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Galería
de imágenes
Pedro Hernández
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Imágenes de la
Familia Redentorista |
EL uso de las
imágenes
Entre las
acusaciones de idolatría que se nos hacen a los católicos se menciona el
uso de imágenes. Es una realidad; podemos adorar objetos, cosas,
personas como si fueran Dios. Por ejemplo: una estatua, un cuadro; lo
que es más común entre nosotros, adorar al dinero, la fama, la belleza,
etc. A estos ídolos modernos se les ofrece incluso la sangre de muchos
hermanos por ejemplo, al dios dinero se le ofrece sangre de los pobres
(Mt 6, 24; Col 3,5). Cualquier cosa que sustituya al verdadero Dios de
Jesucristo, en nuestro corazón, es una idolatría; por tanto, un pecado
muy grave.
Antiguamente
muchos pueblos del mundo crían que una estatua de un dios era el dios
mismo, y se adoraba. Incluso se le sacrificaban los hijos frente a la
estatua (véase Lv 18, 21 y Ez 16, 21). Al pueblo judío también le
gustaba hacer estatuas para adorarlos (véase Ex 32, 1-6). Ellos, viendo
como otros pueblos tenían sus estatuas como dioses, también querían
tener dioses que pudieran ver y adorar. Yahvé no se puede ver. Por eso
Dios prohíbe el uso de las imágenes en el Antiguo Testamento (véase Ex
20, 3-6; Dt 5, 7-10; Os 12,1-3; Jer 10, 1-16, Sal 135 (134), 5-18; Sab,
10-19).
¿Quiere decir
esto que es verdad que somos idólatras los católicos que tenemos
imágenes? No, en el mismo Antiguo Testamento Dios manda a hacer imágenes
(véase Ex 25, 18-25; 1R 7, 24-29; Num 21, 4-9 y 1R 6,23-29). ¿Es que
Dios se volvió loco? Unas veces prohíbe imágenes y otras manda hacerlas.
Dios mandó hacer estas imágenes porque sabe que los seres humanos
necesitamos ayudas para reconocerlo a él. Estas imágenes no desviaban al
pueblo del culto a Dios verdadero, al Dios que los había librado de la
opresión en Egipto. Dios condenó la fabricación de imágenes cuando
éstas lo sustituían. La ley era clara: no construir imágenes. Con esto
se enfatizaba el primer mandamiento: amar a Dios con todo el corazón.
Una imagen que no llevara a esto era condenable. Tenemos que recordar
también que en nuestra fe lo importante es el espíritu de la ley, no la
letra de la ley (2 Cor 3,6). No podemos ser como los fariseos. Ellos
seguían la ley a la letra, pero se olvidaban del espíritu de la misma.
Una misma imagen, un cuadro, una estatua puede ayudarnos a elevarnos a
Dios, siempre y cuando no lo sustituyan.
¿Quién no
tiene un retrato de un ser querido? ¿Alguien creerá que ese retrato es
el ser querido? ¡Claro que no! El retrato nos ayuda a acordarnos de la
persona querida. ¡Y quien más querido que Dios! A veces besamos el
retrato de nuestra madre que está lejos o que ya ha fallecido, incluso
le hablamos. ¿Es que creemos que el retrato es nuestra madre? Por
supuesto que no. El retrato nos recuerda a nuestra madre. La representa
a ella. Así mismo son las imágenes religiosas. Nos ayudan a recordar a
Jesús, a su madre y a los amigos de Jesús: los santos. Los primeros
cristianos en las catacumbas dibujaban imágenes religiosas de Jesús,
pasajes de la Biblia, etc. y sabemos que no las adoraban.
Lo importante
es tener claro que una imagen religiosa es sólo una ayuda para llevarnos
a Dios que es el fin de todo. Si la imagen sustituye a Dios es
ciertamente idolatría. Al igual que cualquier otra cosa: el dinero, una
persona amada, el prestigio, la ambición, el egoísmo, la política, etc.
pueden convertirse en ídolos. De estas idolatrías es de las que tenemos
que cuidarnos más, porque son más comunes y peligrosas.
Un ejemplo de
la Biblia habla claro de esta enseñanza de Dios: cuando el pueblo de
Dios andaba por el desierto saliendo de la esclavitud de Egipto, habló
el pueblo contra Dios y contra Moisés por haberlos sacado de Egipto.
Entonces aparecieron unas serpientes que con sus mordidas mataron a
muchos. Clama el pueblo a Dios y él mismo ordena a Moisés que construya
una serpiente de bronce y la pusiera en un estandarte. Todo el que
miraba la serpiente de bronce quedaba curado, es lo que hoy llamaríamos
una imagen milagrosa. El pueblo de Dios sabía bien que no era la
serpiente que curaba sino Dios (Sab 16, 5-7). La serpiente era un
símbolo, un medio de Dios para ayudar la fe de la gente. Todo esto se
encuentra en el libro de los Números 21, 4-9, pero no se queda ahí la
historia. Después de mucho tiempo los descendientes de esa gente
comenzaron a dar culto a la serpiente de bronce como si fuera Dios
(véase 2R 18, 1-4); fue destruida por eso.
Esta historia
nos enseña cual es la voluntad de Dios. Lo importante es el mandamiento
mayor: “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno
mismo” (Mt 22, 34-40). Cualquier cosa que nos ayuda a realizar este gran
mandamiento, es bueno. Todo lo que nos desvie de este mandamiento, es
idolatría. Por eso San Agustín dijo: “ama y haz lo que quieras”. Lo
fundamental es el gran mandamiento de amor (Rom 13, 8-10).
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