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EL uso de las imágenes

Entre las acusaciones de idolatría que se nos hacen a los católicos se menciona el uso de imágenes. Es una realidad; podemos adorar objetos, cosas, personas como si fueran Dios. Por ejemplo: una estatua, un cuadro; lo que es más común entre nosotros, adorar al dinero, la fama, la belleza, etc. A estos ídolos modernos se les ofrece incluso la sangre de muchos hermanos por ejemplo, al dios dinero se le ofrece sangre de los pobres (Mt 6, 24; Col 3,5). Cualquier cosa que sustituya al verdadero Dios de Jesucristo, en nuestro corazón, es una idolatría; por tanto, un pecado muy grave.

Antiguamente muchos pueblos del mundo crían que una estatua de un dios era el dios mismo, y se adoraba. Incluso se le sacrificaban los hijos frente a la estatua (véase Lv 18, 21 y Ez 16, 21). Al pueblo judío también le gustaba hacer estatuas para adorarlos (véase Ex 32, 1-6). Ellos, viendo como otros pueblos tenían sus estatuas como dioses, también querían tener dioses que pudieran ver y adorar. Yahvé no se puede ver. Por eso Dios prohíbe el uso de las imágenes en el Antiguo Testamento (véase Ex 20, 3-6; Dt 5, 7-10; Os 12,1-3; Jer 10, 1-16, Sal 135 (134), 5-18; Sab, 10-19).

¿Quiere decir esto que es verdad que somos idólatras los católicos que tenemos imágenes? No, en el mismo Antiguo Testamento Dios manda a hacer imágenes (véase Ex 25, 18-25; 1R 7, 24-29; Num 21, 4-9 y 1R 6,23-29). ¿Es que Dios se volvió loco? Unas veces prohíbe imágenes y otras manda hacerlas. Dios mandó hacer  estas imágenes porque sabe que los seres humanos necesitamos ayudas para reconocerlo a él. Estas imágenes no desviaban al pueblo del culto a Dios verdadero, al Dios que los había librado de la opresión  en Egipto. Dios condenó la fabricación de imágenes cuando éstas lo sustituían. La ley era clara: no construir imágenes. Con esto se enfatizaba el primer mandamiento: amar a Dios con todo el corazón. Una imagen que no llevara a esto era condenable. Tenemos que recordar también que en nuestra fe lo importante es el espíritu de la ley, no la letra de la ley (2 Cor 3,6). No podemos ser como los fariseos. Ellos seguían la ley a la letra, pero se olvidaban del espíritu de la misma. Una misma imagen, un cuadro, una estatua puede ayudarnos a elevarnos a Dios, siempre y cuando no lo sustituyan.

¿Quién no tiene un retrato de un ser querido? ¿Alguien creerá que ese retrato es el ser querido? ¡Claro que no! El retrato nos ayuda a acordarnos de la persona querida. ¡Y quien más querido que Dios! A veces besamos el retrato de nuestra madre que está lejos o que ya ha fallecido, incluso le hablamos. ¿Es que creemos que el retrato es nuestra madre?  Por supuesto que no. El retrato nos recuerda a nuestra madre. La representa a ella. Así mismo son las imágenes religiosas. Nos ayudan a recordar a Jesús, a su madre y a los amigos de Jesús: los santos. Los primeros cristianos en las catacumbas dibujaban imágenes religiosas de Jesús, pasajes de la Biblia, etc. y sabemos que no las adoraban.

Lo importante es tener claro que una imagen religiosa es sólo una ayuda para llevarnos a Dios que es el fin de todo. Si la imagen sustituye a Dios es ciertamente idolatría. Al igual que cualquier otra cosa: el dinero, una persona amada, el prestigio, la ambición, el egoísmo, la política, etc. pueden  convertirse en ídolos. De estas idolatrías es de las que tenemos que cuidarnos más, porque son más comunes y peligrosas.

Un ejemplo de la Biblia habla claro de esta enseñanza de Dios: cuando el pueblo de Dios andaba por el desierto saliendo de la esclavitud de Egipto, habló el pueblo contra Dios y contra Moisés por haberlos sacado de Egipto. Entonces aparecieron unas serpientes que con sus mordidas mataron a muchos. Clama el pueblo a Dios y él mismo ordena a Moisés que construya una serpiente de bronce y la pusiera en un estandarte. Todo el que miraba la serpiente de bronce quedaba curado, es lo que hoy llamaríamos una imagen milagrosa. El pueblo de Dios sabía bien que no era la serpiente que curaba sino Dios (Sab 16, 5-7). La serpiente era un símbolo, un medio de Dios para ayudar la fe de la gente. Todo esto se encuentra en el libro de los Números 21, 4-9, pero no se queda ahí la historia. Después de mucho tiempo los descendientes de esa gente comenzaron a dar culto a la serpiente de bronce como si fuera Dios (véase 2R 18, 1-4); fue destruida por eso.

Esta historia nos enseña cual es la voluntad de Dios. Lo importante es el mandamiento mayor: “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo” (Mt 22, 34-40). Cualquier cosa que nos ayuda a realizar este gran mandamiento, es bueno. Todo lo que nos desvie de este mandamiento, es idolatría. Por eso San Agustín dijo: “ama y haz lo que quieras”. Lo fundamental es el gran mandamiento de amor (Rom 13, 8-10).

 

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Fecha de la última actualización: 11/12/2006 10:13:25 a.m.