Desde pequeño yo me sentía atraído al sacerdocio. La pregunta era
dónde ejercerlo. Mi mamá me decía que prefería que no fuera diocesano
por la sencilla razón que viven solos y ella consideraba que tenía que
ser muy difícil para un sacerdote vivir solo.
Pero la pregunta seguía pendiente. Mi mamá era muy activa como
terciaria franciscana y cuando los capuchinos visitaban mi casa me
decían que debía ser franciscano. Tengo una prima hermana altagraciana
y ella me decía que considerara los jesuitas.
Resulta que, en mi pueblo de San Juan de la Maguana, en la República
Dominicana, en ese tiempo estaban sólo los redentoristas y era el
grupo de sacerdotes que mejor conocía. Es interesante cómo el Señor va
mostrando su camino: un día llegó un superior y párroco redentorista
nuevo y le informó a mi mamá que el superior y párroco anterior me
había inscrito en el seminario menor redentorista en los Estados
Unidos. Cuando mi mamá me informó de eso, yo decidí entrar con los
redentoristas. Después caí en cuenta que lo que dijo el sacerdote
aparentemente era una broma porque sé que eso no se puede hacer. Pero
lo veo como la manera que tuvo el Señor de indicarme dónde me quería;
fue su manera de ayudarme a decidir.
Yo fui el primer dominicano en entrar al seminario menor redentorista de
los Estados Unidos. Ya en el seminario comenzó a crecer mi vocación y a
afirmarme y afianzarme en ella. También fui el primer sanjuanero
ordenado como redentorista y, según mis conocimientos, fui el primer
sanjuanero ordenado sacerdote.
¿POR QUÉ SIGO SIÉNDOLO?
Después que llegué a ser redentorista he llegado a conocer nuestro
carisma. Me gusta lo que veo. Yo creo que pertenezco a una tremenda y
preciosa familia religiosa. Considero que la vocación a la vida
redentorista es una bendición muy especial de parte de Dios a mi
persona. Continúo siendo redentorista porque me gusta el espíritu de
familia que veo que reina en nuestra familia religiosa. Esto no
significa que no tengamos problemas o dificultades pero tenemos la
habilidad de poder enfrentarnos a esas situaciones, podemos estar en
desacuerdo con el otro y siempre recordar que sigue siendo mi hermano.
Tantas veces uno escucha a las personas decir que los redentoristas
tenemos algo especial. A mí me gusta pensar que ese "algo" que tenemos
es herencia de nuestro padre fundador, San Alfonso María de Ligorio, que
se desvivía por el bienestar del pueblo. El redentorista es un religioso
que se acerca al pueblo que sirve, comparte con el pueblo, se identifica
con él, goza con él y sufre con él. Es un maestro del pueblo y a la vez
es un discípulo del pueblo porque a la vez que enseña siempre está
abierto a aprender.