Dos personas de familias
luchadoras, emigrantes de Tenerife de las Islas Canarias, se conocieron
en Puerto Rico. Josefa Betancourt Alamo, cariñosamente conocida como
Doña Pepita, fue una señora de profunda fe y práctica religiosa
extraordinaria. Fue la catequista y promotora de la devoción del
rosario casa por casa del campo pobre de Hato Abajo en Arecibo, Puerto
Rico. Se casó con Teodoro Delgado Delgado, Don Teo, también ejemplo de
una fe auténtica y profunda. Tuvieron trece hijos. Doña Pepita, rezaba
todos los días pidiendo al Señor que uno de sus hijos fuera sacerdote.
De los trece hijos, cuatro eran varones. Dos de los varones entraron al
Seminario. Uno estudió con el actual Cardenal de Puerto Rico, Cardenal
Luis Aponte Martínez, y el otro estudió por tres años en el Seminario
Menor de los Redentoristas en North East, Pennsylvania. Los dos no
continuaron y salieron del Seminario.
El joven, Papo, nieto de Doña
Josefa y Don Teo, desde niño declaraba su deseo de ser sacerdote. Su
papá, Don Neco, así lo llamaban sus amigos, cuando le daba la bendición
a este, el segundo de sus hijos, siempre le decía, “Que Dios te
bendiga, que te haga un “curita” y que te lleve un día al
cielo”.
Papo se ordenó sacerdote
redentorista el 20 de junio del año 1971. Se considera que las
oraciones de Doña Pepita fueron escuchadas a ella vivir para presenciar
la Ordenación Sacerdotal, no de un hijo, sino de un
nieto. La bendiciones de Don Neco, fueron escuchadas por el
Señor, al ser ordenado ¨curita¨ su hijo. El que escribe es ¨Papo¨, Rvdo.
Manuel Rodríguez, C.Ss.R., segundo hijo de Doña Ana Celia (hija de
Josefa Betancourt y Teodoro Delgado), y Manuel Rodríguez, Don Neco. Al
igual que las familias de Doña Pepita y Don Teo, Manuel y Ana emigraron
desde Puerto Rico a otras tierras, los Estados Unidos, dejando revelar
que la respuesta de oración no es condicionada ni limitada ni por lugar
ni por tiempo.
¿Por qué me hice sacerdote?
La respuesta es el misterio de una llamada, discernida, fortalecida y
apoyada dentro del contexto de esta familia cristiana y religiosa.
¿Por qué sigo siendo
redentorista? Cu
ando entré a la Vida
Religiosa mi familia creció y al crecer ya fueron más los que siguieron
confirmando, apoyando y fortaleciendo el misterio de mi vocación. Las
experiencias de “Iglesia”, compartidas con tanta gente, con amigos y
amigas, con familia y congregados confirmaron, fortalecieron y forjaron
una identidad de “consagrado misionero” y de
pertenencia, tanto que la perseverancia en esta llamada es la
única respuesta que puedo dar con nobleza, autenticidad,
responsabilidad y belleza. Es verdad que no fui experimentando el
misterio de la vocación tan claramente día tras días, pero cuando miro
para atrás, por ejemplo, al celebrar mi jubileo de 25 años como
sacerdote redentorista, mi di cuenta que el motivo de la celebración no
fue mi fidelidad a Dios, sino la fidelidad de Dios
hacia mí. Al ser impactado por este misterio y el amor de Dios,
lo único que puedo hacer es ponerme de rodillas frente a algo muy
profundo, solemne y hermoso.
Soy religioso
redentorista, soy misionero a
servicio de los pobres y abandonados y soy sacerdote. Se ha
cumplido una parte de la bendición de mi papá, ¨Que el Señor te haga
un curita¨. Tengo 60 años de edad. Estoy viviendo la última
tercera parte de mi vida. Ojalá se cumpla la otra parte de la bendición
de papi, “¡que el Señor un día te lleve al cielo”!