Querida familia y amigos:
Cuando llegué a Nueva Orleáns para iniciar mi etapa
como párroco, sabía que estaba en una «región» de
huracanes, pero no tenía la menor idea de que iba a
llegar justo a tiempo de ser testigo de su peor
historia estadounidense. Al principio me sentía algo
indiferente ante este primer huracán de mi vida, pero
cuando el tema en la TV empezó a hacerse más intenso e
incluso los nativos se mostraban bastante alarmados,
comencé a hacerme cargo de la gravedad de la situación.
El domingo por la mañana decidí que debía unirme a la
evacuación recomendada por las autoridades. Pensé que
llegaríamos a terminar nuestro horario de misas del
domingo, que concluía con la misa de 11.30 de la
mañana; pero cuando vimos que en la misa de 10:00 a.m.
sólo había 5 personas, se vio que no tenía sentido
celebrar la misa de 11:30.
Algunos de los nativos hablaban de si quedarse o
no, pero eran muchos ya los que iban expresando sus
planes de evacuación, incluyendo todos los miembros de
mi comunidad redentorista. Preparé mi maleta y me hice
una lista mental de lo que debía llevar conmigo. Una
feligresa, ya mayor, me dijo en la misa de las 8:30
que se iba a quedar. Traté de disuadirla y le dije que
podía venirse conmigo. Me comunicó que decidía aceptar
mi oferta. Así que a las 12:01 p.m. del domingo, 28 de
agosto, estábamos ya de camino. Iba cargado de comida
y de agua como provisiones.

Nos dirigíamos a Baton Rouge donde tenemos una
parroquia redentorista (St Gerard) y una espaciosa
casa parroquial. El viaje sería aproximadamente de 126
kms (90 millas). ¡Nos llevó 11 horas hacerlo! ¡Qué
viaje tan terrible! No bajé del coche en todo el
tiempo ni tampoco hice ninguna parada excepto los
cientos de parones debido a los atascos de tráfico.
Llegamos justo pasadas las 11 de la noche.
Con los medios de comunicación muy diezmados por el
huracán fue muy poco lo que pudimos escuchar del mismo
el lunes. El martes por la mañana conseguí recibir una
llamada de mi secretaria y de su marido. Se habían
quedado en un hotel del entorno para hacer frente al
huracán, pero habían regresado ya a su casa a sólo un
par de manzanas de la iglesia. Sammy fue a echar un
vistazo a la iglesia y a la casa parroquial. Las
buenas noticias eran que no estaba anegada, por
entonces; (estoy seguro de que ahora está todo ya
inundado). Las malas noticias eran que la gran
vidriera de una ventana de la iglesia se había hecho
añicos así como algunos otros rosetones del
campanario. Parte de una pared de ladrillo de
aproximadamente 2 metros y medio de altura (8 pies) y
de aproximadamente 30 centímetros y medio de grosor
(14 pulgadas) se había derrumbado. Dos ventanas de la
casa parroquial estaban también rotas. Las peores
noticias de entonces se referían a los saqueadores que
estaban haciendo su agosto en el vecindario. Con el
muro caído, nosotros éramos una presa fácil.
Desde el martes por la mañana las noticias no
hacían más que empeorar. Estoy seguro de que todos
ustedes han visto ya las imágenes por TV.Se habla
mucho del gran número de muertos, personalmente pienso
que será muy alto. Alguien que vino hoy de Nueva
Orleáns hablaba del número de cuerpos que se veían
flotando. Cuando llegué a Baton Rouge, al principio
pensé que aquí estaríamos solamente 4 ó 5 días -
máximo una semana. Ahora parece que será como mínimo
un mes y, probablemente, aún más. Sólo un mes será lo
que se tardará en conseguir que se retire el agua y,
probablemente más en que haya agua potable,
electricidad y desaparezcan las aguas residuales. Ha
sido algo tremendo. Cuando regresemos, con lo que nos
vamos a encontrar no va a ser precisamente con una
foto agradable.
Cuatro de los 6 miembros de nuestra comunidad de
Nueva Orleáns están aquí, más los 4 cohermanos de la
comunidad de Baton Rouge, además de un varón y una
mujer laicos (mis compañero de viaje). Ella está
realmente muy nerviosa y preocupada por su casa.
¡Quién puede culparla de eso!
Ayer, uno los miembros de mi comunidad, Deacon
Dennis Ryan, y yo mismo pasamos varias horas
recogiendo con un rastrillo ramas y hojas caídas que
cubrían el parking de la casa parroquial y toda la
zona colindante. Era bueno tener algo que hacer. Baton
Rouge soportó fuertes vientos el lunes. Hoy me puse en
contacto con un hospital y podré durante las próxima
semanas hacer algo de trabajo pastoral en la
capellanía. Hay mucha gente de Nueva Orleáns en Baton
Rouge - algunos en los hospitales. Trabajaré también
algo ayudando en las misa este fin de semana. No he
traído conmigo ropa clerical así que tendré que
conseguirme alguna.
Sé que el huracán Katrina ha sido para mí una
experiencia que cambia la vida – algo que solo poco
a poco empezaré a comprender. Algunos comienzan a
hablar ya de si se trata del final de la Nueva Orleáns
que conocimos. Esto es demasiado decir por ahora. Mi
vida ha dado un giro en este momento, pero estoy vivo
y agradecido por ello. Siento mucha compasión por los
pobres de Nueva Orleáns - muchos de los cuales no han
tenido ninguna posibilidad de salir de la ciudad.
Están pagando un precio terrible.
Aún no sabemos nada de la comunidad redentorista
que vive muy cerca del agua en Biloxi, MS. Nadie ha
escuchado nada sobre ella o, al menos, sobre alguno de
sus miembros que fue a Houston. Esta casa redentorista
se encontraba en la ruta del huracán. (Nota editorial:
Ahora, sabemos que todos estan vivo y bien en Biloxi)

Tengo una gran admiración por los responsables de
las ciudades y el estado y por su personal de
emergencia e incluso por los reporteros de radio y TV
que suministran noticias a la gente. Están trabajando
muy duro y estoy profundamente conmovido por lo que
están haciendo. Las contingencias que enfrentan son
casi inimaginables. Sé que llevan muchas horas sin
dormir.
Con la cantidad de nueva gente llegada a Baton
Rouge es difícil comunicarse por teléfono.
Frecuentemente recibimos el mensaje de que el sistema
está sobrecargado y que no permitirá que la llamada se
efectúe.
Para su información, me encuentro en:
St Gerard Parish
3808 St. Gerard Ave
Baton Rouge, LA 70805-2834
El mejor número para llamar es: (225) 355-3377
Otros números son: (225) 355-2553 ó 2554
Gracias por todos sus preocupados e-mails y
llamadas telefónicas.