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Casi todos los especialistas del Nuevo Testamente afirman que la
motivación central del ministerio de Jesús era la llegada del Reino de
Dios. La llegada del Reino de Dios ha sido inaugurada, pero no ha
llegado a su plena realización. A pesar de que ni los Evangelios ni el
Nuevo Testamento nos ofrecen una definición del Reinado de Dios,
deducimos su significado desde la prédica global de Jesús, de su estilo
de vida, sus opciones a todo lo que él se consagró y dedicó. “El
Reino de Dios es el centro absoluto de la predicación de Jesús, no sólo
su ipssisima verba, sino también la ipssisima Intentio Iesu”.[22]
El Reino aparece en el Evangelio 122 veces, 90 de ellas en la boca de
Jesús. El Papa Pablo VI en la exhortación apostólica, Evangelii
nuntiandi expresó, “…solo el Reino es absoluto, todo lo demás es
relativo”.[23] La Iglesia no es el Reino de
Dios. El Reino de Dios es lo central, lo absoluto y aquello a cuyo
servicio está todo lo demás, incluso la Iglesia misma. Dice José María
Vigil, “combinando la lectura histórico-escatológico del cristianismo
con el reino-centrismo, la gran misión del cristianismo (de la cual la
acción misionera es sólo una parte) es la acogida y la construcción del
Reino de Dios en la Historia”.[24] El objetivo
de la misión no es el proselitismo o las conversiones, anteriormente
interpretadas por la cantidad de veces que se administraba el Sacramento
de la Reconciliación, sino la acogida y la construcción del Reino de
Dios. El fundamento bíblico y teológico del Reino de Dios ha sido
profundizado por muchos autores.[25] En
resumen, contrario al Reino de este mundo (egoísmo, muerte, mentira,
odio, injusticia, guerra, dominación, tristeza y angustia), el Reino de
Dios es Reino de Gracia, de Vida, de Verdad, de Amor, de Justicia, de
Paz, de Libertad, de Gozo, etc.[26]
La misión itinerante redentorista:

La misión itinerante redentorista en el contexto del Reino
de Dios ha de reflexionar a qué niveles de profundidad llega esta
evangelización misionera. Hasta que punto se logra cuestionar y poner
en crisis valores culturales anti-reino que se reflejan en la vida de la
familia, del trabajo, etc., por ejemplo, el machismo, la competencia
feroz, el consumismo, etc.
Hay que dar una mirada a las devociones promovidas en las
misiones itinerantes para intensificar y calificar la relación y
comunicación con el Evangelio y el Reino de Dios. Las devociones deben
llevar a los cristianos a ser menos individualistas, discípulos y
misioneros más activos evangélicamente y más liberados y generosos. Hay
que mirar hasta que punto las devociones llevan a las personas a la
pasividad e indiferencia antes las situaciones sociales, actitudes que
pueden hacer a los cristianos hasta “cómplices” de la violencia, que
expresamente hay que rechazar, y las injusticias que se ven en América
Latina.[27]
Hay que analizar la proyección socio-política del anuncio de
Jesucristo. Un objetivo de las misiones itinerantes es la formación y
fortalecimiento de las comunidades eclesiales de base.[28]
Estas comunidades deberían asumir la consciencia de colaborar en la
transformación de la sociedad, empezando por el vecindario en la que se
encuentran.
Por tradición las misiones itinerantes consisten en un
proceso de tres etapas, es decir, la pre-misión, la misión y la
post-misión. La terminología no es la más adecuada y se ha substituido
por otros nombres, por ejemplo, la etapa de “convocación”, la etapa de
“celebración” y finalmente, la etapa de “afianzamiento”. Sin embargo,
las comunidades tienen sus ritmos y espacios. La misión itinerante
tiene que ser respetuosa de estos ritmos y espacios especialmente con
mayor flexibilidad al método y los procesos. En este aspecto de
sensibilidad a las comunidades, se le exige a la misión itinerante una
replaneo de los ritmos, estructuras y procesos de las etapas de la
misión. Es un hecho que la etapa de post-misión es la que menos empeño
recibe de parte de los misioneros. Se ha dicho que “todos creen en la
post-misión, algunos la planifican, pero nadie la realiza”. Idealmente
la concepción de la post-misión debería ser de considerarse concluida
cuando las comunidades siguen su propia proyección misionera.

[22]
José María VIGIL. “Rasgos de la espiritualidad misionera desde AL”. Op.
cit., p. 4.
[23]
Pablo VI. Exhortación Apostólica, “Evangelii nuntiandi”, 8 de
diciembre de 1975, # 8.
[24]José
María VIGIL. “Rasgos de la espiritualidad misionera desde AL”. Op.
cit., p. 5.
[25]Cfr.
1) Paulo SUESS. La misión de Dios y la misión de los cristianos.
Fundamentos, desdoblamiento, compromisos, Revista Spíritu,
no. 172, septiembre de 2003, p. 5. Da clarificación sobre la finalidad
de la misión y el proyecto del Reino.
2) Antonio BONANOMI. “La misión en la Palabra de Dios”, p.
3. Habla sobre la vocación-misión prototípica de Jesús.
3) Luis María MAESTRO GARCIA. “Globalización y
evangelización. Desafíos y caminos para la misión ad gentes”.
Revista: Misiones Extranjeras, 2007, p. 13. “Frente a la
globalización excluyente, la misión de la Iglesia quiere hacer presente
el Reino de Dios, traducido en acciones concretas que promuevan la paz y
la justicia social en la sociedad”.
4) Gustavo GUITIÉRREZ. “Benedicto XVI y la opción por
el pobre”. “La opción por el pobre es un camino, a través de
Jesucristo, hacia el Dios amor, un componente fundamental del
seguimiento de Jesús, un signo que anuncia la presencia del Reino y
manifiesta sus demandas”.
[26]
Vicaria de Pastoral Indígena. “Evangelización en el mundo indígena”. Misiones
Extranjeras, 2001, pp. 5-6.
[27]
César HERRERA-MESÍAS TOSCANO. “Redentoristas en América”. Artículo de
circulación privada.
[28]
Documento de Aparecida. V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y el Caribe. CELAM. Op. cit., p. 171, # 372.
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