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San
Alfonso María de Ligorio |
Misioneros Redentoristas |
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«Por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo...y se
hizo hombre», decimos en el Credo, significando lo que todo un Dios fue capaz
de hacer para llamarnos al amor.
Alejandro Magno, después de invadir Persia, se vistió igual que
la costumbre del país para ganarse la amistad de la gente. Se puede decir que
nuestro Redentor hizo lo mismo, vestirse y presentarse como hombre, y no con
la intención política de hacerse importante, sino con el fin exclusivo de
elevarnos a nosotros, aún a costa de su humillación.
El hombre no me ama– parece que pensó el Señor porque no puede
verme.
Me mostraré visiblemente, conversaré con él, y así
conquistaré su amor. Pues si bien el amor de Dios era sobrado desde la
eternidad, no se había evidenciado aún en toda su grandeza, lo cual sí sucedió
cuando Jesús se hizo ver como niño: «Cuando se manifestó la bondad de nuestro
Salvador» (Ti 3,4).
Jesús tomó nuestra naturaleza, pues con tal milagro de amor se
quiso encadenar a los hombres como lo predijo el profeta Oseas: «Con cuerdas
humanas, con lazos de amor los atraía».
Mira, pues, que Dios se hizo tu hermano, hijo de Adán igual que
tú, revestido de tu misma carne, sometido a tus gozos y a tus sufrimientos. Y
de ello se gloriaba llamándose con frencuencia Hijo de Adán, como si en
parecerse a ti cifrara su mayor honor.
¿Y tú vas a permanecer indiferente?
¡Oh Palabra de Dios hecha carne por mí!Aunque te veo pobre y
desvalido, hoy te confieso como mi Señor. Aquí tienes mi alma; tómala por
pesebre y por trono. ¡Oh rey de la humildad!, toma el mando de mi corazón y no
dejes que otro me domine.
Estas palabras fueron escritas por San Alfonso María de Ligorio,
fundador de los misioneros redentoristas, hace 250 años.
El se hizo hombre para habitar entre nosotros. Acepta el
regalo más grande y más generoso que te han hecho jamás. Déjate encadenar por
su gran amor y acepta a Jesús en tu hogar y en tu corazón.

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