In Spiritu
Redemptionis
Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía
Vaticano
M.R.P. Joseph W. Tobin, C.SS.R.
(Nota editorial: reproducimos nuevamente para los
cohermanos que aún no la conocían, la conferencia del P.
General el mes pasado en el Sínodo de los Obispos sobre
la Eucaristía)
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Su Santidad,
Hermanos y hermanas en Cristo,
Me dirijo a ustedes en nombre de la Unión de
Superiores Generales. Mis comentarios parten de la discusión sobre
la relación entre los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia
que se encuentra en el no. 23 del Instrumentum Laboris.
El Instrumentum laboris hace referencia
frecuente a la relación entre la Eucaristía y la Penitencia, y es
esta relación la que se ofrece como razón para que el sínodo le
preste cuidadosa atención. El documento destaca algunas tendencias
contemporáneas en algunas partes del mundo; por ejemplo, la
descenso de la celebración del sacramento de la penitencia y el
aumento de personas que reciben la eucaristía. Este hecho da paso
a la especulación de que algunos fieles reciben la eucaristía en
pecado mortal sin cumplir el requisito canónico de acudir al
sacramento de la penitencia.
La relación entre la eucaristía y la penitencia
nos plantea serios retos teológicos y pastorales. ¿Cómo podemos
ayudar a la gente a recuperar lo que San Alfonso de Liguori
llamaba el “afecto” por el sacramento de la penitencia y la
capacidad de poder apreciar el regalo de la eucaristía como la
motivación suprema para amar a Dios que se nos ha entregado?
Este reto se nos presenta a varios niveles.
Están las normas canónicas que gobiernan la celebración de ambos
sacramentos y los criterios prácticos que deberán seguirse en la
praxis pastoral; éstos, en algunos momentos, quedan ignorados o
relegados. Existe también en algunas Iglesias locales una
ignorancia de la fe que conduce a una comprensión superficial de
estos dos grandes sacramentos. Para algunas personas en
situaciones pastorales difíciles, existe el dilema di si están o
no excluidas de los sacramentos. Sus pastores no saben muchas
veces cómo deben responder a dichas situaciones. Y aunque la
relación entre la Eucaristía y la Penitencia se le presenta como
una situación terriblemente dolorosa a algunas personas, como es
el caso de personas en segundas nupcias, la solución no debe
comenzar ahí.
Identificaré cuatro niveles del problema que he
mencionado. Existen diferencias importantes entre dichos niveles
así como implicaciones en la forma de cómo enraizar eventualmente
la praxis pastoral en una doctrina y en una teología sólidas. Los
niveles a que me refiero son la comprensión eclesial, sacramental,
moral y jurídica de la eucaristía y de la penitencia.
A la Iglesia, comunidad de aquellos que por el
poder del Espíritu creen que Jesús por medio de su muerte y
resurrección, es el Salvador, se la reconoce por su fidelidad a la
Palabra de Dios y por su constante celebración de los sacramentos.
Si la Eucaristía no se celebra con frecuencia, o si sus miembros
son equivocadamente excluídos de participar en su celebración,
entonces, existe la dificultad eclesial de mostrar la unidad en
Cristo de la Iglesia como anticipo de su futura unidad en el Reino
de Dios. Si el sacramento de la penitencia está de facto ausente
en muchas Iglesias locales, tenemos que preguntarnos si len dichos
casos la Iglesia puede ser reconocida como la Iglesia deseada por
Jesucristo. Por este motivo, nuestro interés fundamental es: cómo
percibir a la Iglesia como una Iglesia que celebra los sacramentos.
Todo lo demás ha de ser formulado a la luz de esta preocupación
primordial. En discusiones públicas, la participación en la
eucaristía o del sacramento de la penitencia se presenta en
términos de los derechos de los individuos o de los deberes de los
pastores. Estas categorías se pueden discutir, pero no en el
puesto del tema central, que es el Misterio de la Iglesia en sí.
Es obvio que tanto la penitencia como la
eucaristía tienen en común el ser parte de un mismo tema
sacramental. So bien también aqui se da una cierta confusión. La
Eucaristía es un sacramento porque es una cena sagrada que
simboliza y que actualiza eficazmente la unidad de la Iglesia en
el amor; es decir, que el único sacrificio de Cristo se repite
como memorial y se anticipa el futuro del reino. No es para menos
que declaremos: “¡Misterio de fe!”
La Eucaristía jamás deberá instrumentalizarse
para fines ideológicos; por ejemplo, cuando se usa para subrayar
alguna posición personal o política que nada tiene que ver con el
sacramento. El aspecto sacramental de la Eucaristía frecuentemente
queda oscurecido por la falta de una catequesis adecuada y debido
a un estilo de celebración deficiente. Debemos ser dignos para
participar en la Eucaristía y está deberá ser celebrada de tal
manera que quede de relieve su pleno poder sacramental. Con el
sacramento de la penitencia hay un problema análago.
Frecuentemente se presenta este sacramento bien como una
reconciliación privada e individual, carente del sentido de cómo
somos reconciliados con Dios de una manera sacramental a través
del ministerio del la Iglesia, bien como requisito para recibir la
Eucaristía. Esta concepción errónea se expresa una vez que los
fieles afirman “tengo que ir a confesarme”, “voy a recibir la
comunión”, dándose así la impresión de que la penitencia es una
obligación mientras que la eucaristía es un don. La crisis de la
penitencia puede muy bien tener su origen en el hecho de que no
hemos enseñado acertadamente que el perdón de los pecados no es ni
una gracia “barata” ni un ejercicio de autoinculpación obsesiva,
sino el ofrecimiento gratuíto de la restauración de la Paz de Dios
en Cristo para aquellos que han pecado gravemente y que están
sinceramente arrepentidos.
El Instrumentum laboris trata el aspecto moral
de la Eucaristía de una manera muy útil, mostrándonos su
naturaleza como fuente de la moralidad cristiana. Este énfasis
recuerda la importancia de una compresión correcta de las
dimensiones eclesiales y sacramentales de la Eucaristía: pero si
la gente no comprende la eucaristía como un don a la Iglesia en la
presencia sacramental de Cristo, de forma que la motive a la plena
participación, entonces ¿cómo podemos decir que la Eucaristía es
la fuente de la moralidad cristiana?
Hay muchas personas que no participan en la
Eucaristía ya sea porque no pueden, o porque no quieren o porque
se sienten excluídas. ¿Con qué lógica podemos esperar que ellas
sean fieles a la moralidad cristiana si no son alimentadas por la
fuente que la fundamenta? Tenemos que estar más resueltos a
encontrar soluciones a los problemas prácticos de la exclusión de
la Eucaristía precisamente por esta razón moral: todos necesitamos
el alimento de la fuente y ninguno deberá ser excluído de la misma
por razones que no puedan ser demostradas adecuadamente.
El aspecto moral del sacramento de la penitencia
es evidente en sí mismo. En relación con la Eucaristía, sin
embargo, hay un punto que deberá ser subrayado. No son nuestros
esfuerzos humanos los que nos reforman, sino que tal
transformación es obra de Cristo en nosotros. Una mejor
celebración del rito penitencial en la misa no va en detrimento
del sacramento de la penitencia. Más bien, colocando la confesión
de nuestros pecados como parte integral de la litúrgia eucarística
en la que confesamos la grandeza de Dios, se nos recordará la
necesidad de proseguir en el camino de la conversión acudiendo
también a la celebración del sacramento de la Penitencia también.
La Iglesia siempre ha tenido esta sensibilidad
en orden al respeto que merecen la Eucaristía y la Penitencia. Si
bien es cierto que el aspecto disciplinario es importante para la
celebración correcta de los sacramentos, dicho aspecto recibe su
más profundo sentido del la aplicación práctica de las verdades
que hemos presentado en los niveles anteriores.
Nosotros nos encontramos ante problemas graves
respecto a la tensión existente entre la celebración de los
sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Dichos problemas
no podrán ser resueltos ni de manera fácil ni rápida. El dolor de
aquellos que se sienten excluidos es real y actual; la inquietud
de la Iglesia porque estos dos sacramentos sean celebrados
dignamente es también real y actual. Merece especial atención que
consideremos cómo proceder en este tema a la luz del Instrumentum
laboris. Debemos comenzar por la dimensión eclesial de los dos
sacramentos y luego proceder a articular la forma para una mejor
presentación sacramental de ambos. A la luz de estos dos aspectos
fundamentales podremos proceder a hacer frente a los
planteamientos morales y a los problemas jurídicos implicados. El
procedimiento anterior representa un método mejor, por ser más
fiel a la Tradición y a la Escritura, que la tendencia a acercarse
al tema por la vía de las medidas morales y disciplinarias. Estas medidas pueden provocar
división en la Iglesia. La metodología que propongo ofrece la
ventaja de identificar los aspectos unificadores de ambos
sacramentos. Las realidades humanas de dichos sacramentos son
importantes, pero no son tan esenciales como el hecho de que los
sacramentos reciben su más profundo significado del Misterio
Pascual de Cristo, que es la clave para comprender la Presencia
Real del mismo Cristo en la Eucaristía y la liberación de las
ataduras del pecado grave en el sacramento de la Penitencia.
Cortesía de
http://www.cssr.com/scala/index.shtm |