ostentación en la que vivían mientras
el pueblo pasaba necesidades. Por esto el rey Ajaz lo expulsó del
Palacio.
El oráculo de Isaías que hoy compartimos posiblemente
pertenezca al tiempo de la primera deportación a manos de los babilonios
ocurrida en el año 497 a.C.
Recordemos que en esa primera deportación fueron exiliados los miembros
más prestantes de la sociedad y llevados a las ciudades y campos de la
antigua Mesopotamia. La silla del rey en ese momento estaba vacía, razón
por la cual Sobná estaba a cargo de la administración.
Sobná tenía las llaves, pero no era el Rey. Sin
embargo en ausencia del rey ostentó la banda real y supo utilizar muy
bien el puesto para sus mezquinos intereses. Isaías que conocía muy bien
estas “joyitas reales”, denunció sus arbitrariedades, la corrupción
existente en las instituciones monárquicas y la decadencia en la que
había caído la cohorte.
Para Isaías es claro que tarde o temprano terminará
todo poder sostenido a base de explotación y miseria para la gente a
quienes les violan sus derechos. Su puesto lo ocupará una persona capaz
de servir. SOS: ¿Dónde está ese servidor? Necesitamos
convertirnos en servidores y saber elegir a nuestros líderes para que
esto no se quede en un sueño quimérico.
Jesús el Cristo
En continuidad con el evangelio de hace 15 días, este texto fue
elaborado a la luz del Acontecimiento Pascual. Es decir, digámoslo
claramente, este texto no es histórico: ni Pedro proclamó en presencia
del Jesús histórico que era el Mesías, ni el Jesús histórico fundó la
Iglesia y muchos menos nombró a Pedro como monarca de una nueva
dinastía. ¿Entonces todo esto es mentira? No ¡de ninguna manera! Es
cierto, pero no como muchas veces se ha interpretado pues el texto
manifiesta la experiencia de fe de las comunidades primitivas. Así como
Jesús descubrió poco a poco su ser y qué hacer, también sus amigos y
amigas, discípulos y discípulas, en la experiencia comunitaria, fueron
descubriendo quién era Jesús.
El relato fue elaborado por las comunidades cristianas para manifestar
su fe en Jesús el Cristo (Mesías). Para confesar que la Iglesia estaba
inspirada en Jesús y fundada sobre Él, la piedra despreciada por los
arquitectos, convertida en piedra angular. Y que el liderazgo eclesial
debía estar íntimamente unido a la confesión de fe en Jesús y la
disponibilidad para continuar su proyecto salvador.
Esta palabra no puede ser utilizada para legitimar estructuras y
regímenes de poder de cualquier tipo: civil, religioso, etc. Es
contrario al espíritu del Evangelio utilizarlo para legitimar el
monopolio del poder. Lo que vemos es una iluminación para encontrar el
sentido de la autoridad, según la propuesta del Evangelio.
Cuando niños, y aún se hace así en algunas partes, nos enseñaron que
Jesús era la segunda persona de la Santísima Trinidad, que participaba
de la misma naturaleza de Dios, que se encarnó por obra del Espíritu
Santo… en fin, y nos aprendimos de memoria y nos “creímos” todo el credo
sin saber qué significaba. ¡Yo no digo que lo anterior sea mentira, ni
más faltaba…!
El conocimiento de Jesús con sus amigos y amigas fue inductivo. De
pronto, un día apareció por Cafarnaum, camino a la escuela del Bautista,
un muchacho de rostro moreno, tostado por el sol, cabello largo y barba
rala, que contaba cuentos, se reía y tomaba vino en la taberna como
todos. No era nada del otro mundo, era un campesino artesano de Nazareth
que calzaba sus sandalias cosidas por varias partes y sus ropas
remendadas; pero sintieron que era agradable estar con él: sus palabras,
su amistad, su compañía les hacía experimentar algo diferente;
despertaba en ellos la esperanza, la alegría y la dignidad pisoteada por
la cruda realidad.
Con él descubrieron que los zarrapastrosos pescadores trabajadores de
Zebedeo, olorosos a pescado, que Mateo el perro publicano cobrador de
impuestos, así como las putas que todos despreciaban y señalaban, auque
con frecuencia utilizaran sus “servicios”, todos y todas, hombres y
mujeres, eran personas hijas de Dios, con las que valía la pena “perder”
el tiempo: contarles un cuento, escuchar los suyos, compartir una sopa
de pescado, participar en una boda, tomar parte en sus fiestas y
trabajar juntos. Así que se hicieron amigos, buscaron otros que no le
hacían juego a la indiferencia homicida, roedora de conciencias y se
metieron en “la locura” de construir el Reino de Dios.
Descubrieron en él un hombre que denunciaba enfrentándose a la plaga que
tenía el poder en sus manos y anunciaba el Reino para todos, continuando
así el ministerio de Isaías y todo el movimiento profético de Israel. La
gente descubrió en él un profeta y era cierto, pero les faltaba algo
más. No sabemos con certeza si cuando lo asesinaron había comprendido
con claridad su misión mesiánica o sencillamente murió como profeta
(sobre esto los especialistas no se han puesto de acuerdo). Sabemos que
sus discípulos se entusiasmaron con él pero cuando lo mataron vieron
sumergidas todas sus esperanzas.
Fue la Pascua (Resurrección) la que les hizo experimentar, como dice
Pablo (Rom 11,33-36 – 2da let.) el abismo de generosidad, sabiduría y
conocimiento de Dios, sus insondables decisiones e irrastreables
caminos. La Pascua les dio a conocer que ese hombre sencillo, amigo de
todos, defensor de la vida, luchador por el Reino, vencido por el poder
corrupto, pero resucitado por Dios, era el Mesías (El Cristo). La Pascua
les hizo comprender que no era el Mesías que esperaban: triunfalista,
nacionalista y prepotente, sino una persona al servicio de las más
profundas y universales causas humanas. La Pascua les hizo comprender
que, así como lo hizo el Señor y Mesías, los discípulos y discípulas
debían continuar la construcción del Reino con la convicción de que ni
el poder del infierno impediría que algún día podamos ver una humanidad
nueva, regida por valores distintos.
La Pascua les hizo comprender que los líderes en la Iglesia (Pedro),
sólo pueden tener las llaves del Reino después de confesar a Jesús como
Mesías y ponerse al servicio de la comunidad como él lo hizo. Así que el
día que sean investidos hay que darles no tanto un anillo de oro fino
con incrustaciones de esmeraldas para ostentar, ni un gran sillón desde
dónde dar órdenes, sino una toalla y una jofaina para lavar los pies a
sus hermanos.
Oración
Señor Jesús, te damos gracias por tu testimonio de amor, de entrega, de
generosidad. Por haberlo entregado todo al servicio de una nueva
humanidad. Te reconocemos como el Mesías, el salvador, el camino, la
verdad y la vida.
Reconocemos que muchas veces tenemos imágenes equivocadas de ti. Cuántos
libros, cuántas canciones, cuántas películas, a veces hasta muy piadosas
o muy taquilleras, desdibujan el auténtico Jesús que nos revela el amor
del Padre.
Te pedimos que la gracia de tu Espíritu nos ayude a descubrir quién eres
y cómo puedes actuar y salvar nuestra existencia. Te pedimos que nos des
la gracia de reconocerte presente en cada momento de nuestra vida. Que
la gracia de tu Espíritu nos ayude a experimentar el abismo de
generosidad, sabiduría y providencia del Padre y Madre Dios.
Te entregamos a quienes ejercen autoridad en las comunidades, en los
grupos, en las familias, en los pueblos, en la Iglesia. Que la gracia de
tu Espíritu los ilumine especialmente para que sean coherentes con ese
hermoso ministerio del liderazgo, del pastoreo. Para que sepan
aprovechar la autoridad para hacer crecer, para cuidar, para acompañar,
nunca para manipular, para maltratar, para enriquecerse… Dales la
sabiduría para que sepan cerrar y abrir la puerta cuando es propio,
siempre para cuidar y hacer crecer la comunidad.
Confiamos en tus manos nuestras familias y comunidades, nuestros
proyectos personales y colectivos. Confiamos en ti, en tu compañía, en
la fuerza de Espíritu… Amén. |