"Antes
de haberle formado yo en el seno materno, le conocía, y antes que
naciese, le tenía consagrado; yo le constituí profeta de las naciones"
(Jr 1, 5).
Los votos están presentes en nuestras Constituciones
dentro del contexto del carisma de la Congregación para la misión (de
Cristo). Éste, lejos de ser un enfoque pragmático de los votos, es un
acceso teológico a la unidad de las distintas dimensiones de nuestro
estilo de vida. La caridad pastoral configura la vida de los
congregados y le confiere unidad (Const. 54). El enfoque del
carisma proporciona el objetivo y el enfoque vivencial de los votos. El
carácter apostólico de nuestro Instituto no es un segundo aspecto, menor
que los otros, de nuestra vocación. Él configura y define nuestro estilo
religioso de vida.
Nuestra Congregación, en la línea histórica de los
institutos apostólicos, trata de relacionar la donación total de sí
mismo a Dios con la oblación, igualmente de sí mismo, a los pobres, en
un estilo coherente de vida religiosa para la proclamación de la Buena
Nueva. Alfonso escribe que nuestro camino para la santidad consiste en
un constante entrelazarse la contemplación y la acción. La vida
mixta, o sea, la vida que suma oración y acción, es más perfectos porque
fue ésta la vida de Jesucristo (Alfonso, 1749).
Al comienzo no teníamos regla escrita. Muchas cabezas
y corazones se reunieron para formar el estilo de vida del nuevo
Instituto. Y los pobres eran los más importantes aquí. Puede decirse que
fueron una especie de sacramento para la Congregación: signos de la
voluntad de Dios que mediaron en la gracia de la fundación y de su
perseverancia en la historia.
En su contacto con los cabreros de Scala, Alfonso fue
impulsado a rezar para que Dios enviara un hijo de Abraham para ayudalos.
Él ya tenía experiencia de lo descuidados que estaban los pobres en la
ciudad de Nápoles y, particularmente, en las zonas de la periferia, a
las afueras de la ciudad. Pero lo que encontró en Scala lo dejó abatido:
aquellos pobres estaban totalmente abandonados. Celeste Crostarosa lo
ayudó a aclarar sus ideas y lo impulsó a actuar. Ella ejerció un papel
decisivo en el abrir las puertas a lo nuevo que Dios estaba realizando.
Lo mismo hizo Mons. Falcoia y los amigos íntimos de Alfonso. No se puede
dejar de pensar en Sportelli, Mazzini, Mannarini, Sarnelli - amigos que
fueron igualmente decisivos para iniciar y formar la nueva Congregación.
Tan pronto como Alfonso decidió continuar con la ayuda espiritual de los
directores, varios que le eran próximos se rieron de él y difamaron su
proyecto. Alfonso respondió con sencillez y claridad a todos
los que lo consideraban un loco o que estaba fuera de sí: ¡Quiero
simplemente vivir el evangelio!
Tannoia describe, con su estilo peculiar, la
importancia del momento.
Cuando Alfonso estuvo seguro de que ésa era la
voluntad de Dios, siguió adelante y se llenó de valor. Ofreciendo a
Jesús el sacrificio total de la ciudad de Nápoles, decidió pasar el
resto de su vida en los corrales de ovejas y en las casas de campo y
morir allí entre el pueblo del interior y entre los pastores
(Tannoia, IV, p. 66).
La pasión de Alfonso por Dios y su pasión por los
pobres caminaban juntas, a través de una profunda conversión, a través
de un cambio radical en su estilo de vida, adoptando un nuevo modo de
vivir, dedicado a seguir a Cristo en la predicación de la Buena Nueva a
los más abandonados. La dimensión vertical (Dios) y la dimensión
horizontal (los pobres) se unían a través del Evangelio de Jesucristo
para constituir una nueva comunidad de religiosos. No había entonces
otro Instituto en el que poder entrar para ocuparse de lo que él
consideraba urgente. Ninguna regla existente parecía dar respuesta a lo
que él llegó a ver como expresión de la voluntad de Dios para una nueva
comunidad de religiosos. Celeste Crostarosa le dio a él y a la nueva
comunidad el instrumento que necesitaba. Alfonso y los primeros
Redentoristas trabajaron con la regla con la que ella los dotó para
expresar lo que ellos discernían como voluntad de Dios.
Cuando los primeros Redentoristas decidieron responder a la voluntad de
Dios, ellos estaban también dando forma a nuestro estilo religioso de
vivir y a la vivencia de los votos - en directa relación con la misión o
carisma. Decidieron estructurar la vida de comunidad de tal modo que
ella diera vida y testimoniase el fuego que ardía en su interior.
Aquél que ama mucho al Señor, no se contentará con ser el único en
amarlo; querrá llevar a todos a este amor (Alfonso, 1749). La
profunda experiencia del amor de Dios les impulsó a dejar todo a fin de
responder a ese mismo amor a través de la misión. Puede atribuírseles a
ellos lo que nuestras Constituciones actuales afirman sobre la vida
religiosa: Dicha respuesta la expresan por la profesión de los votos
de castidad, pobreza y obediencia (Const. 56).
Leyendo las cartas de Alfonso y algunas de sus obras,
se percibe cuánto se ocupaban los primeros Redentoristas en el
cumplimiento de la misión de la Congregación. Véase también cuán
importante era la oración y la dimensión mística para mantener ese
estilo de vida. La relación personal con Dios y la relación personal con
los pobres iban siempre juntas. Se ve cuán importante era recordar
siempre a la comunidad la importancia de los medios e instrumentos que
la mantenían vinculada al carisma - la práctica de la oración mental que
los mantenía en contacto con el amor de Dios y en continuo
discernimiento de su voluntad, la meditación sobre las virtudes que los
capacitaba para ser fieles a la misión, la necesidad del estudio para
dar a los pobres lo mejor que la Iglesia podía ofrecerles, etc. Alfonso
se preocupaba mucho e insistía en que no dieran escándalo a los pobres.
Mirando la vida inicial de la Congregación, se
advierte que los votos no se consideraban ni una imposición ni una
necesidad jurídica - fueron profesados como medio de articular la
donación total de sí mismos a Cristo y a su misión. Todo nuestro estilo
de vida, todo lo que nosotros somos y hacemos como Redentoristas, se
orienta a la proclamación de la redención de Dios en Jesucristo. Si cada
día nos esforzamos en amar más como hombres castos, en ser pobres y
dependientes de la misericordia de Dios, de estar siempre atentos a la
voz del espíritu en obediencia, es porque hacemos esto con la pasión y
generosidad de alguien enviado por el propio Dios.
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Félix Catála |