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Sería
maravilloso formar un grupo familiar y de amigos, y tener
reuniones para recibir esta clase de instrucción. Y, habrá que
ser constante. |
Misioneros Redentoristas
Provincia de San Juan |
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A
partir de la publicación de "El Código DaVinci", o quizás un
poco antes, se ha visto una explosión de publicaciones "raras",
diría yo, acerca de la vida de Jesús y su obra, y sobre los
Apóstoles y su vida, y lo que me parece mas "raro" la vida
intima de Jesús y Maria de Magdala.
De esto último,
de que se casaron, de que tuvieron hijos, de que su descendencia
TODAVÍA esta entre nosotros, y mil etcéteras mas.
Esto despierta el morbo de la gente, de la gente que no esta "al
DIA" con las escrituras y además de la doctrina católica y
cristiana en general. Preferimos leer y "vivir" esas líneas
raras que publican, en vez de ahondar en las Sagradas Escrituras
y en nuestra doctrina Católica en particular.
Claro, estas publicaciones se venden, como pan recién hecho, y
promueven grandes ganancias económicas para sus autores y
"publicadores".
Es que ya no saben que mas inventar, para desacreditar al
Cristianismo... y ganar ingentes sumas de dinero, a costo de
algo tan valioso y cierto como lo es el Cristianismo.
La excusa de algunas personas es que ellas leen estas
publicaciones nuevas (???) que están tan explicadas, y no pueden
leer las Sagradas Escrituras, porque no las entienden y no hay
NADIE que les enseñe sobre ellas, y peor, de la Doctrina
Católica. Algunos otros, van con los hermanos separados a que
les expliquen las escrituras y nuestra doctrina (???).
Y, me pregunto, ¿que relajo es este?
Es como ir a recibir clases de Medicina, donde un Mecánico
Automotriz, o Algebra y Trigonometría, donde un Zapatero
Remendón.
Quieres saber de las Sagradas Escrituras, y quieres saber de la
Doctrina Católica, pues, vaya a su parroquia, pregunte por su
Párroco y pídale que necesita un Sacerdote o alguien que el
Párroco disponga, para que sea instruido en estos menesteres.
NADIE se lo va a negar.
Sería
maravilloso formar un grupo familiar y de amigos, y tener
reuniones para recibir esta clase de instrucción. Y, habrá que
ser constante.
Una vez más, mis queridos, no nos dejemos engañar por pseudos
evangelizadores e instructores o por publicaciones "raras".
Pidámosle a Dios ayuda y luz, a través del Espíritu Santo,
además del don de Discernimiento, para no ser engañados.
Vamos a hablar con los Sacerdotes para que nos ayuden con las
Sagradas Escrituras y con nuestra Doctrina Católica.
Si, ya se que los Párrocos tienen MUCHAS ocupaciones, pero, no
nos olvidemos también que DIOS SIEMPRE PROVEE a sus hijos.
Leamos lo escrito mas abajo y, buen provecho.
Dios los bendiga.
Luis Gerardo.
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Autor: Miguel Pastorino | Fuente:
Catholic.net
El evangelio según Judas
y las «nuevas»
revelaciones sobre Jesús
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Los textos gnósticos nunca
formaron parte de la lista de libros revelados y auténticos
entre los cristianos de todos los tiempos
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El evangelio según Judas y las «nuevas»
revelaciones sobre Jesús |
El pasado 9 de abril de 2006,
National Geographic estrenó un documental sobre “El
Evangelio prohibido de Judas”, preguntándose si esta
nueva revelación no pondría en tela de juicio las
creencias cristianas en general y a la Iglesia católica
en particular.
Este manuscrito, formado por 13 planchas de papiro
antiquísimo (26 páginas), fue encontrado en el año 1978
en Egipto, a orillas del río Nilo en la zona de Al-Minya,
pero fue pasando por varias manos, hasta que se hizo
público el pasado 6 de abril en Washington.
El manuscrito fue sacado ilegalmente de Egipto y
permaneció durante casi 20 años guardado en un banco de
Long Island, en Nueva York, sin que se advirtiera la
importancia del hallazgo, hasta que en el 2002, una
fundación suiza lo compró y financió la restauración del
mismo. La organización quiso venderlo a varios museos,
pero por su salida ilegal no pudo hacerlo y decidió
hacer un acuerdo con la National Geographic para su
divulgación internacional, y así llega hasta nosotros.
¿Cuál es su origen?
Hay importantes datos que pasan inadvertidos para muchos
“especialistas” que nos hablan de la “nueva revelación”.
Y es que, este hallazgo es una traducción copta del
siglo IV d.C., de un original anterior escrito en griego
entre el 180 y el 190 d.C. O sea que el original es
de finales del siglo II y también sabemos que no es
cristiano, sino un escrito de sectas gnósticas, cuyas
doctrinas saltan a la vista en el texto.
El mismo Ireneo de Lyon lo menciona en su obra Adversus
Haereses (s. II), atribuyendo este “evangelio de Judas”
a la secta gnóstica de los cainitas (A.H.
1,31,1). En el siglo II en esas zonas rendían culto a
Caín (el primer asesino) y también a la Serpiente (Ofitas).
Stephen Emmel, profesor de paleografía copta de la
Universidad de Münster y estudioso del manuscrito,
afirmó que una vez analizado, será enviado al museo de
El Cairo en Egipto en forma permanente.
Este manuscrito es muy importante para la historia de
las religiones, como fue el resto de los escritos
gnósticos hallados en Nag Hammadi en 1945 y
probablemente sea uno de los tantos que se extravió en
aquel primer hallazgo de textos gnósticos en Egipto.
Vale mucho más para la historia de la teología y para
conocer el gnosticismo del siglo II que para revelar
algún secreto sobre el cristianismo primitivo o sobre
Jesús de Nazareth.
Entenderlo como un documento sobre verdades cristianas,
es tan ingenuo como si dentro de 2000 años encontraran
el Código Da Vinci o un libro de la delirante
“Metafísica Cristiana New Age” de Conny Méndez y se
dijera que eran textos cristianos porque hablan de Jesús
y buscaran encontrar en ellos lo que creían los
católicos del año 2006. Estarían muy lejos de la
realidad.
Además el género literario parece que no lo tienen en
cuenta, lo quieren leer como si estuviera escrito al
estilo de la historia moderna y el texto tiene casi 1800
años. ¿Ingenuidad o rentabilidad?
El "boom" de los evangelios apócrifos
En los últimos años ha resurgido un gran interés por
documentos antiguos y por la literatura apócrifa,
y mucho de ello se debe
a una búsqueda ingenua de querer encontrar en estos
escritos algunas verdades misteriosas que las iglesias
habrían ocultado por miedo a que alguien descubriera “la
verdad sobre Jesús” o que “la Iglesia se derrumbe en sus
creencias”. Muchos piensan que porque se llamen
“evangelios” y aparezca el nombre de un “apóstol” ya eso
acreditaría su autenticidad. Pero esto es por falta de
información histórica al respecto.
A todo el mundo le gusta que le cuenten la versión “no
oficial” o “no autorizada” de los hechos.
Lo “no dicho”, lo
oculto, aunque sea inexistente, suena interesante y
atractivo. Lo misterioso y extraño tiene mayor público
que los buenos libros de historia, como sucede con los
divagues de Dan Brown y sus novelas pseudohistóricas.
Muchos han afirmado que el estreno mundial del
documental sobre “Judas” en el comienzo de la Semana
Santa y a un mes del estreno del Código Da Vinci, sea
una estrategia sensacionalista de marketing. Y es
probable.
Distinguiendo un poco
Los cuatro evangelios
de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los aceptados por el
cristianismo (no solo por católicos, sino por todas las
iglesias cristianas) como fuente cierta y segura de
revelación desde comienzos del siglo II hasta hoy y se
les llama
canónicos.
En cambio se llaman
apócrifos – a veces peyorativamente- a los
considerados como ajenos a la tradición cristiana.
Sin embargo el término apócrifo (apokrypto: oculto) fue
usado por los mismos autores de estos textos “ocultos”,
dando a entender su perfil esotérico, reservado a una
elite de iniciados en sus misteriosas doctrinas. No
se les llamó ocultos por estar escondidos, sino por su
origen esotérico y luego se hizo costumbre
identificar apócrifo con no canónico, no inspirado, etc.
Los cuatro evangelios
canónicos (que son regla de fe para los cristianos, y
son considerados como inspirados) de Mateo, Marcos,
Lucas y Juan, fueron escritos entre el año 60 y el 95
según los especialistas. Estos escritos pertenecen a las
comunidades cristianas de los primeros testigos y tienen
un origen apostólico y eran de uso generalizado (católico=universal)
en los primeros siglos de la era cristiana. No fueron
cambiados ni corregidos, y esto lo sabemos porque se
dispone de gran cantidad de copias y traducciones hechas
en la antigüedad. También se poseen textos de autores de
los primeros siglos que citan y comentan estos textos,
lo cual nos permite comparar y ver la fidelidad en la
trasmisión hasta nuestros días. No sería posible ocultar
algo que fue dado a conocer desde el principio. Además,
el criterio de canonicidad tiene que ver con el serio
conocimiento del origen de tal o cual evangelio como
vinculado directa y realmente a un Apóstol o discípulo
del mismo, acreditado a su vez por las otras comunidades
cristianas que servían de referentes por estar
conectadas también con un origen apostólico.
En el Concilio de Trento (s. XVI) se define
dogmáticamente el canon actual de la Biblia, pero ya
desde el siglo IV hay elencos completos de los libros
canónicos (Concilio de Cartago, 397), y el decreto
Gelasiano del Sínodo de Roma, 383, es el primer
documento romano autorizado con la lista completa del
canon. Por lo tanto, ya en los comienzos de la Iglesia,
la totalidad de los textos del Nuevo Testamento ya eran
considerados como los auténticamente inspirados y de
autoridad apostólica.
En torno al Antiguo Testamento, en el siglo XVI la
“reforma protestante” en una deseada vueltas a las
fuentes acepta el canon de la Biblia hebrea, que no
contiene algunos libros que si tiene la traducción
griega (LXX), que era la que se usaba en la primitiva
comunidad apostólica. Si bien la Biblia católica incluye
7 libros más del Antiguo Testamento en comparación con
las protestantes, en cuanto al Nuevo Testamento siempre
se mantuvieron los 27 libros que hoy conocemos.
Obviamente que los textos gnósticos, por no ser
cristianos, nunca formaron parte de la lista de libros
revelados y auténticos entre los cristianos de todos los
tiempos.
No hay nada oculto
Por otra parte, existen otros escritos posteriores,
escritos entre el s. II y el IV, los cuales tienen por
autores a miembros de distintas sectas gnósticas de la
antigüedad y de otros grupos pseudocristianos, cuyos
textos fueron llamados también “evangelios” y bajo
pseudoepígrafes de Apóstoles –sin conexión histórica con
los mismos-, como: “Tomás”, “Pedro, “María Magdalena”,
“Santiago”, “Felipe”, “Andrés”, “Judas”, etc. ¿Qué
quiere decir esto? Que
usaban el nombre de un apóstol para darle mayor
autoridad a esos textos tardíos, y no tenían ninguna
relación con las comunidades apostólicas. Y
obviamente no fueron escritos por los apóstoles que
murieron en el siglo I.
Estos textos fueron rechazados por las comunidades
cristianas desde sus comienzos, ya que sus contenidos
además de ser bastante fantasiosos sobre la vida de
Jesús (acomodados a las
doctrinas gnósticas y esotéricas con un Jesús lejano al
histórico) eran irreconciliables con lo
transmitido oralmente y por escrito en las primeras
comunidades cristianas. Sólo unos pocos escritos
apócrifos judeocristianos –algunos
contaminados
de gnosticismo- influyeron en la liturgia, en historias
populares, y en el arte, pero nunca entraron en el
canon. Aunque se los llame ocultos (apócrifos), no
están escondidos en ninguna parte, ya que se pueden
adquirir, hace ya varios años, en cualquier librería que
tenga textos religiosos.
Y los originales
tampoco están en algún lugar secreto del Vaticano –como
afirma la película Estigma-, sino en diferentes museos,
como el evangelio apócrifo “de Tomás”, que está en el
Museo de El Cairo (Egipto) desde su hallazgo en 1945.
Cualquiera los puede leer, pero la Iglesia nunca los
aceptará como regla de fe, ya que estos no fueron
aceptados desde el principio y no son fuente de
revelación para el cristianismo, sencillamente porque no
transmiten la fe de los Apóstoles, sino un Jesús
reinventado por las sectas gnósticas y esotéricas que
mezclaban doctrinas de religiones orientales con la fe
de la Iglesia primitiva y elementos de la literatura
apocalíptica judía (apócrifa).
Sencillamente no son evangelios cristianos, aunque se
llamen “evangelios”, ni tienen por autor a ningún
apóstol o sucesor directo del mismo por que fueron
escritos fuera de las comunidades cristianas y entre el
fin del siglo II y el siglo IV.
En la época del Canon Muratoriano - que data
aproximadamente del 190 DC- el reconocimiento de cuatro
evangelios como canónicos y la exclusión de textos
gnósticos era un proceso que se encontraba ya
sustancialmente completo. No es como muchos creen que en
la época postapostólica andaban cientos de evangelios
circulando entre las comunidades. Porque todos estos
textos apócrifos son muy posteriores.
Para el cristianismo existen textos muy antiguos de
autores de gran importancia, que sin embargo no entraron
en el canon y son poco conocidos. Muchos de ellos nos
muestran interesantes datos sobre el cristianismo
primitivo, sus celebraciones, sus creencias y enseñanzas,
y no por ello se los integró al canon de la Biblia, ni
tampoco se los escondió en ningún lado (Didajé o
Enseñanza de los Apóstoles, Pastor de Hermas, Carta de
Bernabé, 1ª Clemente, etc.)
Los primeros cristianos y los evangelios
Si leemos a un gran escritor de la antigüedad como
Taciano (110 -?), quien en el siglo II escribió el
Diatessaron (una vida de Jesús que mezcla los evangelios
que conocía), constataremos al leerlo, que sus únicas
fuentes son los cuatro evangelios que hoy llamamos
canónicos. En sus escritos, la humanidad y divinidad de
Cristo, así como su mensaje, están tal cual los
conocemos por la tradición cristiana. Y eso que Taciano
al final de su vida fue excomulgado por hereje por
pasarse al gnosticismo de los marcionitas, llegando a
liderar una secta conocida como encratitas.
Siendo el Diatessaron la historia más antigua que se
conoce sobre Jesús y de un autor no ortodoxo, está
fundada solamente en los Evangelios auténticamente
apostólicos, de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y algunos
elementos de fuentes apócrifas judeocristianas, mas
nunca fuentes gnósticas.
Es importante resaltar, contra nuestra curiosidad por el
género biográfico, que los evangelistas no quisieron
escribir una biografía de Jesús, no fue ésta su
intención. Ellos entregaban a sus comunidades la verdad
del acontecimiento Jesucristo como fundamento de su fe,
el testimonio de lo vivido y la enseñanza concerniente a
la salvación. Su objetivo no fue hacer un documental,
sino testimoniar y transmitir lo recibido fielmente.
Como acertadamente escribe Jesús Álvarez M: “La fe de
los evangelistas no inventa los hechos. Les busca el
sentido y los interpreta. La misma fe les obligaba a la
más estricta fidelidad a los hechos. Incluso llegaron a
morir por ella. Con razón decía Pascal: Creo de buen
grado las historias de cuyos testigos se dejan degollar.
No suele suceder esto cuando las ideologías dirigen la
mente del historiador”.
Conclusión: La iglesia no ocultó ningún evangelio,
simplemente descartó desde sus orígenes aquellos
escritos que no tenían origen apostólico y cuyas
historias fantásticas contrastaban con los textos más
antiguos. Los verdaderos evangelios para el cristianismo
son los que encontramos en la Biblia (Marcos, Mateo,
Lucas y Juan), son los más antiguos y no fueron
modificados.
Quiénes eran los gnósticos y qué creían
En 1945, se encontraron en Nag Hammadi (Egipto) una
serie de textos antiguos, cuya composición fue entre los
siglos II y IV d.C.
Para comprender el origen y la doctrina de estos textos
tardíos conocidos como “evangelios gnósticos” es
necesario introducirnos brevemente en el movimiento que
les dio origen, y así comprender el rechazo cristiano
por estos textos, como su no vinculación con el Jesús
histórico.
El gnosticismo (gnosis: conocimiento) es un movimiento
espiritual pre-cristiano fruto del sincretismo de
elementos iranios con otros mesopotámicos, de escuelas
filosóficas griegas como el platonismo y el pitagorismo,
y de la tradición apocalíptica judía. “Estalla
públicamente a mediados del siglo II como una tendencia
poderosa e identificable con numerosos maestros,
diversidad de escuelas y amplia expansión (Palestina,
Siria, Arabia, Egipto, Italia y la Galia)” (García Bazán).
Se caracterizan por buscar la salvación a través del
conocimiento reservado a unos pocos y por un marcado
dualismo cosmológico y antropológico. No buscaban un
conocimiento de tipo intelectual, sino espiritual e
intuitivo, a saber: el descubrimiento de la propia
naturaleza divina, eterna, escondida y encerrada en la
cárcel del cuerpo y la psique. Un conocimiento reservado
a una élite de hombres “espirituales”.
Con el nacimiento del cristianismo, tomará contacto con
éste y dará lugar a una larga lista de sectas que
mezclaban elementos gnósticos y cristianos, confundiendo
a las mismas comunidades cristianas (como hoy pasa con
la literatura New Age).
Los llamados “Evangelios Gnósticos” encontrados en Nag
Hammadi y el de Judas son producto de estas sectas, que
son posteriores a la época apostólica y no tienen un
origen verdaderamente cristiano, de ahí que no se los
reconozca como auténticos evangelios. Sin embargo son un
importante hallazgo para conocer el gnosticismo de esa
época.
El gnosticismo antiguo, aunque no era homogéneo en sus
doctrinas, tenía un importante desprecio por el mundo
material y por el cuerpo.
Los gnósticos creían que el mundo material en el que
vivimos es una catástrofe cósmica y que de alguna manera,
chispas de la divinidad han caído, quedando atrapadas en
la materia y necesitan escapar y volver a su origen. El
escape de la materia lo logran cuando adquieren
conciencia cabal de su situación y de su origen divino,
este conocimiento es la “gnosis”. Por lo tanto la única
forma de salvación no es por obra de Dios, sino por la
adquisición de la propia conciencia de tener en sí la
“chispa divina”. Muchas de estas doctrinas como una “autosalvación”,
“autodivinización”, reencarnación, cierto panteísmo, y
la separación de Jesús y Cristo como realidades
separadas, vuelven a aparecer en los movimientos new
agers como la Metafísica Cristiana de Conny Mendez, Los
Ishayas, y las modernas sectas gnósticas y esotéricas.
Una realidad que a muchos cristianos les pasa
desapercibido, debido al uso de un confuso lenguaje
esotérico con barniz cristiano, por parte de estos
grupos.
Es preciso resaltar que las creencias gnósticas son
fuertemente anticristianas y niegan la encarnación del
Verbo, la muerte y resurrección de Jesús, además de
tener una pesimista visión del mundo. Es gracias al
testimonio de muchos escritos cristianos contra los
gnósticos que conocemos muchas de sus creencias. Los
dogmas proclamados por el cristianismo primitivo se
fijaron para salvar la fe original de la contaminación
de ideas gnósticas que comenzaron a proliferar en el
mundo helenístico y dentro del imperio romano entre los
siglos II al V d.C. Estas sectas y creencias
gnósticas son los autores de los llamados “evangelios
gnósticos” con los que algunos se ilusionan en encontrar
algo más original que lo que sabemos de Jesús, pero para
su decepción estos textos no son cristianos, y son muy
posteriores a los cuatro que la Iglesia aceptó como
auténticos. Eso sí, muchos gnósticos –al igual que
algunas sectas de hoy- se autoproclamaban los
“verdaderos cristianos”, de ahí la confusión de muchos
ante el estratégico uso de la terminología cristiana con
contenidos y sentidos ajenos a la revelación bíblica.
Tampoco es cierto que el gnosticismo fuera un
cristianismo marginal, sino que existía una mutua
desacreditación como dos religiones enemigas. No solo
los cristianos rechazaban a los gnósticos por
tergiversar el mensaje y la vida de Jesús con doctrinas
orientales y filosofías extrañas, sino que los gnósticos
también rechazaban y atacaban a los cristianos ortodoxos
por considerarlos seres inferiores espiritualmente. El
ataque era mutuo, solo que el gnosticismo por su
naturaleza sincretista de mezclar elementos de cualquier
religión, asimilaba lo cristiano a su manera y da
impresión de tolerante. Alcanza con leer los mutuos
ataques doctrinales de aquella época. El mismo
historiador anglicano Paul Jonson escribe: “Los
grupos gnósticos se apoderaron de fragmentos del
cristianismo, pero tendieron a desprenderlos de sus
orígenes históricos. Estaban helenizándolo, del mismo
modo que helenizaron otros cultos orientales (a menudo
amalgamando los resultados)...” Pablo luchó
esforzadamente contra el gnosticismo pues advirtió que
podía devorar al cristianismo y destruirlo. En Corinto
conoció a cristianos cultos que había reducido a Jesús a
un mito. Entre los colosenses halló a cristianos que
adoraban a espíritus y ángeles intermedios. Era difícil
combatir al gnosticismo porque, a semejanza de la hidra,
tenía muchas cabezas y siempre estaba cambiando. Por
supuesto, todas las sectas tenían sus propios códigos y
en general se odiaban unas a otras. En algunas confluían
la cosmogonía de Platón con la historia de Adán y Eva, y
se la interpretaba de diferentes modos: así, los ofitas
veneraban a las serpientes... y maldecían a Jesús en su
liturgia...” (Historia del cristianismo)
Es un anacronismo imaginar que los gnósticos eran
tolerantes y pluralistas por ser sincretistas, sino que
eran dogmáticos en su propia doctrina.
Una mirada al manuscrito gnóstico de “Judas”
En el evangelio gnóstico de Judas, Jesús le dice que
será el encargado de liberarlo de su cuerpo, con un
claro desprecio del mismo y marcando la identidad de
Jesús como un ser puramente espiritual, revestido
provisoriamente de materia.
En los versículos se observa claramente la tendencia al
elitismo del conocimiento gnóstico por parte del
protagonista (Judas) y el pesimismo en la visión del
mundo.
Judas no habría sido el traidor que vendió a Jesús por
30 monedas de plata, sino el discípulo privilegiado al
que encarga la misión más difícil, sacrificarlo, para
ayudar a su esencia divina a escapar de la prisión del
cuerpo y elevarse al espacio celestial (cosmovisión
gnóstica).
«Apártate de los demás y te
contaré los misterios del reino. Es posible que lo
alcances, pero será para ti motivo de gran aflicción».
«Tú serás el decimotercero, y serás maldito por
generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos». En
los últimos días maldecirán tu ascensión a la
[generación] sagrada´ ´´.
«Tú serás el apóstol maldito por todos los demás. Tú,
Judas, ofrecerás el sacrificio de este cuerpo de
hombre del que estoy revestido»
«Y fueron a Judas y le dijeron: "Aunque en este lugar
no hagas el bien, eres un auténtico discípulo de
Jesús".Y él les dijo lo que querían oír. Y lo entregó.
Éste es el fin del evangelio de Judas».
Si leemos los “evangelios”
gnósticos de María, de Felipe y de Judas, veremos que
esos textos siempre posicionan a su apóstol de cabecera
como el receptor privilegiado de las revelaciones
gnósticas que traería Jesús. En el caso de Judas es
clara una preferencia de Jesús por contarle cosas en
secreto y le advierte de la oposición de los otros
apóstoles.
Cuestiones de sentido común
La Iglesia tuvo que fijar (dogmas) algunas de las
creencias fundamentales de la fe primitiva debido a la
confusión que armaron los escritos gnósticos en muchos
cristianos. Los dogmas no modifican lo que se cree
antes, sino que formula la fe de modo claro y explícito
en un lenguaje que todos entiendan y no en afirmaciones
ambiguas que dan lugar a cualquier interpretación que
aleje de la fe original de los apóstoles. Servían para
aclarar al pueblo creyente cuál es la verdadera fe
cristiana, en que creyeron siempre los discípulos de
Jesús y para no dejarse confundir por nuevas doctrinas
extrañas al Evangelio que quieran acomodar a Jesús a sus
caprichos. Como sucede ahora con el movimiento New Age,
el libro de Urantia, Sixto Paz con sus telenovelas
cósmicas, J.J. Benitez con su caballo de Troya, los
seguidores del Da Vinci Code y las supuestas nuevas
revelaciones extraterrestres sobre Jesús como las del
estigmatizado Giorgio Bongiovanni, donde la fantasía que
llena curiosidades siempre quiere ser la versión oculta
–esotérica- de la historia. A la hora del delirio las
nuevas versiones de la gnosis se ponen de moda y tienen
bastante público entre aquellos que están ávidos de
cosas misteriosas y extrañas.
Hace falta que los cristianos se formen mejor en lo
concerniente a su fe y de manera especial en las
Sagradas Escrituras. Lo ideal es no quedarse con la
catequesis de niños como si fuera un tratado de teología
y seguir leyendo la Biblia como si fuera un cuentito o
en forma literal y fundamentalista como algunas sectas.
Si alguien quiere saber sobre la fe cristiana no debería
apelar a lo que aprendió de niño como un cuento, sino
ahondar madura y profundamente en su fe, ya sea porque
su propia fe se lo exige, ya sea para conocer seriamente
una religión que no es un cuento de hadas, que se caerá
con un hallazgo arqueológico.
La Biblia no cayó del cielo, es la Palabra de Dios en
palabras humanas, producto de un pueblo y de comunidades
creyentes. Y sin la fe y el conocimiento que sólo esa
comunidad tiene, ¿puede interpretar bien alguien que
desconozca la tradición interpretativa de esos textos?
La misma Biblia advierte: “Ante todo tengan presente que
ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por
cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido
por voluntad humana, sino que hombres movidos por el
Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios” (2 Pe
1,20).
¿Puedo leer de cualquier manera algo que no conozco
ni su historia, ni su contexto, ni su origen, ni su
sentido original, pretendiendo que sea más legítima mi
interpretación subjetiva que quien de verdad conoce
todas las puntas del tema?
Como dijera un antiguo proverbio: “La enfermedad del
ignorante es ignorar su propia ignorancia”.
¡No hay nada que esconder!
La mayoría de las sectas esotéricas y los autores e
intelectuales vinculados al ocultismo están convencidos
de que el cristianismo tiene “secretos” de contenido
religioso que no revela, como si existiese un esoterismo
cristiano y les fascina el tema de los evangelios
apócrifos y mejor si esta mal manejado y lleno de
fantasías insostenibles. Y la verdad es que nunca
existió, ni existe tal realidad, en cuanto verdades
doctrinales ocultas que solo una élite cristiana conoce.
Eso es una ilusión de algunos, pero que no pocos
alimentan.
El punto de partida de la fe cristiana es la
aceptación de lo que Dios ha revelado y no de lo que
oculta. El cristiano cree que en Cristo, Dios ha
revelado todo lo necesario para la salvación de la
humanidad. El cristianismo es una religión exotérica,
hacia fuera, universal, a la Jesucristo mismo envía a
dar a conocer todo lo que él les ha enseñado (Mateo
28,20ss).
La Biblia no es Harry Potter, pero tampoco un libro de
Historia Universal con biografías de la historiografía
moderna.
Debido a la crisis cultural en la que estamos viviendo,
está aconteciendo una nueva emergencia gnóstica y
esotérica, de ahí el éxito de toda literatura que se
vincule a estas temáticas y el sensacionalismo que se
genera con hallazgos con el de este texto gnóstico. Es
una pena que pocos conozcan la verdadera historia, tal
vez no quieran saberla porque sus mágicas fantasías
caerían al suelo demasiado rápido.
El gran complot: ¿conspiración de 2000 años?
A raíz de la literatura esotérica, los apócrifos y
novelas como el Código Da Vinci, no son pocos los que se
unen al cultural prejuicio anticatólico y afirman que la
Iglesia conspiró para ocultar estos textos a lo largo de
la historia. Pero, con un poco de sentido común vemos
que todos los cristianos (un quinto de la humanidad),
tanto católicos, como ortodoxos, el protestantismo
histórico, anglicanos, bautistas, metodistas,
evangélicos y pentecostales, coinciden en los 4
evangelios canónicos del Nuevo Testamento como fuentes
fieles de revelación, en la divinidad de Cristo, en la
resurrección, y en la mayoría de las verdades
fundamentales de la fe cristiana, transmitida por los
Apóstoles y sus sucesores.
Sería tonto pensar que la Iglesia católica oculta cosas,
y que el resto del cristianismo permanece ingenuo y
acrítico ante la verdad sobre Jesucristo y los
Evangelios. Esto obligaría a pensar en una conspiración
de todo el cristianismo mundial a lo largo de 2000 años
–no solo de católicos- por ocultar tantas cosas sobre
Jesús. Es insostenible algo así. ¿Nadie se dio cuenta
antes de un engaño tan grande?
Y si Judas no hubiese existido, o su historia fuera otra,
nada hubiera cambiado para el cristianismo, porque es
algo muy secundario. El problema es que la información
cultural sobre el catolicismo es la de la catequesis de
niños y no la teología que cualquier católico formado
conoce.
¿Ignorancia religiosa?
A nadie le es ajeno el dato de la extendida y creciente
ignorancia en materia de cultura religiosa en nuestro
país. No tenemos mucha idea de la historia de las
religiones, de los símbolos religiosos, del arte
religioso, de las distintas mitologías, de los libros
sagrados, etc. La existencia o no de Dios es un tema
aparte, pero la religión es un hecho humano específico e
innegable, que debe ser estudiado desde las diversas
disciplinas académicas. Y Uruguay, en comparación con
otros países del mundo renguea en lo que a cultura
religiosa se refiere. Esto nos deja vulnerables frente a
cualquier discurso o interpretación sobre temas
religiosos descontextualizados, donde hoy proliferan
cientos de libros y revistas, sectas, cursos y
conferencias, sobre temas que uno no sabe si se trata de
religiosidad o ciencia ficción, y no siempre se tiene
herramientas académicas para discernir adecuadamente. Si
la gran masa de lectores que se acercan a novelas como
“El Código Da Vinci” tuvieran un acceso posible y serio
a la historia del cristianismo, no hubiera tenido tanta
trascendencia, porque su pretensión de veracidad es
insostenible.
Creemos que la enseñanza seria, objetiva, laica, de las
distintas religiones en la historia de la humanidad y
del presente, tarde o temprano tendrán que incluirse en
los programas curriculares de enseñanza, de lo contrario
seguiremos siendo incapaces de discernir entre lo serio
y la estupidez, incapaces de reconocer una tontería con
halo de sabiduría de una verdad histórica.
Las sensacionalistas interpretaciones sobre el tema de
los textos apócrifos está siempre pronta para los ávidos
clientes de novedades sin mucho fundamento.
Conclusión
Finalmente, lo que se puede encontrar en el Evangelio de
Judas y en los textos gnósticos de Nag Hammadi son
cuestiones de mayor interés para los eruditos de la
investigación histórica y arqueológica sobre el
gnosticismo antiguo, que para el público en general, que
apenas comprende la cosmovisión gnóstica como para poder
interpretar esos textos, y menos aún si se dieran cuenta
que no aporta nada sobre el Jesús histórico y su mensaje.
Los especialistas seguirán trabajando en la
autentificación del manuscrito y eso será un valioso
aporte a la investigación histórica y al conocimiento
del gnosticismo antiguo, pero ni sobre Jesús, ni sobre
Judas encontraremos algo nuevo, porque obviamente se
trata de un texto gnóstico tardío.
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