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(todo lo que está en rojo
no es para ser leído en voz alta, es una guía para el monitor)
I.-Lucernario y Pregón Pascual
(Se comienza la
Vigilia Pascual fuera de la Iglesia para allí hacer la Liturgia de la
Luz).
Hermanos y
hermanas, ¡buenas noches! Nuestra comunidad cristiana se regocija ante
la presencia de todos ustedes.
El Miércoles de
Ceniza parece ya muy lejano. Fue entonces cuando comenzamos a recorrer
el largo camino cuaresmal. Juntos hemos vivido días de oración, de
penitencia, de privaciones, de reflexión, de vía crucis. Juntos hemos
ido preparando la senda que desemboca en esta ocasión gloriosa. Esta es
la noche de las noches. La noche por excelencia. A ella se refiere
el Beato puertorriqueño Carlos Manuel Rodríguez cuando nos repetía, con
insistencia: “¡Vivimos para esa noche!” Hoy, las tinieblas se
desvanecen, la oscuridad queda derrotada, la muerte es vencida de modo
definitivo y Cristo se alza victorioso ante su pueblo. Por ello nos
reunimos en vigilia de oración a la espera de Cristo Resucitado, para
escuchar la Palabra de Dios, para participar en los Sacramentos de la
Iglesia, para celebrar con Cristo el banquete pascual.
La fiesta que
estamos a punto de comenzar no es una celebración cualquiera. Nos
encontramos ante la más importante y solemne de todas las fiestas. La
liturgia de esta noche santa consiste en cuatro partes claramente
definidas.
La primera
parte, el Lucernario o Liturgia de la Luz, comienza con la bendición del
fuego. Luego de encender el cirio pascual, el Lucernario termina con el
cántico del pregón pascual.
Al Lucernario le
sigue la Liturgia de la Palabra con la proclamación de siete lecturas
del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento.
La tercera parte
de la celebración es la Liturgia Bautismal en la que serán bautizados
nuestros catecúmenos (si los hay) y renovaremos nuestras promesas
bautismales. La cuarta parte de la celebración es la Liturgia
Eucarística cuando nos acercamos con Jesús Resucitado a la Mesa del Pan
que Él mismo sirve para nosotros.
Así, hermanos y
hermanas, conscientes del momento admirable que vivimos, nos preparamos,
nos ponemos de pie para dar inicio a esta noche gloriosa.
(Bendición del fuego - Preparación del Cirio Pascual -Procesión y
Encendido de velas de la asamblea)
Monición al Pregón Pascual
Iluminados con
la luz del nuevo fuego pascual, repasaremos la historia de la salvación.
Dios, en su infinita misericordia, ha querido que todas sus criaturas
lleguen a contemplar su rostro. Esta historia maravillosa comienza con
la Creación y alcanza su punto más elevado en la resurrección de Cristo.
Como preparación para la Liturgia de la Palabra, gocémonos con el canto
del Pregón Pascual que, con su fuerza y su belleza llega a estremecernos
a todos.
(Pregón Pascual; Concluido el Pregón Pascual, pedimos a la asamblea
que apague sus velas. Cuando el celebrante concluye su monición/oración,
invitamos al pueblo a sentarse.)
II.- Liturgia de palabra
Primera lectura (Génesis 1, 1-2, 2)
Esta primera
lectura relata el comienzo de la historia de la salvación. Dios crea
todas las cosas, incluyendo al hombre y a la mujer, y queda complacido
al mirar que todo cuanto ha creado es bueno. Toda la creación le ha sido
confiada a la criatura por excelencia, el ser humano, para que se sirva
de ella. Es el plan de Dios que el hombre y la mujer, creados a su
imagen y semejanza, tengan vida abundante y le sirvan y honren en todo
momento. Escuchemos con atención.
(Concluida la lectura, y luego del Salmo correspondiente, nos ponemos
de pie mientras el celebrante hace una oración. Terminada la oración nos
sentamos.)
Segunda lectura (Génesis 22, 1-18)
Dios quiere para
sí un pueblo que realmente crea en Él. Abrahán, por sus actitudes,
demostró tener esa fe que Dios espera de nosotros. Abran bien el oído
para escuchar este mensaje.
(Concluida la lectura, y luego del Salmo correspondiente, nos ponemos
de pie mientras el celebrante hace una oración. Terminada la oración nos
sentamos.
Tercera lectura (Ex 14, 15-31, 15,1)
Israel, el
pueblo escogido por Dios, cayó preso bajo el régimen de los egipcios.
Muchos años de esclavitud sufrieron los israelitas oprimidos por el yugo
de Egipto. Pero, Dios, que es siempre fiel a sus promesas, interviene
personalmente en la liberación de su pueblo. Muchas esclavitudes
sufrimos hoy día quienes formamos parte del pueblo de Dios. Pero, por la
resurrección de Cristo vemos a Dios obrando en nuestro beneficio y
conduciéndonos de la esclavitud de la muerte a la libertad de la Vida
Eterna. Escuchemos con oído atento
(Concluida la lectura, y luego del Salmo correspondiente, nos ponemos de
pie mientras el celebrante hace una oración. Terminada la oración nos
sentamos.)
Cuarta lectura (Is 55, 1-11)
El profeta
Isaías nos habla a continuación de las riquezas de la salvación. Dios
tiene en sus manos todos los bienes y los pone a disposición de su
pueblo. “Quien tenga necesidad que venga a mí”, dice el Señor por boca
de su profeta. Dios promete sellar con su pueblo una alianza eterna y la
palabra de su boca no regresará a Él sin haber sido cumplida. Escuchemos
con toda atención.
(Concluida la lectura, y luego del Salmo correspondiente, nos ponemos de
pie mientras el celebrante hace una oración. Terminada la oración nos
sentamos.)
Quinta lectura (Is 55, 1-11)
Isaías en su
profecía nos ofrece su palabra y de parte de Dios la alianza perpetua.
Dios se acerca al ser humano por medio de su palabra que anuncia la
salvación y madura y transforma al ser humano. Presten mucha atención.
Sexta lectura (Bar 3, 9.15.32,4-4)
Usando como
instrumento al profeta Baruc, Dios invita nuevamente al pueblo de
Israel, y también nos invita a nosotros hoy a dejar el pecado y a seguir
lo que le agrada a Él. Escuchemos.
Séptima lectura (EZ 36, 16-28)
El pueblo de
Israel en el exilio se aleja de Dios, se torna desobediente y comienza a
practicar la idolatría. La conducta del pueblo desacreditaba el buen
nombre de Dios. Nuestra conducta y actitudes también pueden hacer que el
mundo pregunte: “¿No son estos, acaso, los que se hacen llamar hijos de
Dios?” Pero Dios no renuncia a su plan salvífico y nos redime, no por
nuestros propios méritos, sino por su inmensa misericordia y por su amor
sin límites. Escuchemos con corazón bien dispuesto.
(Concluida la lectura, y luego del Salmo correspondiente, nos ponemos de
pie mientras el celebrante hace una oración. Terminada esta oración se
encienden las velas del altar y se canta el Gloria. Luego el celebrante
procede a la Oración Colecta. Terminada la oración nos sentamos)
Eístola (Romanos 6, 3-11)
Nos recuerda San
Pablo que, por el Bautismo, hemos sido incorporados a Cristo y
participamos de su misterio pascual. Cristo muere en la cruz y con ello
propicia nuestra muerte al pecado. Cristo resucita y su resurrección es
alegría para todos ya que, por su Victoria, tenemos Vida. Escuchemos
gozosos, pues el triunfo de Cristo es nuestro propio triunfo.
(Luego de la Epístola se canta el Salmo.)
Antes del Aleluya
Pongámonos de pie (se hace una breve pausa).
Después el silencio vigilante de la semanas de Cuaresma, cantamos hoy de
nuevo el canto de alegría, el aleluya. Es el solemne anuncio de la
Resurrección. “No está aquí ha resucitado”.
Evangelio (Mt 28, 1-10)
El Evangelio contiene la gran noticia de la resurrección
de Jesús. El sepulcro vacío y las palabras del Ángel son pruebas
irrefutables. Las mujeres tendrán que llevar el mensaje de la
resurrección a los discípulos, especialmente para Pedro.
(Proclamación del Evangelio y homilía. Después de la homilía se
encienden las velas
de toda la
asamblea.)
III.- Liturgia bautismal
(Liturgia Bautismal (si hay). Renovación de las Promesas Bautismales y
aspersión con agua bendita. Luego de la aspersión se le pide a la
asamblea que apaguen sus velas.)
Oración Universal
A
cada petición responderemos: “Cristo
Resucitado, escucha nuestra oración”
Por la Iglesia y sus pastores: para que, confiados en el Espíritu Santo
y a la luz de la Palabra del Señor, sean testimonio del amor de Cristo.
Roguemos al Señor.
Por los líderes de las naciones: para que, poniendo a un lado las
diferencias e intereses personales, trabajen por la paz, la unidad y la
justicia. Roguemos al Señor.
Por los deambulantes y los hermanos caídos en las garras del vicio: para
que encuentren en nosotros el trato amable y solidario que necesitan y
merecen. Roguemos al Señor.
Por las madres solteras y las víctimas de la violencia doméstica: para
que, fortalecidas con la acción del Espíritu puedan llevar a sus
familias a buen puerto. Roguemos al Señor.
Por los niños y jóvenes de nuestra comunidad: para que, con la ayuda de
sus mayores, puedan abrir sus corazones a Jesús y hallen en Cristo
Resucitado la respuesta a sus inquietudes. Roguemos al Señor.
Por las víctimas del maltrato infantil: para que estemos alertas a sus
circunstancias y atendamos con prontitud y eficiencia sus necesidades
particulares. Roguemos al Señor.
Por los pobres y abandonados: para que veamos en ellos el rostro del
Cristo que sufre y asumamos, de una vez y por todas, nuestra
responsabilidad fraternal. Roguemos al Señor.
Por los afectados por el desempleo y el subempleo: para que encuentren,
con la ayuda de sus hermanos, el trabajo digno que les permita
satisfacer sus necesidades. Roguemos al Señor.
Por todos los que ofrecen servicios profesionales: para que, iluminados
con la luz del evangelio y fortalecidos por Cristo Resucitado, puedan
realizar sus funciones con respeto, honestidad y sensibilidad.
Roguemos al Señor.
Por toda nuestra parroquia N.: para que, animada por el misterio pascual
que celebramos, se comprometa seriamente a ser luz y sal en todos
nuestros ambientes. Roguemos al Señor.
IV.-Liturgia de la Eucaristía
Con la Eucaristía llegamos al
momento culminante, el más importante de la celebración de esta noche.
Glorifiquemos y demos gracias al Padre porque en Cristo resucitado nos
abre el camino de la vida.
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