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Comapaña contra el hambre y la pobreza

Australia
¿De qué forma podrían ayudar los Redentoristas en la Campa
ña contra el hambre y la pobreza en el Mundo?
Bruce Duncan CSsR

 

 

Misioneros Redentoristas

"Dar la vida por la Abuntante Redención"

 

 Bruce Duncan es profesor en Historia y ética Social en la “Yarra Theological Union” de Melbourne, Australia. Es autor de un folleto de 38 páginas titulado: Ending Hunger – how far can we go? (Terminar con el hambre - ¿hasta dónde podemos llegar?), (Sydney: Australian Catholic Social Justice Council, 2005) sobre los Objetivos de Desarrollo para el Milenio que ha promovido la ONU.

Los Redentoristas de todo el mundo se sienten enormemente preocupados por el problema de cientos de millones de personas que padecen hambre y extrema pobreza en el mundo, esforzándose por elevar su nivel de vida, a veces en situaciones muy difíciles y de extremo peligro.

Difícilmente podemos evitar el conectar este drama del hambre en el mundo de hoy con la escena del Juicio Final que describe Mateo en su evangelio cuando Dios pide cuentas a los de su izquierda y a los de su derecha de cómo han respondido al hambriento, al enfermo y al sin techo. En este pasaje, la piedad sola sin una preocupación activa por el afligido y por los que sufren no cuenta nada en absoluto a los ojos de Dios.

La solidaridad con los pobres y marginados de la sociedad ha sido un mensaje reiterado constantemente durante años por el Papa Juan Pablo II y por los pastores de la Iglesia. Este mismo mensaje aparece, por otra parte, como un tema prioritario incluso en nuestras propias y últimamente revisadas Constituciones redentoristas. Esto exigiría un examen sobre nuestra vida y trabajo puesto que muchos de nosotros vivimos nuestra vocación desde el “espectro” más comprometidamente evangélico, especialmente a través de la predicación de misiones y de las devociones populares.

El tema es: ¿De qué forma podemos dar un mayor apoyo a la actual campaña para paliar el hambre y la extrema pobreza en el mundo y, de forma más concreta, cómo podríamos conectarnos con el esfuerzo de las Naciones Unidas en el tema de sus Objetivos de Desarrollo para el Milenio? ¿Qué otra cosa, como creyentes, podría sernos más hondamente entrañable que esto y, de modo particular, en nuestro caso de religiosos?

Además, los economistas más prestigiosos nos vienen diciendo desde hace años que con nuestros cuantiosos recursos nadie debería padecer hoy en el mundo ni hambre ni encontrarse en situaciones de extrema pobreza. El hambre y la pobreza persisten no en virtud de una fatalidad económica, sino debido a razones políticas, a la guerra y a la desorganización.

Objetivos de Desarrollo para el Milenio
En el año 2000, 189 países firmaron la Declaración del Milenio comprometiéndose a reducir a la mitad el número de gente que pasara hambre o estuviera viviendo en situación de extrema pobreza (es decir, viviendo con menos de un dólar USA diario) antes de 2015. Esto refleja la intensa planificación y la investigación que, durante muchos años, han llevado a cabo cientos de expertos en el tema del Desarrollo, coordinados por las Naciones Unidas. Los ocho objetivos de Desarrollo para el Milenio configuraron unas metas claras a lograr. Cada país debía organizar su propia planificación de forma detallada a fin de ver cómo conseguir dichos Objetivos.

Los Objetivos de Desarrollo para el Milenio se agruparon por de la ONU bajo ocho epígrafes:
1.Reducir a la mitad, antes de 2015, el número de personas que pasan hambre - actualmente alrededor de 800 millones - o se encuentran en situaciones de extrema pobreza.
2.Escolarizar a niños y niñas hasta completar su ensenañza primaria.
3.Promover la igualdad de sexos y la promoción de la mujer, especialmente en la enseñanza secundaria.
4.Reducir hasta dos tercios la mortalidad infantil de menores de cinco años.
5.Mejorar la salud materna y reducir en tres cuartos la mortalidad entre las parturientas.
6.Interrumpir o invertir la proliferación de enfermedades contagiosas, incluyendo el SIDA, la malaria y la tuberculosis.
7.Mantener y mejorar el medio ambiente, y reducir a la mitad el número de personas que carecen de agua potable.
8.Promover un tipo de solidariedad global para el Desarrollo con
·Sistemas tanto de mercado como económicos abiertos
·Buenos gobiernos
·La reducción de la carga de la deuda externa, o su cancelación, en países empobrecidos, ofreciéndoles, además, ayudas más generosas así como nuevas oportunidades comerciales
·Acceso a medicamentos asequibles
·Los beneficios que aportan las nuevas tecnologías.

Sólo cabe imaginar la diferencia que podría existir en las relaciones internacionales y en el diálogo entre las religiones más importantes si todo el mundo, con la ayuda decidida de los países más ricos, centrara sus energías y recursos en aliviar el hambre y la pobreza por doquier. Esto supondría una invitación mucho más humanitaria y atractiva hacia la democracia que cualquier ataque preventivo o guerra.

De qué forma pueden ayudar los Redentoristas
Nosotros, Redentoristas, somos muy conscientes de que, aunque somos una organización internacional, somos también relativamente pocos en número y de que nuestros recursos son muy modestos. Sin embargo, debemos ayudar a toda la Iglesia y al conjunto más amplio de la opinión pública a que promuevan una decidida acción en pro de los Objetivos para el Milenio. Sin duda alguna, habrá críticas a determinados aspectos de dichos Objetivos y quizás también oportunidad para dar cabida a mejoras, pero la intención general que subyace a los mismos es sumamente moral y un asombroso signo de los tiempos así como de la puesta en práctica de la solidaridad a escala mundial. Nunca jamás hemos visto antes algo parecido en la Historia.

Este esfuerzo por reducir el hambre y la pobreza de una forma rápida puede fallar, sin embargo, si la opinión pública no se sitúa de forma más contundente detrás de los Objetivos para el Milenio y fuerza a los gobiernos de los países más ricos a poner a disposición de dichos Objetivos los recursos y los fondos necesarios para hacerlos efectivos. Por supuesto que la mayor parte del trabajo debe realizarse en países en vías de desarrollo a fin de que ellos mismos alcancen dichos Objetivos.

Es aquí donde entran en juego nuestra predicación y nuestra conexión con la red mundial. El mensaje que debemos llevar es la asombrosamente Buena Nueva. Muchos líderes economistas y muchas organizaciones internacionales nos dicen que tenemos los recursos necesarios y la experiencia suficiente para impedir que el hambre y la pobreza inhumana se extiendan así como para hacerlo de una forma relativamente rápida en todo el mundo. Nunca hasta ahora ha estado el mundo en una situación tan afortunada y favorable para decir o hacer esto.

Si lo anterior es cierto, también lo es que se trata de una obligación moral para nosotros. Por tanto, debemos hacer todo lo posible por informar a la gente sobre estas asombrosas oportunidades y promover una conciencia pública que garantice el apoyo político y el aporte económico de los gobiernos a fin de que pongan de su parte todo lo necesario y cuanto esté en sus manos.

Recordamos lo que el Papa Juan Pablo II dijo el 16 octubre de 2003 en la Jornada Mundial del Hambre en el Mundo: “¿Cómo podemos permanecer silenciosos cuando nos enfrentamos al enquistamiento del drama del hambre y de la extrema pobreza en una época en la que la Humanidad, más que nunca, tiene capacidad para compartir de forma justa sus recursos?”

En su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, en el 2000, el Papa Juan Pablo II insistió también en que la pobreza de miles de millones de hombres y mujeres es “El tema que más desafía nuestra conciencia humana y cristiana”. Pidió entonces de forma repetida una gigantesca movilización de la conciencia social con el fin de que el mundo contribuyera con denuedo al logro de los Objetivos para el Milenio.

No es fácil ver de qué forma nosotros, Redentoristas, debemos responder a esta llamada. Por un lado, podemos reconocer que este problema del hambre y de la pobreza en el mundo es de una importancia histórica tan gigantesca que llega a rivalizar o incluso a eclipsar a la de la abolición de la esclavitud. Por otro lado, nosotros, Redentoristas, estamos diseminados por el mundo entero y nuestra respuesta debe ser diversa según las circunstancias.

Sin embargo, ¿Sería posible para nosotros, como Congregación, contribuir a difundir e iluminar los Objetivos para el Milenio como respuesta práctica a los mismos realizándola a través de nuestra predicación y de nuestro trabajo? ¿Podríamos ayudar a despertar la conciencia social de las personas que entran en contacto con nosotros?

Los Objetivos para el Milenio ¿Nos brindarían, de hecho, una forma original que cupiera incorporar, como objetivo común, a nuestro trabajo de Redentoristas, no haciendo las mismas cosas que los demás, pero sí uniéndonos en la respuesta como tal cuerpo complejo y mediante el recurso a nuestras diversas habilidades y oportunidades a las personas que promueven dichos Objetivos?

 

¿Sugerencias? No dudes en contactarnos: parroquiapedroypablo@yahoo.es

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Fecha de la última actualización: 14/07/2005 10:55:19 p.m.                                             © Copyright"Misioneros Redentoristas"