Los
Misioneros Redentoristas fueron fundados hace 271 años, en 1732, por San
Alfonso María de Ligorio en un pueblecito pequeño en el sur de Italia
llamado Scala. Bajo el amparo del mismo Redentor, hoy, aquel pequeño
grupo de misioneros se ha convertido en una comunidad mundial con más de
5,000 miembros. Esta comunidad misionera que ha heredado la
espiritualidad y el celo de su fundador celebra su fiesta titular del
Santísimo Redentor. Nosotros como comunidad parroquial celebramos con
ellos el significado profundo del lema de la congregación: “En El
hay abundante Redención”.
El icono original está en el altar mayor de la Iglesia de San
Alfonso, muy cerca de la Basílica de Santa María la Mayor en
Roma.
El icono de la Virgen, pintado sobre madera, de 21 por 17
pulgadas, muestra a la Madre con el Niño Jesús. El Niño
observa a dos ángeles que le muestran los instrumentos de su
futura pasión. Se agarra fuerte con las dos manos de su Madre
Santísima quien lo sostiene en sus brazos. El cuadro nos
recuerda la maternidad divina de la Virgen y su cuidado por
Jesús desde su concepción hasta su muerte. Hoy la Virgen cuida
de todos sus hijos que a ella acuden con plena confianza.
Historia
En el siglo XV un comerciante acaudalado de la isla de Creta
(en el Mar Mediterráneo) tenía la bella pintura de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro. Era un hombre muy piadoso y
devoto de la Virgen María. Cómo habrá llegado a sus manos
dicha pintura, no se sabe. ¿Se le habría confiado por razones
de seguridad, para protegerla de los sarracenos? Lo cierto es
que el mercader estaba resuelto a impedir que el cuadro de la
Virgen se destruyera como tantos otros que ya habían corrido
con esa suerte.
Por protección, el mercader decidió llevar la pintura a
Italia. Empacó sus pertenencias, arregló su negocio y abordó
un navío dirigiéndose a Roma. En ruta se desató una violenta
tormenta y todos a bordo esperaban lo peor. El comerciante
tomó el cuadro de Nuestra Señora, lo sostuvo en lo alto, y
pidió socorro. La Santísima Virgen respondió a su oración con
un milagro. El mar se calmó y la embarcación llegó a salvo al
puerto de Roma.
Cae la pintura en manos de una familia
Tenía el mercader un amigo muy querido en la ciudad de Roma
así que decidió pasar un rato con él antes de seguir adelante.
Con gran alegría le mostró el cuadro y le dijo que algún día
el mundo entero le rendiría homenaje a Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro.
Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad. Al
sentir que sus días estaban contados, llamó a su amigo a su
lecho y le rogó que le prometiera que, después de su muerte,
colocaría la pintura de la Virgen en una iglesia digna o
ilustre para que fuera venerada públicamente. El amigo accedió
a la promesa pero no la llegó a cumplir por complacer a su
esposa que se había encariñado con la imagen.
Pero la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma
para que fuese propiedad de una familia sino para que fuera
venerada por todo el mundo, tal y como había profetizado el
mercader. Nuestra Señora se le apareció al hombre en tres
ocasiones, diciéndole que debía poner la pintura en una
iglesia, de lo contrario, algo terrible sucedería. El hombre
discutió con su esposa para cumplir con la Virgen, pero ella
se le burló, diciéndole que era un visionario. El hombre temió
disgustar a su esposa, por lo que las cosas quedaron igual.
Nuestra Señora, por fin, se le volvió a aparecer y le dijo que,
para que su pintura saliera de esa casa, él tendría que irse
primero. De repente el hombre se puso gravemente enfermo y en
pocos días murió. La esposa estaba muy apegada a la pintura y
trató de convencerse a sí misma de que estaría más protegida
en su propia casa. Así, día a día, fue aplazando el deshacerse
de la imagen. Un día, su hijita de seis años vino hacia ella
apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente
Señora se le había aparecido mientras estaba mirando la
pintura. La Señora le había dicho que le dijera a su madre y a
su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser
puesta en una iglesia; y, que si no, todos los de la casa
morirían.
La mamá de la niñita estaba espantada y prometió obedecer a la
Señora. Una amiga, que vivía cerca, oyó lo de la aparición.
Fue entonces a ver a la señora y ridiculizó todo lo ocurrido.
Trató de persuadir a su amiga de que se quedara con el cuadro,
diciéndole que si fuera ella, no haría caso de sueños y
visiones. Apenas había terminado de hablar, cuando comenzó a
sentir unos dolores tan terribles, que creyó que se iba a
morir. Llena de dolor, comenzó a invocar a Nuestra Señora para
que la perdonara y la ayudara. La Virgen escuchó su oración.
La vecina tocó la pintura, con corazón contrito, y fue sanada
instantáneamente. Entonces procedió a suplicarle a la viuda
para que obedeciera a Nuestra Señora de una vez por todas.
Accede la viuda a entregar la pintura
Se encontraba la viuda preguntándose en qué iglesia debería
poner la pintura, cuando el cielo mismo le respondió. Volvió a
aparecérsele la Virgen a la niña y le dijo que le dijera a su
madre que quería que la pintura fuera colocada en la iglesia
que queda entre la basílica de Sta. María la Mayor y la de S.
Juan de Letrán. Esa iglesia era la de S. Mateo, el Apóstol.
La señora se apresuró a entrevistarse con el superior de los
Agustinos quienes eran los encargados de la iglesia. Ella le
informó acerca de todas las circunstancias relacionadas con el
cuadro. La pintura fue llevada a la iglesia en procesión
solemne el 27 de marzo de 1499. En el camino de la residencia
de la viuda hacia la iglesia, un hombre tocó la pintura y le
fue devuelto el uso de un brazo que tenía paralizado. Colgaron
la pintura sobre el altar mayor de la iglesia, en donde
permaneció casi trescientos años. Amado y venerado por todos
los de Roma como una pintura verdaderamente milagrosa, sirvió
como medio de incontables milagros, curaciones y gracias.
En 1798, Napoleón y su ejército francés tomaron la ciudad de
Roma. Sus atropellos fueron incontables y su soberbia,
satánica. Exilió al Papa Pío VII y, con el pretexto de
fortalecer las defensas de Roma, destruyó treinta iglesias,
entre ellas la de San Mateo, la cual quedó completamente
arrasada. Junto con la iglesia, se perdieron muchas reliquias
y estatuas venerables. Uno de los Padres Agustinos, justo a
tiempo, había logrado llevarse secretamente el cuadro.
Cuando el Papa, que había sido prisionero de Napoleón, regresó
a Roma, le dio a los agustinos el monasterio de S. Eusebio y
después la casa y la iglesia de Sta. María en Posterula. Una
pintura famosa de Nuestra Señora de la Gracia estaba ya
colocada en dicha iglesia por lo que la pintura milagrosa de
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue puesta en la capilla
privada de los Padres Agustinos, en Posterula. Allí permaneció
sesenta y cuatro años, casi olvidada.
Hallazgo de un sacerdote Redentorista
Mientras tanto, a instancias del Papa, el Superior General de
los Redentoristas, estableció su sede principal en Roma donde
construyeron un monasterio y la iglesia de San Alfonso. Uno de
los Padres, el historiador de la casa, realizó un estudio
acerca del sector de Roma en que vivían. En sus
investigaciones, se encontró con múltiples referencias a la
vieja Iglesia de San Mateo y a la pintura milagrosa de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro.
Un día decidió contarle a sus hermanos sacerdotes sobre sus
investigaciones: La iglesia actual de San Alfonso estaba
construida sobre las ruinas de la de San Mateo en la que,
durante siglos, había sido venerada, públicamente, una pintura
milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Entre los
que escuchaban, se encontraba el Padre Michael Marchi, el cual
se acordaba de haber servido muchas veces en la Misa de la
capilla de los Agustinos de Posterula cuando era niño. Ahí en
la capilla, había visto la pintura milagrosa. Un viejo hermano
lego que había vivido en San Mateo, y a quien había visitado a
menudo, le había contado muchas veces relatos acerca de los
milagros de Nuestra Señora y solía añadir: "Ten presente,
Michael, que Nuestra Señora de San Mateo es la de la capilla
privada. No lo olvides". El Padre Michael les relató todo lo
que había oído de aquel hermano lego.
Por medio de este incidente los Redentoristas supieron de la
existencia de la pintura, no obstante, ignoraban su historia y
el deseo expreso de la Virgen de ser honrada públicamente en
la iglesia.
Ese mismo año, a través del sermón inspirado de un jesuita
acerca de la antigua pintura de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, conocieron los Redentoristas la historia de la
pintura y del deseo de la Virgen de que esta imagen suya fuera
venerada entre la Iglesia de Sta. María la Mayor y la de S.
Juan de Letrán. El santo Jesuita había lamentado el hecho de
que el cuadro, que había sido tan famoso por milagros y
curaciones, hubiera desaparecido sin revelar ninguna señal
sobrenatural durante los últimos sesenta años. A él le pareció
que se debía a que ya no estaba expuesto públicamente para ser
venerado por los fieles. Les imploró a sus oyentes que, si
alguno sabía dónde se hallaba la pintura, le informaran dueño
lo que deseaba la Virgen.
Los Padres Redentoristas soñaban con ver que el milagroso
cuadro fuera nuevamente expuesto a la veneración pública y que,
de ser posible, sucediera en su propia Iglesia de San Alfonso.
Así que instaron a su Superior General para que tratara de
conseguir el famoso cuadro para su Iglesia. Después de un
tiempo de reflexión, decidió solicitarle la pintura al Santo
Padre, el Papa Pío IX. Le narró la historia de la milagrosa
imagen y sometió su petición.
El Santo Padre escuchó con atención. Él amaba dulcemente a la
Santísima Virgen y le alegraba que fuera honrada. Sacó su
pluma y escribió su deseo de que el cuadro milagroso de
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera devuelto a la
Iglesia entre Sta. María la Mayor y S. Juan de Letrán. También
encargó a los Redentoristas de que hicieran que Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro fuera conocida en todas partes.
Aparece y se venera, por fin, el cuadro de Nuestra Señora
Ninguno de los Agustinos de ese tiempo había conocido la
Iglesia de San Mateo. Una vez que supieron la historia y el
deseo del Santo Padre, gustosos complacieron a Nuestra Señora.
Habían sido sus custodios y ahora se la devolverían al mundo
bajo la tutela de otros custodios. Todo había sido planeado
por la Divina Providencia en una forma verdaderamente
extraordinaria.
A petición del Santo Padre, los Redentoristas obsequiaron a
los Agustinos una linda pintura que serviría para reemplazar a
la milagrosa.
La imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue llevado
en procesión solemne a lo largo de las vistosas y alegres
calles de Roma antes de ser colocado sobre el altar,
construido especialmente para su veneración en la Iglesia de
San Alfonso. La dicha del pueblo romano era evidente. El
entusiasmo de las veinte mil personas que se agolparon en las
calles llenas de flores para la procesión dio testimonio de la
profunda devoción hacia la Madre de Dios
A toda hora del día, se podía ver un número de personas de
toda clase delante de la pintura, implorándole a Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro que escuchara sus oraciones y que
les alcanzara misericordia. Se reportaron diariamente muchos
milagros y gracias.
Hoy en día, la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
se ha difundido por todo el mundo. Se han construido iglesias
y santuarios en su honor, y se han establecido archicofradías.
Su retrato es conocido y amado en todas partes.
Signos de la imagen de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro
(conocida en el Oriente bizantino como el icono de la Madre de
Dios de la Pasión)
Aunque su origen es incierto, se estima que el retrato fue
pintado durante el decimotercero o decimocuarto siglo. El
icono parece ser copia de una famosa pintura de Nuestra Señora
que fuera, según la tradición, pintada por el mismo San Lucas.
La original se veneraba en Constantinopla por siglos como una
pintura milagrosa pero fue destruida en 1453 por los Turcos
cuando capturaron la ciudad.
Fue pintado en un estilo plano característico de iconos y
tiene una calidad primitiva. Todas las letras son griegas. Las
iniciales al lado de la corona de la Madre la identifican como
la “Madre de Dios”. Las iniciales al lado del Niño “ICXC”
significan “Jesucristo”. Las letras griegas en la aureola del
Niño: owu significan “El que es”, mientras las tres estrellas
sobre la cabeza y los hombros de María santísima indican su
virginidad antes del parto, en el parto y después del parto.
Las letras más pequeñas identifican al ángel a la izquierda
como “San Miguel Arcángel”; el arcángel sostiene la lanza y la
caña con la esponja empapada de vinagre, instrumentos de la
pasión de Cristo. El ángel a la derecha es identificado como
“San Gabriel Arcángel”, sostiene la cruz y los clavos. Nótese
que los ángeles no tocan los instrumentos de la pasión con las
manos, sino con el paño que los cubre.
Cuando este retrato fue pintado, no era común pintar aureolas.
Por esta razón el artista redondeó la cabeza y el velo de la
Madre para indicar su santidad. Las halos y coronas doradas
fueron añadidas mucho después. El fondo dorado, símbolo de la
luz eterna da realce a los colores más bien vivos de las
vestiduras. Para la Virgen el maforion (velo-manto) es de
color púrpura, signo de la divinidad a la que ella se ha unido
excepcionalmente, mientras que el traje es azul, indicación de
su humanidad. En este retrato la Madona está fuera de
proporción con el tamaño de su Hijo porque es -María- a quien
el artista quiso enfatizar.
Los encantos del retrato son muchos, desde la ingenuidad del
artista, quien quiso asegurarse que la identidad de cada uno
de los sujetos se conociera, hasta la sandalia que cuelga del
pie del Niño. El Niño divino, siempre con esa expresión de
madurez que conviene a un Dios eterno en su pequeño rostro,
está vestido como solían hacerlo en la antigüedad los nobles y
filósofos: túnica ceñida por un cinturón y manto echado al
hombro. El pequeño Jesús tiene en el rostro una expresión de
temor y con las dos manitas aprieta la derecha de su Madre,
que mira ante sí con actitud recogida y pensativa, como si
estuviera recordando en su corazón la dolorosa profecía que le
hiciera Simeón, el misterioso plan de la redención, cuyo
siervo sufriente ya había presentado Isaías.
En su doble denominación, esta bella imagen de la Virgen nos
recuerda el centralismo salvífico de la pasión de Cristo y de
María y al mismo tiempo la socorredora bondad de la Madre de
Dios y nuestra.
Losredentoristasnos
encontramos en medio de un proceso vigoroso de buscar una
respuesta creativa a la generación postmoderna y de la urgente
necesidad de responder a las inquietudes, confusiones y
criterios de la gente que caracteriza esta época. No obstante,
todas las adaptaciones que sean necesarias para losredentoristassiempre
será la primera prioridad que los pobres reciban las primeras y
mejores atenciones.
Si cualquier joven entre los 16-24 años de edad está interesado
en tener más información sobre la vocación redentorista puede
llamar al Padre Henry Beauchamp, C.Ss.R. al teléfono: ( 787)
864-4100. También enviando un correo-e: hbeau@hotmail.com
en Puerto Rico. Y Padre Esteban De la Rosa, C.Ss.R. (929)
343-2862. Correo-e:
cocolocssr@yahoo.com en República Dominicana.
Somos los Misioneros Redentoristas, fundando
por san Alfonso
María de Ligorio, en Scala, Italia, en el año 1732. Hemos sido enviados, como Jescristo, para llevar la Buena
Noticia a los Pobres.
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hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
Fecha de la Última
actualización:
25/06/2011 03:25:21 p.m.
"En nuestro siglo, tan influeciado
por los medios de comunicación social, el primero anuncio, la catequesis
o el ulterior ahondamiento de la fe, no puede prescindir de estos
meios".