Monición de Entrada
La
fiesta de la Sagrada Familia, durante esta preciosa temporada navideña,
es una magnifica oportunidad para la revisión y autocrítica de nuestra
vida en familia. Celebramos el misterio de Cristo Jesús, Palabra de
Dios, que al encarnase en la gran familia humana siguió el cause normal
de todo ser humano: la familia. Nació y creció en el seno de una
familia concreta, humilde y trabajadora; y allí se fue realizando como
persona en el lento aprendizaje de la vida y de las cosas. Las lecturas
nos describen las características que debe tener toda familia
cristiana. El Evangelio relata la Presentación de Jesús en el Templo y
sus primeros años en Nazaret. El milagro de la Navidad nos asegura que
también nosotros somos miembros de la familia humana, que Dios enriquece
ilimitadamente nuestra vida diaria cuando la vivimos con amor. Como
miembros de la gran familia de Dios, recibamos a los ministros de esta
celebración, cantando con entusiasmo.
Primera lectura:
Eclo 3, 3-7.14-17ª (El
que teme al Señor honra a sus padres)
Esta primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, nos presenta un
comentario sobre el cuarto mandamiento de Dios. Se subraya el
agradecimiento humano y religioso que los hijos deben tener para con sus
padres y los efectos religiosos y humanos para los que honran sus
padres. Escuchemos bien esta lectura que tiene un mensaje para todos
nosotros.
Segunda lectura:
Col 3, 12-21
(La vida de familia
vivida en el Señor)
Como a pueblo de Dios, San Pablo exhorta a la sociedad familiar a que
viva según estos criterios: “la misericordia en entrañable, la bondad,
la humildad, la dulzura, la comprensión, el amor y la paz de Cristo”.
El mismo Cristo nos dio ejemplo y, también la gracia para practicar
estas virtudes en nuestra familia. Pongamos atención a esta carta.
Tercera lectura:
Lc 2, 22-40
(Toma al niño y a su
madre, y huye a Egipto)
Tomado del Evangelio de la infancia de Jesús según Lucas, leemos hoy la
Presentación del Señor en el templo. Más allá del cumplimiento de la
Ley: presentación del primogénito varón al Señor para su rescate y
purificación de la madre a los cuarenta días del parto. En este hecho
hay una proclamación mesiánica de Jesús por parte del anciano Simeón y
de la profetisa Ana. Ellos descubren en el Niño la presencia de la
Salvación. Antes de escuchar este pasaje del Evangelio, nos ponemos de
pie para entonar el Aleluya.
Oración
universal
1. Por todas las iglesias: para que ayuden a sus familiares a crecer
en el amor de Dios y entre ellos mismos. Roguemos al Señor.
2. Por nuestras familias: para que asuman gozosa y testimonialmente
los deberes y derechos de esa vocación y carisma dentro del “santuario
doméstico de la Iglesia” que es la familia cristiana. Roguemos al Señor.
3.
Por los que viven en familias separadas o enfrentan situaciones
de conflicto: para que experimenten sanación y reconciliación. Roguemos
al Señor.
4.
Por todas y cada una de las familias de nuestra parroquia (se
menciona el nombre de la parroquia): para que vivan en paz y progresen
en el amor y den a los demás testimonio de caridad cristiana. Roguemos
al Señor.
5.
Por los jóvenes de nuestras comunidades para surjan las
vocaciones que necesitan la Iglesia y el mundo de hoy. Roguemos al
Señor.
6.
Por los difuntos, especialmente los de nuestras familias: para
que pronto gocen en la presencia del Padre. Roguemos al Señor.
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