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Hasta el 1993. Hoy
Amo a mi Iglesia Católica con todo mi corazón y la defiendo hasta
la muerte. Encontré la perla del tesoro. Este es mi testimonio:
Me llamo Roberto, resido en Bayamón, Puerto Rico (la Isla del
Encanto). Soy hijo de unos padres católicos de tradición. Mis
padres nunca me dieron a conocer su fe católica y cuando me casé
fue un escape a la liberta de la casa de mis padres.y no tenía ni
la idea de lo que era un hogar Cristiano. Heredé de mi padre
muchas cosas negativas que me guiaron a los malos caminos, pero mi
Dios nunca me abandonó en el caminar de la vida y menos en los
momentos más difíciles de mi vida, donde me llevaba en sus manos
como el cuadro de la huellas y puso en mi camino a un sacerdote
que jugó un papel muy importante en mi vida y a quien amo con todo
mi corazón. Él es más que un amigo para mi; es mi hermano.
A los 17 años
participé de un retiro de la JAC (Juventud de Acción Católica) y
conocí al padre Domingo Rodríguez, mi santo compadre. Después de
estar perseverando en la Iglesia por un tienpo y conocer el amor
de Cristo, me retiré de la Iglesia. A los 23 años me casé y
empezaron los problemas. Lamentablemente, heredé de mi padre el
pecado del ADULTERIO. Mi madre un día me comentó que gracias a
padre Domingo yo no llegué a ser el delincuente más grande del
vecindario donde vivíamos, pues de los 12 a los 16 años ya me
habían botado de 2 colegios católicos y era un joven muy difícil
de personalidad. Me casé a los 23 años y estando en el pecado del
adulterio conocí a un amigo que me llevó al camino de las drogas.
Me presentó la
mariguana y más tarde, la cocaína y desde ese momento empezó mi
pesadilla en el camino de las drogas. La usaba primero los fines
de semana, pero más tarde fui usuario de todos los días. Me olvidé
del amor de Cristo que había conocido en el retiro de mi
juventud. No asistía a misa, más que de vez en cuando.
Planificadamente mi esposa quedó enbarazada. Ibamos a tener
nuestra primera hija y nos preparamos para ese evento; yo quería
estar en el parto. Empezamos a tomar clases de parto sin dolor
para que yo pudiera estar presente en la sala de el parto de mi
primera hija. Tenía la intención de estar con una cámara de video
para grabar tan emocionante momento, pero cuando llegó la hora del
parto, la niña traía 3 vueltas del cordón umbilical alrededor del
cuello y estaba prácticamente asfixiada.
Ella se veía toda
morada y no reaccionaba a nada. La doctora llamó a una emergencia
y de momento entró un grupo de doctores a la sala y pudieron
revivir a mi niña. Delante de mis ojos mi niña vivió y por mi
mente pasaron tantos pensamientos, sabiendo que mi Dios no
permitió la muerte de mi niña. Sin embargo nunca le di gracias
por aquel milagro. Ahora pienso que por estar sumergido en el
pecado del adulterio y de las drogas aquello pudo haber sido una
señal para que buscara reconciliarme con Dios, pero no le hice
caso. Pasó el tiempo y mi esposa volvió a quedar embarazada.
También me preparé con la cámara de video y cuando llegó el día
del parto, todo se complicó peor que la primera vez, pues la
criatura traía lo que se conoce como un prolapso de cordón, que
significa que el cordón umbilical estaba saliendo antes que la
cabeza de la criatura. Nuestra niña también traía tres vueltas
del cordón umbilical alrededor del cuello, como la primera.
La doctora se vio en
la necesidad de salir de la sala de parto con la niña en sus
brazos, dándole respiración de boca a boca hasta llegar a la sala
de pediatría. La metieron en una encubadora, pues no respiraba
por ella misma. Allí estuvo aproximadamente 2 días. Estando
todavía en la encubadora, nuestro compadre Domingo fue al hospital
y la bautizó. Los médicos le hicieron toda clase de pruebas
durante su hospitalización y una noche la doctora nos llamó para
decirnos que la niña sería dada de alta al próximo día ya que
había salido bastante bien en las pruebas que le habían hecho pero
que había que hacerle otras fuera del hospital. Inmediatamente,
mi esposa preparó el bulto con el trajecito, los botines, el bibí
y los pañales y al día siguiente despertó a las 5:00am.
Tan pronto amaneció
se fue a casa de una vecina a contarle todo lo sucedido con la
niña pues ella se sentía feliz de que ibamos a tener a nuestra
niña con nosotros. Estando yo esperando por ella, suena el
teléfono y era la doctora para decirme que tenía una mala noticia:
nuestra hija estaba MUERTA!! Yo no lo podía creer; me preguntaba
cómo era posibe que Dios permitiera semejante cosa. Me revelé con
mucho coraje contra mi Dios pues el dolor consumía mi alma y mi
mente. Sólo un padre a quien le haya pasado una experiencia como
esa puede entender el DOLOR tan grande que siente un padre por la
pérdida de un hijo. Fue entonces que me refugié en las drogas con
más fuerzas. Pasaron 5 años después de esta experiencia y de nuevo
queda encinta mi esposa. Durante ese embarazo yo empecé a dar
clases de buceo, pues sentía pasión por el mar y en esta hermosa
isla las agua cristalinas. Llegó el momento del parto; era un
varon y todo salió bien. Pasaron 2 años y ya nuestra primera niña
tenía 7 años.
Yo estaba dando
clases de buceo con mi propia lancha de 20 pies y un día me
preparé para una salida con un grupo de amigos. Ibamos a salir de
noche para la isla de Palominito en Fajardo y planificamos
quedarnos de fin de semana. Iba a ser una gran experiencia. Mi
esposa se quedó en casa con nuestra niña de 7 años y nuestro hijo
de 2. Antes del mediodía del día siguiente llegó uno de los
hermanos de mi esposa a Palominito para darme la noticia que debía
regresar a la casa porque había sucedido algo que no me podía
decir. Como no me quiso dar detalles, entramos en una discusión y
yo terminé recogiendo todo y regresando a Bayamón disgustado. Al
llegar a la casa de mis suegros (que era donde se encontraba mi
esposa), me encontré con el cuadro de que el viernes en la
madrugada un hombre se había metido en mi casa y había violado a
mi esposa delante de nuestra hija.
Sentí que se me cayó
el mundo encima y no podía entender cómo era posible que me
estuviera pasando una tragedia tan terrible como esa. Mi corazón
se llenó de odio, rencor y de un deseo de matar al desgraciado que
había cometido semejante fechoría. Sentía mucha IRA y mucho
dolor, sobre todo, cuando mi niña me preguntaba porqué le habían
hecho eso a mamita. Mi esposa cayó en una crisis depresiva
terrible y durante mucho tiempo necesitó recibir terapias
psicológicas que se ofrecían en una oficina gubernamental de San
Juan para víctimas de violación. Nosotros teníamos un amigo
abogado que conocía gente de la mafia y cuando se enteró de lo que
nos había sucedido me aseguró que cuando identificaran las huellas
digitales del hombre en cuestión, se iba a encargar de gestionar
su muerte y eso era exactamente lo que yo quería que se hiciera.
Hoy doy gracias a
Dios que esos planes no se dieron, pues no pudieron identificar
las huellas digitales y todo quedó en nada. Mientras tanto mi
esposa seguía en su crisis cada vez más profunda. Como
consecuencia comenzó a beber todos los días. Fueron años
visitando psicólogos y psiquiatras mientras mi odio consumía mi
alma. A causa de que mi esposa manejaba en estado de embriaguez a
cada rato chocaba y nuestras constante peleas hizo que el amor
comenzara a decaer. Casi no teníamos intimidad porque eso le
recordaba la violación y esa situacióm me hacía meterme más en la
drogas y el adulterio, hasta que llegó el momento en que mi esposa
me pidió la separación, pero yo no quise aceptarla.
Una noche estando en el cuarto de nuestra hija,
con la niña en mi falda viendo televisión, un mensaje venía a mi
mente que me decía que cogiera el teléfono inalámbrico que estaba
encima de una mesita de noche. “Coje el teléfono, coje el
teléfono, coje el teléfono” era lo que sentía en mi mente. En ese
tiempo yo tenía portación de arma y poseía un Magnum 357. Cuando
levanté el telefono estaba mi esposa hablando con un hombre y le
decía que ese día ella había comprado un celular para que él la
pudiera llamar o dejarle mensajes. Estuve en el teléfono hasta
que terminaron de hablar y cuando siento que mi esposa enganchó ya
la ira que sentúa era tan grande que mi rostro se desfiguró. Que
mi esposa estuviera siendome infiel con otro hombre era algo que
yo no podía creer.
Mi coraje era tan grande que el mensaje en mi
mente era que buscara el revolver y la matara... “busca el
revolver y mátala” sentía que algo me ordenaba. En ese momento,
ciego de ira, fui a buscar el revolver, pero para mi sorpresa no
encontré el revolver donde siempre lo guardaba, que era en la
gaveta del ropero. Inmediatamente fui y le arrebaté el celular
que había comprado mi esposa y lo tiré al piso con todas mis
fuerza haciéndolo pedazos. A los pocos días de todo eso mi hija
me confiesa que sintió en su corazón que debía buscar el revolver
y esconderlo pues de lo contrario algo muy malo iba a suceder
entre sus padres. Ella actuó enseguida pues al ver mi rostro pudo
entender que debía obedecer a aquella voz rápidamente. Mi esposa
y yo comenzamos nuestro proceso de separación. Yo me fui a vivir
a casa de mis padres y les conté todo lo que nos estaba pasando.
No solo les dije a mis padres, si no que
también le conté a los padres y hermanos de mi esposa y a nuestras
amistades más cercanas. Comenzamos la preparación para el
divorcio y por ende, la división de bienes. Aunque nuestros
corazones estaban vacios, nosotros poseíamos lancha, carros y
muchas otras cosas materiales. Pasé muchas noches llorando en el
cuarto de la casa de mis padres dándome cuenta del vacío que había
en mi corazón estando lejos de mis hijos. Pero mi Dios tenía algo
especial para los nosotros. Pasaron unos meses cuando le hicieron
una invitación a mi esposa para hacer un retiro Juan XXIII. Ella
aceptó ya que se encontraba en un estado de desesperación muy
grande. A ella la despidieron de su trabajo y el hombre con quien
había estado terminó abandonándola. Ella quedó completamente
sola, ya que perdió su trabajo, su familia no quería saber de
ella, sus amistades se apartaron y en su desespero me llamó para
pedirme que si me podía quedar con los niños porque ella iba a ir
a un retiro de Juan XXIIII.
Yo le dije que estaba bien y el viernes cuando
la vinieron a buscar me hizo la aclaración que iba al retiro
porque quería ponerse en paz con Dios, pero que en la decisión de
divorcio no había marcha atrás. Yo le aseguré que conmigo no
había problema. Finalmente me pidió que fuera a la clausura el
domingo después de la misa para que le llevara los niños. Durante
la clausura todos estábamos llorando mucho, escuchando los
testimonios de todas aquellas mujeres que habían hecho el retiro.
El cambio en mi esposa fue tan grande que ella pudo perdonar a la
persona que la violó, sacándose la espina que hería su corazón.
Nos encontramos en un pasillo de la casa de retiro y ella me
abrazó diciéndome que todavía había esperanza para nosotros. Me
pidió que yo hiciera el retiro pero como yo no entendía lo que
aquella petición significaba, dudaba en mi interior qué podía
haber sido esa experiencia por la que mi esposa pasó que en tan
poco tiempo la había hecho cambiar totalmente y la había llenado
de la gracia Divina.
Ella me invitó para que yo también hiciera el
retiro y yo acepté. Cuando llegó el momento de subir al retiro, el
viernes por la tarde esperé hasta bien tarde y la llamé para decir
que no me interesaba ir a ningún retiro. Luego entendí que el
demonio estaba intentando dañar el plan de Dios. Me siguieron
insistiendo a que fuera al retiro y después de varios intentos,
accedí, aunque me estaba gustando el no tener responsabilidades de
familia y estar consumiendo drogas libremente (cocaína y mariguana)
todos los dias. Ya casi no dormía. Pero el Señor tenía otros
planes para nosotros dos. En diciembre de 1993 durante el último
retiro de hombres, dije que sí, para complacer a mi cuñada.
Cuando llegó el viernes, no acababa de
prepararme para ir al retiro. Como no sabía lo que iba a pasar en
aquel retiro, tenía mucho miedo, resentimiento y odio por todo lo
que nos estaba pasando y también por la violación a mi esposa.
Sin embargo, me presenté ese viernes del mes de diciembre de 1993
y mientras íbamos de camino le decía muchos insulto a mi esposa
buscando que ella me contestara esos insultos y así poder pelear
con ella para encontrar una excusa para no hacer el retiro, pero
ella sabiendo que aquello era obra de Satanás no respondía a
ninguno de mis insultos y se mantuvo en todo momento callada
porque ella me conocía bien y sabía que si contestaba yo me iba a
ir del lugar. Mis ataduras con el diablo eran muy fuertes. No se
imaginan el coraje que yo sentía por dentro al ver el silencio que
ella guardaba ante mis constantes insultos.
Cuando me llamaron por mi nombre, ni me despedí
de nadie y entré por aquella puerta como alma que lleva el
diablo. Llegó el sábado y al mediodía llegó el momento de lo que
estaba previsto en un retiro de Juan XXIII (no les puedo contar).
Sólo puedo decirles que YO ROBERTO tuve un encuentro con un CRISTO
VIVO que cargaba la CRUZ y en ese mismo momento mi alma se LLENO
de la GRACIA Divina y empecé a llorar tanto y tanto que no podía
parar. Mi corazón de piedra se convirtió en uno de carne y El
SEÑOR sano el ODIO, la IRA y de todo lo malo que había habido en
mi y fue tan grande su gracia en mi corazón que perdoné al hombre
que violó a mi esposa y pude sacarme esa espina de mi alma y sentí
liberado todo mi ser de las garras de SATANAS. Primero, me
perdoné a mi mismo y luego perdoné a mi esposa desde lo profundo
de mi corazón. No había sido hasta aquel momento en ese encuentro
tan grande que tuve con mi JESUS que me di cuenta que Él CARGO con
mi CRUZ en los momentos más difíciles de mi VIDA y lo pude ver con
mis propios ojos.
Fue la experiencia religiosa más grande que he
vivido y que marcó mi vida para siempre. Todo mi ser fue sanado y
hoy 11 años más tarde lo recuerdo y revivo la obra que Dios ha
hecho en mí. Yo siento que todo lo que mi esposa y yo hemos
pasado como matrimonio ha sido parte de un plan de Dios, pues
gracias a ello hemos podido ayudar a otros a confirmar que aunque
hayamos caído muy bajo, es posible levantarse como criaturas
nuevas que somos en Cristo. Y con nuestro testimonio le decimos
al mundo que es posible cambiar y que es posible seguir adelante
con nuestra CRUZ si CRISTO está con nosotros y es el centro de
nuestras vidas.
Después del retiro empecé a estudiar sobre mi
Iglesia, comencé a conocer a MARIA, nuestra Madre del cielo, a
caminar con ella y a aprender a defenderla. Empecé a conocer lo
que son los Sacramentos de la Iglesia de CRISTO y a estudiar sobre
la APOLOGETICA de mi Iglesia. Los designios del Señor no son
casualidades, pues hace unos meses conocí a los Misioneros de la
Palabra de DIOS y esa otra experiencia ha sido de gran bendición
en mi vida. Mi esposa y este servidor llevamos trabajando en
retiros 10 años y han sido los mejores años de nuestra vida,
aunque sé que aún nos faltan muchos más. Pero para más bendición,
el Señor puso a un hermano y amigo, el Dr. Fernando Casanova,
quien es un ex pastor pentecostal del cual he aprendido mucho con
relación a mi fe Católica. He aprendido a amar de manera tan
profunda a mi Iglesia que siento que sería capaz de dejarlo todo
con tal de que todo Católico la conozca igual. El Señor nos puso
a caminar juntos y toda la gloria es para Él. AMEN y AMEN! |