Isaías
55, 3-5: La primera lectura de hoy es un brevísimo texto del segundo
libro de Isaías (39-55), escrito para dar consuelo y esperanza a un
grupo de desterrados que había sido llevado a Babilonia (587). Podemos
imaginarnos el dolor y la desesperanza de este grupo de judíos. Su
tierra (Judá) había sido invadida y destruida por el Imperio opresor del
momento, Babilonia. Los sobrevivientes, que no habían quedado mutilados,
fueron llevados como mano de obra barata a la metrópoli del Imperio.
Era lo que Babilonia necesitaba y ella estaba dispuesta a invadir, matar
y destruir con tal de conseguir sus intereses egoístas. El gran Templo,
construido por Salomón, había sido la esperanza del pueblo, pero ahora
estaba destruido. Y peor aún, el grupo de desterrados no podía
practicar su religión libremente. Fueron días difíciles. El autor del
segundo Isaías intenta comunicar esperanza y consuelo al sufrido pueblo
en un momento de crisis.
Una vez en el exilio, la
gran tentación del grupo de judíos fue ir tras los valores de la nación
más poderosa del mundo en aquel momento. La tentación también fue
confiar en el poderío y las riquezas de Babilonia y olvidar a Dios. Fue
ante esta tentación que uno de los judíos exiliados más fieles escribió
una canción (Salmo 138) que sería asumida por los poquitos que querían
mantenerse fieles a las promesas de Yahvé. Este pequeño grupo se
aprendió de memoria el estribillo de aquella canción: “¡Que se me pegue
la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti, Jerusalén! ¡Qué se me
paralice la mano derecha, si Tú, mi Dios no eres el centro de mi vida!”
El texto que hoy hemos
proclamado como primera lectura consiste de 3 breves versículos del
capítulo 55 de Isaías. El autor bíblico le comunica a los desterrados
cuál es el deseo de Dios: “Escúchenme”; “presten oídos”; “vengan a mí”;
“escúchenme”—“y vivirán”. Mientras otros les decían a los desterrados
que todo lo que tenían que hacer para vivir bien era escuchar y obedecer
a los Babilonios y olvidar su pasado, Dios, a través del profeta, le
dice todo lo contrario. La lectura termina con un consejo de mucha
sabiduría de parte del profeta: “Busquen al Señor, ahora que lo
pueden encontrar; invóquenlo ahora que está cerca.” O sea, mañana
puede ser tarde.
La condición para tener
VIDA y Vida Abundante, la condición para asegurar la FELICIDAD es
escuchar a Dios y actuar según su voluntad. Muchos ayer y hoy nos
intentan engañar, haciéndonos pensar que la felicidad e incluso la misma
salvación se consigue con el dinero. Desgraciadamente la TV, la radio,
los medios de comunicación invierten millones y millones de dólares para
vender los productos de la ideología capitalista y neoliberal que nos
oprimen. Tan grande es la propaganda a favor de las cosas materiales que
el mensaje de Cristo no se da a conocer. La propaganda a favor de la
coca cola y las hamburguesas, por ejemplo, ha llegado a lugares donde
todavía no se conoce a Cristo.
ESCUCHAR a Dios significa
estar atentos a todo lo que El nos quiera exigir. Escuchar en la Biblia
significa acoger, obedecer, responder con docilidad. El que escucha pone
atención porque quiere discernir aquello que Dios le dice. El texto
bíblico está muy claro: si escuchamos, viviremos; el que no escucha
muere. PERO hoy no sabemos escuchar y si escuchamos, escuchamos sin
ningún discernimiento. Además hay mucha gente terca cuya arrogancia no
le permite ver más allá de sus narices. Escuchamos aquello que nos da la
gana o escuchamos sólo a las personas que piensan como yo. Si el otro es
diferente a mí o piensa contrario a mí, a ese NO le escuchamos –aunque
Dios me quiera comunicar alguna cosa a través de él o ella.
Tampoco escuchamos lo que
la Madre Tierra nos quiere decir cuando ella es agredida y violada por
aquellos a quienes solo te interesan la ganancia y el lucro. Tampoco
escuchamos lo que Dios nos quiere comunicar a través de los
acontecimientos y las situaciones de pecado que hoy vivimos. Preferimos
decir o pensar que Dios no se mete en esas cosas. Claro, eso le conviene
a los inescrupulosos y a los deshonestos. La familia, la sociedad y el
mundo se van deteriorando mientras que los que decimos creer en el
Redentor nos quedamos con los brazos cruzados.
“Presten oídos, vengan a
mí; escúchenme y vivirán” –nos dice la primera lectura. Para tener vida
abundante, para tener la misma vida de Dios, es necesario centrar
nuestra atención y fijar nuestra mirada en el Redentor. Cristo Redentor
se nos hace cercano, nos sale al encuentro porque El quiere que todos y
todas tengamos vida y vida abundante. Dios quiere que todos seamos
felices. Y esa felicidad que viene de Dios no se compra. Es una
felicidad que supera toda otra felicidad –y se nos da gratuitamente.
El apóstol Pablo nos dice
que la redención es un derroche de la gracia de Dios sobre toda la
humanidad. Jesús Redentor nos ha conquistado una salvación gratuita, que
nosotros jamás merecíamos. No hay nada que podamos hacer para merecer la
salvación. Se nos da de gratis –aunque todavía hay mucha gente que
piensa que son sus actos de piedad, sus ofrendas y su esfuerzo personal
lo que hacen la salvación posible.
Juan
3, 13-18.21: El mensaje del evangelio de hoy es sencillo y profundo a la
vez. La muerte vil de Jesús fue una acción cruel de una sociedad que
quería construir su felicidad a expensas de otros; de espaldas a Dios.
Pero Dios nos amó tanto –a ti y a mí –que El permitió que su Hijo Único
sufriera una muerte en cruz para que nosotros tuviéramos vida para
siempre, pero vida abundante, felicidad plena.
Jesús asumió su pasión,
su cruz y su muerte “para que no perezca ninguno de los que creen en El,
sino que tengan Vida Eterna.” El evangelio insiste en que “Dios no mandó
a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por El.
Todo el que cree en El, no será condenado.” ¡Qué mensaje esperanzador!
Dios no es como solemos
pensar: alguien que está trepado en una nube espiándonos, esperando que
metamos la pata para tirarnos al infierno. El Dios de Jesucristo NO
lleva una lista de cada pecado que cometemos. Al contrario, prefiere ni
pensar mucho en nuestros pecados. El quiere nuestra salvación y nos
ofrece esa salvación a través de su Hijo de una manera gratuita. El nos
llama, nos invita, nos acoge, camina con nosotros para que respondamos a
su amor.
“El que cree en El, no
será condenado.” ¿Qué significa CREER en el Redentor? Creer en Jesús no
significa meramente celebrar actos piadosos (misas, rosarios y
penitencias); ni llevar con nosotros alguna imagen religiosa. Podríamos
hacer todo eso y todavía no creer en Jesús Redentor. CREER EN JESUS
REDENTOR significa estar en comunión con la vida, con el pensamiento y
el mensaje de Jesús. Creer en el Redentor es vivir hoy en P. R. a la
manera de Jesús: pensando… escuchando…. sintiendo y actuando a la
manera de Jesús.
¿En quién creemos?: ¿De qué hablamos? ¿A qué le dedicamos la mayor parte
de nuestro tiempo? ¿En qué invertimos nuestros talentos? ¿A quién
apostamos? Dios siempre ha creído en nosotros. Por eso envió a Su Único
Hijo. Qué esta fiesta del Santísimo Redentor, fiesta Titular de los
misioneros redentoristas, nos ayude a todos a renovar nuestra fe y
confianza en el Redentor.