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"Voy
a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa
buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda
hacer a algún humano, debo hacerlo ahora, porque no pasaré
de nuevo por ahí".
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Misioneros Redentoristas
Provincia de San Juan |
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No sé quién
lo escribió, sólo sé que está muy bueno.
Domingo Vásquez
Morales
Había una vez un gusano y
un escarabajo que eran amigos, pasaban charlando horas y horas. El
escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en
movilidad, tenía una visibilidad muy restringida y era muy
tranquilo comparado con los de su especie.
El gusano estaba muy
consciente de que su amigo venía de otro ambiente, comía cosas que
le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de
vida, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad hacia
el gusano. ¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al
encuentro del gusano? A lo que él respondió que el gusano estaba
limitado en sus movimientos. ¿Por qué seguía siendo amigo de un
insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo
hacía desde lejos?
Esto era entendido por él, ya que sabía de su limitada visión,
muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba y cuando se
daba cuenta, no distinguía si se trataba de él para contestar el
saludo, sin embargo calló para no discutir.
Fueron muchas las
respuestas que se buscaron en el escarabajo para cuestionar la
amistad con el gusano, que al final, éste decidió poner a prueba
la amistad alejándose un tiempo para esperar que
el gusano lo buscara.
Pasó el tiempo y la noticia llegó: el gusano estaba muriendo, pues
su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día aprendía
el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a
retornar hasta su lugar de origen.
El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera qué
opinaba. En el camino varios insectos le contaron las peripecias
del gusano por saber qué le había pasado a su amigo. Le contaron
de cómo se exponía día a día para ir a dónde él se encontraba,
pasando cerca del nido de los pájaros.
De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano
esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las últimas
fuerzas que vida te da, le dijo cuánto le alegraba que se
encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo
sabiendo que nada malo le había pasado.
El escarabajo avergonzado
de sí mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no
eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las
pláticas con su amigo le proporcionaban.
Al final entendió que el
gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo
que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería no tanto por
la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció su amistad.
El escarabajo aprendió varias lecciones ese día: La amistad está
en ti y no en los demás, si la cultivas en tu propio ser,
encontrarás el gozo del amigo. También entendió que el tiempo no
delimita
las amistades, tampoco las razas o las limitantes propias ni las
ajenas.
Lo que más le impactó fue
que el tiempo y la distancia no destruyen una amistad, son las
dudas y los temores propios los que más afectan.
Y cuando pierdes un amigo
una parte de ti se va con él. Las frases, los gestos, los temores,
las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza
se van con él.
El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escuchó
quejarse de quien mal le aconsejó, pues fue decisión propia el
poner en manos extrañas su amistad, sólo para verla escurrirse
como agua entre los dedos.
Si tienes un amigo no
pongas en tela de duda lo que es, pues sembrando dudas cosecharás
temores. No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué
come o qué hace, pues estarás poniendo en la vasija rota tu
confianza.
Reconoce la riqueza de
quien es diferente de ti y está dispuesto a compartir sus ideales
y temores, pues esto alimenta el espíritu de supervivencia más que
un buen platillo.
La esencia del gusano y el escarabajo se volvió una en el plano
que se encuentra más allá de este mundo, volviendo al regocijo que
en esta vida habían encontrado.
Este es el final de mi historia, pues siendo TÚ mi amigo no te
puedo exponer a una tristeza que no quisiera para mí. No sé si tú
seas el gusano o yo el escarabajo, pero seguro que somos distintos
y en planos ajenos nos movemos.
Yo, como gusano, te
seguiré buscando día a día, y como escarabajo, no me fijaré en
limitaciones. Como gusano, omitiré lo grotesco que me puedas
parecer. Como escarabajo, haré uso de mis habilidades para
servirte.
Dijo la madre Teresa: "Voy
a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que
yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano,
debo hacerlo ahora, porque no pasaré
de nuevo por ahí".

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