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Comenzamos esta investigación y reflexión sobre las misiones itinerantes
redentoristas y su contribución para que las parroquias se reformen en
parroquias misioneras haciendo referencia a la “espiritualidad
misionera” por ser, como señalan varios autores, el punto de partida y
el “corazón” de toda acción misionera pastoral.[1]
Ya es entre los equipos misioneros redentoristas ya es “estilo de vida”
la planificación. En cada país donde hacen presencia los
redentoristas, los equipos elaboran sus respectivos planes, proyectos y
escritos. No es la intención de esta investigación y reflexión hacer un
proyecto específico de misiones itinerantes redentoristas. Existe una
abundancia de planes y proyectos de las misiones itinerantes hechos por
los equipos misioneros redentoristas. Lo que sí ha faltado en varios
proyectos es a modo de introducción una articulación de la
“espiritualidad misionera latinoamericana” que ilumina y acompaña todo
el proceso. Este es el objetivo de esta investigación y reflexión, es
decir, presentar y motivar con algunos elementos la reflexión de
fundamentos de la espiritualidad misionera latinoamericana para que sean
estos fundamentos el “corazón” de los proyectos de las misiones
itinerantes.
El termino “espiritualidad”, en perspectiva cristiana, significa “una
vida según el Espíritu” (Rom 8,9). La “espiritualidad misionera”
equivale a la vivencia de la misión como fidelidad generosa al mismo
Espíritu.[2] Una síntesis ordenada incluiría los
puntos de: “vocación, experiencia de Dios, intimidad con Cristo,
fidelidad al Espíritu Santo, santidad, autenticidad y testimonio, unidad
y fraternidad apostólica, servicio de la verdad, celo apostólico a lo
Pablo y según el modelo de los santos misioneros, relación e imitación
de María Madre de la Iglesia”.[3]
Hay tres elementos que componen la “vida apostólica” de
todas las épocas históricas. Estas son: el seguimiento evangélico de
Cristo, la fraternidad o vida comunitaria del grupo y la disponibilidad
misionera. La generosidad evangélica y la vida fraterna del apóstol en
general y del misionero en particular son matizadas por este último
elemento, el de la vida fraterna.[4]
Emergen en cada época, figuras e instituciones que subrayan
algunos elementos esenciales de la misión. Por esto se puede hablar de
espiritualidad misionera particular. Esta espiritualidad depende
de los carismas fundacionales o carismas misioneros específicos, los
cuales ponen el acento en diversos factores: el concepto de misión, la
metodología apostólica y, especialmente, las virtudes del apóstol y el
estilo de vida comunitaria del grupo.
Una metodología que caracteriza la Congregación del
Santísimo Redentor desde su fundación y fundador, San Alfonso María de
Ligorio, y que en las Constituciones y Estatutos, adaptadas y renovadas,
después del Vaticano segundo, siguen válida, es las misiones
itinerantes.[5] El Estatuto 017 de la
Congregación del Santísimo Redentor en referencia a las misiones
itinerantes dice:
a) La Iglesia, que acoge en su propio seno a pecadores y es al mismo
tiempo santa y siempre necesitada de purificación, avanza continuamente
por la senda de la penitencia y de la renovación.
A este fin las misiones son un medio eficacísimo, como lo demuestra la
historia. Pues ellas, como ministerio pastoral extraordinario, proclaman
el mensaje de la salvación y la conversión (predicación kerigmática), ya
que son la redención continuada que el Hijo de Dios actualiza
perpetuamente en el mundo por medio de sus ministros.
b) Para confirmar los frutos de la misión se recomiendan vivamente las
renovaciones de espíritu o renovación de misión, que constituyen una
nota característica de la Congregación. [6]
La nota
característica de la Congregación, las misiones itinerantes, también
deberían verse dentro del contexto de la Constitución # 14 que dice:
La obra apostólica de la Congregación se caracteriza, en
efecto, más que por determinadas formas de actividad, por el dinamismo
misionero, es decir, por la evangelización propiamente dicha y por el
servicio a favor de los hombre y los grupos que para la Iglesia y por
las condiciones sociales son más pobres y necesitados (cf. CC 3-5).[7]
Las Constituciones 3, 4 y 5 a las que hace referencia la Constitución 14
son:
3
– Los más abandonados, a los que la Congregación es enviada de modo
especial, son aquellos a quienes la Iglesia no ha podido proporcionar
aún medios suficientes de salvación; los que nunca oyeron el mensaje de
la Iglesia o no lo aceptan al menos como buena nueva, y finalmente
aquellos a quienes perjudica la división de la Iglesia.
La solicitud apostólica de la Congregación se extiende al mismo tiempo a
los fieles que gozan de atención pastoral ordinaria, a fin de que,
robustecidos en su fe, se renueven de continuo en su conversión a Dios y
den testimonio de su fe en la vida cotidiana.
4
– Entre los grupos humanos más necesitados de ayuda espiritual, los
redentoristas han de prestar atención especial a los pobres, a los de
condición más humilde y a los oprimidos, cuya evangelización es signo de
la llegada del Reino de Dios (cf. Lc 4,18) y con quienes Cristo ha
querido en cierto modo identificarse (cf. Mt 25,40).
5
– La preferencia por las situaciones de necesidad pastoral o por la
evangelización propiamente dicha y la opción por los pobres constituyen
para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y la contraseña
de su fidelidad a la vocación recibida.
La misión encomendada a la Congregación de evangelizar a los pobres
comprende la liberación y salvación de toda la persona humana. Los
congregados deben proclamar explícitamente el evangelio, solidarizarse
con los pobres, y promover sus derechos fundamentales de justicia y de
libertad, empleando los medios que son más conformes con el evangelio y
a la vez más eficaces.[8]

[1]
Cfr.: José COMBLIN. “El proyecto de Aparecida”. Artículo enviado
por el autor al Movimiento, También somos Iglesia. Chile, el 3
de agosto de 2007. Traducción de Juan Ángel Dieuzeide, San Carlos de
Bariloche – Río Negro – Argentina, el 7 de agosto de 2007, pp. 8-9.
También, Juan ESQUERDA BIFET. “Espiritualidad misionera”. En:
Eloy BUENO y Roberto CALVO (eds.), Diccionario de Misionología y
Animación Misionera. Editorial Monte Carmelo, Burgos, España. 2003,
p. 357.
[2]
Juan ESQUERDA BIFET. “Espiritualidad misionera”. Op.
cit.,
p. 357.
[3]
Ibid., p. 360.
Estos puntos son señalados por el autor y vienen de la exhortación
apostólica, Evangelii nuntiandi (nn. 75-82) y la encíclica
Redemptoris missio (nn. 87-92).
[4]
Ibid., p. 360.
[5]
Se han llamado de varias formas estas misiones, por ejemplo,
“populares”, “itinerantes”, “renovadas”, etc. En Puerto Rico no se
puede llamar “populares” por existir un partido político conocido como
el “Partido Popular”. Es por esta razón que se opta en este trabajo por
la terminología, la misión itinerante.
[6]
Los Estatutos Generales de la Congregación del Santísimo Redentor.
En: http:/www.cssr.com/español/whoarewe/generalstatutes.shtml
(consultado el 20 de octubre de 2008).
[7]
Las Constituciones de la Congregación del Santísimo Redentor. En:
http:/www.cssr.com/español/whoarewe/constituciones.shtmil
(consultado el 20 de octubre de 2008).
[8]
Ibid.
Pase,
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