La
experiencia de la XX Jornada mundial en Colonia
(Köln) Alemania fue extraordinaria, vimos a
tantas personas con diferentes culturas,
lenguas, color, posición económica y religión
unidas bajo un mismo espíritu, una misma
comunión; sin diferencia racial, ni cultural
profesando una misma fe, un solo Dios y una sola
Iglesia. Eso es la Jornada Mundial de la
Juventud, el encuentro de todos los jóvenes del
mundo en torno a la figura infinita: Jesús,
junto a nuestro Pastor Benedicto XVI. Un
encuentro en donde no existen barreras, donde
todo el mundo se abre a las diferentes culturas,
expresiones de fe, personalidades, etc. orando
en un mismo espíritu en lenguas distintas (como
en el Pentecostés) y profesando que Jesús es el
Rey y Señor. ¡ES ALGO GRANDE!
Éramos 104 todos de
la Diòsecis de Caguas excepto yo, ya que al
estar en Guayama pertenezco a la de Ponce.7
sacerdotes, 4 seminaristas y los demás jóvenes
líderes de sus parroquias. Tuvimos tres momentos
especiales que nos sirvieron de introducción al
espíritu de la Jornada Mundial de la Juventud.
Tales como: 1) comunidad de Taizé, Francia; 2)
Pueblos de Bad Camberd e Idstein y 3)
Wermelskirchen Colonia. Claro, antes de iniciar
esta peregrinación al llegar a Europa pasamos
día y medio de turismo en París (Francia)
visitando los monumentos más importantes de esta
ciudad. “Wao, pero qué hermosura”
Salimos del
aeropuerto Luis Muñoz Marín a las 7:30 p.m. y
llegamos a Francia a las 12:30 p.m., nos
trasladaron a los hoteles donde nos hospedamos
por dos noches.
Al otro día, nos
dieron un tours por la bella e histórica ciudad
de París en la que pudimos apreciar todos esos
monumentos que nos hicieron vivir épocas
importantes de la historia: La Catedral de Notre
Dame, El museo de Louvre, el lugar donde se
encuentra la Estatua del Pensador, la de Juana
de Arco, la Torre de Eifel, el Arco de Triunfo,
la Plaza de la Concordia y la Estatua de la
Libertad, etc.
Al
día siguiente, nos fuimos a una comunidad
religiosa ecuménica de monjes llamada Taizé,
aquí fueron días donde el espíritu de Dios
empezó a llenarnos de su presencia, empezamos a
respirar el aire de peregrino, de hecho es un
lugar para peregrinos. Donde éstos (peregrinos)
van a tomar fuerza espiritual y continúan su
camino, realmente es una fuente de agua viva.
Taizé es una comunidad de monjes de diferentes
religiones, fundada por el hermano Roger, un
monje de edad avanza con una visión de Iglesia
muy acorde a estos tiempos y en la que el Señor
nos dio la oportunidad de conocerlo, digo esto
porque una semana de haber salido de esta
comunidad fue asesinado por una señora con
mentalidad disfuncionada .
Pasamos cuatros
días de oración, reflexión y compartir con
personas de diferentes religiones,
nacionalidades, lenguas y culturas. Esto fue
nuevo para mí y muy interesante, algo diferente
y lleno de una pluralidad espiritual, si así se
podría decir así.
Otra dimensión, fue
el compartir las horas de comidas donde
teníamos que hacer una fila grande para tomar
nuestros alimentos bien. Era una comida muy
sencilla, pero que a la vez un momento para
solidarizarse con los pobres y peregrinos que
van errantes por el camino. Todos comíamos y
orábamos lo mismo: ucranianos, alemanes,
españoles, hindúes, estadounidenses,
canadienses, mexicanos, etc, todos bajo un mismo
sentir, un mismo espíritu, una solo fe. Ahí no
se distinguían las religiones. La única religión
era la del Señor Jesús que nos unía con su
Espíritu Santo. En medio de esta apertura de
comunión tuvimos la oportunidad de tener un
espacio junto a Chilenos y Mexicanos, para
realizar un intercambio cultural, en la que se
nos ofreció el espacio como país de exponer el
folclor de nuestra música borinqueña ¡excelente
experiencia!, además nos dieron la oportunidad
de celebrar la Eucaristía, una celebración
puertorriqueña, con sabor a Puerto Rico, en la
que se usaron instrumentos de cuatro y de
panderos, muy buena intervención. Un dato muy
importante es que en esa comunidad de monjes hay
un puertorriqueño Héctor oriundo del pueblo de
San Lorenzo, el cual fue nuestro anfitrión y nos
sentimos muy agradecido, además fue una gracia
haber compartido con él esta linda celebración.
Asistieron varias nacionalidades de habla
hispana la cual quedaron encantadísimo con esta
liturgia inculturada, a ritmo de panderos y
cuatros.
El
día después partimos hacia Alemania llegando a
dos pueblos uno llamado Vd. Cambera y otro
Insten para tener una experiencia de comunidad
antes de llegar a nuestro destino Colonia lugar
de la Jornada. Nos dividimos en dos grupos para
repartirnos en las dos comunidades. La
experiencia fue una gran novedad, por el hecho
de ver cómo esas personas nos esperaron a la
llegada con una gran efusión, mostrado por su
gran afecto y complacencia hacia nosotros. Nos
esperaron con muy buena acogida que nos llenó de
mucha autoestima, nos trataron como reyes, por
lo que me sanaron del prejuicio contra ellos,
ya que pensaba que su frialdad aparente era de
acogida, pero me di cuenta que son seres humanos
con los mimos sentimientos que nosotros, llenos
de afectos complacencia, alegría etc. Al salir
de la comunidad que me toco a mí se me
derrumbaron las escamas de mi corazón cuando vi
a todos ellos tristes y llorando cuando nos
íbamos. Esto acabó de sanar lo poco que me
quedaba contra ellos.
Pasamos también 4
días en esta comunidad, oramos juntos, tuvimos
Eucaristía con ellos en diferentes capillas,
realizamos una noche de oración tipo Taizé,
además de todo esto, sacamos un espacio para
realizar trabajos sociales con la comunidad,
tales como: limpiar casa de ancianos, trabajos
de carpintería, reparando casa, etc. Fue un gran
momento de poder expresarnos con las manos tal y
como Jesús lo hizo en Nazaret. Luego visitamos
la Catedral de Limburg, una catedral llena de
contenido teológico que nos invitaba a la
reflexión.
De
aquí pasamos a nuestro destino Colonia (Köln),
allí pues, nos acogieron en una comunidad
llamada Wermelskirchen junto a un grupo de
dominicanos e italianos y, claro está, nuestros
anfitriones. Fue una semana especial, recibimos
dos mañanas de catequesis, celebraciones
eucarísticas todos los días, oraciones
comunitarias, vía crucis y los momentos de
compartir con nuestro Pastor de la Iglesia,
Benedicto XVI. El último día que fue la vigilia,
fue excepcional, apoteósica experiencia, un
millón y medio de jóvenes de todas partes de
mundo en el Campo
Marienfeld
acampando en oración, compartiendo bajo un mismo
espíritu expresando en diferentes lenguas y
gestos ¡fue increíble! El mensaje de nuestro
Papa caló con dulzura en nuestros corazones, fue
un mensaje certero. Nos decía: El joven tiene
que adorar a Dios sobre todas las cosas, tal y
como hicieron los reyes que lo dejaron todo y
tomaron otro camino. Enfatizó que debemos de
apoyarnos en los documentos de la iglesia, e
hizo referencia al catecismo de la Iglesia
Católica de Juan Pablo II, pero que eso no es
nada sino lo testimoniamos con nuestras vidas.
“Venimos a adorarle” era el tema principal de
esta jornada. Todos los jóvenes adorando al
mismo Jesús y solo a él. Ya no existían
culturas, ni razas, posición económica, lengua
etc., nada porque la única cultura, raza y
lengua era
EL
SEÑOR DE SEÑORES: JESUCRISTO,
el que nos hacia sentir lo mismo: cantar, reír,
bailar, abrazar, doler por
el
otro, estrechar las manos sin hablar, Jesucristo
UNICO REY Y
SENOR DE NUESTRAS VIDAS. AQUEL AQUIEN TENEMOS
QUE ADORAR.
Gracias, Padre, por
esta oportunidad de poder adorarte en Espíritu y
en verdad, con estos jóvenes del mundo entero,
que junto al Pastor de la Iglesia nos
congregamos en torno a tu Hijo, Cristo Jesús.
Preguntas y comentarios al autor:
toninorberto@yahoo.es