Monición
de entrada
Muy buenos (noches, días, tardes):
Buenos días mis carísimos hermanos
y hermanas. La Resurrección de Jesús es el milagro del comienzo de una
vida nueva, a partir precisamente, de la muerte. Estamos en el punto
inicial del tiempo de Pascua que empieza en la Vigilia, comprende la
cincuentena pascual y concluye, después de siete semanas, en
Pentecostés. El misterio pascual, es decir la muerte y resurrección de
Jesús, es el contenido básico y la verdad fundamental de la fe
cristiana, la piedra angular de todo el edificio, la columna vertebral
de toda la revelación y del proyecto salvador de Dios. Proclamemos con
el salmo responsorial “Este es el día que hizo el Señor” y dispongámonos
a celebrar con gozo la Eucaristía, poniéndonos de pie para cantar con
entusiasmo.
Primera
lectura:
Hechos 10, 34.37-43 (Nosotros somos testigos)
En la lectura que escucharemos a
continuación San Pedro afirma haber comido y bebido con Jesús, después
que resucitó de entre los muertos, convirtiéndose en testigo del
resucitado, constituido juez de vivos y muertos. Escuchemos, con oídos
atentos.
Segunda
lectura:
Colosenses 3,1-4 (Busquen los bienes de allá arriba donde está Cristo)
Escucharemos un breve mensaje
tomado de la Carta de San Pablo a los colosenses, para San Pablo, la fe
en la Resurrección es la roca firme en la cual se afianza todo su
dinamismo apostólico. Presten mucha atención a esta lectura es muy corta
y nos puede pasar desapercibida.
Secuencia
(Sólo hoy es obligatoria, durante
la octava es opcional)
Tercera
lectura:
Juan 20, 1-9 (Cristo había de resucitar de entre los muertos)
El mensaje del evangelista san
Juan nos lleva a la entrada del sepulcro vacío aquel primer día de la
semana. María Magdalena es la primera en descubrirlo y da testimonio a
los discípulos, éstos “ven y creen”. El sepulcro vacío es la garantía de
nuestra fe. Escuchen hermanos la Buena Noticia de hoy. Pero antes
entonemos el GRAN ALELUYA.
Oración
universal
A cada invocación van a responder,
por favor: “Cristo, Rey victorioso, escucha nuestra súplica”.
Por la Iglesia; para que,
renovándose sin cesar, pueda anunciar al mundo la vida nueva en Cristo,
roguemos al Señor.
Por los bautizados en la noche de
Pascua, para que, despojados del hombre viejo y revestidos del hombre
nuevo, a imagen de Cristo, perseveren en la fe, que han sellado en el
bautismo, roguemos al Señor.
Por la humanidad que sufre; para
el Señor Jesús, el Viviente, encienda en ella la esperanza de la
liberación de todo mal, roguemos al Señor.
Por los que gobiernan las naciones
y los pueblos; para que la Resurrección de Jesús los estimule para hacer
de éste un mundo más justo y solidario, roguemos al Señor.
Por nosotros, que celebramos esta
PASCUA; para que, cuando aparezca Cristo, vida nuestra, aparezcamos
juntamente con Él en la gloria, roguemos al Señor.
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Exhortación final: |
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(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p.
79)
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Nuestro corazón te canta jubiloso, Dios de la vida.
Éste es el día en que actuaste en la resurrección de Jesús;
por
eso desborda nuestra alegría y nuestro gozo por la vida nueva
que
fluye a raudales de la cruz y del sepulcro vacío de Cristo.
Gracias, Padre, porque en el bautismo nos hiciste renacer
con
Jesús a la vida nueva que nos hace hijos de tu amor.
El
fuego joven de la primavera y la luz del cirio pascual
son
los signos alegres del hombre nuevo, liberado en Cristo.
Queremos barrer la vieja levadura del pecado para ser
hombres y mujeres nuevos, hijos de tu ternura de Padre,
invitados
a
comer el pan y a beber el vino de la fiesta de tu reino.
Amén. |
| Preguntas, comentarios a:
P. Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. |
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