PRIMERA
ESTACIÓN:
¡CRISTO VIVE!: ¡HA RESUCITADO!
En la ciudad santa, Jerusalén, la
noche va dejando paso al Primer Día de la semana. Es un
amanecer glorioso, de alegría desbordante, porque Cristo ha
vencido definitivamente a la muerte. ¡Cristo vive! ¡Aleluya!
Del Evangelio según San Mateo 28,
1-7. (cf. Mc 16, 1-8; Lc, 24, 1-9; Jn 20, 1-2).
Comentario:
En los
sepulcros suele poner "aquí yace", en cambio en el de Jesús
el epitafio no estaba escrito sino que lo dijeron los
ángeles: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No
está aquí, sino que ha resucitado" (Lc 24, 5-6).
Cuando todo parece que está acabado,
cuando la muerte parece haber dicho la última palabra, hay
que proclamar llenos de gozo que Cristo vive, porque ha
resucitado. Esa es la gran noticia, la gran verdad que da
consistencia a nuestra fe, que llena de una alegría
desbordante nuestra vida, y que se entrega a todos: "hasta a
los muertos ha sido anunciada la Buena Noticia" (1 Pe 4, 6),
porque Jesús abrió las puertas del cielo a los justos que
murieron antes que Él.
Cristo, que
ha querido redimirnos dejándose clavar en un madero,
entregándose plenamente por amor, ha vencido a la muerte. Su
muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora su
resurrección gloriosa nos ha abierto el camino hacia el
Padre.
Oración:
Señor
Jesús, hemos querido seguirte en los momentos difíciles de
tu Pasión y Muerte, sin avergonzarnos de tu cruz redentora.
Ahora queremos vivir contigo la verdadera alegría, la
alegría que brota de un corazón enamorado y entregado, la
alegría de la resurrección. Pero enséñanos a no huir de la
cruz, porque antes del triunfo suele estar la tribulación. Y
sólo tomando tu cruz podremos llenarnos de ese gozo que
nunca acaba.
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SEGUNDA ESTACIÓN:
EL ENCUENTRO CON MARÍA MAGDALENA
María Magdalena, va al frente de
las mujeres que se dirigen al sepulcro para terminar de
embalsamar el cuerpo de Jesús. Llora su ausencia porque ama,
pero Jesús no se deja ganar en generosidad y sale a su
encuentro.
Del Evangelio según San Juan 20,
10-18 (cf. Mc 16, 9-11; Mt 28, 9-10).
Comentario:
La
Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor
está hecho de fortaleza y eficacia, como el de tantas
mujeres que saben hacer de él entrega. María ha buscado al
Maestro y la respuesta no se ha hecho esperar: el Señor
reconoce su cariño sin fisuras, y pronuncia su nombre.
Cristo nos llama por nuestros nombres, personalmente, porque
nos ama a cada uno. Y a veces se oculta bajo la apariencia
del hortelano, o de tantos hombres o mujeres que pasan, sin
que nos demos cuenta, a nuestro lado.
María
Magdalena, una mujer, se va a convertir en la primera
mensajera de la Resurrección: recibe el dulce encargo de
anunciar a los apóstoles que Cristo ha resucitado.
Oración:
Virgen
María, Madre de Dios y Madre nuestra, la tradición cristiana
nos dice que la primera visita de tu Hijo resucitado fue a
ti, no para fortalecer tu fe, que en ningún momento había
decaído, sino para compartir contigo la alegría del triunfo.
Nosotros te queremos pedir que, como María Magdalena, seamos
testigos y mensajeros de la Resurrección de Jesucristo,
viviendo contigo el gozo de no separarnos nunca del Señor. |