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Boletín de la Congregación del Santísimo Redentor
Roma, Italia
1 de septiembre de 2005

Nota editorial: este es el primer testimonio que hemos recibido sobre los recientes acontecimientos. Procede del párroco de la iglesia St. Mary’s of the Assumption, en Nueva Orleáns. Éste es también el santuario del Beato Francisco Javier Seelos.

 

Querida familia y amigos:

Cuando llegué a Nueva Orleáns para iniciar mi etapa como párroco, sabía que estaba en una «región» de huracanes, pero no tenía la menor idea de que iba a llegar justo a tiempo de ser testigo de su peor historia estadounidense. Al principio me sentía algo indiferente ante este primer huracán de mi vida, pero cuando el tema en la TV empezó a hacerse más intenso e incluso los nativos se mostraban bastante alarmados, comencé a hacerme cargo de la gravedad de la situación. El domingo por la mañana decidí que debía unirme a la evacuación recomendada por las autoridades. Pensé que llegaríamos a terminar nuestro horario de misas del domingo, que concluía con la misa de 11.30 de la mañana; pero cuando vimos que en la misa de 10:00 a.m. sólo había 5 personas, se vio que no tenía sentido celebrar la misa de 11:30.

Algunos de los nativos hablaban de si quedarse o no, pero eran muchos ya los que iban expresando sus planes de evacuación, incluyendo todos los miembros de mi comunidad redentorista. Preparé mi maleta y me hice una lista mental de lo que debía llevar conmigo. Una feligresa, ya mayor, me dijo en la misa de las 8:30 que se iba a quedar. Traté de disuadirla y le dije que podía venirse conmigo. Me comunicó que decidía aceptar mi oferta. Así que a las 12:01 p.m. del domingo, 28 de agosto, estábamos ya de camino. Iba cargado de comida y de agua como provisiones.

Nos dirigíamos a Baton Rouge donde tenemos una parroquia redentorista (St Gerard) y una espaciosa casa parroquial. El viaje sería aproximadamente de 126 kms (90 millas). ¡Nos llevó 11 horas hacerlo! ¡Qué viaje tan terrible! No bajé del coche en todo el tiempo ni tampoco hice ninguna parada excepto los cientos de parones debido a los atascos de tráfico. Llegamos justo pasadas las 11 de la noche.

Con los medios de comunicación muy diezmados por el huracán fue muy poco lo que pudimos escuchar del mismo el lunes. El martes por la mañana conseguí recibir una llamada de mi secretaria y de su marido. Se habían quedado en un hotel del entorno para hacer frente al huracán, pero habían regresado ya a su casa a sólo un par de manzanas de la iglesia. Sammy fue a echar un vistazo a la iglesia y a la casa parroquial. Las buenas noticias eran que no estaba anegada, por entonces; (estoy seguro de que ahora está todo ya inundado). Las malas noticias eran que la gran vidriera de una ventana de la iglesia se había hecho añicos así como algunos otros rosetones del campanario. Parte de una pared de ladrillo de aproximadamente 2 metros y medio de altura (8 pies) y de aproximadamente 30 centímetros y medio de grosor (14 pulgadas) se había derrumbado. Dos ventanas de la casa parroquial estaban también rotas. Las peores noticias de entonces se referían a los saqueadores que estaban haciendo su agosto en el vecindario. Con el muro caído, nosotros éramos una presa fácil.

Desde el martes por la mañana las noticias no hacían más que empeorar. Estoy seguro de que todos ustedes han visto ya las imágenes por TV.Se habla mucho del gran número de muertos, personalmente pienso que será muy alto. Alguien que vino hoy de Nueva Orleáns hablaba del número de cuerpos que se veían flotando. Cuando llegué a Baton Rouge, al principio pensé que aquí estaríamos solamente 4 ó 5 días - máximo una semana. Ahora parece que será como mínimo un mes y, probablemente, aún más. Sólo un mes será lo que se tardará en conseguir que se retire el agua y, probablemente más en que haya agua potable, electricidad y desaparezcan las aguas residuales. Ha sido algo tremendo. Cuando regresemos, con lo que nos vamos a encontrar no va a ser precisamente con una foto agradable.

Cuatro de los 6 miembros de nuestra comunidad de Nueva Orleáns están aquí, más los 4 cohermanos de la comunidad de Baton Rouge, además de un varón y una mujer laicos (mis compañero de viaje). Ella está realmente muy nerviosa y preocupada por su casa. ¡Quién puede culparla de eso!

Ayer, uno los miembros de mi comunidad, Deacon Dennis Ryan, y yo mismo pasamos varias horas recogiendo con un rastrillo ramas y hojas caídas que cubrían el parking de la casa parroquial y toda la zona colindante. Era bueno tener algo que hacer. Baton Rouge soportó fuertes vientos el lunes. Hoy me puse en contacto con un hospital y podré durante las próxima semanas hacer algo de trabajo pastoral en la capellanía. Hay mucha gente de Nueva Orleáns en Baton Rouge - algunos en los hospitales. Trabajaré también algo ayudando en las misa este fin de semana. No he traído conmigo ropa clerical así que tendré que conseguirme alguna.

Sé que el huracán Katrina ha sido para mí una experiencia que cambia la vida – algo que solo poco a poco empezaré a comprender. Algunos comienzan a hablar ya de si se trata del final de la Nueva Orleáns que conocimos. Esto es demasiado decir por ahora. Mi vida ha dado un giro en este momento, pero estoy vivo y agradecido por ello. Siento mucha compasión por los pobres de Nueva Orleáns - muchos de los cuales no han tenido ninguna posibilidad de salir de la ciudad. Están pagando un precio terrible.

Aún no sabemos nada de la comunidad redentorista que vive muy cerca del agua en Biloxi, MS. Nadie ha escuchado nada sobre ella o, al menos, sobre alguno de sus miembros que fue a Houston. Esta casa redentorista se encontraba en la ruta del huracán. (Nota editorial: Ahora, sabemos que todos estan vivo y bien en Biloxi)

Tengo una gran admiración por los responsables de las ciudades y el estado y por su personal de emergencia e incluso por los reporteros de radio y TV que suministran noticias a la gente. Están trabajando muy duro y estoy profundamente conmovido por lo que están haciendo. Las contingencias que enfrentan son casi inimaginables. Sé que llevan muchas horas sin dormir.

Con la cantidad de nueva gente llegada a Baton Rouge es difícil comunicarse por teléfono. Frecuentemente recibimos el mensaje de que el sistema está sobrecargado y que no permitirá que la llamada se efectúe.

Para su información, me encuentro en:

St Gerard Parish
3808 St. Gerard Ave
Baton Rouge, LA 70805-2834

El mejor número para llamar es: (225) 355-3377
Otros números son: (225) 355-2553 ó 2554

Gracias por todos sus preocupados e-mails y llamadas telefónicas.

Paz y bien
Greg Schmitt, C.SS.R.

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Fecha de la última actualización: 03/09/2005 04:04:30 p.m.                                             © Copyright"Misioneros Redentoristas"