ENTRADA:
Los
Misioneros Redentoristas fueron fundados en 1732, por
San
Alfonso María de Ligorio en un pueblecito pequeño en el sur de Italia
llamado Scala. Bajo el amparo del mismo Redentor, hoy, aquel pequeño
grupo de misioneros se ha convertido en una comunidad mundial con más de
5,000 miembros. Esta comunidad misionera que ha heredado la
espiritualidad y el celo de su fundador celebra su fiesta titular del
Santísimo Redentor. Nosotros como comunidad parroquial celebramos con
ellos el significado profundo del lema de la congregación: “En El
hay abundante Redención”. El evangelio de salvación que anuncian
los Redentoristas por medio del trato cercano y cariñoso con la gente,
hace visible el llamado de Dios mismo a todos los hombres y mujeres a
una vida nueva por medio de la conversión. No es un Dios temible y
castigador el que los redentoristas anuncian sino, un Dios que ha
multiplicado los esfuerzos para darnos a conocer su amor y que
finalmente “nos ha enviado su único hijo”. No para condenar el mundo,
sino para que el mundo se SALVE por El. Pongámonos de pie para
comenzar la celebración de estos misterios que nos dan vida.
MONICIÓN PRIMERA
LECTURA: Isaías 55, 3-5
En nuestra
primera lectura, el profeta Isaías está predicándole al pueblo de
Israel que vive la última etapa de su destierro. El le anuncia a Israel
una esperanza renovada y la misión universal que le aguarda a su regreso
a la tierra prometida. Esa profecía recibe pleno cumplimiento en Jesús
el redentor. Jesús ungido por el Espíritu Santo, lleva a la humanidad
entera por el camino de una nueva vida en el reino de su Padre. Los
Misioneros Redentoristas son los continuadores de esa misión de Cristo
y por eso se afanan por llamar a las hombres y mujeres a cambiar sus
corazones, y abrazarse a Dios en una nueva alianza de vida y amor, y a
vivir y dar testimonio de esa vida en comunidad. Escuchemos.
MONICIÓN SEGUNDA: Romanos 5, 12-19
La Carta de
San Pablo a los Romanos da testimonio de la buena noticia de que en
Cristo la humanidad posee una nueva identidad y vocación. Según Pablo,
somos hijos renacidos y rescatados de la muerte y el pecado. El pecado
de la humanidad simbolizado en ADÁN, es reparado y sanado por la entrega
de CRISTO, el nuevo Adán. El destino de los seres humanos en adelante
no es la muerte eterna sino la vida eterna. Este maravilloso regalo
se dio porque Jesús, siendo inocente, tomó sobre sus hombros toda
nuestra culpa para que nosotros pudiéramos renacer y ser hombres y
mujeres nuevos. Dios, en la persona de su Hijo es el que toma la
iniciativa para que nosotros, perdidos y muertos por el pecado seamos
perdonados y podamos heredar el reino de la luz y la vida.
MONICIÓN AL EVANGELIO:
Juan 3, 13-18.21
Nicodemo no
puede comprender la obra maravillosa que Dios se disponía hacer a través
de su Hijo, Jesús. Era Dios mismo quien le ofrecía a la humanidad una
oportunidad de renacer a una vida libre de las heridas y las ataduras
del pecado. Siguiendo el ejemplo de Cristo, los redentoristas continúan
y extienden aquello que es lo más importante de la redención, la
salvación de los que están perdidos. Como Cristo que vino a los pobres,
los pecadores, y los desprotegidos, así mismo, los redentoristas son
enviados a anunciar el amor grande de Dios a los más abandonados, los
más débiles y los más pecadores de nuestros tiempos. El anuncio de la
buena noticia acompañado con las obras de justicia y reconciliación,
renueva desde dentro a los individuos y a los pueblos y produce en la
humanidad el segundo nacimiento que Jesús le anunció a Nicodemo.
ORACIÓN
UNIVERSAL:
1.
El Salvador del mundo vino a proclamar la dicha a los pobres, el
consuelo a los humildes y la reconciliación a los enemigos, pidamos que
todos los Misioneros Redentoristas, a imitación de Jesús , puedan ser
signos de esperanza y vida para nuestro pueblo, roguemos al Señor.
2.
Cristo, esperanza nuestra que destruiste la muerte e iluminaste
la vida, concédenos que, contra toda esperanza, mantengamos nuestra
esperanza en ti, roguemos al Señor.
3.
Señor Jesús, Tú que fuiste enviado por el Padre para rescatar a
los que estaban sometidos a la ley del pecado y la muerte y para que
recibieran la adopción de hijos, concédenos que sepamos dar nuestra vida
por nuestros hermanos, roguemos al Señor.
4.
Por la comunidad de misioneros Redentoristas que viven aquí entre
nosotros para que su vida sea de esperanza alegre, de ardiente amor, y
de entrega celosa a la evangelización y servicio de los más pobres,
roguemos al Señor.