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Una iniciativa
aprobada por la Congregación del Santísimo Redentor
relacionada con nuestro San Gerardo Mayela en ocasión de la
celebración de dos aniversarios importantes de nuestro
santo. El 11 de diciembre de 2004 se conmemoran 100 años de
su canonización, y el 16 de octubre de 2005 se cumple 250
años de su muerte....con tal motivo quiero compartir contigo
estas líneas.
Siempre que alguien
se encontraba con el Hermano Gerardo era inmediatamente
atraído a él por la profunda serenidad que rebosaba. Le
tenía un sumo cariño a cada ser humano y a toda la creación,
los veía como regalo de Dios. Sin embargo, porque vivía con
un espíritu de total simpleza, éste le proporcionaba una
gran libertad y la facilidad de no atarse a nadie, ni a
ninguna posesión material. Así, estaba siempre dispuesto
para ayudar a cualquiera con cualquier necesidad.
Simpleza
El consumismo es una enfermedad de
nuestro tiempo y nuestra sociedad moderna. Los anuncios nos
hacen sentir inferiores hasta que no tengamos los productos
del momento. Y la verdad es que mientras más tenemos, más
queremos. Parece que esto es parte de nuestra naturaleza
humana el nunca estar satisfechos con lo que tenemos. En
estos momentos me viene a mi mente esta frase de
San Alfonso María de Ligorio: “que
cada uno se contente con lo necesario, como limosna recibida
del Creador”.
Siempre queremos lo más grande, lo mejor,
lo más moderno. Las Navidades pasadas se reportó que el
consumidor gastó $8 mil millones de dólares usando tarjetas
de crédito. ¿De dónde va la gente a sacar todo ese dinero
para pagar las deudas en que han caído por conseguir lo que
tenían que tener?
Lo opuesto al consumismo es la simpleza.
Con menos cosas que nos preocupen tendremos menos estrés en
nuestras vidas. Hallaremos una gran satisfacción con una
solitaria flor silvestre, una galletita horneada en casa, y
el abrazo de un niño. Por otra parte, los ricos necesitan
sistema de seguridad y alarmas para proteger todo lo que
poseen. Se ven forzados a construir barreras entre ellos y
los demás porque tienen tantas cosas. A decir verdad, lo
que poseen, les posee.
Sin embargo, si no tenemos tantas cosas,
entonces no tenemos que preocuparnos por perder mucho. No
siendo esclavos de todos nuestros aparatos y ni de otras
posesiones estaremos más libres para vivir la vida, y
tendremos una mayor serenidad porque vamos a sentir una
mayor satisfacción de los placeres simples que nos ofrece el
mundo.
Serenidad
El hermano Gerardo creía firmemente que
la “causa” de Dios tenía que ser también la suya aquí en la
Tierra. Los escritores espirituales llaman esta
característica conformidad con la voluntad de Dios.
Significa que a través de la oración nos
acoplamos tanto con Dios que comenzamos a desear lo mismo
que Dios desea. Gerardo Mayela estaba tan seguro de seguir
la voluntad de Dios que él mantenía una impresionante
serenidad aún cuando era castigado por algo que no había
hecho, o cuando su persona era falsamente manchada.
Nuestro santo confiaba en Dios
ciegamente. Hacer eso no es fácil. Cada uno de nosotros se
siente inseguro acerca de algo. Pero Jesús nos dijo: “No se
turbe su corazón, ni tengan miedo” (Jn 14, 27). Si creemos
en lo profundo de nuestros corazones que Dios está
verdaderamente con nosotros, día y noche, no importa en qué
problema nos metamos, entonces sentiremos la serenidad de la
presencia de Dios, o, como San Pablo dice: “la paz de Dios
que sobrepasa toda inteligencia” (Fil 4, 7).
Este tipo de serenidad viene solamente
del permanecer cerca de Dios por la oración y por el uso de
los sacramentos. Como católicos, la Eucaristía es para
nosotros el centro mismo de nuestras vidas. Y la oración es
lo que nos ayuda a ver nuestros problemas en perspectiva.
Nos asegura de que Dios está todavía con nosotros y nos
ama. Tal como los niños corren a sus madres y padres
buscando seguridad y consuelo cuando ellos tienen miedo o se
sienten ansiosos, nosotros también podemos renovar nuestra
paz y serenidad si frecuentemente corremos hacia Dios en la
oración.
Libertad
San Gerardo veía todos los eventos de la
vida, ya fueran felices o desafortunados, con una mirada de
fe. De esa manera, él interpretaba todo suceso como la obra
del Espíritu Santo. Una vez el Hermano Gerardo hizo una
promesa personal de “hacer lo que me parece más perfecto
ante Dios”. Hasta esa promesa salió de su alto sentido de
libertad personal, ya que no se aferraba ni a sus propias
ideas, ni a sus necesidades o deseos. Esto era lo que
también le permitía practicar la virtud de la obediencia tan
fácilmente.
Gerardo creía que la voluntad de Dios
venía de sus superiores, y por lo tanto, un simple gesto o
comentario era más que suficiente para que hiciera las
tareas más difíciles.
Dios quiere que vivamos en libertad. El
libre albedrío es, sin duda, el don más grande que Dios le
regaló al ser humano en el momento de nuestra creación. Más
tarde, la muerte y resurrección de Jesucristo nos libró de
la condena que había resultado cuando pecamos usando nuestro
libre albedrío para hacer el mal ¿Qué más pudo hace Dios
por nosotros?
El tipo de simpleza y serenidad descrita
antes –el tipo que San Gerardo vivía- nos lleva a la
verdadera libertad. No son excusas que nos permitan
abandonar nuestras responsabilidades. Pero sí ayudan a que
nuestras vidas no se atesten con cosas inútiles que nos
sobrecargan y nos impidan construir el verdadero Reino de
Dios aquí en la Tierra.
Cada uno de nosotros necesita examinar su
vida de vez en cuando y reflexionar acerca de las cargas que
nos imponemos a nosotros mismos, sin hablar de las cargas
que imponemos a los demás. Si nuestras vidas corren
relativamente con poca complicación, y estamos en paz con la
dirección que llevamos, entonces estamos seguros de que
hemos desarrollado la misma espiritualidad que San Gerardo
vivió. Dios nos bendecirá. Nos sentiremos mucho más libres
de seguir el ejemplo de nuestro amado santo en su amor a
Dios.
Quiero terminar estas líneas
compartiendo contigo una frase de Gerardo y que a mí,
personalmente, me ha ayudado mucho: “Siempre, siempre órele
a Dios por mí y dígale, por bondad se lo pido, que me haga
un santo”.
Órenle a San Gerardo para recibir estas
gracias.
Adaptado de “La
espiritualidad de Gerardo”, por Sabatino Majorano, en San
Gerardo Mayilla: Sus escritos y esptiritualidad, Noel
Londoño, ed., Liguori Publications. Si quiere más
información sobre la obra de
San Gerardo Mayela haga tíquiti sobre su nombre.
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