Puerto
Príncipe, Haití (CNS) – Ha sido poco lo que ha quedado de la
iglesia San Gerardo situada en una empinada colina de Puerto
Príncipe, pero el P. Abellard Thomas, C.Ss.R., dice que es
su parroquia y que quiere mantenerla abierta y funcionando
en la medida de lo posible.
La iglesia es poco más que un montón de ladrillos y de
hierros; es una de las miles de construcciones que se
derrumbaron durante el terremoto de 45 segundos del pasado
12 de enero. La escuela parroquial también se derrumbó y
están aún sepultados bajo sus escombros decenas de
estudiantes con sus profesores.
Dice el P. Thomas que murieron 200 personas en la escuela;
todavía son visibles las señales del fuego que los equipos
de ayuda pudieron sofocar; también puede sentirse el mal
olor de los cadáveres en descomposición. Todos los días
llegan familiares y amigos de los muertos a visitar la
escuela, honrar a los difuntos y rezar por ellos.
“Su angustia es también la mía" - dice el P. Thomas.
Él sufre también la pérdida de dos de las seis religiosas
que vivían en el convento de la parroquia. Las dos
pertenecían al Instituto Compañeras de Jesús; murieron
mientras enseñaban en la escuela Santa Rosa, en Leogane,
aproximadamente a 23 kms al oeste de la capital y muy cerca
del epicentro del terremoto. Las otras cuatro religiosas
están bien, pero se derrumbó su casa.
A pesar de la tristeza que siente, el P. Thomas ha
transformado la parroquia en un centro de asistencia a
quienes piden ayuda al Programa Mundial de Alimentos.
Voluntarios de la Agencia para la Cooperación Técnica y el
Desarrollo trabajan en el recinto de la parroquia
distribuyendo vales para alimentos a aproximadamente 1.700
personas diarias.
"La gente viene aquí en busca de consuelo" - dice el P.
Thomas a Catholic News Service el 2 de febrero. "Vienen a
rezar, a pedir ayuda y apoyo".
"En una situación difícil como ésta, la gente siente que
puede recibir ayuda de Dios" - añadió.
Antes del terremoto, la parroquia atendían a 10.000
feligreses. Los tres Redentoristas que trabajaban en ella
celebraban cinco misas los domingos. En la misa del 31 de
enero participaron poco más de 300 personas.
El P. Thomas, 36 años, llegó a San Gerardo hace seis meses,
siendo ésta su primera experiencia como párroco. No puede
calcular cuántos feligreses murieron en el terremoto, pero
sabe que son miles los que perdieron sus casas. Algunos
están entre las 700 personas que montaron un improvisado
campamento en un parque cercano. El 31 de enero celebró por
primera vez la misa en dicho parque.
Confiesa que tiene esperanza de que un día sea reconstruida
la iglesia de San Gerardo. Por ahora, sin embargo, su
preocupación es estar cerca de la gente necesitada. Si lo
mejor que la parroquia puede hacer es ayudar a coordinar la
distribución de vales de alimentos bajo los auspicios de las
Naciones Unidas, el P. Thomas está dispuesto a colaborar.
La comida es un don divino – dice él - porque la gente está
hambrienta y no tiene medios para comprar alimentos ni para
sí ni para sus familias.
Allí, cerca de la iglesia, una escuela de formación laboral
para estudiantes adultos estaba en plena actividad cuando la
tierra tembló. El edificio de seis pisos se vino abajo en
cuestión de segundos sepultando a decenas de personas. No se
sabe el número exacto de muertos.
Lo que resta de la escuela es un enorme montón de escombros.
Los pisos superiores sepultaron a los de abajo resultando un
montón de ruinas de 9 metros de altura. En el último piso,
expuesto al ardiente sol de mediodía, todavía se ven las
sillas alineadas.
El Padre Thomas conoce la amplitud del sufrimiento que
existe a su alrededor. No sabe cómo va a resurgir Puerto
Príncipe, pero tiene la esperanza de que el mundo sea
solidario con Haití y reconstruya el país.
Un novicio a la espera de noticias sobre su familia
El Real Madrid colabora en la reconstrucción de la escuela
San Gerardo destruida por el terremoto de Haití