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San Alfonso María de
Ligorio |
Nuestro
fundador |
| Los
Misioneros Redentoristas fueron fundados hace 271 años, en
1732, por San Alfonso María de Ligorio en un pueblecito
pequeño en el sur de Italia llamado Scala. Bajo el
amparo del mismo Redentor, hoy, aquel pequeño grupo de
misioneros se ha convertido en una comunidad mundial con más
de 5,000 miembros. Esta comunidad misionera que ha
heredado la espiritualidad y el celo de su fundador celebra su
fiesta titular del Santísimo Redentor. Nosotros como
comunidad parroquial celebramos con ellos el significado
profundo del lema de la congregación: “En El hay
abundante Redención”.
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Nos encontramos en el año 1696,
de nuestra era, el 27 de septiembre, día dedicado a losgloriosos
mártires Cosme y Damían, nace Alfonso de Ligori, en Nápoles
(Italia). Sus padresfueron José De Ligorio (un noble oficial
de la marina) y de la noble Ana De Cavalieri. El hombre tuvo
un destino fuera de serie. Nacido en la nobleza napolitana e
hijo de militar, alumno superdotado, atraído por la música, la
pintura el dibujo, la arquitectura. Su nombre viene de dos raíces
germánicas: addal, hombre de noble origen, y funs, pronto al
combate. Alfonso era noble por nacimiento, sí: pero mucho
mejor, caballero de Cristo, siempre pronto y en la brecha para los
combates de Dios...
Alfonso fue un hombre de una personalidad
extraordinaria: noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor;
obispo y amigo de los pobres; fundador y superior general de su
congregación; misionero popular y confesor lleno de unción; santo y
doctor de la Iglesia.
Hay que mi admirar los múltiples talentos
que tenía Alfonso y la fuerza creadora que poseía. A los 12
años era estudiante universitario y a los 16 era doctor en derecho,
es decir, abogado. Como misionero popular y superior general
de su Congregación y obispo, llevó a cabo una gran labor, a pesar de
su delicada salud. Desde los 47 a los 83 años de su vida,
publicó más o menos 3 libros por año.
“Alfonso
fue un hombre de una personalidad extraordinaria: noble y
abogado; pintor y músico; poeta y escritor; obispo y amigo de
los pobres; fundador y superior general de su congregación;
misio nero popular y confesor lleno de unción; santo y doctor
de la Iglesia”. |
En su vida particular Alfonso vivió
actitudes que podemos interpretar como protesta frente a la
corrupción de su medio ambiente. Con su estilo de vida ejerció
una fuerte crítica de su tiempo y de su sociedad.
En un sistema de profundas diferencias de
clase renunció a los privilegios de la nobleza y a sus derechos de
ser primer hijo, es decir, primogénito.
A finales de julio de 1723, en un día de
calor intenso y pegajoso, Alfonso se dirige al Palacio de Justicia
de Nápoles. Se celebrará el juicio más sonado del reino entre
dos familias: los Médici y los Orsini. Las dos familias
quieren para sí la propiedad del feudo de Amatrice. Estaba en
juego una gran cantidad de dinero.
Alfonso es un joven abogado de 26 años de
edad. Los Orsini lo han elegido para su defensa por una sola razón:
es competente y ha ganado todas las causas.
Se ha preparado muy bien, ante el tribunal
defiende la causa con maestría. Está seguro que defiende la
justicia. A pesar de eso, Alfonso es derrotado, pero se da
cuenta de que el origen de esta sentencia está en las maquinaciones
políticas e intrigas políticas (cosas desconocidas para nosotros
hoy).
Como herido por rayo, el abogado de manos
limpias queda por un momento estupefacto. Después rojo de
cólera, lleno de vergüenza por la toga que lleva, se retira de la
sala de justicia, profundamente desilusionado, sus palabras de
despedidas quedaron para la historia: “¡Mundo, te conozco!...
¡Adiós, tribunales!”. No vive este acontecimiento, decisivo en
su vida, desde la agresividad y la frustración, al contrario, los
asume como fecundidad, siembra y profundización interior, se retira,
eso sí lo tiene muy claro. Y al hacerlo toma una opción
personal radical: se niega a la corrupción, rechaza que el hombre
se realice manipulando o dejándose manipular y elige una
forma nueva de libertad y liberación, el seguimiento de
Jesús.
Profundamente conmovido Alfonso se va a
visitar a sus amigos, los enfermos del “Hospital de los incurables”.
Mientras atendía a los enfermos se ve a sí mismo en medio de una
grata luz... Parece escuchar una sacudida del gran edificio y cree
oír en su interior una voz que le llama personalmente desde el
pobre: “Alfonso, deja todas las cosas ven y sígueme”.
Tras la renuncia de los tribunales, Alfonso
estudia unos años de teología y recibe el sacerdocio el 21 de
diciembre de 1726, en la Catedral de Nápoles, tenía 30 años de
edad. Se hace sacerdote en contra de un padre autoritario,
como don José, con asombro lo descubre muy pronto en los barrios
marginados evangelizando a los analfabetos con sorprendentes
predicaciones
En una de sus muchas misiones Alfonso cae
enfermo. Ante la gravedad de la situación, los médicos
intervienen y le exigen un largo descanso en la sierra. Elige
la zona de Amalfi, costera y montañosa a la vez. Fue con un
grupo de amigos. Quiere aprovechar el descanso para vivir
intensamente la amistad y la oración en común.
Cerca de Amalfi está Scala, un lugar
precioso a medio camino entre la playa y la altura de la
sierra. Más arriba de Scala, está Santa María de los Montes,
una pequeña ermita. A Alfonso le gustó. Era bueno
compartir la amistad y la oración en casa de María de
Nazaret.
Alfonso y sus amigos se ven sorprendidos por
los pastores y cabreros que vienen a pedirles la palabra de
Dios. Es el momento clave en la vida de Alfonso. Ahora
más que nunca descubre, de verdad que el Evangelio pertenece a los
pobres y que ellos lo reclaman como suyo. Y decide quedarse
con ellos para dárselo a tiempo completo.
Nos encontramos en el año 1730.
Alfonso decide por vez primera, reunir una comunidad consagrada a la
misión de los más pobres. En los primeros días de noviembre de
1732 Alfonso deja definitivamente la ciudad de Nápoles y en burro
parte para Scala para reunirse con su primer grupo de compañeros,
quienes habrán de ser los Redentoristas. Son unos días de
intensa oración y contemplación. Sabe que la redención
abundante y generosa es un don gratuito y se abre a él en
disponibilidad plena.
El día 9 de noviembre de 1732 nace la
congregación misionera del Santísimo Redentor, mejor conocido como
los Misioneros Redentoristas. No es fácil fundar una
congregación religiosa en el reino de Nápoles en el siglo
XVIII. Hay demasiados diocesanos y religiosos y muchos
conventos en este país pobre y mal administrado
Desde el 9 de noviembre de 1732 hasta la
Pascua de 1762, cuando es nombrado obispo, pasan 30 años felices en
la vida de Alfonso dedicado a la misión, la dirección de su grupo y
a la publicación de sus obras.
Alfonso muere en Pagani, el día 1 de agosto
de 1787, a la hora del ángelus. Tenía más de 90 años.
Fue beatificado en 1816, canonizado en 1831 y proclamado doctor de
la Iglesia en 1871.
Alfonso solía decir que la vida de los sanos
es Evangelio vivido. Esto se lo podemos aplicar a él
mismo. Sus ejemplos inquietan y arrastran. ¡A veces nos
asusta enfrentarnos a un hombre como éste, que era capaz de vivir
tan radicalmente el Evangelio!
Hoy, los Misioneros Redentoristas,
continuamos anunciando el misterio gozoso de la redención abundante
y generosa en toda la Iglesia. Los redentoristas, como
Alfonso, no somos propagandistas de una doctrina, somos testigos de
Cristo que viene al encuentro de la humanidad.
Sus
seguidores
Alfonso murió. Su
sueño, sin embargo, continúa vivo en la vida de sus seguidores.
Especialmente debido a la labor de Clemente María Hofbauer,
los redentoristas se esparcen por el mundo entero. En ellos,
el Redentor continúa derramando vida en el corazón de los que no
cuentan para el mundo y en el de los abandonados. La Congregación
del Santísimo Redentor es lugar y presencia donde el Redentor
prosigue su misión: “He sido enviado a evangelizar a los
pobres”.
¿Dónde
estamos presentes? ¡En cerca de setenta y cinco países!
Somos un
pueblo de muchas lenguas y de culturas diferentes.
Una
cosa, sin embargo, nos une: la evangelización de los pobres
abandonados.
¡Alfonso!, ¡Gracias por tu vida, por tu
sueño, por tu horizonte de tan amplias miras! En nombre de los
pobres abandonados, ¡Gracias de corazón!
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