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Hay muchos tipos de lecturas del cristianismo, por ejemplo, la
doctrinal-teórica, la moralista, la ontológico-metafísica. Sin
embargo, la espiritualidad misionera latinoamericana se caracteriza por
la lectura histórico-escatológica que concibe la realidad
fundamentalmente como historia de salvación. Según José María
Vigil, “…la escatología y la encarnación no son dos direcciones
opuestas: no se trata de huir al cielo, sino de construirlo en la
tierra. La historia de la salvación no es una teoría, sino la
salvación de la historia, de la única historia (no hay dos, una sagrada
y otra profana).”[18]
Desde esta lectura de la realidad se esfuerza por transformar la
realidad valorándola y su significado salvífico.[19]
La misión itinerante redentorista:
Desafortunadamente ha habido aberraciones en la etapa de
preparación de la misión itinerante. Por ejemplo, se ha hecho lectura
de la realidad con un número limitado y no representativo de la
comunidad del lugar de la misión, se ha limitado la lectura de la
realidad a una corta sesión, se ha hecho con solo uno o dos de los
misioneros, se ha hecho sin la presencia de los pastores[20],
se ha fundamentado la realidad en “sentimientos” o “impresiones”
careciendo de datos objetivos, etc. En la invitación a predicadores,
completamente ajenos a la lectura y análisis hechos de la realidad, se
les ha animado con la motivación, “Es fácil, sólo hay que juntar dos o
tres homilías que ya hayas dado”.
Estas aberraciones y muchas otras llevan a ver que las estructuras de la
misión itinerante en cada lugar tienen que ser lo suficientemente
respetuosas y fieles a los fundamentos de la espiritualidad misionera
latinoamericano. Se percibe que se necesita cierta flexibilidad[21]
de estructuras para que, después de un correspondiente y adecuado
análisis de la realidad, pueda responder a las exigencias de cada
situación y lugar de misión. Hay que reconocer que hay lugares donde
funcionará mejor que en otros la misión itinerante. La experiencia del
equipo misionero en la Provincia de San Juan de los Misioneros
redentoristas ha mostrado que la misión itinerante no tiene el impacto
evangelizador misionero correspondiente en las diócesis bien organizadas
con programaciones dinámicas y actualizadas. De hecho, de 18 diócesis
en la República Dominicana y Puerto Rico, solo dos pueden ser
consideradas bien organizadas.
La misión itinerante debe entenderse como un diálogo, donde
se valora y asume todo lo bueno que ya está en las personas y en las
comunidades. Desde este valor asumido, los tiempos de preparación para
la misión tendrán que ser más prolongados para que en los cuales se
privilegie sobre todo una actitud de escucha y se permita y facilite
para que la gente hable a los misioneros antes de que ellos tengan la
palabra.
Finalmente, hay que evitar el desgaste inútil de fuerzas
evangelizadoras que se dan cuando la acción misionera y la acción
pastoral parroquial no están incluidas y harmonizadas en los planes de
la parroquia o la diócesis donde se realizan las misiones itinerantes.
Sin la debida atención a este elemento será muy difícil que se asegure
una continuidad al trabajo realizado durante la misión itinerante.

[18]
Ibid., p. 3.
[19]
Ibid., p. 4.
[20]
Ha habido misiones itinerantes en las que los párrocos han utilizado el
pretexto de la misión y la presencia en la Parroquia de los misioneros
para hacer sus vacaciones.
[21]
Documento de Aparecida. V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y el Caribe. CELAM. Op. cit., p. 172, # 371.
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