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Jesucristo ha
hecho grandes cosas a través de ese santo”. Porque nosotros
estamos buscando que la Iglesia proclame a Gerardo como patrono
de las madres embarazadas y los niños recién nacidos.

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Gerardo había comprendido que para ser un verdadero
apóstol tenía que ser también un mártir, o sea dar
testimonio por Cristo con sangre, con el sufrimiento
físico o moral. Por esto aceptó dolores y humillaciones
con toda alegría, como si fuesen preciosos regalos de
Dios.
- Un
día, volviendo de Foggia, mientras por un atajo cruzaba
un campo ajeno, fue echado al suelo por un violento
garrotazo en las espaldas. Al recobrarse, se encontró
encima un calavera enfurecido que lo atormentaba ora con
la culata, ora a punta de cañón de su escopeta,
gritándole entre risas de desprecio: "Caíste en la
trampa. Hace tiempo quería pegarle a un cura. Justamente
tú caíste en mis manos". Gerardo recobró sus fuerzas,
se arrodilló, y, entrelazadas sus manos, repetía: "Dale,
hermano, pégame, que tienes razón". Y repetía las mismas
palabras mientras el otro descargaba sus golpes, hasta
que, tocado por tanta paciencia, también se puso de
rodillas, los ojos al suelo, murmurando: "Perdóname".
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Rep. Dominica
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Provincia de San Juan |

Puerto Rico
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San Gerardo
Mayella |
- UN HOMBRE INÚTIL
- Encerrado en una pieza,
con la puerta asegurada con llave por los parientes, quienes
no querían que entrase en el convento, con una improvisada
cuerda formada con sábanas anudadas, Gerardo Mayella se bajó
por la ventana a la calle y siguió a los padres
Redentoristas, quienes dejaban la ciudad de Muro Lucano. Al
alcanzarlos, les suplicó, insistente y acongojadamente, lo
aceptasen. Los misioneros no habían querido recibirlo en el
Instituto por débil y enfermizo. Los capuchinos tampoco
quisieron recibirlo, y por el mismo motivo.
- Guiados en la gira
misional por el P. Cáfaro, también esta vez los
Redentoristas le contestaron negativamente. Pero él insistió
y los acompañó hasta Rionero del Volture donde predicaron la
misión. Gerardo, con tal de quedarse con ellos, comía lo que
sobraba de los padres; dormía en tierra y despachaba
cuidadosamente los servicios encomendados. Admirado por su
insistencia, el P. Cáfaro accedió y decidió observar la
resistencia del joven en los trabajos pesados, por lo cual
se lo encargó al superior de la casa de Deliceto. Y la carta
de presentación que le envió desarmaba a cualquiera, decía:
"Te envío a un hombre inútil".
- Todo esto sucedió en los
primeros meses de 1749. Gerardo tenía 23 años, había nacido
el 23 de abril de 1726, en Muro Lucano, del sastre Domingo y
de Benedicta Cristina Galela.
-
- UN TRABAJADOR
INCANSABLE
- En Deliceto, el joven,
agradecido a Dios, trabajaba infatigablemente en el cuidado
del jardín, en la limpieza de la caballeriza, atendiendo a
las múltiples necesidades de la casa y en el trabajo de
sacristán. En octubre de 1749 fue nombrado rector de la casa
de Deliceto justamente el propio P. Cáfaro, quien había
tildado a Gerardo de inútil por juzgarlo incapaz para
trabajos pesados. El P. Cáfaro se retractó enseguida de su
apurado juicio, y encontró al joven candidato a la vida
religiosa incansable en el trabajo, hombre de oración,
ejemplar en la observancia, heroico en toda virtud,
especialmente en la caridad hacia los cohermanos.
- Acabado el trabajo que le
tocaba por deber u oficio, Gerardo se acercaba a algún
cohermano todavía atareado y le decía: "Deja que termine yo,
soy más joven". Un día de viaje vio a una anciana que subía
llevando en la cabeza su colada por la roca de Santa Águeda
de Pullas, Gerardo cargando con el peso, entre la burla de
los presentes, llegó hasta el pueblo.
- En otra oportunidad se
encontró con un pobre que caminaba descalzo por el pedregal
de la calle: Gerardo le pasó medias y zapatos, y volvió a
casa sin ellos. Otra vez vio a un joven que, con una pierna
engangrenada, lloraba su mala suerte: Gerardo chupó la
podredumbre de la llaga y le sanó.
-
- EN BUSCA DE ALMAS
- Como Jesús, Gerardo,
sanando cuerpos, miraba a las almas. En la casa cinco o seis
veces por año, se reunían sacerdotes y laicos para
ejercicios espirituales. Más de una vez alguno aparentaba
falsa piedad para llamar sobre sí la atención de la
autoridad eclesiástica, o para más fácilmente imponerse a
sus dependientes.
- Gerardo, hurgando en la
conciencia, desenmascaraba la hipocresía. Estaba en acecho,
cuando del confesionario pasaban a comulgar: con pocas
palabras les decía en su cara todos los pecados y los
enviaba otra vez al confesionario.
- Desde el interior de la
casa, Gerardo extendió su apostolado a los caseríos aledaños
en una cadena ininterrumpida de milagros y escrutaciones de
ánimo. Un día, en el cruce de Santa Águeda de Pullas, el
Señor le dijo: "Quédate. Alguien te va a necesitar". Se
quedó y vio llegar a un hombre que frisaba en los cuarenta.
Gerardo le dijo: "¿Hermanito, adónde vas? El otro le
contestó: "A mis negocios, cura de miér.. Y Gerardo: "Sé
quien eres: un pobre hombre a quien el diablo quiere tragar
por tu desesperación. "Ánimo. ¡No es nada!" Vete a Deliceto.
Preséntate al P. Fiocchi, dile que yo te envío, y todo
cambiará". Unas horas después el desesperado tocaba a la
casa de los Redentoristas. Se hizo asceta y modelo en
laboriosidad y oración. Fue a terminar su vida en Nápoles,
al servicio de los enfermos, en el hospital de los
Incurables. Su caridad fue juzgada heroica, se llamaba
Francisco Tata.
-
- MISIONERO DE CUERPO
ENTERO
- Terminado el período de
prueba, Gerardo emitió los votos religiosos el 26 de julio
de 1752.
- En esa ocasión escribió
una carta a San Alfonso María de Ligorio, fundador y
superior general de la Congregación del Santísimo Redentor:
"Padre mío, heme aquí, postrado a los pies de vuestra
Paternidad, y sumamente os agradezco la bondad y caridad
para conmigo, en haberme ya aceptado y recibido como uno de
vestros hijos. Bendita sea por toda la eternidad la bondad
divina que tuvo conmigo tantas misericordias por mí no
merecidas..."
- Con la profesión religiosa
Gerardo tuvo la posibilidad de dedicarse completamente al
servicio de las almas. Ante la extrema pobreza de la casa de
Deliceto, fue encargado de pedir limosna. Fue justo la
ocasión para derramar sobre quienes encontraba la inagotable
fuente de su caridad.
- Comenzó a pedir en su
ciudad natal y llenó de beneficios a la familia que lo
hospedaba y a todos los bienhechores.
- Continuó luego en el lado
oriental del Volture, pasando por Melfi, Rionero, Atella,
Ruvo del Monte y en otoño, Lacedonia.
- En las aldeas o ciudades,
precedido por la fama de su santidad, Gerardo era recibido
triunfalmente por el pueblo. Todos querían verlo, tocarlo,
hablarle, escucharle, porque sabía sanar a los enfermos,
leer en los corazones, disipar dudas, hacer desaparecer la
indiferencia y el pecado, y comunicar el fervor religioso.
-
- CON PROBLEMA POR UNA
MADRE SOLTERA
- Gerardo había comprendido
que para ser un verdadero apóstol tenía que ser también un
mártir, o sea dar testimonio por Cristo con sangre, con el
sufrimiento físico o moral. Por esto aceptó dolores y
humillaciones con toda alegría, como si fuesen preciosos
regalos de Dios.
- Un día, volviendo de
Foggia, mientras por un atajo cruzaba un campo ajeno, fue
echado al suelo por un violento garrotazo en las espaldas.
Al recobrarse, se encontró encima un calavera enfurecido que
lo atormentaba ora con la culata, ora a punta de cañón de su
escopeta, gritándole entre risas de desprecio: "Caíste en la
trampa. Hace tiempo quería pegarle a un cura. Justamente tú
caíste en mis manos". Gerardo recobró sus fuerzas, se
arrodilló, y, entrelazadas sus manos, repetía: "Dale,
hermano, pégame, que tienes razón". Y repetía las mismas
palabras mientras el otro descargaba sus golpes, hasta que,
tocado por tanta paciencia, también se puso de rodillas, los
ojos al suelo, murmurando: "Perdóname".
- Gerardo se hizo ayudar a
montar a caballo y acompañar hasta su casa. Por el camino, a
pesar del dolor por una costilla rota, preparó al joven para
una buena confesión y al llegar, lo presentó al superior,
diciendo: "Me caí del caballo y él me ayudó hasta acá. Lo
dejo a su generosidad".
- Pero la prueba más
dolorosa le tocó en la primavera de 1754, al caer víctima de
una horrible calumnia. Nerea, una chica de Lioni, en cuyo
hogar Gerardo solía hospedarse, esperaba a un hijo, e indicó
a Gerardo como al padre del niño. Gerardo fue llamado a
Pagani y puesto en una serie de dolorosos castigos, hasta
que Nerea, vencida por los remordimientos, se retractó de
la falsedad. Gerardo pasó cincuenta días de martirio,
sobrellevados con calma y serenidad, sin una palabra de
disculpa. Repetía siempre: "Mi causa es la causa de Dios. Si
me quiere probar, que se haga su voluntad".
- ENTRE LOS LOCOS DE NÁPOLES
- Reconocida y publicada su
inocencia, fue enviado a Nápoles que llenó con su
apostolado. Comenzó dedicándose a los locos, que vivían en
el patio interno del edificio de los Incurables. Tenía el
carisma de penetrar en su interior y mover sus sentimientos.
En poco tiempo fue el amigo y confidente de los locos, aún a
riesgo de su integridad física. Un día, dos de ellos, bien
entusiasmados, apretándole con cariño de locos, le decían:
No queremos que nos dejes. Tienes que quedarte siempre
aquí". Y, apretándole, lo ahogaban. Hasta que otro de la
categoría intervino: ¡Oigan! Menos confianza con nuestro
confesor. Y peleándose con los socios, liberó a Gerardo de
la incómoda situación.
- Del hospital pasó a las
calles: a los pobres los alivió en su situación, a las
prostitutas y sus protectores pidió radical cambio de ruta.
Pasó luego a los talleres de artesanos y también se hizo
artista: modelaba crucifijos y también ejercía su
apostolado.
- Con el mismo ideal y la
misma espontaneidad entró en los palacios de nobles y bajó a
las chozas de los pobres, y como un rayo de sol llevaba luz
y calor. Y su fama crecía de día en día, y llegó a la cumbre
con un hecho extraordinario. Un día, vio en el mar, que se
abría delante de la plaza del mercado, una canoa de
pescadores, que, traqueteada por las olas, estaba para
hundirse. En la playa, esperando la tragedia, las mujeres,
desesperadas, lloraban. Gerardo se persignó y se lanzó al
agua. Alcanzó la canoa, y tirándola con la mano la llevó a
la playa.
- En junio de 1754 fue
enviado a la casa de Materdómini, construida en el solitario
cerro que domina toda la comuna de Caposele; y se quedó
hasta la muerte, menos dos breves períodos. De preferencia
tuvo el oficio de portero, y se encariñó a él más que a
otros oficios porque le daba la posibilidad de ir en ayuda
de los pobres.
- En enero de 1755, las
abundantes nevadas dejaron a muchos obreros sin trabajo y
sin pan, y fueron ellos a aumentar las filas de los pobres
que cada día tocaban a la puerta de la casa religiosa. Con
tanta miseria, Gerardo vació la ropería, el depósito y la
cocina del convento; se despojó de su ropa personal,
quedando, él tísico, a tiritar de frío, con tal de que los
pobres tuvieran algo. A este respecto, famosas son las
técnicas, de su caridad: a los pobres que llegaban, les
hacía encontrar brazas ardientes, luego los alimentaba, y al
final un pequeño sermón. Volvían a sus casas alimentados en
cuerpo y alma. Se conmovía con los niños, que
particularmente cuidaba con sus propias manos; con los
pobres avergonzados de su pobreza; con las chicas, tentadas
a vender su honor por un pedazo de pan; con los enfermos
abandonados en sucios ranchos, y redoblaba su presencia para
llegar a todos.
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- "YA ME VOY"
- En la tarde del 21 de
agosto de 1755, mientras se encontraba en San Gregorio
Magno, enviado a pedir limosna, tuvo una abundante pérdida
de sangre. Intuyó que llegaba, también para él, la tarde de
su vida. Quedó sereno y tranquilo, dispuesto a hacer siempre
la voluntad de Dios, como muestra esta carta que escribió al
superior de la casa de Materdómini: "Estando de rodillas en
la iglesia de San Gregorio tuve un esputo de sangre... Si
quiere que me vaya, enseguida voy; si quiere que siga
pidiendo, sin dificultad lo haré, pues, en cuanto a mi
pecho, actualmente estoy mejor de lo que estaba en casa. Tos
no tengo más. Lo siento, porque vuestra reverencia se
preocupará. Alégrese, padre mío, que no es nada.
Encomiéndeme al Señor, para que pueda hacer yo su divina
voluntad".
- El 31 de agosto,
trastornado por la fiebre, llegó a Materdómini. En la puerta
de su habitación escribió: "Aquí se hace la voluntad de
Dios, como quiere Dios, y por todo el tiempo que Dios
quiera". Su lecho de dolor se cambió en el altar de su
sacrificio. El doctor le preguntó si quería vivir o morir;
él le contestó: ¡ni vivir, ni morir, sólo quiero lo que mi
Dios quiere!. Mientras le administraban el viático, se le
escuchó orar: "Señor, sabéis que cuanto hice y dije, todo
fue para honor vuestro y gloria vuestra. Ahora, contento me
muero porque creo haber buscado sólo vuestra gloria y
vuestra voluntad".
- El 15 de octubre,
preanunció: "Esta noche voy a morir. Al caer la tarde,
precisó más su partida, diciendo: "Siete horas más".
Terminadas las siete horas, Gerardo se fue. Era la una y
media del 16 de octubre de 1755. Los funerales tomaron
proporciones de apoteosis: todos pasaron lentamente en torno
a su ataúd, llorando al bienhechor y al amigo. Los más
pobres suspiraban: "Hemos perdido a nuestro padre".
- De su vida y de su muerte
llega también a los hombres de hoy un mensaje de libertad y
alegría. De libertad interior, por su apasionado amor a Dios
y a los hermanos; de alegría, porque por intermedio nuestro
pasa Dios a recrear el mundo.
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| (Artículo
extraído de www.redentoristas.org.ar) |
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