Monición
de entrada
Muy buenas (noches, días,
tardes).
La
tradición litúrgica nos dice que la fiesta de hoy se celebraba en
Jerusalén ya en siglo V. Su título contiene la finalidad de la misma:
enaltecer y glorificar la cruz de Cristo. Porque la cruz, señal del
discípulo de Jesús, no es signo de muerte sino de vida, como expresa el
simbolismo de la serpiente de bronce en el desierto; no de infamia y
derrota sino de salvación y victoria; no de masoquismo sino de amor.
Primera lectura: Núm 21, 4-9 (La serpiente de bronce en el desierto)
Escucharemos ahora un texto muy interesante, tomado del libro del los
Números. El relato surge de la conjugación de varios elementos. El
primero es el dato real de las serpientes venenosas existentes en la
región; el segundo es la creencia en virtudes curativas de la serpiente;
y el tercero es un ídolo en forma de serpiente de bronce que había en el
templo de Jerusalén. Escuchen.
Segunda lectura: Fil 2: 6-11 (Se despojó de su rango; por eso Dios lo
exaltó)
La
segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los filipenses.
Pablo empieza exhortando a los dirigentes de la comunidad de Filipos,
que ya empieza a sentir la tentación del mando. Para ello les propone
el ejemplo de Cristo, y compone un bellísimo himno que servirá siempre
como eje de cualquier construcción cristológica y eclesiológica.
Presten atención.
Tercera lectura: Jn 3: 13-17 (Tiene que ser levantado el Hijo del
hombre)
Como vimos en la primera lectura, la serpiente levantada por Moisés fue
“señal de salud”. Esta acción de Moisés y la “señal de salud” adquiere
su sentido pleno y total en Cristo Jesús: mirando y creyendo en Jesús,
en los distintos niveles que la elevación implica
–crucifixión-resurrección-exaltación-, se alcanza la salud, la vida en
plenitud, la vida eterna. Escucharemos esta interesante narración, pero
antes entonemos el aleluya.
Oración Universal
A
cada invocación respondan, por favor: “Escúchanos, Señor, y ten
piedad”
1.
Tú fuiste levantado sobre la tierra. Atrae hacia ti los
corazones de todos, Roguemos al Señor.
2.
Tú fuiste clavado en la cruz. Da a todos los oprimidos la
libertad la libertad verdadera, Roguemos al Señor.
3.
Tú derramaste tu sangre. Cura las heridas de todos los que
sufren, Roguemos al Señor.
4.
Tú entregaste tu espíritu. Concede el don de tu Espíritu a todos
los que creen en ti, Roguemos al Señor.
5.
Tú, traspasado por la lanza, eres manantial de agua viva.
Purifica y renueva a tu Iglesia, Roguemos al Señor.
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