La
vida religiosa es una vocación, una llamada que tiene su origen en la
misericordia y en el amor de Dios. No es ni un oficio ni ningún tipo de
trabajo profesional que se adquiere por méritos. Nadie debe ser forzado
a asumirla. Procede gratis y libremente de Dios, que la da a quien
quiere.La llamada de Dios es un
acto de amor que requiere una respuesta libre. De acuerdo con nuestras
Constituciones, la profesión de los votos es nuestra respuesta a esa
llamada, dada después de un proceso de discernimiento. El Espíritu Santo
guía e incentiva al sujeto a que ofrezca a Dios el don total de sí mismo
en respuesta a dicha llamada (Constitución 56). El Redentorista progresa
cada vez más en su vocación en la medida de su docilidad al Espíritu (Constitución
25).
Los votos, por tanto, no son fundamentalmente asumidos como normas a
cumplir. Presuponen un deseo fundamental de responder plenamente a la
llamada de Dios. Son medios que se nos ofrecen para responder a la
llamada de Dios. Como aparece en nuestras Constituciones, nos llevan a
desarrollar un estilo de vida que integra tanto el don como nuestra
respuesta, en cuanto don total de nosotros mismos. Son como llaves que
abren puertas para una vida más plena en el carisma redentorista.
Los votos son también una promesa, una
acto público por el que la persona se vincula de por vida. Pero el
aspecto jurídico, aunque importante y componente de nuestra respuesta,
no es la base de nuestra vida religiosa. El aspecto jurídico se inserta
en el contexto del don libre de sí mismo que permanece como la raíz de
nuestro modo de vivir la vocación cristiana.
Impulsados y confortados por el Espíritu
Santo, los religiosos no escatiman esfuerzo alguno para llegar al don
total de sí. Su meta es convertirse, por medio de Cristo, en una
respuesta al Señor "Que nos ha amado primero" (1Jn 4,10). Expresan esta
respuesta en la profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia
(Constitución 56).
Nuestras Constituciones afirman
claramente que nadie se hace Redentorista para sí mismo. El Concilio
Vaticano II enseña que la vida religiosa está insertada en la misión
salvífica de la Iglesia (LG 44). La vida religiosa existe en virtud del
Reino.
De aquí deriva el deber de los
religiosos de trabajar para implantar y promover el Reino de Cristo en
las almas y extender este reino por doquier. ... La profesión de los
consejos evangélicos aparece entonces como un signo que puede y debe
atraer a todos los miembros de la Iglesia a un efectivo y pronto
cumplimiento de los deberes de su vocación cristiana... El estado
religioso manifiesta claramente que el reino de Dios y sus necesidades,
de modo particular, se elevan por encima de todas las consideraciones
terrenas.
Entonces, al hablar de nuestra profesión
religiosa, nuestras Constituciones no se centran en los votos
específicos, sino en el don fundamental de sí que hace la persona y en
el estilo de vida que asume al vivir nuestro carisma.
La caridad apostólica, por la que los
Redentoristas participan de la misión de Cristo Redentor, es el
principio que unifica toda su vida porque ella los identifica en cierto
modo con Cristo que continúa cumpliendo la voluntad de su Padre
realizando la redención a través de ellos.
Debido a que la gloria de Dios y la
salvación del mundo son una sola cosa, y puesto que el amor a Dios y el
amor al prójimo son lo mismo, los Redentoristas viven su unión con Dios
en forma de caridad apostólica y, a través de la caridad misionera,
procuran la gloria de Dios.
De este modo, la caridad pastoral da
alma y unidad a nuestra vida. La vida de comunidad está realmente al
servicio del apostolado. La conversión continua, el resultado de nuestra
total entrega a Dios, aumenta nuestra disponibilidad para el servicio a
los demás. En efecto, los propios lazos religiosos por los que los
religiosos se consagran a Dios, incluyen necesariamente el compromiso
con el apostolado y refuerzan ese mismo compromiso.
La profesión religiosa, por tanto, se
convierte en un acto que define toda la vida misionera de los
Redentoristas. (Constituciones 52 - 54)
Los votos ("los propios vínculos
religiosos") deben considerarse a partir de una perspectiva teológica (espiritual).
Las obligaciones y la disciplina que derivan de ellos no están a nuestro
servicio, sino que deben guiarnos en la dirección de vivir plenamente
nuestra participación en la misión de Cristo.
Esta profesión hace de todos los
Redentoristas verdaderos misioneros, ya sea que estén comprometidos con
diferentes actividades del ministerio apostólico ya sea que estén
totalmente impedidos para el trabajo, ya sea que se ocupen de los
diversos servicios en beneficio de la Congregación o de los cohermanos,
ya sea que tengan una edad avanzada, estén enfermos, o incapacitados
para el trabajo externo; en otras palabras, ya sea, sobre todo, que
estén sufriendo y enfrentando la muerte por la salvación del mundo (Constitución
55).
No debemos reducir nuestra visión de la
profesión a una perspectiva jurídica. Esto nos llevaría a concentrarnos
en las exigencias mínimas de la ley. Así, por ejemplo, pudiera que
alguien pretendiera vivir el voto de pobreza como un voto de dependencia,
con poca o ninguna referencia a las exigencias del Reino de Cristo y a
los pobres. Vistos como expresión de una donación fundamental de sí en
respuesta a la llamada de Dios, los votos son expresiones y medios de
crecer en la libertad a la que el Cristiano está llamado a vivir (Gal 5,
1,13).
La liturgia y las tradiciones pascuales
de nuestra Congregación deben ofrecer un significativo auxilio para la
comprensión de nuestra profesión religiosa y la vivencia de los votos
hoy. Dichas tradiciones mantienen vivas las antiguas intuiciones sobre
el don total. La tradición griega de la vida religiosa, por ejemplo, en
sus orígenes, entendió el "voto" como euché, término que deriva
de eùchomai, rezar, pedir, dar gracias (eucaristía). Desde esta
perspectiva, el voto no implica que alguien esté llamado a hacer cosas
difíciles o a cumplir exigencias jurídicas. Trata, más bien, de expresar
la convicción de la presencia de Dios en la historia, que lleva a una
persona a hacer una oferta (oblación) de su vida, a vivir un estilo de
vida que puede describirse como una liturgia de alegría, gratitud y
vida. Me gustaría invitar a los Redentoristas de los diversos ritos (orientales)
a compartir con el resto de la Congregación la profusión de sus
tradiciones respecto a la vida religiosa y a la vivencia de los votos.
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Féliz Catála |