Misionología

P. Manuerl
Rodríguez, C.Ss.R.
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INTRODUCCIÓN:
Una de las inquietudes pastorales de la misión
hoy día es la de la movilidad de personas. No pasa ni una
semana en la que los periódicos de nuestros países no mencionen
noticias relacionadas con este tema. Esta es una realidad que
quizás quince o hasta diez años atrás no hubiera sido destacada como
una de las realidades a la que la Iglesia en su misión necesita
atender e incluir entre sus prioridades apostólicas.
Para fundamentar lo dicho en el párrafo anterior,
presento un descubrimiento de mi propia institución religiosa, la
Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas). El Consejo
General de la Congregación nombró una Comisión preparatoria para el
próximo Capítulo General de la Congregación a llevarse a cabo en
octubre de 2009.
En diciembre de 2007 la Comisión preparatoria elaboró un
cuestionario que fue enviado a todas las unidades de la
Congregación. La Congregación del Santísimo Redentor tiene
presencia en 77 países de todos los continentes, con un total de 87
unidades. De las 87 unidades que recibieron el cuestionario que
tenía que ser reflexionado por cada congregado, dialogado en cada
comunidad y en asamblea general de cada unidad, respondieron 49
unidades. La conclusión tanto de la comisión preparatoria como del
Consejo General, constituido por el Padre General y seis consultores
(cada uno representando una de las seis regiones de la
Congregación), fue que las respuestas al cuestionario reflejaban
fielmente la realidad actual de la Congregación en cuanto a sus
preocupaciones y áreas de atención prioritaria de la misión.
Menciono este contexto por el hecho interesante de que
todas las unidades de la Congregación expresaron en las
respuestas al cuestionario que la movilidad de personas es
una de las más urgentes situaciones pastorales de nuestros tiempos y
la necesidad de la Iglesia, incluyendo las congregaciones misioneras
(y específicamente la nuestra) de dar respuesta pastoral y misionera
a esta realidad.
Después de ubicarme en el contexto del módulo,
Fundamentos Teológicos de la Misión, desde nueve artículos
recibidos cuyos contenidos fueron considerados en las clases,
quisiera presentar en este trabajo dos fundamentos teológicos que
considero fundamentales en la reflexión y discernimiento de
respuestas a esta nueva realidad pastoral.
Presentaré primero brevemente la realidad de la movilidad de
personas, clarificando a que personas nos referimos y luego dos
fundamentos teológicos que iluminan y fundamentan las posibles
respuestas pastorales. Después de estas presentaciones, haré unos
comentarios conclusivos.
LA MOVILIDAD DE
PERSONAS:

Reconocemos que el fenómeno de la movilidad de
personas no es nuevo. Aún entre los redentoristas ya fue
mencionado en el Instrumentum Laboris
(I.L.) en preparación para el último Capítulo General del año
2003, considerado en el mismo Capítulo
y referido en la primera “Comunicanda”
del sexenio (2003 – 2009) del gobierno general a los congregados.
En tiempos más recientes este fenómeno ha impactado de manera
significativa las realidades (sociales, políticas, económicas y
religiosas) que hace imperativo que la Iglesia, como misionera, dé
respuesta como urgencia pastoral al mismo. Una dimensión de la “movilidad
de personas”, la de los “refugiados” ha sido una
preocupación constante a través de los años. El fenómeno, como ya
ha sido mencionado, más amplio de la movilidad humana es uno
que hace 10 a 15 años atrás no tenía la fuerza suficiente para
considerarlo entre las urgencias y prioridades pastorales de la
Iglesia. El tema de la movilidad humana conlleva elementos de
racismo, xenofobia, justicia, paz, la promoción humana,
la integridad de las familias, etc., dimensiones todas de
consideración especial en la evangelización. El tema amerita
análisis y reflexión serios para comprender las causas de la
movilidad para poder dar una respuesta efectiva en la Iglesia.
La movilidad de personas (con sus estadísticas
impresionantes)
presenta una frontera importante para la nueva evangelización
y una necesidad pastoral para la Iglesia mundial de solidarizarse
con las aspiraciones de estos nuevos pobres abandonados y sus
familias.
La acción misionera-pastoral de la Iglesia para responder de manera
efectiva, pastoral, colectiva y creativamente va más allá del
potencial y los recursos internos de las diócesis o Conferencias de
Obispos aislados.
Es decir, tiene que haber una “solidaridad” entre Iglesias
locales, países y hasta continentes. Se necesita la unión de
esfuerzos ante las exigencias de “globalización” hoy y que en
el presente no ha sido ni suficientemente probado ni efectivamente
realizado por la Iglesia universal.
DOS FUNDAMENTOS
TEOLOGICOS QUE ILUMINAN
RESPUESTAS PASTORALES A
ESTA REALIDAD:
Son muchos los fundamentos teológicos que iluminan y fundamentan
respuestas a esta realidad de la movilización de personas. Lo que
presento con este trabajo es la combinación de dos: el primero es
uno que considero que no ha sido reflexionado lo suficiente en este
contexto, el concepto de “peregrinaje”.
El segundo sí ha sido el objeto de mucha reflexión, el concepto del
“Reinado de Dios”. Mi propuesta es que los dos conceptos
combinados e interrelacionados podrían ser válidos en un esfuerzo
para iluminar los cuestionamientos básicos de “¿de dónde venimos?”,
“¿dónde estamos?”, y “¿a dónde esperamos llegar como
Iglesia latinoamericana en fidelidad a la llamada de discípulos y
misioneros del Señor?”,
especialmente en el contexto de la movilidad de personas.
Dedicaré más atención en el presente trabajo al concepto de “peregrinaje”
que al Reinado de Dios y terminaré con algunas reflexiones
conclusivas.
1. SOMOS TODOS IGLESIA
PEREGRINA:
El concepto antiguo de “peregrinaje”
ciertamente es parte de la tradición cristiana y hoy día de
importancia significativa en nuestra búsqueda de fundamentos
teológicos para respuestas pastorales y misioneras adecuadas frente
a la realidad de la movilidad de personas.
Fundamentos bíblicos:
Bíblicamente el concepto de peregrinaje puede ser visto
como un tema transversal del Antiguo Testamento, por ejemplo los
libros sapienciales (el relato del “Éxodo”, los Salmos,
los Proverbios, el Eclesiastés), del Nuevo Testamento
y de las cartas paulinas.
Antiguo Testamento:
El Éxodo:
Una relectura del evento clásico del Éxodo, por
ejemplo como narrado en Números 33: 1 – 50, resume para nosotros la
concretización de las promesas hechas a Abraham. A través de todo
el capítulo encontramos presentadas las “etapas del camino”
que hizo el pueblo de Israel en el proceso de preparación para la
posesión de la Tierra Prometida. En el parar y acampar constante,
el pueblo de Israel en realidad pasó por un proceso de ser guiado en
un proceso de prueba y purificación. La ruta de su peregrinación no
fue la ruta comercial de ese tiempo para llegar a las tierras de los
Cananeos, sino que fueron guiados por cuarenta años a través del
desierto para encontrase con su Dios en el Monte Sinaí. El primer
objetivo del Éxodo en realidad no fue la posesión geo-política,
sino una peregrinación-encuentro de un pueblo con Dios y el
establecimiento de una Alianza. Para el pueblo de Israel, el
peregrinaje significó un proceso de prueba (Ex. 15:25, 16:4), un
aspecto que confirmó para ellos la cercanía de su Dios (Deut.
4:34). Pablo relata la responsabilidad del creyente primero con la
de la obediencia expresada por la ley de Dios a la luz del
peregrinaje de Israel (1 Cor. 10).
Los libros sapienciales:
El peregrinaje es el hilo conductor de motivo por el
cual se escribieron los libros sapienciales. La mayoría de los
libros sapienciales (Salmos, Proverbios, Eclesiastés) se
escribieron para ser leídos por el pueblo en el periodo del exilio y
post exilio. Desde esta perspectiva se entiende la mayoría del
lenguaje como una invitación a recordar Jerusalén y después de la
construcción del templo, se utilizaron estas mismas canciones en el
peregrinaje hacia el templo.
Un ejemplo claro del concepto del peregrinaje es el
contexto de la literatura del Antiguo Testamento que expresa no solo
el ansia de establecimiento sino también las lamentaciones por la
desobediencia a los términos contractuales y la súplica consecuente
pidiendo misericordia. En esto fue que la expresión artística de la
poesía hebrea se alienó en tiempos de prueba, no como expresión de
la exagerada importancia de la tierra, sino como expresión de la
necesidad de obedecer la ley de Dios para poder disfrutar y
beneficiarse de su bendición.
Los Profetas:
En el Antiguo Testamento, siempre es importante
considerar el estilo de vida de los profetas. Al igual que su
estilo de vida frecuentemente era usado para denunciar
proféticamente la injusticia social, el método y el propósito de
proclamación se transcribió alrededor del concepto del peregrinaje.
Todos los profetas utilizaron la práctica del peregrinaje como
estilo de vida, como fundamento del mensaje de juicio que se refería
al cumplimiento de las leyes referentes al jubileo, la ayuda a los
pobres, al extranjero y a la viuda. Las leyes eran para recordar al
pueblo y a las naciones que tenían que alejarse no sólo de las
riquezas, sino también de la posesión de la tierra y del poder. La
vida del profeta siempre se ligaba al peregrinaje no solamente en
tiempo de prueba y dificultad en su propia relación con Dios, sino
también en como modelo para la vida del pueblo que sería o estaba
siendo probado.
Nuevo Testamento:
La
iglesia primitiva presentó el “peregrinaje” como guía en la
compresión de la vida de Jesús. En los Evangelios el “camino a
Jerusalén” es reinterpretado como la llegada de la prueba, la
desilusión y últimamente la muerte de Jesús (Mt. 20:17-19; Mc.
11:15-19; Lc. 19). Fue importante para los evangelistas culminar la
biografía de Jesús con su muerte y de esa forma indicar el proyecto
de su vida. Los evangelios no dan detalles relacionados con los
lugares donde vivió Jesús, más bien detallan la continuidad del
movimiento que caracterizó su ministerio y también el “discipulado”
que desarrolló para sus primeros seguidores.
Cartas paulinas:
El
concepto de peregrinación asume una importancia especial en los
escritos paulinos como el fundamento principal de la ética.
Constantemente Pablo repite verbos que ejemplifican la vida como una
peregrinación que hay que hacer. El uso preferencial del tiempo del
pasado y el presente en la mayoría de las secciones relacionadas con
la ética en sus cartas refleja el concepto de ética. En el Éxodo de
Israel Pablo lee una invitación a continuar desarrollando el cuidado
de la permanencia en las virtudes cristianas. Cuando consideramos
el papel de la escatología paulina comprendemos plenamente el valor
que se da a los conceptos que se refieren a la vida cristiana como
peregrinaje. Es aquí dónde el concepto de peregrinaje alcanza su
realización plena, concretizada en la esperanza cristiana. Esta
esperanza, fundamentada en la resurrección de Jesús y proyectada con
una moralidad seria más allá de los límites humanos, alcanza para el
creyente su perfección solo en la segunda llegada de Jesús.
2.
EL REINADO DE
DIOS:
Casi todos los especialistas del Nuevo Testamente
afirman que la motivación central del ministerio de Jesús era la
llegada del Reinado de Dios. La llegada plena del Reinado de Dios,
la meta de nuestro peregrinaje, ha sido inaugurada, pero no ha
llegado a su plena realización. A pesar de que ni los evangelios ni
el nuevo testamento nos ofrecen una definición del Reinado de Dios,
deducimos su entendimiento desde la prédica global de Jesús, de su
estilo de vida, sus opciones a todo lo que él se consagró y dedicó.
Como Iglesia no podemos subestimar el valor evangélico y espiritual
del peregrinaje. La Cristiandad es naturalmente un peregrinaje. Ser
cristiano es ser peregrino. Nuestro peregrinaje es hacía el “no
todavía”, pero concretizado en “aquí y ahora”, es decir
el Reinado de Dios.
CONCILIO VATICANO
SEGUNDO Y LOS CONCEPTOS TEOLÓGICOS DE “PEREGRINAJE” Y “REINADO DE
DIOS”:
La Constitución dogmática de la Iglesia, Lumen
Gentium, del Vaticano II nos recuerda que estamos, “Peregrinando
todavía sobre la tierra, siguiendo de cerca sus pasos en la
tribulación y en la persecución, nos asociamos a sus dolores como el
cuerpo a las cabeza, padeciendo con El a fin de ser glorificados con
El (cfr. Rom. 8:17)”.
En la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del
Concilio, Sacrosanctum Concilium, el documento expresa, “En
la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia
celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la
cual nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está
sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del
tabernáculo verdadero; cantamos al Señor el himno de gloria con todo
el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos
tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al
Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El,
nuestra vida, y nosotros nos manifestemos también gloriosos con Él”.
En cuanto a la liturgia, llama la atención las cuatro
opciones
de la Plegaria Eucarística V, que expresan cuando termine
nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también en tu
reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud
eterna de tu gloria.¨ También hacemos mención del Prefacio
VI dominical del Tiempo Ordinario que reza, “En ti vivimos,
nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos en este mundo…”.
REFLEXIONES CONCLUSIVAS:
Como Iglesia nos encontramos en un cambio de época,
una época, que entre otras muchas características, enfatiza como
enfoque el presente, es decir, tiende de menospreciar el valor del
pasado y el futuro especialmente en relación a la esperanza. Hoy,
la Iglesia en su relación con los pobres, quienes quizás hayan
perdido la esperanza de un futuro mejor, debe verse como “peregrina”,
solidaria y cuestionar los valores anti-evangélicos que oprimen a
nuestros hermanos y hermanas robándoles la esperanza del Reinado
de Dios. La Iglesia puede aprender de los pobres, especialmente
de los que migran, quienes viven profundamente la vulnerabilidad de
“peregrinos”. Muchos migrantes, por razones variadas y
justificadas, son obligados a dejar atrás sus familias, amistades,
vecindarios y pertenencias en búsqueda de una vida y futuro más
dignos. Sus vidas son de sacrificio y aún “muerte”. Sus
vidas son de esperanza y fe que proclaman que el “dar de estas
vidas” influye, simboliza y comunica la esperanza de una vida en
abundancia para sus generaciones futuras. Sus vidas son de
revisión, renovación y de cambio constante de estructuras que ya no
satisfacen sus anhelos, su dignidad y el cumplimiento de sus sueños
e ideales. Sus vidas nuevas, aún precarias e inciertas, presentan
esperanza del futuro para ellos y el de sus familias y seres
queridos.
Como peregrinos hacia el
Reinado de Dios se nos clarifica y motiva de
dónde venimos, dónde estamos y a dónde queremos llegar en esta
existencia hermosa pero al mismo tiempo frágil y llena de
interrogantes.

Al igual que las Conferencias episcopales de América Latina
utilizan un Instrumentum Laboris (I.L.), la
Congregación del Santísimo Redentor comenzó desde el
Capítulo General del año 2003 a utilizar un I.L. Para los
redentoristas por el I.L. se entiende una síntesis orgánica
de las realidades donde hace presencia la Congregación y las
respuestas actuales a esta realidad como base para las
reflexiones y decisiones que hará el Capítulo General.
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