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En toda la historia humana no se ha conocido el ritmo tan acelerado de
exposición e interrelación de culturas, creencias, religiones,
información, etc. como la era presente. Este fenómeno nos presenta el
reto de una tarea urgente y decisiva, la del diálogo abierto y
respetuoso fundado en los esfuerzos de conocimiento mutuo, de manera
particular en el área de la pluralidad de las religiones. Ya no se
puede excusar ni justificar con el distanciamiento indiferente o la
ignorancia mutua.
En América Latina el nombre que se ha dado a la Teología de las
Religiones es el “macroecumenismo”[35]
Conviene presentar la evolución que ha
habido una en la Teología de las Religiones. Dicha evolución se
ha expresado con los siguientes conceptos:
EXCLUSIVISMO:
Se afirma “la mediación exclusiva de Cristo y de la Iglesia”[36].
Esta corriente se identifica con un “eclesiocentrismo” (“extra
ecclesiam nulla salus”)[37]. La postura de
esta afirmación atribuye a Cristo el rechazo de “las otras religiones
como idolátricas o perversas”[38].
INCLUSIVISMO:
Se podía obtener la salvación en otras religiones, pero gracias a
Cristo. La corriente se identifica con el “cristocentrismo”. En el
“inclusivismo” es “Cristo el que salva en las otras religiones, el
que está incluido en ellas y por ello las incluye en su obra redentora”[39].
Las postura de esta afirmación atribuye a Cristo una que reconoce los
valores de verdad y bondad de las religiones, pero en cuanto a
procedentes de Cristo y/o que Cristo está por encima de las religiones y
es el “modelo normativo” que reconoce la capacidad salvífica de las
religiones, si bien Cristo sirve de norma o modelo para su valoración.[40]

PLURALISMO:
El pluralismo es considerado un paradigma nuevo en la reflexión
teológica[41] que propone que es Dios el que de
modo análogo y equiparable ofrece su salvación a través de todas las
religiones. Esta concepción se identifica con el “teocentrismo” y
“soterocentrismo”. Respectivamente, por ver a Dios como anteriormente
mencionado y la necesidad de una concepción personal de Dios, pues lo
que interesa – lo auténticamente divino – es la salvación que llega al
hombre, independientemente de las vías por las que ello acontezca. El
diálogo con las otras religiones y la reflexión teológica en el
pluralismo puro se basan en la negación de la salvación constitutiva en
Jesucristo.[42] La postura de esta afirmación es
que el cristianismo sea colocado en el mismo nivel que el resto de
religiones o en las religiones sin Cristo y mide a la correspondiente
religión, no por su contenido de verdad sino por su capacidad para
realizar la liberación de los hombres. Se afirma que “todas las
religiones, y en definitiva todas las concepciones del mundo, aún ateas
– deben ser reconocidas como vías válidas para ofrecer al hombre la
salvación a la que aspira”[43].
Se menciona de manera especial la segunda y tercera corriente de
pensamiento teológico de las religiones debido a que varios autores,
entre ellos José María Vigil (el teólogo responsable de la muy difundida
“Agenda Latinoamericano”) propone que la espiritualidad misionera
latinoamericana esta “en movimiento”, abriéndose a la valoración
positiva de la pluralidad religiosa.[44] Aún
más allá, Vigil observa un convencimiento progresivo de que “no hay
elegidos privilegiados” y que “no hay ya teólogo o teóloga que no esté
desafiado por el tema del pluralismo religioso, que es ya, sin
discusión, el nuevo paradigma con el que toda la teología y la
espiritualidad se ven en la necesidad de confrontarse.”[45]
La misión itinerante redentorista:
Debido a que más y más se están realizando misiones en
sectores y parroquias urbanas, hay que tomar en cuenta en la
espiritualidad la realidad del “pluralismo”. Influenciada por la
globalización en la nueva época en que nos encontramos, la realidad de
las ciudades no es la que eran aún veinte años atrás.
Un elemento que se impone en las realidades es el de la movilidad
humana. Encontramos entre los más pobres de nuestra ciudades, masas de
personas inmigrantes, desplazadas, refugiadas, indocumentadas, etc.
En unas sociedades ya pluralistas, abiertas y tolerantes y en las de
esta tendencia creciente, las personas se irán interrelacionando en el
trabajo, en la educación y en la vida y como consecuencia formarán y
fomentarán relaciones interpersonales. Estas relaciones interpersonales
tendrán sus consecuencias, no sólo para
las religiones, sino también para las culturas y las costumbres
sociales.[46]
La espiritualidad misionera latinoamericana ha hecho una
opción por las Comunidades Eclesiales de Base (CEB). Estas deben
ser promovidas por los misioneros itinerantes por ser fermento
evangélico de vida y nuevo modelo de Iglesia. Las CEBs, además de ser
presencia auténtica y plena de la Iglesia, pueden ser espacios de
“mediación cultural” y de integración de los migrantes, especialmente en
las ciudades.
Hay que seguir pensando cómo trabajar más “en red” con las instituciones
civiles de base (“sociedades civiles”, organizaciones de Justicia y Paz,
de derechos humanos, a favor de la mujer, los niños, la ecología, etc.)
del lugar, durante el tiempo de misión. Este es un campo prácticamente
inexplorado, pero que urge pensar. Lo que tiene en común la misión con
estas organizaciones e instituciones es la opción por la vida[47].
La evangelización tiene que ser una evangelización “liberadora”. En
este trabajo liberadora se adoptan los medios y el modo como Jesús
evangelizó, anunciando el Dios de la Vida, su Padre en el cielo.[48]
En la misión se contribuye a la construcción de una Sociedad Nueva,
anticipo del Reino de Dios en la tierra.
Para finalizar esta sección se menciona que hay que asumir en las
misiones itinerantes las opciones de Jesús. Varios autores,
especialmente de tendencia “pluralista” prefieren poner el énfasis de la
espiritualidad misionera latinoamericana en el Reino[49]
, sin embargo, es imperativo que miremos la persona de Jesús y sus
opciones. Los estudios históricos revelan un Jesús últimamente
orientado a la persona. La salvación divina es operante en el
mundo más allá del pueblo de la alianza y – más allá del movimiento,
creado por Jesús, de sus “discípulos” – hasta el mundo entero,
incluyendo los extranjeros, los “paganos” y los gentiles.[50]
Varios episodios evangélicos reflejan esta última observación,
incluyendo entre ellos el encuentro con la mujer samaritana. Lo
significativo de este encuentro y el “diálogo teológico”[51]
se nota al considerar que la mujer era samaritana (no pertenecía al
“pueblo escogido”) era mujer y “mujer” que había tenido siete maridos.
En otras palabras, Jesús rompe las barreras y prejuicios que impiden el
diálogo con relación al sexismo, nacionalismo y religión.

[35]José
María VIGIL. “Rasgos de la espiritualidad misionera desde AL”. Op.
cit., p. 7. El autor hace referencia al libro, Pedro CASALDÁLIGA y
José María VIGIL. Espiritualidad de la liberación. José María
Vigil expresa que este término, según utilizado en este libro, vino a
expresar la peculiar actitud frente al pluralismo religioso adoptada por
la espiritualidad latinoamericana.
[36]
Eloy BUENO. “Teología de las Religiones”. En: BUENO, Eloy y
CALVO, Roberto (eds.). Diccionario de Misionología y animación
misionera. Burgos: Monte Carmelo, 2003, p. 803.
[37]
A pesar que la limitada intencionalidad de este trabajo no incluye el
proceso evolutivo del pensamiento de la Iglesia sobre el diálogo
interreligioso, es importante por lo menos señalar que en cuanto al
diálogo inter-confesional el exclusivismo fue el concepto
dominante en la Iglesia católica por casi 20 siglos. No fue hasta
mediados del siglo XX que, con la riqueza de la entonces reflexión
teológica, el concepto “inclusivista” (los años 1950 – 1960) fue asumido
por el Concilio Vaticano Segundo. Señalamos que el concilio Vaticano
Segundo, a pesar de su apertura a los valores positivos contenidos en
estas tradiciones, no se aventuró a llamarlas ¨caminos de salvación¨,
aunque se podía preguntar si esto no está (al menos en parte) implícito
en el reconocimiento conciliar de los elementos ¨de verdad y de gracia¨
contenidos en ellas ¨por una cuasi secreta presencia de Dios¨ (cfr.
AG 9)”. Cfr. Jacques DUPUIS. Hacia una teología cristiana
del pluralismo religioso. Santander: Sal Terrae, 2000. p.
463, y, Luis Carlos JAIME. “Teología de las religiones”. artículo dado
en la clase del séptimo módulo de la especialización de Misionología de
la FUSA, El Evangelio y las religiones no cristianas, pp. 5 – 8.
La publicación de la primera encíclica de Pablo VI, Eclesiam Suam,
marcó el decreto conciliar sobre el ecumenismo, especialmente con la
palabra “diálogo¨. La declaración Nostra aetate siguió abriendo
camino. La Constitución Lumen Gentium y el decreto, Ad gentes,
siguieron profundizando el tema. Desde el Concilio la reflexión ha sido
abundante tanto por los teólogos y el magisterio eclesial, por ejemplo,
la Encíclica, Redemptor hominis, de Juan Pablo II en 1979, ¨La
actitud de la Iglesia frente a los seguidores de otras religiones”
del Secretario romano para el diálogo interreligioso en
1984 y la encíclica misionera, Redemptoris misión, de Juan Pablo
II en 1990. Cfr. Luis Carlos JAIME. “Pluralismo Religioso”,
artículo dado en la clase del séptimo módulo de la especialización de
Misionología de la FUSA, El Evangelio y las religiones no cristianas,
pp. 4 – 5. Horst RZEPKOWSKI. Artículo, “Teología de las religiones”.
Diccionario de Misionología. Editorial Verbo Divino. Navarra,
1997, pp. 526 – 527.
[38]Eloy
BUENO. “Teología de las Religiones”.
Op. cit.,
p. 803.
[39]
Ibid., p. 803.
[40]
Ibid., p. 803.
[41]
Este paradigma nuevo se ha considerado una “revolución coperniciana¨.
Cfr. Mariasusay DHAVEAMONY, s.j. “Teología de las religiones”.
En: Sebastian KAROTEMPREL (dir.). Seguir a Cristo en la
Misión, Manual de Misionología. Editorial Verbo Divino, Navarra,
2000. pp. 230 - 231.
[42]
Jacques DUPUIS. El cristianismo y las religiones. Del desencuentro
al diálogo. = Presencia teológica 121. Sal Terrae,
Santander, 2002. p. 343.
[43]
Eloy BUENO DE LA FUENTE. “Teología de las religiones”. Op. cit.
p. 803.
[44]
José María VIGIL. “Rasgos de la espiritualidad misionera desde AL”.
Op. cit.,
p. 8
[45]
Ibid., p. 8
[46]
Jonathan ROMAIN. “Everyday tale of our time”.
En:
http://www.thetablet.co.uk/articles/11913.
(consultado el 20 de octubre de 2008).
[47]
Cfr. Victor CODINA, sj. “Opción por la vida”. Artículo
facilitado en el décimo módulo de la especialización en Misionología.
Fundación Universitaria San Alfonso. Bogotá, Colombia, 2008. En este
artículo el autor señala que la opción de Medellín fue la liberación de
las estructuras injustas, de Puebla, los pobres, de Santo Domingo, la
inculturación de la fe y de Aparecida, la vida. En estas opciones “ha
de consistir la Gran Misión.”
[48]
Cfr. Vicariato Apostólico de Quibdo. Pastoral Misionera en
situación misionera. Abril de 1987, # 3.
[49]
Hago una observación y reflexión personal y es que los teólogos
pluralistas, como José María Vigil, enfatizan más el
“Reinocentrismo”, como hemos visto en esta investigación citando
frecuentemente a este autor y su presentación de los fundamentos de la
espiritualidad misionera latinoamericano, y no el “Cristocentrismo”. Es
que una exagerada centralidad de la persona Cristo para los
“pluralistas” presenta un obstáculo en el diálogo interreligioso.
[50]
Jacques DUPRIS. El cristianismo y las religiones. Del desencuentro
al diálogo. Presencia teológica 121. Sal Terrae,
Santander, 2002, p. 51
[51]
Ibid., pp. 51-52.
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al capítulo 6
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