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Padre Joseph W. Tobin,
C.Ss.R. |
Superior
General |
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"Dar la vida por la Abuntante Redención" |
Me siento muy feliz de haber
sido invitado a presidir esta Eucaristía que da comienzo a la
inauguración de la más reciente Unidad de la Congregación, la
Provincia Sancti Clementis. Confío en que los momentos siguientes
no sean demasiado penosos para ustedes, especialmente mis
cohermanos de habla francesa. El acento y la pobre gramática del
orador evidencian que es extranjero, pero quizás esta misma
circunstancia les hará tener presente el interés y la solidaridad
de toda la Congregación en este histórico momento. Durante los
siete primeros meses de este año he visitado a los Redentoristas
de diecisiete países diferentes y puedo testificar que la
gestación de la Provincia de S. Clemente ha suscitado un gran
interés por saber acerca de la misma al tiempo que se me han hecho
no pocas preguntas sobre los cohermanos: ¿Qué les ha llevado a los
cohermanos flamencos, holandeses, alemanes del norte y suizos a
dar este paso? ¿Se ha tratado este nuevo proyecto de una decisión
propia o bien de una imposición del Gobierno General? ¿Supondrá la
nueva Provincia solamente una ficción jurídica o, más bien,
significará este paso una nueva energía para la Congregación en
Europa Norte?
Por importantes que sean dichas preguntas, al
comienzo de esta nueva Provincia evitemos el peligro de ponernos
en camino sintiéndonos preocupados por nuestras respuestas y por
nuestras decisiones. El punto de partida,
hoy, es el amor abundante de Dios que nos ama apasionadamente
tanto a nosotros como a nuestro mundo. De nuestra parte, llegará
después, revestida de pasión hacia él y de pasión hacia la
humanidad, nuestra respuesta a quien nos ha amado primero (1 Jn 3,
10). No deberíamos tampoco permitir que nuestros pensamientos
estuvieran dominados por una preocupación desmesurada por el
futuro de esta nueva Provincia; el porvenir es incierto y solo
llegaríamos a barruntar la forma en que podrían ir las cosas. Les
invito, en cambio, a reflexionar sobre el modo en que la Palabra
de Dios convoca a los miembros de la Provincia de San Clemente a
ser continuadores de la misericordia que Dios ha mostrado al mundo
en Jesucristo.
La historia de la salvación es la historia de un
Dios manifestando su compasión por el ser humano. Dios es aquel
que tiene presente la aflicción de su pueblo y decide rescatarlo
(Ex. 3, 7- 8). Incluso el pecado de sus hijos e hijas se convierte
en un ¡Oh feliz culpa! que mereció tener a un tal salvador, más
allá de lo que uno hubiera podido imaginar. Y es que Dios ha amado
tanto al mundo que le dio a su único Hijo… para que el mundo se
salve por él (Jn 3, 16 -17).
Jesús, que nació en el campo, a las afueras de
Belén, y que morirá fuera de los muros de Jerusalén, asumió los
riesgos de plantar su tienda donde nadie lo hubiera imaginado:
entre los desposeídos y marginados, exactamente donde parece que
ya no existe esperanza alguna. Lo encontraremos siempre entre
quienes el mundo ha arrojado lejos de sí.
Encontramos a Jesús buscando un "lugar", según
la lectura de Marcos que acabamos de escuchar. Jesús lleva
intencionadamente a sus discípulos, que han trabajado duramente, a
un "lugar apartado" a fin de que descansen algo. Lo apartado del
lugar, sin embargo, no desalienta a las multitudes que van tras él.
Podemos suponer que todas esas gentes viven ya al margen de su
sociedad y de su religión. Muchos de ellos eran galileos, una
especie de gente heterogénea que era del
desagrado de los judíos más respetables. El grupo, ciertamente,
estaba formado por cobradores de impuestos, por prostitutas y por
otros repudiados por la sociedad. La gente era pobre y no llevaba
comida consigo (cf. Mc 6, 36).
Una consecuencia de la marginación de la gente
que lo rodea es que mueve a compasión el corazón de Jesús: aquella
gente parece estar tan indefensa y perdida como ovejas que no
tienen pastor. La imagen es la de un pueblo ansioso, asustado y
cansado porque no sabe adonde ir ni a quién seguir. Esta gente
carece también de ambas cosas: de objetivos y de guía que la ayude
a orientar sus vidas. La compasión de Jesús no se queda en mera
teoría, sino que lo impulsa a la acción: "Empezó a enseñarles
muchas cosas".
Por supuesto, este pasaje de Marcos encuentra un
potente eco en los acontecimientos que confluyeron en la fundación
de la Congregación Redentorista. Alfonso de Liguori y algunos
amigos suyos se alejaron del ajetreo pastoral de Nápoles para
lograr algo de descanso en un "lugar apartado" a lo largo de la
costa de Amalfi. Allí, en las alturas de Scala, nuestro fundador
conoció a pastores y cabreros que conmovieron su corazón. Este
encuentro llevó a Alfonso a dar la espalda a la ciudad y a
dedicarse a los pobres del campo a fin de predicarles lo único que
Dios pide: piedad y compasión (cf. Miq 6,8).
En San Alfonso, el hombre compasivo que se
acerca a los abandonados, vemos reflejados los valores, las
convicciones, y las preferencias del propio Jesús: lo que él
considera importante y lo que considera que no lo es. Igual que el
Samaritano, a quien Jesús propone como ejemplo de compasión, San
Alfonso encontrará la vida eterna en quienes están abandonados de
la vida.
La historia de nuestra Congregación no comienza
desde arriba, no procede de elevadas discusiones que tienen lugar
en torno a principios y reglas, sino desde abajo, de las desoladas
riberas de la Iglesia y de la sociedad donde la gente está cansada,
confusa y olvidada. Gerardo Majella, Clemente Hofbauer, Juan
Neumann y miles de nuestros cohermanos se retiraron a "lugares
apartados" y sintieron compasión por la gente que allí encontraron.
La visión del Redentoristas es la que el propio Jesús propone: que
la persona que necesite nuestra ayuda ocupe el centro, no
nosotros.
Nuestras Constituciones usan muchas palabras
para referirse a la gente que nos reclama: son aquellos a quienes
la Iglesia ha fallado, los que nunca oyeron el mensaje de la
Iglesia o no lo reciben como "Buena nueva" … aquellos a quienes
perjudica la división de la Iglesia (Const. 3), los pobres, los de
condición más humilde y los oprimidos (Const. 4). Y debido a que
nuestra regla de vida tiene también en cuenta la atención pastoral
diaria a los católicos, para mí está claro que la prioridad de la
Congregación debe centrarse en el servicio compasivo a los
marginados de la Iglesia y de la sociedad.
Así, en tanto existen muchas razones que han
impulsado a la fundación de una nueva Provincia redentorista en
Europa Norte, el objetivo más importante para la Provincia de S.
Clemente debe ser la revelación de la compasión de Dios hacia la
gente, especialmente hacia aquellos que viven al margen de la Iglesia
y de la sociedad. No podremos realizar dicho objetivo si nosotros
mismos nos permitimos instalarnos en entornos y estructuras en las
que nuestro trabajo perdería su distintivo misionero (cf. Const.
15); es decir, si nos alejamos de aquellas situaciones de
necesidad pastoral urgente debido a que estamos demasiado
preocupados por nosotros mismos, por nuestra avanzada edad, por el
escaso número de miembros o por una exagerada necesidad de
comodidad.
La Provincia de S. Clemente no realizará la
misión de nuestra Congregación si se aleja de la gente necesitada.
La situación de la Iglesia en Europa Norte invita a los
Redentoristas a aprender a escuchar mejor y a hacerse expertos en
plantearse interrogantes, en conversar, y en compartir la pobreza
que nos coloca a todos nosotros en un mismo barco con los demás.
En espíritu de fraterna solidaridad debemos tratar de comprender
los angustiosos interrogantes que preocupan a los hombres y
procurar discernir cómo Dios se revela en ellos de forma real y
nos da a conocer sus designios (Const. 19).
Nunca debemos permitir que los temas
administrativos ocupen nuestra más alta prioridad. En los últimos
años, algunas nuevas estructuras asumidas por la Congregación han
resultado decepcionantes debido a que los Redentoristas han sido
demasiado cautelosos, calculadores y se han centrado demasiado en
sí mismos. Una actitud así no tiene en cuenta la insistente lógica
de Jesús: "No medir, no calcular, dar según el amor. Los demás
serán los que te devuelvan tu identidad, precisamente cuando
pensabas que estabas para morir". La lógica de Jesús nos invita a
dar nuestra vida por su abundante redención.
Mis hermanos, la vida que han abrazo no es ni un
código de ética ni una historia de fundación, sino más bien una
pasión, una aventura, un riesgo; se trata de un viaje que realizar
con los ojos y los oídos bien abiertos y de par en par. Una
peregrinación en la que la única brújula que les servirá de guía
hacia su destino es la piedad y la compasión. Soy consciente
de la fragilidad de nuestra Congregación o de la Iglesia en el
territorio de esta nueva Provincia. Pero seríamos desleales a
nuestra vocación si al comienzo de la Provincia de S. Clemente no
garantizáramos que esta nueva estructura que nace nos lleva a los
"lugares apartados" donde incluso hoy Dios desea revelar su
compasión a la gente. Y si al ir a ese lugar
descubrimos que la compasión nos invita a dar al pobre lo que
tenemos, podemos esperar que Jesús multiplique nuestros pocos
panes y peces y alimente a toda una multitud.
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