Los
Misioneros Redentoristas fueron
fundados hace 271 años, en 1732, por San
Alfonso María de Ligorio en un pueblecito pequeño en el sur de Italia
llamado Scala. Bajo el amparo del mismo Redentor, hoy, aquel pequeño
grupo de misioneros se ha convertido en una comunidad mundial con más de
5,000 miembros. Esta comunidad misionera que ha heredado la
espiritualidad y el celo de su fundador celebra su fiesta titular del
Santísimo Redentor. Nosotros como comunidad parroquial celebramos con
ellos el significado profundo del lema de la congregación: “En El
hay abundante Redención”.
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Monición de
entrada:
Buenos días (tardes,
noches), hermanos y hermanas. Hay nombres que, de tanto
repetirlos, no nos detenemos a pensar qué significan.
Pudiera sucedernos con el nombre que damos a la Santísima Virgen
María, Madre el Perpetuo Socorro. Hoy, cuando la honramos como
patrona y protectora de la Congregación Redentorista, seamos
conscientes de que María es Madre del auxilio constante, Madre de la ayuda continua, Madre de cuidados sin
límites. Hoy, cuando nos reunimos para honrar a nuestra Madre de
refugio sin fin, dirijamos la mirada a su imagen y, a imitación del niño
que lleva en brazos, sujetemos confiados la mano de María. Así,
agarrados, andaremos seguros. Recibamos al celebrante poniéndonos de
pie y cantando con entusiasmo.
Monición a la Primera Lectura (Isaías 7, 10-14)
Ajaz, rey de Judá, está en apuros bélicos. Dios le habla por medio del
profeta Isaías y le dice que está dispuesto a darle una señal. Pero
Ajaz responde que no pedirá señal alguna porque no quiere poner a prueba
a su Dios. También a nosotros, cuando estamos en apuros, Dios nos
ofrece sus señales. Pero, quizás como Ajaz, respondemos con lo que
pudiera ser una simple excusa. ¿Será que no queremos molestar a Dios o
será que no deseamos que Dios intervenga en nuestros asuntos? Aceptemos
la señal que Dios nos ofrece: la virgen da a luz un hijo y ese hijo es
Dios-con-nosotros. Escuchemos atentos y confiados.
Monición a la Segunda Lectura (Gálatas 4, 4-7)
Es triste vivir en esclavitud. El esclavo nada tiene, el esclavo nada
puede, el esclavo nada espera. Pero nos dice el autor de la carta a
los Gálatas que Dios ha puesto en nosotros el espíritu de su propio
Hijo. Y ahora podemos decir, con toda confianza, “¡Padre mío!”. Así
que ya no somos esclavos, sino hijos legítimos. Y si somos hijos, somos
también herederos de todos los bienes. Entonces, ¿hay algo que podamos
temer? Escuchemos con oído atento y corazón alegre.
Monición al Evangelio (Juan 19, 25-27)
Cuando hace
algunos años murió la madre de mi amigo y compadre, me dijo él: si yo no
tuviera a María... hoy me sentiría huérfano. Parece que Jesús, ya
agonizante en la cruz, quería proveer para que ninguno de los suyos
quedará en orfandad. Las palabras dirigidas a Juan son también
dirigidas a nosotros: “hijo, no temas, ahí tienes a tu madre”. Desde
entonces María nos acompaña. Y hoy la abrazamos bajo el nombre precioso
de Madre el Perpetuo Socorro. En esa confianza nos ponemos de
pie y cantemos el aleluya.
Oración Universal:
(A cada
petición respondemos: “Por mediación de tu Santa Madre, escúchanos,
Señor”).
1. Por la
Iglesia y sus presbíteros; para que, de la mano tierna de María, camine
confiada hacia la plenitud del Reino. Roguemos al Señor.
2. Por las
autoridades que gobiernan las naciones; para que, bajo la maternidad
amorosa de María, puedan encauzar sus acciones hacia el bien de toda la
comunidad. Roguemos al Señor.
3. Por toda
los Misioneros Redentorista; para que, al celebrar la festividad de su
patrona, reciban por intercesión de María los favores y fortalezas para
el ejercicio fiel de su misión. Roguemos al Señor.
4. Por todos
los que, por algún motivo pudieran sentirse huérfanos; para que
descubran en la Virgen María a la Madre de todos los creyentes.
Roguemos al Señor.
5. Por todos
nosotros los aquí reunidos; para que, en brazos de la Virgen María y
confiados en su perpetuo Socorro Perpetuo, aceptemos gozosos los bienes
que del Padre hemos heredado. Roguemos al Señor.
6. Por los
jóvenes de nuestra comunidad; para que, al igual que la Virgen María,
puedan responder generosamente al llamado del Señor en la vida religiosa
y sacerdotal. Roguemos al Señor.
(Cortesía de la
Parroquia San Antonio de Padua de Guayama)