I.- Presentación del tema
Cuando hablamos de un tema como el
de la espiritualidad dentro de nuestra congregación,
nos encontramos con un tema muy profundo. Aquí si
que hay tela para cortar. En estos momentos me
surge una pregunta ¿existe una espiritualidad
alfonsiana?
De la misma manera que en otras
dimensiones de la personalidad de nuestro fundador,
su doctrina espiritual crece en importancia, después
de su muerte. La mayoría de sus obras están
traducidas a muchos y variados idiomas. Sus
escritos de espiritualidad, mejor dicho todas sus
publicaciones, ocupan un puesto privilegiado en la
literatura religiosa de los últimos siglos. Se
trata de libros del pueblo, ya que fueron escrito
para el pueblo. “Las visitas al Santísimo” (217
ediciones); “Las Glorias de María” (más de 1000
ediciones) “Práctica del amor a Jesucristo” (535
ediciones y traducido a más de 25 idiomas
diferentes), “preparación para la muerte” (319
ediciones), para mencionar aquí sólo algunos
ejemplos, de sus de 111 obras publicadas. Sus
escritos no sólo brotaban de la pluma y la
inteligencia, sino, y sobre todo, del corazón y su
gran fervor.
De la amplia producción literaria de
San Alfonso, 111 obras. Casi la mitad de ellas
pueden ser clasificadas dentro de la
espiritualidad. Su producción se puede clasificar
de la siguiente manera: Dogmática, Moral y
Espiritualidad-Pastoral.
La temática es amplia. La
espiritualidad alfonsiana tiene como destinatario
principal al pueblo cristiano, pero no descuida
prestar atención singular a algunos estados
particulares: religiosos (as) y sacerdotes. Alfonso
mismo tuvo conciencia de que en sus escritos podía
encontrarse una síntesis de espiritualidad
cristiana. Como signo de esta conciencia se puede
señalar el proyecto, que nunca se realizó en su
vida, de hacer una edición de “obras completas” con
sus escritos se espiritualidad.
En la época de Alfonso, lo que hoy
llamamos espiritualidad, se llamaba “perfección”
o “santidad”, era un privilegio vinculado a
otros privilegios (de clase social, de profesión, de
dinero, de estudio). Alfonso “socializó” la
espiritualidad, la universalizó y la igualó. La
espiritualidad cristina es la misma para todos y es
patrimonio de todos. “Dios quiere –dice San
Alfonso- que todos seamos santos y cada uno según la
manera de vida que tiene: el religioso como
religioso, el laico como laico, el sacerdote como
sacerdote, el casado como casado..., y así los demás
estados y condiciones”.
Esta característica de la
espiritualidad alfonsiana, tiene implicaciones de
carácter socio-histórico: dignifica al pobre,
propicia la igualdad.
Me parece que la gran lección que
podemos sacar nosotros hoy al leer las obras de San
Alfonso es situar la formulación de la
espiritualidad cristiana más allá de la irritación
de la moda y buscar su significado nuclear en la
fuente del Evangelio. Se hace urgente volver a
Jesús.
II.- El amor como relación
1.- El amor quiere amor
El amor hace que Dios busque nuestro
amor y, como sabe que nos dejamos impresionar por
los regalos nos regala sus dones para ganar nuestro
amor de esta manera. San Alfonso en su obra el
amor de las almas, hace una exposición de este
tema: el amor suscita amor; Dios quiere nuestro amor
porque nos ama. Digámoslo en palabras del propio
santo: “Sí, Jesús, mío, eres loco de amor. ¡Te lo
digo y te lo repetiré: en verdad te has enloquecido
de amor por nosotros!”.
2.- El amor une
La idea de que el amor es un anhelo
de unión es una idea básica desde el principio para
nuestro fundador. La enfatiza especialmente en
relación con la Eucaristía y con la sumisión a la
voluntad de Dios ¿en qué consiste esta unión?
Alfonso conoce dos clases de unión de amor, una
afectiva y otra efectiva. La primera es principio
de la segunda. Pero ambas son unión de voluntad.
Para él el amor no sólo es una fuerza que tiende a
la unión efectiva, porque en la unión perfecta las
dos se funden en una sola.
3.- El amor es entregarse
El pensamiento de que el amor por su
propia naturaleza hace al amante salir de sí mismo y
perderse completamente en el amado es la razón más
profunda de la relación íntima que se encuentra en
Alfonso entre amor y entrega. Esta entrega contiene
un aspecto de desprendimiento y un aspecto de
pertenencia. A mi humilde juicio, el
desprendimiento es disposición para la pertenencia.
Si uno quiere realmente pertenecer al mundo entonces
no pude pertenecer a sí mismo en nada, por eso, es
necesario que uno se desprenda totalmente de sí
mismo para disponerse en la entrega completa.
III.- El amor de Dios al ser
humano
Partiendo de lo que había dicho
anteriormente, estoy convencido que una visión de
conjunto de la espiritualidad alfonsiana quedaría
incompleta si no se dijera nada sobre el amor de
Dios al ser humano. Esto ocupa un lugar muy
importante en las obras del santo, no sólo la idea,
sino que, también materialmente hablando. Nos
encontramos que dos volúmenes de la edición crítica
de sus obras están dedicadas a esta temática.
1.- La Redención
San Alfonso está convencido de que
en el plan actual de la providencia de Dios, la
encarnación es una exigencia de la justicia. Él
considera el amor infinito que Dios demostró en esta
gran obra de la encarnación del Verbo al hacer que
su Hijo Unigénito viniera a sacrificar su vida por
medio de los verdugos en una cruz, en un océano de
dolores y de desprecios con el fin de alcanzarnos el
perdón y la salvación eterna.
La razón de la íntima unión que se
da entre la encarnación, la pasión y la redención se
encuentra en su idea de entrega por amor. Contiene
dos elementos: renuncia de sí mismo y
disponibilidad para el amado. Dios ciertamente
renuncia a sí mismo en la encarnación. Alfonso lo
expresa con los títulos que le da a sus meditaciones
de la Novena de Navidad: “Siendo Dios se hizo
hombre, siendo grande se hizo pequeño, siendo Señor
se hizo esclavo, siendo sublime se hizo humilde”.
2.- La Eucaristía
La unión más grande por amor que es
posible en esta tierra tiene lugar en la
Eucaristía. Jesús se entrega totalmente a quien lo
recibe: “Dándose todo entero”. Jesús dejó su cuerpo
bajo las especies de pan, para que así nos
hiciéramos una sola cosa con él. Dice San Alfonso
que Jesús instituyó este sacramento en forma de
alimento, para darnos a entender que, así como el
alimento se convierte en nuestra naturaleza, pero
nosotros al recibir ese alimento divino, nos
convertimos en naturaleza de Jesús. El fruto más
importante de la Eucaristía para Alfonso es la
entrega mutua por amor.
IV.- Una página admirable de
San Pablo
El
capítulo 13 de la primera Carta de San Pablo a los
Corintios es quizá lo más bello, que se ha escrito
acerca del verdadero amor. Dice así el gran
apóstol:
“Aunque yo tuviera una fe tan grande que lograra
mover montañas, si no tengo verdadero amor, nada
soy. Aunque repartiera todos mis bienes a los
necesitados y lanzara mi cuerpo a las llamas como
sacrificio, si no tengo verdadero amor, ningún
provecho obtengo”.
San Pablo va enseguida haciendo la lista de las cualidades del amor
según Dios. “El amor es paciente, es servicial.
El amor no es orgulloso ni envidioso ni altanero.
Es suave y delicado; no busca su interés. No vive
del mal genio ni recordando los males que le han
hecho. No se alegra de las injusticias, pero se
alegra de la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree;
todo lo espera, todo lo soporta”
Conviene
repasar de vez en cuando y de cuando en vez estas
cualidades del amor para ver si en nuestra vida
existe esa virtud, o si todavía estamos muy lejos de
conseguirla.
“Corazón de
Jesús: concédeme la gracia de amarte siempre y
mucho. Oh Cristo: has muerto en la cruz por amor a
nuestra salvación, ¿y yo me atreveré a vivir sin
preocuparme por salvarme?
Recordaré al
Cordero de Dios que sufrió en la cruz por salvarme y
que está a la derecha del Padre rogando por
nosotros, y me esforzaré por amarlo más y por darle
repetidas gracias por este su gran amor hacia mi
alma.
Oh María, Reina
mía: alcánzame del Señor la gracia de amar a Jesús
como lo has amado Tú. (Ver Práctica del amor a
Jesucristo, Cap. IV):
Preguntas para la reflexión:
¿Estoy yo en disposición de
entregarme totalmente a los demás?
¿Cómo la espiritualidad alfonsiana
puede enriquecer mi espiritualidad?