LAS
LECTURAS DE HOY
Monición
de entrada
Muy buenos (noches, días, tardes):
La alegría que pregonan las
campanas, los aleluyas que resuenan en el templo son un signo claro del
gran gozo de este bendito día de Pascua. Nosotros somos bienaventurados,
pues hemos alcanzado la vida nueva que Jesús resucitado nos transmite
por su Espíritu. Hoy es el día dedicado a la Divina Misericordia y este
es el don que recibimos de Cristo resucitado. Señor, aunque no te vemos
con los ojos de la carne, nuestra ardiente profesión de fe es la del
Apóstol Tomás ¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro! Puestos de
pie entonemos con alegría el canto de entrada.
Primera lectura: Hechos 5, 12-16 (Crecía el número de los creyentes)
Escucharemos a continuación
algunas características de las primeras comunidades cristianas, estas
primitivas comunidades giran en torno a la enseñanza de los apóstoles,
eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, la vida en
común, compartiendo sus bienes. La fracción de pan, es decir, la
Eucaristía que une en oración a la comunidad. Escuchemos.
Segunda lectura: Apocalipsis 1,9-12.17 (Estaba muerto y, ya ves, vivo
por los siglos)
San Pedro nos presenta un hermoso
himno de alabanza. Cristo ha resucitado y esto para nosotros significa
un nuevo nacimiento y una nueva esperanza en un mundo mejor, una vida
nueva que no puede corromperse ni mancharse. Pongan mucha atención.
Secuencia
(opcional)
Tercera lectura: Juan 20, 19-31 (A los ocho días llegó Jesús de nuevo)
El Evangelio de hoy relata dos
apariciones a los discípulos. Estas apariciones se escribieron para los
cristianos de la segunda generación y las sucesivas generaciones en la
historia, o sea, nosotros, para que creamos que Jesús es el Mesías, el
Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en su nombre. Antes de
proclamar la Buena Nueva de hoy cantemos con entusiasmo el Aleluya.
Oración
universal
A cada invocación, responderemos:
“Tu que vives eternamente,
escúchanos, Señor”
1. Para que el Señor Jesús,
Salvador del mundo, haga de su Iglesia el testigo fiel de su
resurrección, roguemos al Señor.
2. Para que los gobernantes
busquen ante todo la justicia y la paz, roguemos al Señor.
3. Para que los que buscan la fe,
sean iluminados por la luz de Cristo resucitado y el testimonio de los
hermanos, roguemos al Señor.
4. Para que Jesús, el Señor,
vencedor de la muerte nos confirme a nosotros en la firmeza de la fe y
en el testimonio de su resurrección, roguemos al Señor.
5. Para que los jóvenes, sigan las
huellas del Redentor, respondiendo a su llamada, para que haya un
aumento en las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos
al Señor.
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Exhortación final:
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(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p.
82)
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Señor, Jesús, aunque no te vemos con estos ojos de carne,
nuestra ardiente profesión de es hoy la del apóstol Tomás,
primeramente incrédulo y después creyente ejemplar:
¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro!
Vamos buscando razones, pruebas y seguridad absoluta
para creer y aceptar a Dios en nuestra vida personal y social.
Pero tú nos dices: ¡Dichosos los que crean si haber visto!
Tú
eres, Señor, la razón de nuestra fe, esperanza y amor.
Ábrenos, Señor Jesús, a los demás, a sus penas y alegrías,
porque cuando amamos y compartimos, estamos testimoniando
tu
resurrección en un mundo nuevo de amor y fraternidad.
Amén. |
| Preguntas, comentarios y agradecimiento a:
Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. |
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