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"Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido" (Const. 20)

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"Predicar el Evangelio de un modo nuevo-Renovada esperanza, renovados corazones, y renovadas estructuras para la misón"

 

 

"Hay que anunciar de nuevo el Evangelio"

Fundamentos teológicos de la misión

 

La movilidad de personas

(Dos fundamentos teológicos de pastoral misionera)

Autor: Manuel Rodríguez, C.Ss.R.                                                                                    Fuente: www.scalando.com

Misionología

P. Manuerl Rodríguez, C.Ss.R.

INTRODUCCIÓN:

Una de las inquietudes pastorales de la misión hoy día es la de la movilidad de personas.  No pasa ni una semana en la que los periódicos de nuestros países no mencionen noticias relacionadas con este tema.  Esta es una realidad que quizás quince o hasta diez años atrás no hubiera sido destacada como una de las realidades a la que la Iglesia en su misión necesita atender e incluir entre sus prioridades apostólicas.[1]

Para fundamentar lo dicho en el párrafo anterior, presento un descubrimiento de mi propia institución religiosa, la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas). El Consejo General de la Congregación nombró una Comisión preparatoria para el próximo Capítulo General de la Congregación a llevarse a cabo en octubre de 2009.[2]  En diciembre de 2007 la Comisión preparatoria elaboró un cuestionario que fue enviado a todas las unidades de la Congregación.  La Congregación del Santísimo Redentor tiene presencia en 77 países de todos los continentes, con un total de 87 unidades.  De las 87 unidades que recibieron el cuestionario que tenía que ser reflexionado por cada congregado, dialogado en cada comunidad y en asamblea general de cada unidad, respondieron 49 unidades.  La conclusión tanto de la comisión preparatoria como del Consejo General, constituido por el Padre General y seis consultores (cada uno representando una de las seis regiones de la Congregación), fue que las respuestas al cuestionario reflejaban fielmente la realidad actual de la Congregación en cuanto a sus preocupaciones y áreas de atención prioritaria de la misión.  

            Menciono este contexto por el hecho interesante de que todas las unidades de la Congregación expresaron en las respuestas al cuestionario que la movilidad de personas es una de las más urgentes situaciones pastorales de nuestros tiempos y la necesidad de la Iglesia, incluyendo las congregaciones misioneras (y específicamente la nuestra) de dar respuesta pastoral y misionera a esta realidad.

            Después de ubicarme en el contexto del módulo, Fundamentos Teológicos de la Misión, desde nueve artículos recibidos cuyos contenidos fueron considerados en las clases, quisiera presentar en este trabajo dos fundamentos teológicos que considero fundamentales en la reflexión y discernimiento de respuestas a esta nueva realidad pastoral.[3] Presentaré primero brevemente la realidad de la movilidad de personas, clarificando a que personas nos referimos y luego dos fundamentos teológicos que iluminan y fundamentan las posibles respuestas pastorales.  Después de estas presentaciones, haré unos comentarios conclusivos.

LA MOVILIDAD DE PERSONAS:

            Reconocemos que el fenómeno de la movilidad de personas no es nuevo.  Aún entre los redentoristas ya fue mencionado en el Instrumentum Laboris[4] (I.L.) en preparación para el último Capítulo General del año 2003, considerado en el mismo Capítulo[5] y referido en la primera “Comunicanda[6] del sexenio (2003 – 2009) del gobierno general a los congregados.  En tiempos más recientes este fenómeno ha impactado de manera significativa las realidades (sociales, políticas, económicas y religiosas) que hace imperativo que la Iglesia, como misionera, dé respuesta como urgencia pastoral al mismo.  Una dimensión de la “movilidad de personas”, la de los “refugiados” ha sido una preocupación constante a través de los años.  El fenómeno, como ya ha sido mencionado, más amplio de la movilidad humana es uno que hace 10 a 15 años atrás no tenía la fuerza suficiente para considerarlo entre las urgencias y prioridades pastorales de la Iglesia.  El tema de la movilidad humana conlleva elementos de racismo, xenofobia, justicia, paz, la promoción humana[7], la integridad de las familias, etc., dimensiones todas de consideración especial en la evangelización.  El tema amerita análisis y reflexión serios para comprender las causas de la movilidad para poder dar una respuesta efectiva en la Iglesia.[8] 

            La movilidad de personas (con sus estadísticas impresionantes)[9] presenta una frontera importante para la nueva evangelización[10] y una necesidad pastoral para la Iglesia mundial de solidarizarse con las aspiraciones de estos nuevos pobres abandonados y sus familias.[11]  La acción misionera-pastoral de la Iglesia para responder de manera efectiva, pastoral, colectiva y creativamente va más allá del potencial y los recursos internos de las diócesis o Conferencias de Obispos aislados.[12]  Es decir, tiene que haber una “solidaridad” entre  Iglesias locales, países y hasta continentes.  Se necesita la unión de esfuerzos ante las exigencias de “globalización” hoy y que en el presente no ha sido ni suficientemente probado ni efectivamente realizado por la Iglesia universal.

DOS FUNDAMENTOS TEOLOGICOS QUE ILUMINAN

RESPUESTAS PASTORALES A ESTA REALIDAD:

Son muchos los fundamentos teológicos que iluminan y fundamentan respuestas a esta realidad de la movilización de personas.  Lo que presento con este trabajo es la combinación de dos: el primero es uno que considero que no ha sido reflexionado lo suficiente en este contexto, el concepto de “peregrinaje[13].  El segundo sí ha sido el objeto de mucha reflexión, el concepto del “Reinado de Dios”.  Mi propuesta es que los dos conceptos combinados e interrelacionados podrían ser válidos en un esfuerzo para iluminar los cuestionamientos básicos de “¿de dónde venimos?”, “¿dónde estamos?”, y “¿a dónde esperamos llegar como Iglesia latinoamericana en fidelidad a la llamada de discípulos y misioneros del Señor?[14], especialmente en el contexto de la movilidad de personas.  Dedicaré más atención en el presente trabajo al concepto de “peregrinaje” que al Reinado de Dios y terminaré con algunas reflexiones conclusivas.

1.  SOMOS TODOS IGLESIA PEREGRINA:

El concepto antiguo de “peregrinaje” ciertamente es parte de la tradición cristiana y hoy día de importancia significativa en nuestra búsqueda de fundamentos teológicos para respuestas pastorales y misioneras adecuadas frente a la realidad de la movilidad de personas.

Fundamentos bíblicos:

            Bíblicamente el concepto de peregrinaje puede ser visto como un tema transversal del Antiguo Testamento, por ejemplo los libros sapienciales (el relato del “Éxodo”, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés), del Nuevo Testamento y de las cartas paulinas.[15]

Antiguo Testamento:

El Éxodo:

            Una relectura del evento clásico del Éxodo, por ejemplo como narrado en Números 33: 1 – 50, resume para nosotros la concretización de las promesas hechas a Abraham.  A través de todo el capítulo encontramos presentadas las “etapas del camino” que hizo el pueblo de Israel en el proceso de preparación para la posesión de la Tierra Prometida.  En el parar y acampar constante, el pueblo de Israel en realidad pasó por un proceso de ser guiado en un proceso de prueba y purificación.  La ruta de su peregrinación no fue la ruta comercial de ese tiempo para llegar a las tierras de los Cananeos, sino que fueron guiados por cuarenta años a través del desierto para encontrase con su Dios en el Monte Sinaí.  El primer objetivo del Éxodo en realidad no fue  la posesión geo-política, sino una peregrinación-encuentro de un pueblo con Dios y el establecimiento de una Alianza.  Para el pueblo de Israel, el peregrinaje significó un proceso de prueba (Ex. 15:25, 16:4), un aspecto que confirmó para ellos la cercanía de su Dios (Deut. 4:34).  Pablo relata la responsabilidad del creyente primero con la de la obediencia expresada por la ley de Dios a la luz del peregrinaje de Israel (1 Cor. 10).

Los libros sapienciales:

            El peregrinaje es el hilo conductor de motivo por el cual se escribieron los libros sapienciales.  La mayoría de los libros sapienciales (Salmos, Proverbios, Eclesiastés) se escribieron para ser leídos por el pueblo en el periodo del exilio y post exilio.  Desde esta perspectiva se entiende la mayoría del lenguaje como una invitación a recordar Jerusalén y después de la construcción del templo, se utilizaron estas mismas canciones en el  peregrinaje hacia el templo.

            Un ejemplo claro del concepto del peregrinaje es el contexto de la literatura del Antiguo Testamento que expresa no solo el ansia de establecimiento sino también las lamentaciones por la desobediencia a los términos contractuales y la súplica consecuente  pidiendo misericordia.  En esto fue que la expresión artística de la poesía hebrea se alienó en tiempos de prueba, no como expresión de la exagerada importancia de la tierra, sino como expresión de la necesidad de obedecer la ley de Dios para poder disfrutar y beneficiarse de su bendición.

Los Profetas:

            En el Antiguo Testamento, siempre es importante considerar el estilo de vida de los profetas.  Al igual que su estilo de vida frecuentemente era usado para denunciar proféticamente la injusticia social, el método y el propósito de proclamación se transcribió alrededor del concepto del peregrinaje.  Todos los profetas utilizaron la práctica del peregrinaje como estilo de vida, como fundamento del mensaje de juicio que se refería al cumplimiento de las leyes referentes al jubileo, la ayuda a los pobres, al extranjero y a la viuda.  Las leyes eran para recordar al pueblo y a las naciones que tenían que alejarse no sólo de las riquezas,  sino también de la posesión de la tierra y del poder.  La vida del profeta siempre se ligaba al peregrinaje no solamente en tiempo de prueba y dificultad en su propia relación con Dios, sino también en como modelo para la vida del pueblo que sería o estaba siendo probado.

Nuevo Testamento:

            La iglesia primitiva presentó el “peregrinaje” como guía en la compresión de la vida de Jesús.  En los Evangelios el “camino a Jerusalén” es reinterpretado como la llegada de la prueba, la desilusión y últimamente la muerte de Jesús (Mt. 20:17-19; Mc. 11:15-19; Lc. 19).  Fue importante para los evangelistas culminar la biografía de Jesús con su muerte y de esa forma indicar el proyecto de su vida.  Los evangelios no dan detalles relacionados con los lugares donde vivió Jesús, más bien detallan la continuidad del movimiento que caracterizó su ministerio y también el “discipulado” que desarrolló para sus primeros seguidores.

Cartas paulinas:

            El concepto de peregrinación asume una importancia especial en los escritos paulinos como el fundamento principal de la ética.  Constantemente Pablo repite verbos que ejemplifican la vida como una peregrinación que hay que hacer.  El uso preferencial del tiempo del pasado y el presente en la mayoría de las secciones relacionadas con la ética en sus cartas refleja el concepto de ética.  En el Éxodo de Israel Pablo lee una invitación a continuar desarrollando el cuidado de la permanencia en las virtudes cristianas.  Cuando consideramos el papel de la escatología paulina comprendemos plenamente el valor que se da a los  conceptos que se refieren a la vida cristiana como peregrinaje.  Es aquí dónde el concepto de peregrinaje alcanza su realización plena, concretizada en la esperanza cristiana.  Esta esperanza, fundamentada en la resurrección de Jesús y proyectada con una moralidad seria más allá de los límites humanos, alcanza para el creyente su perfección solo en la segunda llegada de Jesús.

2EL REINADO DE DIOS:[16]

Casi todos los especialistas del Nuevo Testamente afirman que la motivación central del ministerio de Jesús era la llegada del Reinado de Dios.  La llegada plena del Reinado de Dios, la meta de nuestro peregrinaje, ha sido inaugurada, pero no ha llegado a su plena realización.  A pesar de que ni los evangelios ni el nuevo testamento nos ofrecen una definición del Reinado de Dios, deducimos su entendimiento desde la prédica global de Jesús, de su estilo de vida, sus opciones a todo lo que él se consagró y dedicó.  Como Iglesia no podemos subestimar el valor evangélico y espiritual del peregrinaje. La Cristiandad es naturalmente un peregrinaje.  Ser cristiano es ser peregrino.  Nuestro peregrinaje es hacía el “no todavía”, pero concretizado en “aquí y ahora”, es decir el Reinado de Dios.[17] 

CONCILIO VATICANO SEGUNDO Y LOS CONCEPTOS TEOLÓGICOS DE “PEREGRINAJE” Y “REINADO DE DIOS”:

            La Constitución dogmática de la Iglesia, Lumen Gentium, del Vaticano II nos recuerda que estamos, “Peregrinando todavía sobre la tierra, siguiendo de cerca sus pasos en la tribulación y en la persecución, nos asociamos a sus dolores como el cuerpo a las cabeza, padeciendo con El a fin de ser glorificados con El (cfr. Rom. 8:17)”[18].

            En la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio, Sacrosanctum Concilium, el documento expresa, “En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra vida, y nosotros nos manifestemos también gloriosos con Él”.[19]

            En cuanto a la liturgia, llama la atención las cuatro opciones[20] de la Plegaria Eucarística V, que expresan cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.¨  También hacemos mención del Prefacio VI dominical del Tiempo Ordinario que reza, “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos en este mundo…”.

REFLEXIONES CONCLUSIVAS:

            Como Iglesia nos encontramos en un cambio de época[21], una época, que entre otras muchas características, enfatiza como enfoque el presente, es decir, tiende de menospreciar el valor del pasado y el futuro especialmente en relación a la esperanza.  Hoy, la Iglesia en su relación con los pobres, quienes quizás hayan perdido la esperanza de un futuro mejor, debe verse como “peregrina”, solidaria y cuestionar los valores anti-evangélicos que oprimen a nuestros hermanos y hermanas robándoles la esperanza del Reinado de Dios.  La Iglesia puede aprender de los pobres, especialmente de los que migran, quienes viven profundamente la vulnerabilidad de “peregrinos”.  Muchos migrantes, por razones variadas y justificadas, son obligados a dejar atrás sus familias, amistades, vecindarios y pertenencias en búsqueda de una vida y futuro más dignos.  Sus vidas son de sacrificio y aún “muerte”.  Sus vidas son de esperanza y fe que proclaman que el “dar de estas vidas” influye, simboliza y comunica la esperanza de una vida en abundancia para sus generaciones futuras.  Sus vidas son de revisión, renovación y de cambio constante de estructuras que ya no satisfacen sus anhelos, su dignidad y el cumplimiento de sus sueños e ideales.  Sus vidas nuevas, aún precarias e inciertas, presentan esperanza del futuro para ellos y el de sus familias y seres queridos.

Como peregrinos hacia el Reinado de Dios se nos clarifica y motiva de dónde venimos, dónde estamos y a dónde queremos llegar en esta existencia hermosa pero al mismo tiempo frágil y llena de interrogantes.

[1] Cfr. COMBLIN, José, América Latina – el proyecto de Aparecida, 8 de agosto de 2007.  Comblin hace esta interesante observación, “En el siglo XX estas Órdenes y Congregaciones (refiriéndose a los Franciscanos, Dominicos, Carmelitas, Agustinianos, Benedictinos y otras varias Congregaciones) asumieron parroquias y con esto sólo una pequeña minoría se dedicó a la misión.  Asimismo usaron métodos adaptados al siglo XVII o XVIII, pero totalmente inadecuados en el siglo XX.  Se dedicaron al mundo rural en el momento en que 80% de la población latino-americano migraba para las ciudades.

[2]  El tema principal de este próximo Capítulo General redentorista será la Misión mirada desde las estructuras Congregacionales para entrar en un proceso de actualizar, renovar y crear estructuras que respondan a las nuevas realidades de hoy y de acuerdo al carisma particular de la Congregación en la Iglesia.

[3] Entre los objetivos  generales y específicos del módulo, Fundamentos teológicos de la Misión, se menciona respectivamente, “…se formen y se capaciten a escuchar los nuevos desafíos de la misión para poder dar nuevas respuestas con la ayuda de la reflexión teológica”, y, “…conocer los nuevos desafíos que la realidad actual pone a la misión y buscar nuevas respuestas con la ayuda de la reflexión teológica”.  Cfr. SCHREITER, Robert, “Los desafíos actuales de la misiónad gentes’ ”.  El autor habla de las nuevas imágenes o metáforas para la misión que podían llegar a ser los nuevos “paradigmas” de la misión de los próximos años.

[4] Al igual que las Conferencias episcopales de América Latina utilizan un Instrumentum Laboris (I.L.), la Congregación del Santísimo Redentor comenzó desde el Capítulo General del año 2003 a utilizar un I.L.  Para los redentoristas por el  I.L. se entiende una síntesis orgánica de las realidades donde hace presencia la Congregación y las respuestas actuales a esta realidad como base para las reflexiones y decisiones que hará el Capítulo General.

[5] El Capítulo General de los redentoristas de 2003 trató el tema de la movilidad de personas en las “Orientaciones” finales, # 6, pero de manera breve y prácticamente no retante para una respuesta de la Congregación a nivel mundial.

[6] TOBIN, Joseph W., Superior General, “Llamados a dar la vida por la abundante redención”, Comunicanda 1, 8 de abril de 2004, #s 8 y 35.

[7] Cfr. GUTIÉRREZ, Gustavo, “Benedicto XVI y la opción por el pobre”, Evangelización y promoción humana, p. 5.  Cita del Papa, “la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana”, Encíclica, “Deus caritas est”, 2005, n. 3.

[8] Cfr. Documentos de Aparecida, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe.  El segundo capítulo hace una extensa presentación de la realidad de América latina en un esfuerzo de entender las causas de las realidades que nos interpelan como discípulos y misioneros.

[9] Por ejemplo, según las Naciones Unidas “UN 2002, Migration Chart, UN Population Division”, 175 millones de personas viven actualmente fuera de su país de origen.  Según los continentes de acogida están Europa con 56 millones, Asia con 50 millones, América del Norte con 41 millones, África con 16 millones y Centro y Sur América y Oceanía con 6 millones cada una.  2.3 millones de personas emigran anualmente desde áreas rurales a urbanas, 2.3 millones de personas cada año migran desde países y menos desarrollados a países más desarrollados, etc.  GOLDIN, Ian y REINERT, Kenneth, Globalización para el desarrollo, Quebecor World Bogotá, S.A., 2007, Capítulo 6, La migración, pp. 215 – 265.

[10] Benedicto XVI, 15 de mayo de 2008.

[11] Cfr. Vaticano II, Documentos, Decreto Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia (promulgado el 7 de diciembre de 1965), # 8 habla de que “la actividad misionera tiene también íntima conexión con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones”.

[12] Op. cit., Decreto Ad gentes divinitus, # 38.

[13] La presentación de este concepto teológico a esta realidad de la movilidad de personas responde al reto presentado en el artículo, “Etapas de la actividad misionera de la iglesia católica de la teología de la misión”, por el Profesor Antonio Bonanomi T., imc,, en el cual dice, “Es necesario estar atentos a los provocaciones del Espíritu desde la realidad de la historia, leer los ‘signos de los tiempos’, y buscar con humildad y confianza los nuevos caminos, un nuevo paradigma de la misión y de la teología de la misión”, p. 4.  También cfr. nota al pie de página de este trabajo,  # 2.

[14] Cfr. el tema del Documento de Aparecida, “Discípulos y misioneros (as) de Cristo para que nuestros pueblos tengan vida”.

[15] Las referencia bíblicas y la relectura del las Santas Escrituras son adaptadas del artículo,

La peregrinación como locus del cristianismo, por Osberto Salazar Farfán, http://cristianismointeligente.files.wordpress.com/2007/08/la-peregrinación-como-locus-del-cristianismo-latinoamericano.pdf

[16] Varios autores prefieren el término de “Reinado” en lugar de “Reino”.  En este apartado y debido a que este fundamento teológico ha sido profundizado bastante, limito mi tratado y referencia al mismo.  Lo que más nos interesa en este trabajo es la relación entre los dos fundamentos, es decir, el Reinado de Dios y ser pueblo peregrino y su aplicación al la pastoral de la movilidad de personas, tratado que no he encontrado en mis lecturas y estudio del tema.

[17] Cfr. 1) SUESS, Paulo, La misión de dios y la misión de los cristianos.  Fundamentos, desdoblamiento, compromisos, Revista Spíritu, no. 172, septiembre de 2003, p. 5.  Da clarificación sobre la finalidad de la misión y el proyecto del Reino.

            2) BONANONI, Antonio, La misión en la Palabra de Dios, p. 3.  Habla sobre la vocación-misión prototípica de Jesús.

            3) MAESTRO GARCIA, Luis María, Globalización y evangelización.  Desafíos y caminos para la misión ad gentes, Revista: Misiones Extranjeras, 2007, p. 13.  “Frente a la globalización excluyente, la misión de la Iglesia quiere hacer presente el Reino de Dios, traducido en acciones concretas que promuevan la paz y la justicia social en la sociedad”.

            4)  GUITIÉRREZ, Gustavo, Benedicto XVI y la opción por el pobre.  “La opción por el pobre es un camino, a través de Jesucristo, hacia el Dios amor, un componente fundamental del seguimiento de Jesús, un signo que anuncia la presencia del Reino y manifiesta sus demandas”.

[18] Vaticano II, Documentos, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), Madrid, 1991, Constitución Dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia, (promulgado el 21 de noviembre de 1964), # 7.

[19] Ibid., Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, (promulgado el 4 de diciembre de 1963) # 8.

[20] Las opciones son: a) Dios guía a su Iglesia, b) Jesús, nuestro camino, c) Jesús, modelo de caridad, y,

d) La Iglesia, en camino hacia la unidad.

[21] Documento de Aparecida, # 44, “Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural.”

 

Ponte en contacto con Manuel mannycssr@hotmail.com

 

Una presentación en pps

 

 

Ser Redentorista según san Clemente Hofbauer

 

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Los redentoristas nos encontramos en  medio de un proceso vigoroso de buscar una respuesta creativa a la generación postmoderna y de la urgente necesidad de responder a las inquietudes, confusiones y criterios de la gente que caracteriza esta época. No obstante, todas las adaptaciones que sean necesarias para los redentoristas siempre será la primera prioridad que los pobres reciban las primeras y mejores atenciones.

 Si cualquier joven entre los 16-24 años de edad está interesado en tener más información sobre la vocación redentorista puede llamar al Padre Tery Tull, C.Ss.R. al teléfono: ( 787) 587-8752. También enviando un correo-e: promoredentoristapr@gmail.com en Puerto Rico. Y Padre Ramón Cabrera, C.Ss.R. (809) 533-2307. Correo-e: merraca@yahoo.com.mx en República Dominicana. 

La renovación de las misiones itinerantes redentoristas desde la espiritualidad misionera latinoamericanaMISIONOLOGÍA El P. Manuel Rodríguez, nuestro provincial, nos ofrece este rico y abundante material, producto de su especialización en misionología, en la Fundación Universitaria San Alfonso (FUSA), en Colobía.  Si te interesa conecer este tema aquí está la informacdión. 
Somos los Misioneros Redentoristas, fundandos por san Alfonso María de Ligorio, en Scala, Italia, en el año 1732.  Hemos sido enviados, como Jescristo, para llevar la Buena Noticia a los Pobres.
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La Congregación del Santísimo Redentor fue la respuesta que san Alfonso dio a Jesús ante la llamada de los pobres. En 1730, Alfonso se encontraba agotado a causa del duro trabajo de las misiones. Los médicos le ordenaron tomar un período de descanso y que fuera allí donde pudiera respirar el aire puro de la montaña. Con algunos de sus compañeros se fue a Scala, en la costa amalfitana del sur de Nápoles. Allá, en la montaña, se encontraba el santuario de Santa Maria de los Montes, un lugar perfecto para descansar, un lugar perfecto para la contemplación, cerca de la Madre de Dios: alturas montañosas, belleza y, abajo, el mar.

Pero Scala significaba también pobreza. En las montañas vivían algunos pastores que le pidieron que les hablara del Evangelio, de la Palabra de Vida. Alfonso se maravilló del hambre que aquellas pobres gentes tenían de la Palabra de Dios y le vinieron a la mente las palabras del profeta: "Los niños pedían pan pero no había quien se lo diera" (Lam. 4.4). Su primer biógrafo cuenta que cuando Alfonso dejó Scala, parte de su corazón quedó con aquellos pastores y que lloró pensando en el modo de ayudarlos.

En Nápoles, después de largas plegarias y de consultas para lograr ayuda y discernimiento comprendió que debía volver a Scala. Ciertamente, también en Nápoles había pobreza pero otros muchos habrían podido ayudar a los pobres a huir de su marginación social mientras que, en Scala, los pobres se encontraban solos, no tenían a nadie que los ayudara estaban totalmente abandonados. En la época de san Alfonso, estos pastores y la población agrícola se encontraban entre los grupos más maltratados por la sociedad: "no se los consideraba hombres como los demás eran una desgracia de la naturaleza". Fue a causa del infortunio que acompañaba a estos pobres lo que hizo que san Alfonso optara por ponerse de su parte, compartir su vida y alimentarlos abundantemente con la Palabra de Dios.

El 9 de noviembre de 1732, en su querida Scala, san Alfonso de Liguori fundó la Congregación del Santísimo Redentor para seguir el ejemplo de Nuestro Salvador Jesucristo, anunciando la Buena Nueva a los pobres. Tenía entonces 36 años. Su vida se convirtió en una misión continua y en un servicio a los más abandonados. La Congregación fue aprobada por Benedicto XIV el 25 de febrero de 1749.

Los Misioneros redentoristas continúan el carisma de Alfonso en la Iglesia y en la sociedad. "Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de san Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra, y por la abnegación de sí mismos se mantienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo" (Constituciones redentoristas n. 20).

Los Redentoristas viven en comunidades misioneras, siempre se muestran acogedores y entregados a la oración como Maria de Nazareth. A través de misiones, de retiros, del ministerio parroquial, del apostolado ecuménico, del ministerio de la reconciliación y con la enseñanza de la teología moral, proclaman el amor de Dios nuestro Padre que, en Jesús, "ha vivido entre nosotros" para convertirse en profunda misericordia y en Palabra de Vida que nutre el corazón humano y da sentido a la vida a fin de que se viva en la máxima libertad y en solidaridad con los demás. Y así como Alfonso, también los Redentoristas practican una clara opción por los pobres, afirmando su dignidad y su grandeza ante Dios, convencidos de que la Buena Nueva del Señor se dirige a ellos de modo especial. Hoy, los Redentoristas son alrededor de 5.500; trabajan en 77 países de los cinco continentes, ayudados por muchos hombres y mujeres que colaboran en su misión; todos juntos forman la gran Familia redentorista. "Nuestra Señora del Perpetuo Socorro" es el icono misionero de la Congregación.

Además de san Alfonso, han sido canonizados otros tres Redentoristas: san Gerardo Majella, san Clemente Hofbauer y san Juan Neumann. Otros nueve Redentoristas han sido beatificados: Gennaro Sarnelli, Pedro Donders, Kaspar Stanggassinger, Francis X. Seelos, Dominick Methodius Trcka, Vasil Velychkovskyj, Nicolás Charnetskyj, Zenon Kovalyk e Ivan Ziatyk.

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