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El
involucionismo, doctrina sobre la involución, no nos habla de un
retroceso, si no de un encuentro con el yo profundo, de una vuelta a la
conciencia de sí mismo, un retorno a lo que verdaderamente somos; una
vuelta al génesis de la historia del universo, pero especialmente del
microcosmos llamado ser humano, creación de una Mente Divina, de un Ser
Supremo, llamado Dios, del cual recibimos su chispa divinas al ser sus
imágenes.
Involución, habla de volver la mirada hacia dentro de sí mismo, de
realizar una introspección y encontrarse con la esencia de la cosa
misma, la esencia del universo mismo, el punto aquel del comienzo
creacional, donde todo empezó, de donde todo vino, el punto aquel donde
el movimiento comenzó a moverse y el tiempo comenzó a girar.
Involución habla de luz, de chispa divina, de gracia trascendente, que
debe por involución ser trascendida a un punto exacto, de una voluntad
extraña y a la vez cercana, una voluntad que sigue regalando la esencia
a cada cosa, a cada ser.
Involución habla pues de esa doctrina de la búsqueda del yo, de ese yo
disfrazado por los roles sociales, de ese yo perdido en el afán
desmesurado e insano de buscarse fuera, de ese yo que se encuentra
totalmente perdido, en la masa amorfa del raciocinio, del activismo, de
la tecnología, de lo efímero de la existencia planteada por los sistemas
en curso.
Involucionismo habla pues de la búsqueda del hombre de sí mismo, su
principio, su conciencia, su ubicación en el universo, su génesis.
Esperemos y sea de su agrado ésta vuelta a la esencia del universo,
donde todos los seres nos descubrimos en armonía y en equilibrio. |