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La profesión religiosa y los votos

Por Félix Catalá, C.Ss.R.

La profesión religiosa y los votosLa vida religiosa es una vocación, una llamada que tiene su origen en la misericordia y en el amor de Dios. No es ni un oficio ni ningún tipo de trabajo profesional que se adquiere por méritos. Nadie debe ser forzado a asumirla. Procede gratis y libremente de Dios, que la da a quien quiere.

La llamada de Dios es un acto de amor que requiere una respuesta libre. De acuerdo con nuestras Constituciones, la profesión de los votos es nuestra respuesta a esa llamada, dada después de un proceso de discernimiento. El Espíritu Santo guía e incentiva al sujeto a que ofrezca a Dios el don total de sí mismo en respuesta a dicha llamada (Constitución 56). El Redentorista progresa cada vez más en su vocación en la medida de su docilidad al Espíritu (Constitución 25).
Los votos, por tanto, no son fundamentalmente asumidos como normas a cumplir. Presuponen un deseo fundamental de responder plenamente a la llamada de Dios. Son medios que se nos ofrecen para responder a la llamada de Dios. Como aparece en nuestras Constituciones, nos llevan a desarrollar un estilo de vida que integra tanto el don como nuestra respuesta, en cuanto don total de nosotros mismos. Son como llaves que abren puertas para una vida más plena en el carisma redentorista.

Los votos son también una promesa, una acto público por el que la persona se vincula de por vida. Pero el aspecto jurídico, aunque importante y componente de nuestra respuesta, no es la base de nuestra vida religiosa. El aspecto jurídico se inserta en el contexto del don libre de sí mismo que permanece como la raíz de nuestro modo de vivir la vocación cristiana.

Impulsados y confortados por el Espíritu Santo, los religiosos no escatiman esfuerzo alguno para llegar al don total de sí. Su meta es convertirse, por medio de Cristo, en una respuesta al Señor "Que nos ha amado primero" (1Jn 4,10). Expresan esta respuesta en la profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia (Constitución 56).

Nuestras Constituciones afirman claramente que nadie se hace Redentorista para sí mismo. El Concilio Vaticano II enseña que la vida religiosa está insertada en la misión salvífica de la Iglesia (LG 44). La vida religiosa existe en virtud del Reino.

De aquí deriva el deber de los religiosos de trabajar para implantar y promover el Reino de Cristo en las almas y extender este reino por doquier. ... La profesión de los consejos evangélicos aparece entonces como un signo que puede y debe atraer a todos los miembros de la Iglesia a un efectivo y pronto cumplimiento de los deberes de su vocación cristiana... El estado religioso manifiesta claramente que el reino de Dios y sus necesidades, de modo particular, se elevan por encima de todas las consideraciones terrenas.

Entonces, al hablar de nuestra profesión religiosa, nuestras Constituciones no se centran en los votos específicos, sino en el don fundamental de sí que hace la persona y en el estilo de vida que asume al vivir nuestro carisma.

La caridad apostólica, por la que los Redentoristas participan de la misión de Cristo Redentor, es el principio que unifica toda su vida porque ella los identifica en cierto modo con Cristo que continúa cumpliendo la voluntad de su Padre realizando la redención a través de ellos.

Debido a que la gloria de Dios y la salvación del mundo son una sola cosa, y puesto que el amor a Dios y el amor al prójimo son lo mismo, los Redentoristas viven su unión con Dios en forma de caridad apostólica y, a través de la caridad misionera, procuran la gloria de Dios.

De este modo, la caridad pastoral da alma y unidad a nuestra vida. La vida de comunidad está realmente al servicio del apostolado. La conversión continua, el resultado de nuestra total entrega a Dios, aumenta nuestra disponibilidad para el servicio a los demás. En efecto, los propios lazos religiosos por los que los religiosos se consagran a Dios, incluyen necesariamente el compromiso con el apostolado y refuerzan ese mismo compromiso.

La profesión religiosa, por tanto, se convierte en un acto que define toda la vida misionera de los Redentoristas. (Constituciones 52 - 54)

Los votos ("los propios vínculos religiosos") deben considerarse a partir de una perspectiva teológica (espiritual). Las obligaciones y la disciplina que derivan de ellos no están a nuestro servicio, sino que deben guiarnos en la dirección de vivir plenamente nuestra participación en la misión de Cristo.

Esta profesión hace de todos los Redentoristas verdaderos misioneros, ya sea que estén comprometidos con diferentes actividades del ministerio apostólico ya sea que estén totalmente impedidos para el trabajo, ya sea que se ocupen de los diversos servicios en beneficio de la Congregación o de los cohermanos, ya sea que tengan una edad avanzada, estén enfermos, o incapacitados para el trabajo externo; en otras palabras, ya sea, sobre todo, que estén sufriendo y enfrentando la muerte por la salvación del mundo (Constitución 55).

No debemos reducir nuestra visión de la profesión a una perspectiva jurídica. Esto nos llevaría a concentrarnos en las exigencias mínimas de la ley. Así, por ejemplo, pudiera que alguien pretendiera vivir el voto de pobreza como un voto de dependencia, con poca o ninguna referencia a las exigencias del Reino de Cristo y a los pobres. Vistos como expresión de una donación fundamental de sí en respuesta a la llamada de Dios, los votos son expresiones y medios de crecer en la libertad a la que el Cristiano está llamado a vivir (Gal 5, 1,13).

La liturgia y las tradiciones pascuales de nuestra Congregación deben ofrecer un significativo auxilio para la comprensión de nuestra profesión religiosa y la vivencia de los votos hoy. Dichas tradiciones mantienen vivas las antiguas intuiciones sobre el don total. La tradición griega de la vida religiosa, por ejemplo, en sus orígenes, entendió el "voto" como euché, término que deriva de eùchomai, rezar, pedir, dar gracias (eucaristía). Desde esta perspectiva, el voto no implica que alguien esté llamado a hacer cosas difíciles o a cumplir exigencias jurídicas. Trata, más bien, de expresar la convicción de la presencia de Dios en la historia, que lleva a una persona a hacer una oferta (oblación) de su vida, a vivir un estilo de vida que puede describirse como una liturgia de alegría, gratitud y vida. Me gustaría invitar a los Redentoristas de los diversos ritos (orientales) a compartir con el resto de la Congregación la profusión de sus tradiciones respecto a la vida religiosa y a la vivencia de los votos.

Comentarios al autor: Féliz Catála

 
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Fecha de la última actualización: 16/05/2008 05:56:36 p.m.

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